Este Decreto del Santo Oficio fue promulgado el día tres de julio de mil novecientos siete. En él, San Pio X describe, de forma numerada, todos los errores doctrinales de la herejía modernista. Dichos errores vienen numerados y enunciados de forma muy clara y sencilla. Estudiándolo bien, podemos constatar que actualmente todas estas herejías se aceptan como algo normal. ¡Cuanto mal ha entrado en la Iglesia de Dios! ¡Cuánto desconocimiento entre los fieles! ¡Estudiemos estas herejías para combatirlas con todas nuestras fuerzas!
Oh Dios!, ven en mi socorro; Señor, corre a ayudarme. Confusos y
avergonzados queden mis enemigos, los que me persiguen a muerte. Salmo.
Arrédrense y sean confundidos los que meditan males contra mí. V/. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Colecta.-
Omnipotente y misericordioso Dios, que concedes a tus fieles poder servirte
digna y laudablemente; haz, te suplicamos, que corramos sin tropiezo a la
consecución de tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Epístola. 2
Cor. 3.4-9.-
Hermanos: Tal es la confianza que tenemos en Dios por Cristo; no que
podamos pensar algo bueno como propio nuestro, sino que nuestra suficiencia nos
viene de Dios. Él nos ha hecho idóneos ministros de una nueva alianza; no de la
letra, sino del espíritu, porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Pues
si el ministerio de muerte, grabado con letras sobre piedras, fue tan glorioso
que no podían los hijos de Israel fijar la vista en el rostro de Moisés, por la
gloria pasajera de su cara, ¿cómo no había de tenerla mayor el ministerio del
Espíritu? Si el ministerio de la condenación era glorioso, mucho más glorioso
será el ministerio de la justicia.
Gradual. Salm.33.2-3.-
Alabaré al Señor en todo tiempo; no cesarán mis labios de alabarle. V/ En el Señor se gloriará mi alma; lo
oirán los humildes y se alegrarán.
Aleluya. Salm.
87.2.- Aleluya, aleluya. V/. Señor, Dios de mi salvación: día y
noche clamo en tu presencia. Aleluya.
Evangelio.
Luc. 10-23-37.-
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Dichosos los ojos que ven
lo que vosotros veis. Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver
lo que vosotros veis y no lo vieron, oír
lo que vosotros oís y no lo oyeron. Levantóse en esto un doctor de la Ley y le
dijo por tentarle: Maestro, ¿qué haré para poseer la vida eterna? y él le
contestó:¿Qué es lo que se halla escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?
Respondió él: Amarás al Señor, tu Dios, con .todo tu corazón, y toda tu alma,
con todas tus fuerzas; y todo tu entendimiento; y tu prójimo como a ti mismo.
Bien has respondido, dijole Jesús: haz eso, y vivirás. Mas él, queriendo justificarse,
preguntó de nuevo: y ¿quién es mi prójimo? Entonces Jesús, tomando la palabra-
dijo: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones,
los cuales le despojaron y, después de herirle, se fueron, dejándole medio
muerto. Llegó a pasar por el mismo camino un sacerdote; y, aunque le vio, pasó
de largo. Asimismo, un levita, y llegando cerca de aquel lugar, le vio, y pasó
también de largo. Mas llegó igualmente un viajero samaritano, y al verle,
movióse a compasión. Y acercándose, le vendó las heridas, y echó en ellas
aceite y vino; y montándole en su jumento, lo llevó a una venta y le cuidó. Y
al día siguiente sacó dos denarios, y dióselos al posadero diciéndole:
Cuídamelo, y cuanto gastares de más, te lo abonaré cuando vuelva. ¿Cuál de
estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
Respondió el doctor: El que usó con él de misericordia. Dijole Jesús: Pues vete
y haz tú otro tanto.
Ofertorio.
Ex. 32.11,13,14.-
Oró Moisés al Señor, su Dios, y dijo: ¿Por qué, Señor, te irritas contra
tu pueblo? Apláquese tu ira; acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, a los
que juraste darías tierra que fluyera leche y miel, y se aplacó el Señor, y no
ejecutó el castigo con que había amenazado a su pueblo.
Secreta.-
Te rogamos, Señor, mires propicio los presentes que ofrecemos en los
sagrados altares, para que, consiguiéndonos el perdón, rindan honor a tu santo
nombre. Por nuestro Señor.
Prefacio
de la Santísima Trinidad.-
En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo
tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu
unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en
la individualidad de una sola persona, sino -en la trinidad de una sola
sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos
también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De
suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad
en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual
alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no
cesan de cantar a diario, diciendo a una voz.
Comunión. Salm.
103.13.14.-
Del fruto de tus obras, Señor, se sacia la tierra. Tú haces producir a la
tierra el pan, el vino que alegra e] corazón del hombre, el aceite que ilumina
los rostros. y el pan que fortalece el corazón del hombre.
