La Misa. Tercera parte.

Modo de oír la Misa.—

El mejor modo de oír la Misa es seguirla con algún devocionario. Los que no lo hacen así, de ordinario están muy distraídos. En cuanto a los devocionarios, el mejor es el mismo misal y las oraciones que dice el sacerdote todos los dias son las mejores; esas están, entre otros, en nuestro Devocionario Popular y en el Caballero Cristiano. Y será aun mejor modo de oír Misa ayudar como acólitos al sacerdote. Seria muy de desear que se generalizase el uso que hay en algunas partes de ayudar los caballeros con frecuencia a la Misa a que asisten. Y este oficio debería saberlo todo cristiano desde niño; no hay dificultad, antes es conveniente ayudar a Mina con al libro delante, Otro modo de oír Misa se pueden ver en los devocionarios.

Obligación de oir Misa.

Aconsejamos a todos que oigan Misa diariamente y les diremos que esta es la mejor devoción que pueden tener en toda su vida. Y mucho mas si la oyen comulgando en ella.  La comunión no es parte esencial, pero si integral de la Misa. Y así, antiguamente a la Misa se la llamaba fracción del pan, porque en ella se daba la Comunión y por eso mismo en las oraciones se supone que los oyentes van a comulgar o han comulgado y, en fin, a eso se debe también la ceremonia en que se parte la hostia, recuerdo de cuando en la Misa se partía el pan para repartirlo, si bien ahora por mayor expedición y comodidad se consagran aparte hostias pequeñas.

Misa.-

El sacrificio de la Eucaristía recibe muchos nombres en la historia litúrgica: Fracción del pan, cena del Señor, comunión, liturgia, misterio, oblación, sacrificio, dominical, colecta, solemnidad, servicio, suplica y otros. El mas común es el de Misa. Pero no sabemos lo que este significa. Lo mas verosímil es lo siguiente: Antiguamente los catecúmenos asistían solo al comienzo o introducción del sacrificio. En seguida del sermón, cuando empezaba propiamente el sacrificio, se les despedía y quedaban solo los fieles y para despedirlos se usaba la formula usual: ite missa est; «id, ya es la despedida”. Y desde entonces comenzó a llamarse Misa la parte siguiente. Y mas tarde se comenzó también a llamar Misa a la parte anterior y, en fin, se empezó a llamar a la parte primera Misa de los catecúmenos y a la segunda Misa de los fieles. Decia San Agustin: “Después del sermón, terminaba la Misa de los catecúmenos, se da la despedirla (missa) a los catecúmenos y permanecen los fieles.” Y se llamaba también missas al conjunto de una y otra. El nombre de Misa no se halla en los autores de los tres primeros siglos, sino otros nombres. Diremos acerca de la Misa algunas cosas, que, aunque son propias de los sacerdotes, pero conviene que las conozcan también los fieles.

Materia de la Eucaristía.—

Y primero hay que saber con que se puede consagrar. La materia de la Eucaristía es pan de trigo y vino de uvas. Todo lo que sea verdadero pan y verdadero vino de uvas vale. Pero, además, esta mandado que se utilice pan ácimo o sin levadura entre los latinos; pan fermentado entre los griegos, aunque valer, vale cualquiera de los dos, y al vino esta mandado que se le echen unas cuantas gotas de agua.

No vale el pan de cebada, de maíz, de arroz, de avena, de habas, etc., ni el pan de leche, aceite, etc-, ni la masa de trigo cruda o frita. Sobre si vale EI centeno, la flor de harina, el salvado etc„ téngase en cuenta que todo lo que se tenga como pan de trigo en el uso común de la gente te dice que es valido. Pero debe procurara que sea lo mejor que buenamente se pueda y de trigo enteramente. No vale el arrope, ni el vino de agraces, ni la cerveza, sidra, vino de pera o de otras frutas, vino químico, ni vinagre.

Vale, pero esta prohibido celebrar, con pan de trigo mezclado con otros granos en pequeña cantidad, el pan mohoso que empieza a corromperse, ni, en general, el pan viejo, a no ser por necesidad. Vale, pero esta prohibido celebrar, con mosto de uvas maduras, o con vino que empieza a agriarse o corromperse, a no ser por necesidad. Si fuese ya vinagre, ni es lícito ni vale.

Forma de la Consagración.- Este pan se consagra diciendo las palabras: “Este es mi cuerpo”, que son las esenciales. V el vino se consagra diciendo: “este es el cáliz de mi sangre”, que son las palabras esenciales, a las cuales se añaden estas otras: “Nuevo y Antiguo Testamento, Misterio de la Fe, que por vosotros y por muchos será derramada para remisión de los pecados.”

Ministro de la Eucaristía.

Ministro de la Eucaristía se puede entender o Ministro de la celebración, para decir Misa y hacer el Sacramento o Ministro de la Comunión para distribuirlo a los fieles. Celebrar y hacer el Sacramento solo puede el sacerdote.

Administrar o distribuir la Eucaristía, de ordinario solo debe hacerlo el sacerdote, pero en casos extraordinarios, con licencia del párroco o del Ordinario o en caso de necesidad, con licencia presunta, puede administrar la Eucaristía el diacono. Además, los legos podrían, en cano de necesidad, si no hay algún clérigo mayor y evitando el escándalo, darse a si o a otros el Viático y aun tornarse las formas consagradas para evitar irreverencias y ello aun no estando en ayunas; por ejemplo, en una revolución.

Puntos de catecismo, Vilariño, S. J.

El valor de la Santa Misa

Para que vale la Misa.—

Vale para lo que valen todos los sacrificios, según indicamos. Porque es sacrificio latréutico, eucarístico, impetratorio y propiciatorio: lº.- Como latréutico. Es el acto verdaderamente digno de Dios y puede decirse con toda exactitud que en la tierra no hay ningún otro acto de oración que sea completamente digno de Dios. Todos los demás actos no llegan a la dignidad divina, ni le dan tanta adoración cuanta Dios se merece. Pero la Misa es una adoración con la que Dios se contenta y se llena. 2.° Como eucarístico, es el mejor acto para dar gracias a Dios; tanto, que por la Misa se pueden dar gracias a Dios por todos los beneficios que El nos ha hecho y gracias cumplidas y bastantes. 3.° Como impetratorio, de suyo es la oración e impetración mas eficaz que hay en la Iglesia y superior a todas las oraciones, rogativas, oblaciones de todo genero. 4.° Como propiciatorio, este sacrificio de suyo es apto para obtener el perdón de todos los pecados, para dar la satisfacción de todos los agravios, y para pagar por todas las penas debidas por los pecados en esta vida y en la otra. Y así, puede decirse con toda propiedad, que la Misa es el acto mas grande e insigne de toda la religión.

Valor infinito de la Misa.—

De aquí se deduce que el valor de la Misa en si mismo es infinito y que una sola Misa de suyo puede ser bastante para adorar a Dios y darle gracias por todos los beneficios y para obtener el perdón y satisfacción de todas las culpas. Pero no se aplica todo el valor a los fieles, sino solamente parte, según la disposición de Dios, como intentaremos explicarlo ahora.

Limitación de la gracia aplicada.—

Las gracias que se reciben por las Misas, no pueden ser infinitas ni intensiva ni extensivamente. Y sobre todo en cuanto al valor propiciatorio. Porque ni somos capaces nosotros de recibir este valor infinito, ni lo necesitamos. Y creemos que la providencia de Dios en su Iglesia ha establecido para cada Misa una limitación en el valor que se aplica, y una medida que nosotros ignoramos cual sea, pero, que será, sin duda ninguna, muy abundante; porque si bien nosotros no la merecemos, pero la merece el Hijo de Dios, sacerdote y victima en este sacrificio, que, seguramente, no se pondrá en el altar para poca cosa, sino para muchas gracias. Algo de esto pasa también en los Sacramentos. Y aunque no faltan quienes opinen que el fruto de la Misa extensivamente es infinito o indefinido, sin embargo, comúnmente creen los teólogos que no es así; sino que cuantos mas sean aquellos por quienes se aplica la Misa, tanto disminuyen las gracias recibidas por cada uno. Sin embargo, del fruto impetratorio, en cierto sentido, puede decirse ser infinito, o indefinido, en cuanto que dependiendo de la liberalidad de Dios la concesión de las gracias que se le piden, no parece podamos poner limite a esta liberalidad; si bien parece natural o connatural que ceteris paribus reciba mas dones aquel por quien se ofrece la Misa en primer lugar y con primera intención, que aquel por quien se ofrece la Misa en segundo lugar y con segunda intención, después de la primera.

