Promulgada solemnemente por el Papa Pío IV y el Concilio de Trento
Yo, N., creo firmemente y profeso todas y cada una de las verdades que
se contienen en el símbolo de la Fe que usa la Santa Iglesia Romana, es a
saber:
Creo en un solo Dios,
Padre omnipotente, creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas
visibles e invisibles.
Y en un solo Señor
Jesucristo, Hijo unigénito de Dios. Y nacido del Padre antes de todos los siglos.
Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Engendrado, no
creado, consustancial al Padre: por quien todas las cosas fueron creadas;
El cual por nosotros los
hombres y por nuestra salud descendió de los cielos. Y por obra del Espíritu
Santo se encarnó en las entrañas de la Santísima Virgen y se hizo hombre;
Por nosotros fue también
crucificado, bajo Poncio Pilato: padeció y fue sepultado.
Y resucitó al tercer
día, según las Escrituras. Y subió a los cielos;
Y está sentado a la
diestra del Padre. Y otra vez ha de venir con gloria a juzgar a los vivos y a
los muertos: y su reino no tendrá fin;
Y en el Espíritu Santo,
Señor y vivificador: que procede del Padre y del Hijo. El cual es juntamente
adorado con el Padre y el Hijo, y conglorificado: y habló por medio de los
profetas;
Y en la Iglesia, Una,
Santa, Católica y Apostólica.• Confieso que hay un solo Bautismo para remisión
de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos. Y la vida del siglo
venidero. Amén.
Firmísimamente admito y
abrazo las tradiciones apostólicas y eclesiásticas y las demás observancias y
constituciones de la misma Iglesia.
Asimismo acepto la
Sagrada Escritura conforme al sentido que le ha dado y la da la santa Madre
Iglesia, a la cual toca juzgar acerca del verdadero sentido e interpretación de
las Sagradas Escrituras; y jamás las aceptaré e interpretaré sino en
conformidad con el unánime sentir de los Padres.
Confieso también que
verdadera y propiamente son siete los Sacramentos de la nueva ley instituidos
por Nuestro Señor Jesucristo, y que son necesarios para la salvación del género
humano, si bien no todos lo son a cada uno, a saber, el Bautismo, la
Confirmación, la Eucaristía, la Penitencia, la Extremaunción, el Orden y el
Matrimonio; y que confieren la gracia, y de ellos el Bautismo, la Confirmación
y el Orden no se pueden reiterar sin sacrilegio.
Acepto y admito asimismo
los ritos aprobados por la Iglesia Católica para la solemne administración de
todos los Sacramentos sobredichos.
Acato y recibo todas y
cada una de las cosas que acerca del pecado original y de la justificación
fueron definidas y declaradas en el santo Concilio de Trento.
Igualmente confieso que
en la Misa se ofrece a Dios un verdadero, propio y propiciatorio Sacrificio por
los vivos y por los difuntos; y que en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía
están verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo, y la Sangre juntamente con
el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y que se efectúa la
conversión de toda la sustancia del pan en el Cuerpo, y de toda la sustancia del
vino en la Sangre, la cual conversión es denominada Transustanciación por la
Iglesia Católica.
Confieso también que
bajo cada una de las especies se recibe a Jesucristo total e íntegro y un
verdadero sacramento.
Firmemente admito la
existencia del Purgatorio, y que a las almas en él detenidas pueden los fieles
ayudarlas con sufragios;
E igualmente que los
Santos que están reinando con Cristo deben ser venerados e invocados, y que
ellos ruegan a Dios por nosotros, y que sus Reliquias deben ser veneradas. Afirmo
resueltamente que se deben tener y conservar las imágenes de Jesucristo y de la
Madre de Dios siempre Virgen, y también de otros Santos, y que se les ha de
tributar el debido honor y veneración;
Afirmo que Jesucristo
dotó a la Iglesia de potestad para conceder indulgencias, y que el uso de las
mismas es en gran manera saludable al pueblo cristiano.
Reconozco a la Santa,
Católica y Apostólica Iglesia Romana por madre y maestra de todas las Iglesias,
y…
También admito y profeso
sin la menor duda cuanto han enseñado, definido y declarado los sagrados
Cánones y los Concilios Ecuménicos, y en especial el sacrosanto Concilio de Trento
y el Ecuménico Concilio Vaticano, sobre todo respecto del primado e infalible magisterio
del Romano Pontífice, y al mismo tiempo,
Todas las cosas
contrarias y cualesquiera herejías por la Iglesia condenadas y rechazadas y anatemizadas
yo igualmente las condeno, rechazo y anatematizo.
Esta verdadera Fe
Católica, fuera de la cual nadie puede salvarse, que al presente espontáneamente
profeso y de verdad tengo.