Poscomunión.-
Te suplicamos, Señor, nos dé una nueva vida la participación de este
santo misterio, y nos sirva de expiación al propio tiempo que de fortaleza.
Por nuestro Señor Jesucristo.
TEXTOS DE LA MISA EN LATÍN
Dominica Duodecima post Pentecosten
II Classis
Introitus: Ps. lxix: 2-3
Deus in adjutórium meum inténde:
Dómine ad adjuvándum me festína: confundántur et revereántur inimíci me, qui quærunt
ánimam meam. [Ps. ibid., 4] Avertántur
retrórsum et erubéscant : qui cógitant mihi mala. Glória Patri. Deus in
adjutórium meum.
Collect:
Omnípotens et miséricors Deus, de
cujus múnere venit, ut tibi a fidélibus tuis digne et laudabíliter serviátur:
tríbue, quǽsumus, nobis; ut ad promissiónes tuas sine offensióne currámus. Per
Dóminum.
2 ad Cor. iii: 4-9
Lectio
Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios.
Fratres: Fidúciam autem talem
habémus per Christum ad Deum: non quod sufficiéntes simus cogitáre áliquid a
nobis, quasi ex nobis: sed sufficiéntia nostra ex Deo est: qui et idóneos nos
fecit minístros novi testaménti: non líttera sed Spíritu: líttera enim occídit
Spíritus autem vivíficat. Quod si ministrátio mortis, lítteris deformáta in
lapídibus, fuit in glória; ita ut non possent intendére fílii Israël in fáciem
Móysi, propter glóriam vultus eius quæ evacuátur: quomodo non magis ministrátio
Spíritus erit in glória? Nam si ministrátio damnatiónis glória est: multo magis
abundat ministérium justítiæ in glória.
Graduale Ps. xxxiii: 2-3
Benedícam Dóminum in omni
témpore: semper laus ejus in ore meo. v. In Dómino laudábitur ánima mea: áudiant mansuéti,
et læténtur.
Allelúja, allelúja. [Ps. lxxxvii: 2] Dómine Deus, salútis meæ, in die
clamávi et nocte coram te. Allelúja.
Luc. x: 23-37
Sequéntia sancti
Evangélii secúndum Lucam.
In illo témpore: Dixit Jesus
discípulos suis: «Beáti oculi qui vident quæ vidétis. Dico enim vobis, quod
multi prophétæ et reges voluérunt vidére quæ vos vidétis, et non vidérunt: et
audíre quæ audítis, et non audiérunt.» Et ecce quidam legisperétus surréxit,
temptans illum, et dicens: «Magíster quid faciéndo vitam ætérnam possidébo?» At
ille dixit ad eum: «In lege, quid scriptum est? quómodo legis?» Ille
respóndens, dixit: «Díliges Dóminum Deum tuum ex toto corde tuo, et ex tota
anima tua, et ex ómnibus víribus tuis, et ex omni mente tua: et próximum tuum
sicut te ipsum.» Dixítque illi: «Recte respondísti: hoc fac et vives.» Ille
autem volens justificáre seípsum, díxit ad Jesum: «Et quis est meus
próximus?» Suscípiens autem Jesus, dixit: «Homo quidam descendébat ab
Jerúsalem in Jéricho, et íncidit in latrónes, qui étiam despoliavérunt eum: et
plagis impósitis abiérunt, semívivo relícto. Accídit autem, ut sacérdos quidam
descendéret eadem via, et viso illo præterívit. Simíliter et levíta, cum esset
secus locum, et vidéret eum pertránsiit. Samaritánus autem quidam iter fáciens,
venit secus eum: et videns eum, misericórdia motus est. Et apprópians,
alligávit vúlnera eius, infúndens óleum et vinum: et inpónens illum in juméntum
suum, duxit in stábulum, et curam eius egit. Et áltera die prótulit duos
denários, et dedit stabulário, et ait: ‘Curam illius habe: et quodcúmque
supererogáveris, ego cum redíero, reddam tibi.’ Quis horum trium vidétur tibi
próximus fuísse illi, qui íncidit in latrónes?» At ille dixit: «Qui fecit
misericórdiam in illum.» Et ait illi Jesus: «Vade, et tu fac simíliter.»
Offertorium: Ps. xxiv: 1-3.
Præcátus est Móyses in conspéctu
Dómini Dei sui, et dixit: «Quare, Dómine, irásceris in populo tuo? Parce iræ
ánimæ tuæ: moménto Abraham, Isaac, et Jacob, quibus jurásti dare terram
fluéntem lac et mel.» Et placátus factus est Dóminus de malignitáte, quam dixit
fácere populo suo.