Diversa participación del fruto de la Misa.—

Ponen los teólogos una razón de graduar la concesión por Dios a los fieles de las gracias de la Misa: y es la mayor unión que tenga con el sacrificio: 1.° Naturalmente, quien mas que nadie participa del fruto de la Misa es el celebrante; a el corresponde el fruto que llaman especialísimo y es superior al de los otros. Es fruto personal y muy digno, dada la excelencia del ministro y la necesidad que tiene de gracias para cumplir sus deberes altísimos. 2.° Viene después el fruto que casi podríamos llamar también especialísimo, que es el de los que oyen Misa, los cuales, en cierto modo unidos de una manera particular con el celebrante, aunque no son, ni mucho menos, celebrantes, forman con el sacerdote una comunidad y por el y con el ofrecen el sacrificio. Y por eso el celebrante habla muchas veces en plural: Te ofrecemos, etc. 3.° Entre estos asistentes reciben mayor fruto los acólitos, que, adelantándose a todo el pueblo, se unen con el sacerdote y le responden y ayudan en la Misa; por lo cual este oficio es muy recomendable, muy digno y muy retribuido. 4.° Llaman fruto especial, y lo es, el que corresponde a la persona o personas por quien o por quienes el sacerdote dice la Misa, sea que este le haya dado estipendio, sea que no le haya dado. Este fruto también es notable. 5.° Queda el fruto general que redunda en toda la Iglesia y se reparte por todos y cada uno de los fieles, de la parroquia, del pueblo, de la nación y aun de toda la Iglesia, en la medida que Dios sabe, en virtud de la comunión de los santos. Los excomulgados no participan de estos bienes, sino en cuanto se puede impetrar su conversión. Pero los demás, si; y !cuantos bienes y gracias descenderán de lo alto y cuantas iras del Señor se apagaran en el cielo por virtud de la sangre preciosa de Jesucristo sacrificado en las Misas cada día y a todas las horas!

Puntos de catecismo, Vilariño S.J.

La jerarquía eclesíastica

El Papa y la Jerarquia.—

Llamase Jerarquía a la serie y orden de los príncipes eclesiásticos. Jerarquía es lo mismo que sagrado principado. Consta de tres grados principales: Obispos, presbíteros y ministros o diáconos. Todos estos cargos habían sido instituidos por Jesucristo desde el principio de la Iglesia. El Papa, Obispo de Roma, es la cabeza de toda la Jerarquía, y gobierna por medio de ella.

Obispo.—

Episcopus, de donde viene obispo, es lo mismo que inspector o Vigilante. Son los sucesores de los Apóstoles, aunque con algunas diferencias, como dijimos, pues no heredaron todos los privilegios de los Apóstoles, que fueron enviados especiales, y poseyeron dones extraordinarios, como la infalibilidad, el don de los milagros, el de lenguas, el de estar confirmados en gracia, y otros. Los Obispos, junto con el Papa, gobiernan la Iglesia, aunque en jurisdicción limitada, en su diócesis (administración).

Ni se debe creer que son meros auxiliares del Papa, sino que son por derecho propio pastores de su diócesis y grey con poder ordinario de regir su iglesia o diócesis, y por eso se les llama Ordinarios, pero están subordinados al Papa, a quien deben obedecer. Hay algunos Obispos que tienen primacía sobre otros, y se llaman Arzobispos, como quien dice Obispos principales. Primado es el de mas dignidad de cada nación, como el de Toledo en España, el de Grau en Hungría, el de Salzburgo en Alemania, etc. Patriarcas son los que tenían autoridad sobre otros Obispos, como el de Antioquia, el de Alejandría, el de Jerusalén. Cada Obispo tiene su diócesis; mas cuando no para gobernar una diócesis, sino por alguna otra razón se nombra algún Obispo, como, por ejemplo, los auxiliares, o coadjutores nombrados para el ejercicio de la orden episcopal, se le suele consagrar con el titulo de alguna diócesis antigua en países infieles, y se le llama Obispo in partibus infidelium,  si bien desde León XIII ha sido cambiada esta denominación  en la de Obispos titulares. Las insignias episcopales mitra, báculo, ínfulas, anillo y cruz pectoral. Visita a los sepulcros de los Apóstoles es la que tienen que hacer a Roma de tiempo en tiempo, a dar cuenta al Papa de su gobierno.

Presbíteros.—

Presbítero significa anciano, si bien no es preciso para ser presbítero ser anciano. Lo mismo significa senador. Porque el privilegio de dar consejo es propio de los ancianos. Son los presbíteros los auxiliares de los Obispos. Antiguamente era lo mas común ser las dos cosas a un tiempo. Los presbíteros están sujetos a los Obispos, y de ellos reciben licencias y jurisdicción para decir misa, confesar, predicar, etc. Cuando tienen de modo permanente alguna parte de la diócesis, para ejercer en ella el oficio de pastores espirituales, se llaman párrocos o curas, es decir, gobernadores de las parroquias o barrios, que como tales se consideran las parroquias respecto de la ciudad episcopal o diócesis. Cuando algunos párrocos ejercen alguna autoridad sobre otros, estos se llaman arciprestes, es decir, prestes o presbíteros principales. Y cuando no se señala párroco definitivo, sino se pone alguno hasta que se provea en definitiva, este párroco provisional se llama ecónomo o administrador.

Concilios.—

Concilios son las reuniones de los Obispos para tratar asuntos de la Iglesia. Son ecuménicos cuando son universales de todo el orbe; oicúmene es la habitada, la tierra, y por tanto ecuménico, lo del orbe, como si dijéramos mundial. Para que sea ecuménico no es preciso que vengan absolutamente todos los Obispos del orbe. Solo se necesita que vengan tantos que moralmente pueda decirse que esta representado todo el magisterio eclesiástico. Solo puede convocarlo el Sumo Pontífice de suyo. Y solo el Sumo Pontífice puede presidirlo, por si o por sus legados. Este Concilio, así presidido por el Papa, es infalible; aun cuando disientan algunos Obispos, como ha sucedido siempre, antes, y muchas veces aun después. Hay además Concilios plenarios y provinciales. Estos no tienen infalibilidad, pero si gran autoridad.

Cardenales y Congregaciones romanas.—

El Papa tiene para consejeros y auxiliadores a los Cardenales, cuyo numero no suele pasar de setenta y pertenecen a las mas distintas regiones. Llámanse cardenales, por ser como quicios en que estriba la prudencia del Papa (cardo es quicio). De ellos suelen constar las Congregaciones romanas que hay en Roma encargadas de ayudar al Papa en el gobierno de la Iglesia, y dispuestas ya para dirimir controversias por via administrativa, ya para examinar opiniones de los teólogos y fieles y dirigirlas conforme a la doctrina católica, previniendo errores y fomentando la unión de la fe. Mucha es su autoridad, pero no son infalibles, a no ser que el Papa defina sus resoluciones. Sus decisiones obligan a la Iglesia, su potestad es ordinaria y vicaria del Sumo Pontífice, que se la comunica para regir facílmente la Iglesia; a ellas se puede recurrir en contra de las decisiones de los Obispos; mas de ellas solo al Papa. Estas Congregaciones en rigor se componen solo de Cardenales, pues solo ellos pueden dar el voto decisivo, aunque para consultar y estudiar y dar parecer y funcionar tienen otros muchos oficiales mayores y menores. Las Congregaciones son: la del Santo Oficio, para la defensa de la fe y costumbres; la Consistorial, la de Sacramentos, la del Concilio, sobre disciplina del clero y del pueblo, la de Religiosos, la de Propaganda Fide, la Oriental, la de Ritos; la Ceremonial, la de Negocios extraordinarios, la de Estudios. Estas Congregaciones, como hemos dicho, no son infalibles, porque el Papa no puede comunicar a nadie su infalibilidad; pero sus decisiones son prudentísimas, y puede afirmarse que el Espíritu Santo las asiste de un modo singular, y tan notable, que apenas una que otra vez han errado en sus declaraciones y juicios. Aun aquellos mismos juicios que las Congregaciones dicen dar en nombre del Papa, y por su autoridad, y sabiéndolo y aprobándolo, no por eso son infalibles; a no ser que el Papa los haga propios y los de como definiciones suyas, en cuyo caso la Congregación solo hace de consultora.

