El Credo

El Credo.—

El Credo lo dijeron, es decir, lo formularon o compusieron los Apóstoles, para informarnos en la fe cristiana. Llamase Credo la formula de la profesión de la fe cristiana. Se llama así, vulgarmente, por ser esta a primera palabra con que empieza la formula en latín; aunque antes que en latín estuvo en griego; pero mas científicamente se llama símbolo, que en griego significa resumen y contraseña; porque el Credo es un resumen de las verdades principales que profesamos los cristianos, y porque es además el distintivo de nuestra religión en frente de cualquiera otra.

Símbolo apostólico.—

Se llama al Credo símbolo apostólico, porque, según antigua tradición, se remonta a los Apóstoles, no solo por la materia, en lo cual no hay duda ninguna, sino acaso también por la misma forma, por lo. menos en lo sustancial. No hay duda de que el texto que ahora tenemos en latín se tradujo del griego. En la forma primitiva acaso faltaban algunas palabras que muy pronto se pusieron para completar el símbolo. La forma que tiene hoy parece empleada por primera vez en el año 450, sustituyendo a otra formula mas antigua y muy semejante, a la cual se le añadieron las palabras descendió a los infiernos, la comunión de los Santos, la vida eterna y católica. Rufino indica que los Apóstoles, antes de su separación, compusieron el símbolo, aunque sin escribirlo, y determinando que se extendiese de una vez.

Símbolo bautismal.—

Se llama símbolo bautismal porque desde muy antiguo en la Iglesia de Roma se usaba en el bautismo, en el cual era y sigue siendo la formula de profesión de fe. Y por eso la Iglesia lo ha conservado desde muy antiguo en su forma sencilla, lapidaria, breve y marcada, como cosa ritual, sagrada e inmutable. Desde los principios de la Iglesia se conoció la necesidad de una formula común, y de un símbolo bautismal en que el

neófito manifestase la fe que tenia en las verdades fundamentales del cristianismo. Es muy natural que la Iglesia pusiese en esta formula especial cuidado, como lo ha puesto; y que si, como es muy creíble y fundado, la recibió en todo o casi en todo hecha por los Apóstoles, la conservase integra, y, cuando mas, añadiese algún complemento leve, como hemos dicho, hasta llegar a la forma actual que en toda la Iglesia se recita.

Otros símbolos.—

Otros símbolos se hicieron en otros tiempos, por especiales circunstancias, como por ejemplo, el símbolo Niceno, compuesto en el Concilio de Nicea, para profesar la fe contra la herejía de Arrio especialmente: este se dice en la Misa y tiene muy expresa la divinidad de Jesucristo: Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo unigénito de Dios; y nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios Luz de Luz. Dios verdadero de Dios verdadero. Engendrado, no hecho; consustancial con el Padre; por quien todas las cosas han sido hechas. Y en el Concilio de Constantinopla, en 381, se añadieron al Niceno las palabras acerca del Espíritu Santo: Señor y vivificador; que del Padre y del Hijo procede; que con el Padre y el Hijo juntamente es adorado y con glorificado.

El símbolo llamado Atanasiano es una hermosa exposición de la doctrina de San Atanasio, no hecha por el, sino por algún otro Padre antiguo sobre sus doctrinas y luego aceptado por la Iglesia romana para la liturgia y para base de enseñanza del pueblo y regla de la fe eclesiástica.

El Credo es para informarnos en la Santa Fe.—

El Credo nos sirve para que sepamos bien el sumario de lo que debemos creer. Por eso deberíamos saberlo de memoria y a ser posible a la letra. A este fin es tan breve y conciso y tiene esa forma lapidaria y escueta. Debemos rezarlo no como oración, pues no es oración; pero si como acto de fe, para mas y mas fortalecernos en esta virtud: hoy, sobre todo, que tanto nos es necesaria, por ser tan combatida de todos. En el se encierran las bases de toda la doctrina cristiana. Primero la fe en Dios Trino y Uno, en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Segundo, la fe en Jesucristo Dios y Hombre verdadero, Hijo de Dios, según la carne hijo de María Virgen y Madre, Señor nuestro, Redentor por su pasión y muerte, resucitado, que subió a los cielos, Rey de la gloria y Juez del mundo. Tercero, en fin, la fe en la Iglesia. Por eso estamos obligados a saberlo, al menos, en cuanto a la sustancia. Y Santo Tomas dice que ignorarlo culpablemente es falta grave. Es muy conveniente enseñarlo a los niños; y rezarlo cada noche, y cuando tengamos tentaciones contra la fe.

Artículos de la fe.—

Los Artículos de la fe son los misterios principales de la fe. Ya se sabe que Artículos significa lo mismo que miembros. Los Artículos vienen a ser lo mismo que el Credo; solo que este esta dispuesto en forma de recitado, pues esta hecho para rezarlo los fieles; y los Artículos en forma didáctica y de serie para servir de capítulos en la explicación de la fe. No son ellos toda la fe, sino los misterios y verdades principales de la fe. Pero además del Credo y los Artículos, hay otras muchas verdades y misterios, unos muy importantes, otros menos importantes por su materia, que no están en el Credo ni en los Artículos, pero se deben creer lo mismo que ellos; por ejemplo: es de fe la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, la existencia e institución divina de los Sacramentos, la Concepción Inmaculada de María y otras innumerables verdades, que Dios nos ha revelado, y, en general, todo lo que esta en la Sagrada Escritura. Pero estos Artículos son los misterios principales. Los debe saber todo cristiano y aunque no es necesario que los sepa recitar de memoria; pero seria eso muy bueno. Y se les debe ensenar a los niños.

Cuantos son los Artículos.—

Los Artículos se pueden señalar mas o menos en numero: aunque, en general, solo son los incluidos en el Credo, que se descompone en ellos. Nuestro Catecismo señala catorce, y con mucha claridad los divide en dos partes: los siete primeros se refieren solo a Dios en cuanto a Dios, los otros siete se refieren a la Humanidad de Nuestro Señor Jesucristo.

Y están muy bien ordenados. Se los puede comparar ante los niños con el Credo, en el cual están todos los Artículos: l.° y 2 ° Creo en Dios Padre Todopoderoso. 5.° Criador del cielo y de la tierra. 3.° Y en Jesucristo su único Hijo, Nuestro Señor. 8.° que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. 9.° Y nació de la Virgen Madre. 10.° Padeció debajo del poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado. 11.° Descendió a los infiernos. 12.° Al tercer día resucito de entre los muertos 13.° Subió a los cielos y esta sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso. 14º Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. 4.° Creo en el Espíritu Santo. 6.° En la Santa Iglesia católica, en el perdón de los pecados. 7.° En la resurrección de la carne y la vida perdurable.

Por eso, con razón, dice el Catecismo que los Artículos (lo mismo que el Credo, y aun mas que el), sirven para dar noticia distinta, aunque sumaria, de Dios Nuestro Señor.

                                                        Puntos del Catecismo, Vilariño S.J.

Las postrimerías

Esta obra del Padre Royo Marín es fundamental para comprender el destino de nuestras almas después de la muerte. Es importante darnos cuenta que el único negocio importante en esta vida es salvarse. Si nos salvamos, todas las cosas de este mundo carecen de importante.

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El Santo Abandono

El nuevo libro que publicamos hoy es un clásico de espiritualidad que todos deberiamos leer. El abandono confiado en la voluntad de Dios es camino seguro para llegar al cielo.

Esta obra, compuesta por el benedictino, Dom Vital Lehodey, merece ser meditada y vivida en profundidad.

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