Secreta:
Hóstias, quǽsumus, Dómine,
propítius inténde, quas sacras altáribus exhibémus: ut nobis indulgéntiam
largiéndo, tuo nómine dent honórem. Per Dóminum.
Communio: Ps. ciii: 13 et 14-15
De fructu óperum tuorum, Dómine,
satiábitur terra: ut edúcas panem de terra, et vinum lætíficet cor hóminis: ut
exhílaret fáciem in óleo, et panis cor hóminis confírmet.
Postcommunio:
Vivíficet nos, quǽsumus, Dómine, hujus participátio
sancta mystérii: et páriter nobis expiatiónem tríbuat, et munímen. Per Dóminum.
HOMILIA DE DOM GUERANGUER AÑO LITURGICO. XII DOMINGO DESPUÉS DE
PENTECOSTES.
EL MINISTERIO NUEVO ESTÁ SOBRE EL ANTIGUO. —
Cuando San Pablo hizo la apología del ministerio
cristiano, sus enemigos le acusaron en seguida de haber hecho orgullosamente su
propia apología. El se defiende. No reivindica para sí otro mérito sino el de
haber sido el dócil instrumento de Dios. Esto es lo que deberán ser siempre los
predicadores y misioneros del Evangelio. Saben bien que el éxito de su
apostolado depende de la humilde obediencia con que dejen a Dios obrar en ellos
y por ellos. No van en busca de su propia gloria, sino de la de Dios.
El haber sido proclamada de este modo su humildad, no
obsta absolutamente nada para que el ministerio con que Dios ha investido a los
Apóstoles, sea tenido por ellos a grandísima honra. Pues este ministerio, a
pesar de lo que digan ciertos fieles de Corinto muy impresionados por las
argucias de los judíos, es mayor y más glorioso que el del mismo Moisés. El, en
efecto, trae la nueva ley, completamente llena del Espíritu de Cristo, de este
Espíritu Santo vivificador y santificador, que procura que cada fiel se adentre
en la familia de las tres Personas divinas. El mensaje de Moisés, por el
contrario, aunque trajo al mundo una grandísima esperanza, no era, con todo
eso, sino letra muerta.
Moisés no promulgó sino ritos materiales, prohibiciones
y condenaciones que no podían abrir a nadie el cielo. Sin duda alguna, Moisés
fue asimismo un fiel instrumento de Dios. Y para dar crédito a la autoridad
divina de su ministerio, Dios no le dejó nunca sin un signo visible: siempre
que Moisés entraba en el tabernáculo para conversar cara a cara con Dios y
recibir las órdenes de la ley antigua, salía con el semblante resplandeciente de
luz, de suerte que después de haber transmitido el mensaje divino, debía cubrirse
con el velo para no deslumbrar al pueblo.
Mas, fundándose en este milagro, no podría tomarse
ningún argumento para ensalzar el ministerio de Moisés sobre el ministerio de
los Apóstoles. Pues no se pueden medir estas dos Alianzas con la misma medida:
la nueva Alianza sobrepasa infinitamente a la antigua, y, si bien es cierto que
la gloria del ministerio apostólico es diferente de la del ministerio mosaico,
con todo eso, necesariamente es mucho mayor.
LA GLORIA DE AMBOS MINISTERIOS. –
Por lo demás, la gloria que resplandecía en la faz de
Moisés, era de tal naturaleza que, lejos de probar la superioridad de su
ministerio sobre el de los Apóstoles, por el contrario demostraba su
irremediable inferioridad. San Pablo tiene empeño en decirlo para no dejar
asidero a ninguna objeción, y esto lo hace en los versículos que siguen
inmediatamente a los de la Epístola de este Domingo doce.
Ciertamente que el ministerio de Moisés estaba aureolado
con una luz divina tan poderosa, que debía cubrirse con un velo para no deslumbrar
los ojos del pueblo. Mas este velo, recuerda San Pablo, tiene otro significado.
Moisés cubriase el rostro con él, «¡para que los hijos de Israel no viesen
desaparecer este resplandor pasajero!»
Así como la misma ley que promulgaba, era pasajera, del
mismo modo lo era la gloria que tenía por fin darla crédito: este era un
resplandor precario, momentáneo. No era sino una figura de la gloria,
verdadera, durable, sustancial y eterna de aquellos que habían de anunciar una alianza
que no terminará, una ley de caridad que nunca pasará. El ministerio cristiano
no goza en este mundo de un resplandor visible; pero imita y prosigue el
ministerio de Cristo en las pruebas, persecuciones y humillaciones, con el fin
de conseguir la salvación del mundo. ¿No es suficiente esto, aun a pesar de las
apariencias, para demostrar que es sobreabundante y eternamente glorioso?