Puntos de catecismo, Vilariño, S.J.

La Misa como sacrificio

Que es Misa.—

Nadie ignora, en general, lo que es la Misa. Misa es una serie de oraciones, ceremonias y actos litúrgicos y variados que el sacerdote hace en el altar, consagrando entre ellas el pan y el vino y comulgando al fin. Llamase Misa por la palabra que se dice al fin de ella antes de la bendición: lte missa est. Sobre cuyo significado discuten mucho. A mi parecer la explicación mas probable es que terminadas las ceremonias todas de la Misa, se volvía el sacerdote o el diacono al pueblo y le decía: Podéis iros, esta es ya la despedida. Y, en efecto, se dispersaba el pueblo, y salía el Prelado dando la bendición al paso, así como ahora se da en el mismo altar, y se añade el Evangelio de San Juan para honor de aquella pagina divina. Pero la Misa estaba ya concluida. Estas mismas palabras se decían a los catecúmenos y a todos los que por penitencia o por otras causas no podían asistir a toda la Misa, cuando empezaba para ellos la parte prohibida. Porque, volviéndose el diacono, les decía también: Idos, porque es ya la despedida. Y la despedida era para ellos. De aquí ha venido a la Misa este nombre.

La Misa es el centro de la liturgia.—

En toda religión el elemento céntrico, digámoslo así, de todos los actos religiosos suele ser algún sacrificio. En la religión judía y Verdadera esto es evidente. Aun en la religión natural se podría demostrar lo mismo, y lo demuestra, en efecto, la gran conveniencia de todos los pueblos que en toda su organización religiosa siempre miran como esencial y principal el sacrificio. Pues bien, en nuestra Religión cristiana también hay sacrificio; y este sacrificio es la Misa, en la cual todas las ceremonias, oraciones y actos se ordenan, sin duda ninguna, al sacrificio, como luego explicaremos. Muy bien dice el Concilio Tridentino que “el sacrificio y el sacerdocio por la ordenación están tan unidos, que uno y otro han existido en toda ley”. Sin Misa no se concibe ni liturgia ni religión cristiana.

Que es sacrificio.—

Para que mejor entendamos la Misa conviene, desde luego, dar siquiera alguna noción de lo que es sacrificio; porque aunque todos lo conozcan de algún modo, es conveniente y agradable definirlo con exactitud. Sacrificio es una ofrenda hecha a Dios por un ministro legitimo de una cosa sensible y permanente, destruyéndola de algún modo para dar testimonio de que reconocemos a Dios por supremo Señor nuestro, y para aplacar su justicia divina expiando nuestros pecados.

Como se suelen hacer los sacrificios.—

Conviene fijarse en esta definición, y ver que el sacrificio no es un acto sencillo de religión, sino un acto solemne el mas perfecto, y hecho con autoridad y por legítimos ministros, que suelen llamarse sacerdotes. Se hace en altar o ara o sitio destinado a esto. Se requiere victima, y preciosa, digna por una parte de Dios, en cuanto es posible, y perteneciente al hombre, a su persona o su servicio. Sensible de algún modo y, en fin, sacrificada, es decir, destruida para los usos que antes tenia, pasando a un estado inferior equivalente de algún modo a la destrucción. Y este sacrificio solo se hace a Dios, como culto de adoración, o de expiación de nuestros pecados.

Significación del sacrificio.—

Significa o que Dios es digno de que le ofrezcamos todo cuanto tenemos, si El nos lo pidiese; o también que por nuestros pecados somos dignos de ser destruidos y afligidos. Por lo cual sacrificamos y destruimos algo nuestro en sustitución de nuestra destrucción que Dios no quiere.

Insuficiencia de todos los sacrificios humanos.

Claro está que ningún sacrificio iguala ni la dignidad y merecimiento de Dios, ni la satisfacción requerida por el pecado. En la ley antigua judía y, en general, en las otras religiones, se han ofrecido animales y cosas pertenecientes al hombre. En el altar de Israel se quemaban los holocaustos de continuas victimas sin cesar, toros y novillos y corderos y palomas y tórtolas y otras victimas eran continuamente ofrecidas a Dios. Pero ya advirtió David en profecía, y San Pablo repite lo mismo, que los holocaustos de la ley Antigua no podían agradar a Dios, es decir, no le podían satisfacer ni parecer dignos. Y expresamente el mismo San Pablo decía: Es imposible que los pecados se quiten con sangre de toros ni cabritos (Hebr., 10, 4).

El sacrificio condigno.—

Pero la Providencia había dispuesto que hubiese en el mundo un sacrificio condigno de la santidad de Dios, y suficiente para pagar todos nuestros pecados. Este había de ser el sacrificio de Cristo en la Cruz. Para lo cual, según expresión de San Pablo, el Padre acomodo al Verbo cuerpo o carne de victima. Y este sacrificio que ofreció en la Cruz se continua por divina disposición en la Misa.

Profecía de este sacrificio.—

Malaquías, cinco siglos antes de Jesucristo, dijo a los israelitas: No tengo ningún agrado en vosotros, ni recibo con gusto ninguna victima de vuestras manos. Pero de Oriente a Occidente mi nombre es grande entre las naciones, y en todos los sitios se ofrecerá a mi nombre incienso y sacrificios, una hostia pura, porque mi nombre es grande entre las naciones (Mal., 1, 10).

Como hay sacrificio en la Misa.—

En la Misa hay sacerdote: el visible es el ministro representante de Cristo; el verdadero sacerdote es el mismo Cristo, que fue el sacerdote en la Cruz, donde “se ofreció a si mismo inmaculado” (Hebr., 9, 14), como dice San Pablo. Hay ara, que es el altar, como ya lo vimos a su tiempo en estos artículos. Hay victima, que es Jesucristo, victima inmolada en la cruz y presentada en la Misa. Esta victima es destruida; porque lo fue en la Cruz y es la misma que fue ofrecida en la Cruz, la cual, como es de valor infinito no requiere otra victima, pues no se agota su virtualidad. Además, en la Misa la consagración es el punto en que se verifica el sacrificio, y esta consagración, por voluntad de Cristo significa la crucifixión, y se hace en memoria de la crucifixión, y en ella Cristo viene como victima. También además de recuerdo, la consagración es representación del sacrificio, por cuanto en virtud de las palabras de la consagración, primero se consagra el cuerpo y luego separadamente la sangre de Jesucristo para representar la muerte y sacrificio del Redentor. En fin, en la consagración el cuerpo glorioso de Cristo es constituido sobre el altar en una manera verdaderamente aniquilada e inmolada, puesto como muerto, ya que en la hostia no tiene ni vida, ni acción, ni movimiento, ni libertad, ni majestad, ni nada, sino que esta como destruido.

Puntos de catecismo, Vilariño, S.J.

La Santísima Virgen

Quien es Nuestra Señora la Virgen María.

Todos sabemos algo de Nuestra Señora, pero con mucha razón pregunta aquí el Catecismo quien es esta Señora, a la cual debe tanta consideración y devoción. Y responde el texto que es una Señora llena de virtudes, que es Madre de Dios, y que esta en el cielo. Vamos a decir cuatro palabras de cada una de estas ideas, pues es necesario que todo el pueblo cristiano conozca bien a Nuestra Señora.