He aquí una gran lección para los fieles, los cuales no
deben olvidarse de rodear de respeto y de honor a quienes Dios ha escogido para
que les anuncien, en su nombre, las palabras de salvación. Con frecuencia, son
poco conocidos del mundo. Mas a los ojos de la fe están rodeados de resplandor
mayor aún que el del rostro mismo de Moisés.
LA CONTEMPLACIÓN. —
Se podría sacar otra lección de esta bella Epístola.
Moisés es, en el caso, imagen de la oración contemplativa y de sus maravillosos
efectos. El privilegio de que sólo él fue dotado en la antigua alianza, de
poder conversar con Dios cara a cara y de verse inundado de su resplandor,
puede obtenerlo todos los días el simple fiel en la nueva alianza. Si queremos,
seremos, en efecto, «como Moisés cuando conversaba con el Señor y vivía
junto a El. Todos nosotros leemos con libertad, en el espejo del Evangelio, la
gloria y perfecciones del Señor. Podemos mantener por completo nuestra alma en
la asidua contemplación de esta belleza. ¡Oh dulce maravilla! Presupuesto
nuestro consentimiento en las renuncias previas, esa belleza sobrenatural del
Señor, ya de suyo atrayente, resulta también activa; y con la asiduidad de
nuestras miradas interiores, llega a invadirnos y transfigurarnos. Dícese de
ciertos mármoles, que con el tiempo, fijan en sí la luz y se hacen
fosforescentes bajo la acción del sol. Nuestra alma no es tan dura como el
mármol; y en efecto, mientras la ley es impotente, he aquí que a fuerza de
mirar al Señor, nuestra vida se une a El más estrechamente; se baña en su resplandor
y sufre su acción secreta; de día en día y de escalón en escalón, se acerca
cada vez más a su belleza, como llevada hacia Cristo por el soplo del Espíritu
de Cristo»
El género humano, sacado de su mutismo secular y
colmado al mismo tiempo con los dones divinos, canta en el Gradual el
agradecimiento que de su corazón rebosa.
EL MANDAMIENTO DEL AMOR. —
«Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón,
con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo
como a ti mismo.» La Iglesia, en laHomilía que hoy presenta,
como de costumbre, asus fieles, sobre el texto sagrado’, no extiendesu interpretación más allá de la pregunta deaquel doctor de la ley:
basta con demostrar que,según su modo de pensar, la última parte delEvangelio, aunque más larga, no es sino una conclusiónpráctica de
la primera, según esta expresión
del Apóstol: La fe obra por medio de la caridad.
Y, efectivamente, la parábola del buenSamaritano, que por otro lado,
tiene tantas aplicacionesdel más elevado simbolismo, no fue expuestapor los labios del Señor, en su sentido literal,sino para destruir
perentoriamente las restriccionesque habían hecho los judíos en elgran
precepto del amor.
Si toda perfección se halla condensada en el amor, si
ninguna virtud produce sin él su fruto para la vida eterna, el amor mismo no es
perfecto si no se extiende también al prójimo; y en este último sentido, sobre
todo, dice San Pablo que el amor es el cumplimiento de la ley y que es
la plenitud de toda ella. Porque la mayoría de los preceptos del Decálogo, se
refieren directamente al prójimo, y la caridad debida a Dios, no es perfecta
sino cuando se ama juntamente con Dios a lo que El ama, es decir, aquello que hizo
a su imagen y semejanza’. De suerte que el Apóstol, no distingue, como lo hace
el Evangelio, entre los dos preceptos del amor, pues osa decir: «Toda la
ley está contenida en estas palabras: Amarás a tu prójimo como a timismo».
EL PRÓJIMO. —
Pero cuanto mayor es la importancia de este amor, tanto
mayor es también la necesidad de no equivocarse acerca del significado y
extensión de la palabra prójimo. Los judíos no consideraban como tales
sino a los de su raza, siguiendo en ello las costumbres de las naciones
paganas, para quienes los extranjeros eran enemigos. Mas he aquí que
interrogado por un representante de esta ley mutilada, el Verbo divino, autor
de la ley, la restablece por entero.
Pone en escena a un hombre que sale de la ciudad santa,
y a un Samaritano, el más despreciado de los extranjeros enemigos y el más
odioso para un habitante jerosolimitano. Y, con todo eso, por la confesión del
doctor que le interroga, como indudablemente de todos los que le escuchan, el prójimo,
para el desdichado caído en manos de los ladrones, no lo es tanto en este caso
el sacerdote o el levita de su raza, como el extranjero Samaritano, que,
olvidando los resentimientos nacionales, ante su miseria, no ve en él sino a su
semejante. Convenía decir que ninguna excepción podía prevalecer contra la ley suprema
del amor, tanto aquí abajo como en el cielo; y que todo hombre es nuestro
prójimo, a quien podemos hacer o desear el bien, y que es nuestro prójimo todo
aquél que practica la misericordia, aunque sea Samaritano.