Historia de la Virgen María.

La Virgen Santísima se llama María, que significa, según parece, Hermosa, Graciosa, o también Amada de Jehová. Y se le da el nombre de Virgen, por haberlo sido de la manera mas perfecta y milagrosa, antes del parto, en el parto y después del parto, habiendo hecho voto de castidad desde sus primeros anos. Nació en Jerusalén. Ya había sido profetizada varias veces, sobre todo por Isaías a Acaz, a quien dijo que una Virgen concebiría y pariría un hijo llamado Manuel. Dios, como la predestinaba a ser Madre suya, la preservo del pecado original. Nació de San Joaquín y Santa Ana. Fue, además de concebida sin pecado original, enriquecida desde el primer instante con un sinnúmero de gracias y virtudes sobrenaturales; y aun muchos autores dicen que desde su primer momento fue mas santa y tuvo mas gracia que todos los Ángeles y Santos juntos en el fin de sus carreras. Entre otros privilegios tuvo el de no cometer pecado ninguno, ni aun venial, y el de no tener fomite del pecado. Tuvo una hermana llamada María de Cleofas, pero no se sabe si era hermana carnal o hermana política, casada con un hermano de San José o hermana tal vez del mismo José. Se caso con José, artesano, y, según parece, carpintero; pero descendiente de David. Y se caso en Nazaret. Y estando desposada con José, y aun no casada, aunque los desposorios eran como matrimonio entre los judíos, el ángel San Gabriel, enviado del cielo, le anuncio que, siendo Virgen, concebiría un hijo que seria Hijo de Dios. Y, en efecto, en su seno castísimo, virginal, por obra del Espíritu Santo el Verbo se hizo carne en Nazaret. De ella nació el niño Jesús en Belén. Huyendo de Herodes llevo a su hijo a Egipto. De allí volvió con el y su esposo a Nazaret, donde vivió con Jesús hasta los treinta anos de este. Parece que quedo viuda en los anteriores a la salida de Jesús de su casa. Cuando Jesús empezó su vida publica, le hizo hacer el primer milagro en Cana. Luego le siguió mucho en su vida publica, preparándole a veces las casas y sitios. En su Pasión le acompañó al Calvario y estuvo al pie de la Cruz. Entonces quedo encomendada a San Juan. Y después de la resurrección estuvo con los discípulos y recibió con ellos el Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Sobre lo que la Virgen hizo después hasta su muerte, se sabe poquísimo con certeza. Como Jesús se lo encargo en la cruz, San Juan recibió a la Virgen y la tuvo en su casa como si fuese su madre. Algunos creen que vivió con San Juan en Éfeso, y que allí estuvo la casa de San Juan y de la Virgen. Pero parece mucho mas verosímil que San Juan tuviese alguna casa en Jerusalén, y que en ella vivió la Virgen algunos años hasta el 41 o 42, en un sitio cercano al Cenáculo, que Guillermo II compro y regalo a los católicos alemanes, que han levantado allí una hermosa iglesia, llamada de la Dormición de la Virgen, por creerse que allí murió. Y cerca de Getsemaní se venera, según antiquísima tradición, la tumba o sepulcro de la Santísima Virgen, y sobre ella esta la iglesia de la Asunción. La Virgen muerta no quedo en el sepulcro, sino que resucito también como su Hijo y fue llevada a los cielos, donde esta con su Hijo como Reina y dispensadora de todas las gracias.

                                      Puntos de Catecismo, Vilariño S.J

Año litúrgico. Parte quinta

Pascua y tiempo pascual.—

La Pascua de Resurrección es, sin duda, la fiesta principal de la Iglesia. Por eso también su rito es muy solemne. Hoy no resulta tan solemne, porque la fiesta de la Resurrección se ha anticipado en parte, conforme hemos explicado, al Sábado Santo; además, toda la semana también era muy solemne. Los neófitos conservaban durante toda ella sus vestiduras blancas del bautismo. El domingo siguiente a la Pascua se llama Domingo «in albis, porque en el dejaban sus vestiduras albas. Todo este tiempo respiraba alegría: los ornamentos blancos, las preces alegres, los aleluyas redoblados, las lecturas amables y rientes. Todo era dulce y consolador.

Duración del tiempo pascual.—

El tiempo pascual dura, por disposición muy razonable de la Iglesia, todo el tiempo que duro la permanencia del Señor en este mundo después de resucitado hasta que subió a los cielos. Viene a ser una Cuaresma de alegría y consolación que sigue a la Cuaresma de penitencia que precedió.

La Ascensión del Señor.—

A los cuarenta días se celebra la Ascensión del Señor. Pero antes preceden tres días de rogativas, en los cuales se aconseja la penitencia y la oración. Esto se debe a que en el siglo v, con ocasión de varias publicas calamidades, se introdujo este uso de implorar la misericordia divina tres días antes de la Ascensión; uso que ha quedado en la Iglesia hasta nuestros días. En la Misa, que es solemne, se apaga el cirio pascual que en toda la cuarentena ha estado encendido durante la Misa. Ya ha ido al ciclo el Señor; ya no se ve su luz.

Pentecostés.—

Para esta fiesta, se preparaban también los fieles con diligencia, recordando la asidua y diligente preparación del Colegio apostólico con la Virgen María para recibir al Espíritu Santo. Pentecostés significa quincuagésima. Ya los judíos celebraban una fiesta, la Solemnidad de las Semanas al pasar siete después de la Pascua. Pero los cristianos celebraron esta porque en ella, el domingo descendió el Espíritu Santo sobre los Apóstoles, y se promulgo la Ley Evangélica, y se fundo como quien dice la Iglesia católica. Hoy la Iglesia la celebra con mucha solemnidad, la llama Pascua, a semejanza de la verdadera, que es la de Resurrección.

Fiesta de la Santísima Trinidad.—

Celebradas las fiestas del Hijo hasta la Ascensión, y la del Espíritu Santo en Pentecostés, era muy obvio cerrar la serie festejando a la Santísima Trinidad. Se pueden considerar como fiestas del Padre las de Adviento, por habernos El dado a su Unigénito. A la Santísima Trinidad se dedica, pues, el domingo siguiente a Pentecostés.

Fiesta del Corpus Christi.—

Ya que en Jueves Santo no se puede celebrar con toda libertad y pompa como se lo merece este Santísimo Sacramento del altar, desde el siglo XIII la Iglesia celebra solemnísimamente la fiesta del Santísimo. Es la fiesta mas popular tal vez y solemne y alegre. Y cada vez se celebra con mas pompa. Fue instituida a instigación de Santa Juliana, religiosa agustina, nacida en 1193, e ilustrada por Nuestro Señor Jesucristo a que procurase que se celebrase esta fiesta, que, en efecto, estableció el Papa Urbano IV para toda la Iglesia en 1264. No seria pequeño motivo para esta determinación el famoso milagro eucarístico de Bolsena. La liturgia es admirable, y esta hecha en su mayor parte o toda por el Angélico Doctor Santo Tomas de Aquino.

La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.—

Quiso Nuestro Señor Jesucristo, según se manifestó a Santa Margarita, a quien escogió como apóstol de esta devoción, que sus devotos y amantes celebrasen esta fiesta del Corazón de Jesús, para reparar las ofensas que contra su amor se cometan en todas partes. En vano se opusieron los jansenistas, enemigos de esta devoción, a la fiesta del Corazón divino. La fiesta del Corazón de Jesús ha logrado hacerse cada día mas solemne. Y es notable que sin ser de precepto es observada voluntariamente por muchos. Y seguramente que será durante bastante tiempo una fiesta original, cuya observancia, distinguirá los verdaderos amantes de Jesucristo de los tibios, pues los primeros harán lo que puedan en ese día, aun cuando no sea de precepto.

Fiestas de la Santísima Virgen.—

La Santísima Virgen tiene muchas fiestas en el calendario eclesiástico. Dos tiene que son de precepto: una es la de su Asunción a los cielos, otra la de su Inmaculada Concepción. La primera ha sido siempre una de las principales fiestas marianas; su día se llamaba el de Nuestra Señora; su titulo era el de muchas catedrales e iglesias. Aun no ha declarado la Iglesia ser dogma de fe este misterio, aunque es cierto, sin duda; pero se esta trabajando para averiguar si es de fe, y declararlo así la Iglesia. Dios nos conceda muy pronto ver definida como dogma esta verdad universalmente admitida en la Iglesia. La de la Inmaculada, después que se proclamo este dogma, ha adquirido un incremento tan singular, que ya es una de las fiestas más importantes. En esta fiesta se usan ornamentos de color azul. Además, la Fiesta de la Circuncisión en la liturgia trata muy especialmente de la Virgen. La de la Encarnación mas se conoce por la fiesta de la anunciación. Y la Purificación tiene el rito especial de la bendición de las candelas, por lo que se le suele llamar la Candelaria.

Fiestas de los Santos.—

Los Santos tienen fiestas según sus nacimientos para el cielo, en los diversos días del ano correspondientes a su muerte. De San Juan Bautista se celebra también la natividad. De algunos, por recurrir con otros notables, se celebra la fiesta el día de la traslación de sus reliquias, o de algún otro suceso parecido. De San Pablo se celebra el día de su conversión, de San Pedro los días de su establecimiento en la Cátedra de Roma o de Antioquia; de San Esteban, la invención de su cuerpo; de San Francisco, la impresión de sus llagas. De los demás se celebra la fiesta en los días de su muerte. AI fin de todos los días del año y al llegar el Adviento, se celebra el 1 de Noviembre la fiesta de Todos los Santos. Y al siguiente, recurre la Conmemoración de todos los Difuntos. Y con esto concluye la serie de fiestas del año. De precepto solo son las fiestas de San José, de San Pedro, de Santiago en España y de Todos los Santos.

Puntos de Catecismo, Vilariño, S. J.

Año liturgico. Cuarta parte.

Viernes Santo.-

Este es el día de solemne luto en la Iglesia, por la muerte del Señor. Se llama parasccve, que significa preparación, porque era en tiempo de, Jesucristo la preparación de las cosas para el sábado de Pascua, en que no se podía hacer nada por ser descanso. En este dia propiamente no hay Misa ninguna. La Misa que se celebra se llama Misa de los presantificados, porque en ella, en vez de consagración, que es necesaria para el sacrificio, se consume lo que se consagro o santifico el día antes, es decir, lo plantificado. Este Oficio o Misa es muy particular y totalmente distinta de otras Misas. AI salir el sacerdote con los ministros se tiene el altar desnudo. Los ministros se postran ante el altar y entretanto extienden sobre el una toalla. Las luces están apagadas. Luego se levantan los ministros y comienzan las lecturas y oraciones; una de las lecturas, la más importante, es la Pasión, según el Evangelio de San Juan. Después se reza una larga serie de oraciones por todas las clases de la Iglesia, y aun por los judíos.

La adoración de la Cruz.—

Después de la Pasión viene la adoración de la Cruz, que es una muy hermosa ceremonia. Con mucha reverencia e imponente solemnidad el celebrante toma la Cruz y avanzando poco a poco, y descubriendo, primero la cabeza, luego el brazo, luego toda la Cruz, y elevándola a medida que la descubre, y cantando cada vez en tono mas alto el Ecce Signum crucis, por fin la coloca ante el altar en el suelo, y la adoran el y todos los ministros y el pueblo, mientras se cantan en el coro los improperios tiernísimos, y el himno de la Cruz. Es de las más dulces ceremonias de la Iglesia. Los improperios contienen quejas y reproches de Dios a su pueblo ingrato que tanto le ha ofendido.

La Misa.—

Viene en seguida la Misa de los presantificados. El celebrante va al monumento. Saca de allí el Santísimo, lo trae al altar, y en el, con varias ceremonias que pueden verse en los devocionarios, da a adorar la hostia consagrada, y la consume, sin que se cante nada en el coro, y brevisimamente termina todo y se retira. En este día nadie comulga sino el celebrante.

Sábado Santo.—

Nada mas notable que el Oficio de Sábado Santo. Hay que tener presente que este oficio se celebraba antiguamente durante la noche de Resurrección, y se ha anticipado a la mañana del Sábado. Con esto se entenderán muchas cosas que de otro mudo no se entienden. Los fieles antiguamente velaban durante la noche en la iglesia preparándose para la Resurrección de Jesucristo. Durante este tiempo se bautizaban los catecúmenos adultos. Ninguna vigilia o noche era tan frecuentada como esta por el pueblo. En ningún tiempo tampoco se bautizaban tantos adultos como en este día. Esto, unido a la fiesta de la Resurrección, nos da a entender que muchas ceremonias entonces debían ser muy respetuosas y significativas.

Renovación.—

Esta fiesta era como la fiesta de la renovación de todas las cosas por Jesucristo, muerto y resucitado. Por eso la Iglesia esta oscura, sin mas luces que las necesarias. Los ministros salen a la puerta de la iglesia. Allí bendicen el fuego sacándolo de un pedernal, símbolo de Cristo; con el se enciende un hornillo de carbón o de leña; bendecido este fuego con agua

bendita e incienso, queda simbolizando a Jesucristo, de donde procede toda luz y todo calor a su Iglesia. De este fuego se toma el carbón encendido para el incensario; de el se saca a una palmatoria la luz para las candelas que se irán encendiendo; también se han bendecido cinco granos de incienso.

Procesión.—

Una vez hecho esto a la puerta, el diacono, dejando sus ornamentos violáceos y vistiendo una dalmática blanca, toma una caña, que sostiene en su cima tres velas de cera unidas por su base. Y al entrar en la iglesia enciende la una y canta solemnemente: Lumen Christi, “Luz de Cristo”, lodos responden: Deo gratias, y se arrodillan. Al medio de la iglesia canta lo mismo en tono mas elevado, y al llegar al presbiterio, lo mismo en tono mas elevado todavía. Dejando la cana y pidiendo la bendición al celebrante, canta la Angélica, que es un precioso himno sobre la Resurrección y Redención. !Que preciosa meditación ofrecen todas sus cláusulas!

Iluminación.—

Es hermoso el efecto que debía producir esta serie de ceremonias. Cuando el templo estaba casi a oscuras entraba el diacono y encendía la primera luz, luego la otra y la tercera. Después, al cantar la Angélica, en que hay tantas alusiones a las noches de la primera Pascua, primero se ponen en el cirio Pascual los cinco granos de incienso, símbolo de los perfumes con que se embalsamo el cuerpo de Cristo; luego se enciende el cirio, señal de la Resurrección de Cristo; luego se encienden las lámparas; y todo con una luz, que es Cristo.

Lecturas.—

Terminada la Angélica, ya todo lo atraían hacia si los neófitos. Empezaba ya su preparación para el Bautismo en el pórtico. Y como esto era largo, dentro, para entretener el tiempo, se leían pasajes de la Escritura muy a propósito para recrear y elevar el alma, con alusiones a la ceremonia. Estas lecturas eran mas estimadas entonces, cuando había pocos libros, y todos entendían esto mejor.

Bendición de la pila bautismal.—

Terminadas las profecías o lecturas, que son doce, se iba a la pila bautismal a bendecir el agua. Esta bendición es muy solemne y muy devota. El uso del agua bendita se pierde en la antigüedad, y seguramente es de institución apostólica; ya los Padres mas antiguos nos hablan de ella.

Bautismo y Confirmación.—

Entonces se bautizaban los neófitos, y después de bautizados se confirmaban, con gran fiesta. Así los nuevos bautizados quedaban, por fin, habilitados para entrar en la iglesia, donde en efecto, conducidos por su Obispo entonaban el cántico de Moisés y las letanías de los Santos,  junto con los fieles que se habían pasado toda la noche en aquella fiesta. A la mañana se decía la Misa. Al Gloria, cuando ya apuntaba el alba, soltaban su voz las campanas mudas desde el jueves, se encendían todas las luces, se descubrían todos los altares, se volvía a usar del órgano, se restablecía el Al el Aleluya, dejado desde Septuagésima; rebosaba todo el entusiasmo.

Puntos de catecismo, Vilariño, S.J.

Año litúrgico. Tercera parte

Semana de Pasión y Semana Santa.—

Desde el quinto domingo ya la Iglesia hace converger la atención de los fieles a la Pasión de Nuestro Señor. Toda la liturgia va ya dirigiéndose a preparar

los ánimos al gran misterio de la cruz. El domingo sexto es llamado Domingo de Ramos, porque en el se celebra con toda solemnidad la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, conforme lo explicamos al tratar de los ramos. Ya en estos días todo el pensamiento de la Iglesia se clava en la Pasión. Se lee todo lo que hizo Jesús en estos días desde el domingo hasta el Viernes Santo; se lee también la Pasión de Jesucristo, según los cuatro Evangelistas, en el domingo, martes, miércoles y viernes. Los altares se cubren de luto desde el domingo de Pasión.

Oficios de tinieblas.—

En estos solemnísimos días de Semana Santa, el miércoles, jueves y viernes santos, se celebran los Oficios de tinieblas. Llámanse así porque a medida que se cantan los salmos se suele ir apagando las velas colocadas en un triangulo, dejando la iglesia en tinieblas, en recuerdo de las que hubo cuando murió el Señor. Mientras se canta el Benedictus se apagan también las seis velas que quedaban en el altar. Y la vela blanca que estaba en el vértice del candelabro triangular se esconde detrás del altar, en señal de que Cristo murió. Entonces se canta el Miserere, al terminar el Miserere se hace ruido, golpeando los libros y los bancos o el suelo, hasta que se saca de nuevo la vela blanca que estaba escondida y que significa la persona de Cristo que murió, pero no fue desamparado de la divinidad y resucito. Es excesivo el ruido y desorden que en algunos sitios arman, sobre todo los muchachos.

Jueves Santo.—

Este día es la conmemoración de la Cena de Nuestro Señor. Lleva el nombre de Coena Domini, “Cena del Señor”, Jueves Santo, y entre los griegos el quinto día santo y grande. Las ceremonias de este día son una mezcla de tristeza y alegría. Es propiamente el dia augusto de Ja Institución de la Eucaristía y pudiéramos decir el verdadero Corpus Christi. Sino que, como no se puede festejar al Santísimo con toda la pompa alegre que convendría, por el luto de Semana Santa, la Iglesia ha instituido una festividad aparte para estos festejos. En este día se celebraban antiguamente y aun hoy también, en gran parte, las siguientes ceremonias: 1) La reconciliación de los penitentes. 2) La bendición de los oleos en las catedrales. 3) La Misa solemne. 4) La procesión al monumento. 5) La desnudación de los altares. 6) El lavatorio de los pies y sermón del mandato.

Reconciliación de los penitentes.

Esta solemnidad era muy imponente y tierna. Los penitentes públicos venían con vestidos pobres y con la cabellera y la barba crecidos desde Ceniza, y con los pies desnudos. Postrabánse en el pórtico y el Obispo, dentro de la iglesia, rezaba por ellos los salmos penitenciales y las letanías. Mientras tanto algunos clérigos exhortaban a los penitentes. Y por fin el Obispo salía al pórtico. Allí se decían varias exhortaciones y diálogos, se recitaban varias oraciones; postrados todos se rezaban los tres Misereres. El Obispo daba solemnemente la absolución, rociaba con agua bendita y perfumaba con incienso a los penitentes y les decía solemnemente: Levantaos los que estáis dormidos; levantaos de entre los muertos y que Cristo sea vuestra  luz. Ellos entonces dejaban sus vestidos de penitencia y tomaban otros nuevos y entraban ya a comulgar con los demás. En este día el Sumo Pontífice daba la bendición llamada papal en el Vaticano, como recuerdo de esta reconciliación. Si bien después se introdujo el uso de darla también en otros días.

La bendición de los santos oleos.—

Con múltiples y  largas ceremonias en las catedrales, el señor Obispo bendice todos los santos oleos de los Sacramentos. Para ello el Obispo suele estar asistido de doce sacerdotes y siete diáconos y siete subdiáconos. Los oleos que se bendicen son: el óleo de los enfermos, para la Extremaunción: el óleo de los catecúmenos, que suele emplearse con los que se van a bautizar y con los que se van a ordenar y en la consagración de Reyes y Reinas, y el óleo llamado crisma, que es, sin duda, el principal, que sirve también en el Bautismo después de bautizados, en la confirmación y en la consagración de los Obispos; asimismo en la consagración de los cálices y altares e iglesias, y en la bendición solemne de las campanas. En estos oleos, al menos en el crisma, se mezcla bálsamo, que significa el buen olor de Cristo. Y los orientales, mas amigos de perfumes, suelen meter hasta treinta y tres clases de deliciosos perfumes.

La Misa solemne.—

El Jueves Santo, antes se decían tres Misas solamente o dos en otros sitios o una simplemente. Hoy se permite decir una, en particular, para varias necesidades, y una solemne. Así se conmemora mejor la Cena del Señor; todos

los sacerdotes asisten como los Apóstoles y uno solo celebra como el Señor. La Misa es muy solemne y aun alegre. Se dice el Gloria in excelsis Deo y en el se repican las campanas; los ornamentos son blancos, aunque parece que en otro tiempo eran rojos para la reconciliación y verdes para la Misa; por lo cual, en algunos sitios se llamaba a este jueves verde. Después del gloria, cesa el órgano y cesan las campanas y esto hasta el sábado Santo.

Procesión al monumento.—

Terminada la Misa se hace la procesión solemne al monumento. En la Misa se han consagrado dos hostias. La una la consume el celebrante como siempre; la otra la coloca en un cáliz, que cubre con la patena vuelta del revés y con un velo. Al fin de la Misa toma este cáliz y en procesión solemne por la iglesia lo lleva al monumento. En un altar lateral o en un sitio fuera del altar mayor, se prepara antes un monumento bien adornado con flores, luces y paños y en el se encierra en un arca, que la piedad llama sepulcro, el cáliz con la hostia que en el se incluye y lo mantiene así expuesto a la adoración de los fieles hasta el día siguiente. Este monumento suele ser visitado por todos los fieles, no solo en una, sino en muchas iglesias, con un jubileo verdaderamente devoto.

Desnudación de los altares.—

Terminada la Misa y dichas las vísperas en el coro, el celebrante con el diácono y subdiácono, en recuerdo del luto del Señor y del despojo de sus vestiduras, quita primero del altar mayor y luego de todos los demás altares todos los manteles.

El lavatorio.—

Esta ceremonia que se llama el mandato, porque al principio se lee como antífona la que comienza Mandatum noviun do vobis… “Mandato nuevo os doy”, etc., consiste en lavar el superior los pies a doce pobres, representantes de los Apóstoles. Practica antigua y muy cristiana fue esta de lavar los pies a los prójimos, en recuerdo de lo que Jesucristo hizo con sus discípulos. Y San Pablo llama la atención de Tito, para ver si las viudas eran virtuosas, entre otros actos a este, a ver si lavan los pies a los fieles. Habiéndose mudado los tiempos, para conservar el recuerdo se hace esto en las principales iglesias. El Papa lava los pies a trece pobres, parece que para incluir a Judas y a San Matías o también, como algunos piensan, en recuerdo de un milagro que sucedió a San Gregorio Magno, a quien vino un ángel que se junto a los doce pobres, para que también a el le lavase. En las catedrales lo hacen los Obispos; en muchas parroquias, el párroco; en la capilla real de España lo hacia el Rey.

Puntos de Catecismo, Vilariño, S.J.

Año liturgico. Segunda parte.

La Pascua.—

Era, pues, muy importante fijar la Pascua. Por desgracia esta fijación ofrecía algunas dificultades. Sin duda que Jesucristo sufrió su Pasión el 14 de Nisán, mes lunar y judaico, que entraba entre el 15 de Marzo y el 15 de Abril. Los orientales celebraban la Pascua el 14 de Nisán, cayese en el día que cayese, lo mismo domingo que lunes, martes, etc. Los occidentales no querían que se perdiese la solemnidad del domingo y celebraban la Pascua, aunque no cayese en el 14 de Nisán, sino después. Como además en el uso de los orientales la Pascua cristiana coincidía con la de los judíos, los occidentales sentían repugnancia hacia esta coincidencia. De esta cuestión se trato en el Concilio de Nicea y se determino que se celebrase la Pascua el domingo siguiente al primer plenilunio de primavera. Como este plenilunio varía y cae entre el 21 de Marzo y el 25 de Abril, varia consiguientemente la Pascua, que lo mas pronto puede caer el 22 de Marzo y lo mas tarde el 25 de Abril.

La fijación de la Pascua.—

Era la fijación de la Pascua un asunto muy interesante. El encargado del computo era el patriarca de Alejandría, que redactaba todo el calendario de fiestas movibles y presentaba su computo al Papa para su aprobación. Este lo enviaba a todos los primados y metropolitanos y estos a sus Obispos, los cuales hacían la publicación en sus catedrales el día de la Epifania, después del Evangelio, con mucha solemnidad.

Sucesión de todas las fiestas.—

Una vez fijado el centro de todas las fiestas, estas se ordenaban de manera que todas tuviesen su correspondiente celebridad, oportunidad y sucesión. Naturalmente, después de la fiesta de Pascua había de venir a los cuarenta días la Ascensión y a los cincuenta Pentecostés. Para prepararse a estas grandes fiestas había de preceder algún tiempo de ayunos y penitencias y se fijo la Cuaresma, después de algunas variaciones. Y como era necesario celebrar la venida de Nuestro Señor Jesucristo con parecida solemnidad a la Pascua, el aniversario de esta santa Natividad se celebro con gran esplendor y alegría, así como también con buena preparación. Tal fue la preparación del Adviento y la fiesta de Navidad, a la que se unió la de Epifania, la de la Purificación y todo el tiempo desde la Epifania hasta Cuaresma. Así la Natividad y la Pascua forman dos polos de nuestras fiestas, con sus preparaciones y solemnidades. Las Dominicas siguientes a Pentecostés hasta Adviento, si bien al principio no se fijaron, luego se uniformaron llamándose Domingos después de Pentecostés, que son veinticuatro.

Carácter dramático del año litúrgico.—

De esta manera la Iglesia nos ofrece una serie dramática de fiestas. Comienza por la predicación del Bautista anunciando que viene el Mesías y tan vivamente nos prepara para la Natividad, que de veras parece que va a nacer Jesús. Sigue después la infancia de Jesús, como si creciese. Luego viene la vida publica, que comienza con la penitencia de la cuarentena. Sigue el triunfo de Ramos, la Eucaristía, la Muerte, la Resurrección, Ascensión, Pentecostés. Terminada esta serie, se festeja como es razón a la Santísima Trinidad. Y luego de detenernos, como quien dice, en la gloria de Cristo, para cerrar la serie antes del Adviento, festeja a Todos los Santos y después de acordarse de los difuntos, se vuelve a meter en el Adviento. El calendario eclesiástico es una evolución de la vida de Cristo en el animo cristiano y en la sociedad eclesiástica. Veamos alguna explicación sucinta de todas estas fiestas.

El Adviento.—

Significa este nombre “Llegada”. Y es que este tiempo indica la llegada del Salvador en la Natividad y prepara nuestros ánimos a ella. Tres advientos hay de Jesús: uno el histórico de su Natividad, otro el místico en el alma, otro futuro al fin de los siglos. Y a los tres nos prepara la Iglesia. Los rezos de las Misas y del Oficio son bellísimos. La penitencia que nos inculca la Iglesia en este tiempo son ayunos (viernes y sábados). En las Misas se viste el sacerdote ornamento violáceo de penitencia, y se omite el Gloria y el ite missa est. También en este tiempo se prohíben bodas solemnes y otras fiestas profanas. La víspera de Navidad es muy preciosa. Y en el Martirologio se lee este magnifico prologo: “El año de la creación del mundo, cuando en el principio creo Dios el cielo y la tierra, 5199; del diluvio el año 2957; del nacimiento de Abraham el año 2015; de Moisés y la salida del pueblo de Israel de Egipto, 1510; desde que David fue ungido rey, el 1032; en la semana según la profecía de Daniel en la Olimpiada 194; de la fundación de Roma, el ano 752; del imperio de Octaviano Augusto el 42; estando todo el orbe en paz, en la sexta edad del mundo, Jesucristo, Eterno Dios e Hijo del Eterno Padre, queriendo consagrar el mundo con su misericordiosísimo advenimiento; concebido del Espíritu Santo y pasados nueve meses después de su concepción, nace en Belén de Judá, de la Virgen María, hecho Hombre. La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, según la carne.”

Navidad.—

Navidad se dice como contracción de Natividad. Esta fiesta dulcísima se celebra con mucho dramatismo y precioso. Se dicen tres Misas: una a media noche, otra a la madrugada, de los pastores, otra a media mañana, celebrando en esta el Nacimiento eterno del Verbo. Se usan en muchos sitios belenes que lo mismo que otros regocijos de estos días, procuro establecer San Francisco de Asís, quien en 1223 formo en un bosque un establo con un altar en que celebraron las Misas, predicando el después de haber oficiado de diacono.

Fiesta de Navidad.—

Síguense las fiestas de la Circuncisión en la octava, del Nombre de Jesús, de la Epifania y de la Purificación, con la cual se cierra esta serie. La mas notable de todas ellas, después de la Natividad, es la fiesta de la Epifania, en la que se celebran tres manifestaciones de Jesucristo: a los Magos, a San Juan y las turbas en el bautismo, al mundo con el primer milagro de Caná. Pero la principal fiesta es la manifestación a los Magos gentiles, que representa nuestra vocación a la verdadera fe y salvación. Esta fiesta se celebra con octava y muy solemne y con gran lujo y solemnidad por la Iglesia.

Septuagésima.—

Llamase así el domingo que sigue a los de Epifania y precede tres semanas a la Dominica de Cuadragésima. Estas tres semanas se han unido a la Cuaresma; no se sabe bien determinadamente por que. Pero forman ya un tiempo de penitencia en los rezos. Siguen a la Septuagésima, la Sexagésima y la Quincuagésima y, por fin, la Cuadragésima o Cuaresma, que esta después de Carnaval. Desde Septuagésima los rezos del Oficio y de la Misa revisten carácter de penitencia; se suprime siempre el Aleluya, que es señal de alegría; no se canta el Gloria en las Misas de los domingos y de feria; el color de la casulla es violado.

Cuaresma.—

La Cuaresma comienza el domingo siguiente a Carnaval. Pero para completar los cuarenta días de ayuno, sin contar los domingos, se añaden el Miércoles de Ceniza y los tres días siguientes antes del domingo de Cuadragésima. Comienza, pues, la Cuaresma, vulgarmente, el miércoles, con la ceremonia de la imposición de cenizas, que le recuerda al hombre su abyección y su necesidad de hacer penitencia y pedir perdón humildemente. Después en todo tiempo la liturgia es sumamente apropiada en sus lecturas, oraciones, antífonas e himnos para pedir perdón y disponer a los fieles a la reconciliación con Dios. En este tiempo los catecúmenos eran preparados para ser bautizados en la Pascua y los penitentes públicos para ser reconciliados. Conforme a estos dos sentimientos son todas las lecturas del Misal, que son verdaderamente preciosas y profundas. La Dominica Laetare es un respiro en la Cuaresma que nos infunde alegría y esperanza; en ella los ornamentos pueden ser rosados y toda la liturgia celebra con júbilo la esperanza de la luz y de la restauración.

Puntos de catecismo, Vilariño, S.J.

Año liturgico. Primera parte

Tiempo litúrgico.—

Llamamos tiempo litúrgico al mismo tiempo común y civil considerado desde el punto de vista litúrgico, según la distribución de las fiestas, oraciones, y acciones litúrgicas. Y es muy digno de consideración y se presta a mucha piedad y devoción en nuestra vida. Consideremos litúrgicamente el día, la semana v el año.

Día litúrgico.—

El Maestro nos aconsejo que orásemos siempre. Siempre se debe entender no a la letra, porque esto es en esta vida imposible, pero si tan frecuentemente que pueda decirse que siempre estamos orando y en comunicación con Dios. ¡Ojala pudiésemos estar en continua y nunca interrumpida comunicación con Nuestro Señor! ¡Oh dichoso día de la gloria, cuando ninguna otra cosa tendremos que hacer, y podremos hacer esto aun haciendo otras muchas! Mas no siendo esto aquí posible, la Iglesia nos enseña a orar muchas veces. David decía que se levantaba a media noche para alabar a Dios, y que durante el día alababa al Señor siete veces al día. Daniel decía que oraba a Tercia, Sexta y Nona, correspondientes a las nueve, doce y quince de nuestro horario. La Santa Iglesia ha fijado, pues, siete horas al día para orar y una a media noche: Maitines de noche. Laudes al rayar el crepúsculo. Prima al salir el sol. Tercia a media mañana. Sexta a mediodía. Nona a media tarde. Vísperas al ocaso; y Completas al ir a descansar. De ellas, Tercia es la hora de la bajada del Espíritu Santo. Sexta de la traición de Judas. Nona de Ja muerte del Señor. Los himnos de todas estas horas bien poéticos y suaves dicen relación muchas veces al carácter de la hora. Por ejemplo, el de la prima: “Nacido ya el astro de la luz * roguemos suplicantes a Dios * que en los actos del día * nos guarde de los que hacen mal. Modere refrenándola la lengua * para que no resuene el horror de la contienda; * proteja con su favor la vista * para que no beba la vanidad. * Sean puras las intimidades del corazón. * Parése la maldad. * Mortifique la soberbia de la carne * la sobriedad del comer y del beber. * Para que cuando el día se retire, * y la suerte retraiga la noche, * por la abstinencia del mundo, * le cantemos gloria. * Gloria a Dios Padre * a y su único Hijo, * y al Espíritu Paráclito. * Ahora y por todos los siglos. Amen.”

El Oficio Divino.—

Conforme a este horario, la Iglesia ha dividido en ocho partes el Oficio Divino que deben rezar todos los sacerdotes y religiosos y religiosas que lo tienen de Regla. Los Maitines constaban de tres vigilias o nocturnos que se rezaban de noche, asistiendo los sábados todos los fieles, que alternaban en las antífonas y escuchaban las Lecciones o lecturas que del Antiguo Testamento, del Evangelio, o de algunos escritos santos se leen.

Ahora se permite anticipar o retardar esta parte del rezo, porque muchos no pueden rezarlo de noche. Es la parte principal del Oficio.

Los Laudes se decían a la aurora, al fin de la cuarta vigilia, conforme a lo que de si dice David que de mañana alababa al Señor; en los Laudes, principalmente a oración es de alabanzas y cánticos. De suyo deberían rezarse las partes del Oficio en sus horas como hemos indicado; mas las obligaciones de cada día lo impiden, y así hay varias licencias de retrasarlas o adelantarlas.

La semana cristiana.—

También la semana ha sido aligada a la liturgia. Después de Moisés los judíos consagraron un día para dedicarlo al Señor, y se llamo sábado. Los Apóstoles lo siguieron guardando al principio, hasta que luego ya en su tiempo fue sustituido por el domingo. Aun cuando los Apóstoles guardaron muchas costumbres judías al principio, pero poco a poco fueron propendiendo a abandonar las practicas judías, para que no se creyese que era el cristianismo lo mismo que la religión judaica. Y como el domingo, que para la religión judaica era como para nosotros el lunes, era el día de la resurrección de Jesucristo y de la venida del Espíritu Santo y fundación de la Iglesia, mereció especial consideración de los cristianos. Tal vez contribuyo no poco a esto el que los cristianos celebraban como los judíos las reuniones el sábado por 1a noche, y en ellos oraban y predicaban y finalmente, después de todo, celebraban la fracción del pan, la sinaxis o eucaristía, lo cual ocurría ya por la mañana. De este modo lo verdaderamente cristiano se hacia el domingo. Con esto

espontáneamente empezó a celebrarse esta fiesta, y este día mereció el nombre de Kyriakos o Señorial, o Dominica o Domingo. Y el domingo sigue siendo para todo el mundo, menos para los judíos y mahometanos, el día de descanso y oración. A los demás días se les dio el nombre de ferias no se bien por que. Y como el domingo es el primer día de la semana, el lunes es feria segunda, el martes tercera, etc. Y para cada día hay señalado oficio distinto y especial en los rezos. Los nombres lunes, martes, etc., son nombres paganos. De las ferias, la cuarta y sexta son especiales, por haber venido Jesucristo un miércoles, feria cuarta, y muerto un viernes, feria sexta; y estos se dedicaban a la penitencia. También el sábado fue señalado para la penitencia por haber estado Jesucristo sepultado en ese tiempo. Y como en estos días solían celebrarse reuniones y fiestas de cristianos en algunas iglesias de Roma, llamadas a causa de eso de estación, comenzaron también a llamarse los días de ayuno días de estación, días de reunión, de guardia militar, de revista, que todo cae bajo el nombre de statio. Y se señalaba el puesto adonde acudir: Estación a Santa María la Mayor, o a San Pablo, o a San Pedro, etc.

Cuatro Témporas.—

Se ha perdido en gran parte la significación de estos días en la mayor parte de las semanas. Sin embargo, hay cuatro tiempos al año en los cuales se conserva todavía la tradición y son las llamadas Témporas. En estos cuatro tiempos se observa el ayuno en los tres días: miércoles, viernes y sábado. Fue costumbre romana que luego fue adoptada por toda la Iglesia occidental. Las Ordenes sagradas que al principio de la Iglesia se conferían regularmente en Diciembre, luego, cuando fue menester darlas con mas frecuencia, se confirieron los domingos o en las vigilias del sábado al domingo. Cuando ya decayeron las vigilias se confirieron en sábado. Y cuando el sábado dejo de ser día ordinario de penitencia, se señalaron los sábados de Cuatro Témporas. Las Témporas son, pues, cuatro semanas de penitencia y oración y obras piadosas, en las cuales los fieles ruegan también a Dios de a su Iglesia dignos sacerdotes. Se celebran las primeras en la primera semana de Cuaresma; las segundas en la semana de Pentecostés para la Santísima Trinidad; las terceras en otoño, hacia la Exaltación de la Santa Cruz y las cuartas en invierno, en la ultima semana de Adviento.

Año litúrgico.—

El año litúrgico esta muy bien ordenado a fin de que siga de alguna manera la vida de Jesucristo Nuestro Señor, desde su nacimiento hasta su glorificación. El centro de todo el año litúrgico y de todas las fiestas es la Pascua, que es también la primera fiesta que apareció en la liturgia. Todas las demás fiestas se acomodaban a esta. Y constituían tres series, por decirlo así: la primera era la venida de Nuestro Señor, Adviento y Epifania; la segunda, la de la Pasión y Muerte y Resurrección del Señor; la tercera, la de la vida gloriosa del Señor. Y así tenemos el Adviento, luego la Cuaresma, Semana Santa y Resurrección; luego, en fin, el Tiempo pascual y Pentecostés y Dominicas siguientes, que terminan con la fiesta de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos. Todo gira alrededor de la Pascua.

Puntos de Catecismo, Vilariño, S. J.