Yo mismo, N., prometo, hago voto y juro que, con
la ayuda de Dios, la he de conservar siempre íntegra e intacta hasta el postrer
instante de mi vida, y procuraré cuanto de mí dependa que mis súbditos o
aquellos a quienes por mi cargo esté obligado a cuidar, tengan dicha fe, la
enseñen y la prediquen. Así, Dios me ayude, y estos sus santos Evangelios.
Oh Dios! escudo nuestro, levanta
los ojos y mira el rostro de tu Ungido; porque mejor es un día en tus atrios
que mil fuera de ellos. Salmo.-
¡Cuán amables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Mi alma suspira y
desfallece por los atrios del Señor. V/ Gloria.
Colecta.-
Te rogamos, Señor, guardes
siempre misericordiosamente a tu Iglesia; y pues sin ti no puede sostenerse la
humana naturaleza mortal, haz que tus auxilios la preserven siempre de lo
nocivo y la dirijan a lo saludable. Por nuestro Señor.
Epístola. Gal. 5.16-24.–
Hermanos: Vivid según el espíritu y no
satisfaréis los apetitos de la carne. Porque la carne tiene deseos contrarios a
los del espíritu, y el espíritu, contrarios a los de la carne; son entre sí
opuestos, por lo cual no hacéis lo que queréis. Mas si os conduce el Espíritu,
no estáis bajo la Ley. Manifiestas son las obras de la carne: fornicación,
deshonestidad, lujuria, idolatría, magia, enemistades, pleitos, enojos, celos,
riñas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, embriagueces, orgías, y
cosas parecidas. Os prevengo, como ya tengo dicho, que los que tales cosas
hacen no alcanzarán el reino de Dios. Al contrario, los frutos del Espíritu
son: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad,
mansedumbre, fe, modestia, continencia, castidad. Contra tales cosas no hay
Ley. Pero los que son de Cristo, han crucificado su carne con sus pasiones y
concupiscencias.
Gradual. Salm.117.8-9.-
Mejor es confiar en el Señor que confiar en
el hombre. V/ Mejor es esperar en el Señor que esperar en los
príncipes.
Aleluya. Salm. 94.1.- Aleluya, aleluya. V/. Venid, cantemos
alegres al Señor; aclamemos a Dios nuestro Salvador. Aleluya.
Evangelio. Mat. 6.24-33.-
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos:
Nadie puede servir a dos señores, porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o
al uno sufrirá y al otro despreciará. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Por tanto os digo: No os inquietéis por vuestra vida, qué comeréis, ni por
vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No es más el alma que la comida, y el
cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo cómo no siembran, ni
siegan, ni tienen graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. Pues ¿no
valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Quién de vosotros, a fuerza de discurrir,
puede añadir un codo a su estatura? y ¿por qué inquietaros por el vestido?
Observad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan. Y, sin
embargo, yo os digo que ni Salomón en toda su gloria llegó a vestirse como uno
de estos lirios. Pues si al heno del campo, que hoy es y mañana se echa al
horno, Dios así viste, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? No os
preocupéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos
cubriremos? Por estas cosas se afanan los paganos. Mas sabe vuestro .Padre
celestial que las necesitáis. Buscad, pues, primero el reino de Dios y su
justicia; y todo lo demás se os dará por añadidura.
Ofertorio. Salm. 33.8-9.-
Acampará el ángel del Señor alrededor de los
que le temen, y los librará; gustad y ved cuán bueno es el Señor.
Secreta.-
Te rogamos, Señor, nos concedas que esta
hostia saludable nos purifique de nuestros pecados y atraiga sobre nosotros el
favor de tu potestad. Por nuestro.
Prefacio de la Santísima Trinidad.-
En verdad es digno y justo, equitativo y
saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre,
omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo
eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona,
sino .en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has
revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin
diferencia ni distinción. De suerte, que confesando una verdadera y eterna
Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la
igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los
Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una
voz. .Santo…
Comunión.-
Buscad primero el reino de Dios, y todo lo
demás se os dará por añadidura; -dice el Señor-.
Poscomunión.-
Oh Dios!, que tus sacramentos nos purifiquen
y defiendan siempre; y produzcan en nosotros como efecto la salvación eterna. Por nuestro Señor
Jesucristo.
TEXTOS DE LA
MISA EN LATÍN
Dominica Decima Quarta Post Pentecosten
II Classis
Introitus: Ps. lxxxiii: 10-11
Protéctor noster, áspice, Deus, et réspice in faciem
Christi tui: quia mélior est dies una in átriis tuis super míllia. [Ps ibid., 2-3]. Quam dilécta
tabernácula tua, Dómine virtútum! Concupíscit, et déficit ánima mea in átria
Dómini. Gloria Patri. Protéctor noster.
Collect:
Custódi, Dómine, quǽsumus, Ecclésiam tuam propitiatióne
perpétua: et quia sine te lábitur humána mortálitas; tuis semper auxíllis et
abstrahátur a nóxiis, et ad salutária dirigátur. Per Dominum.
ad Gal. v: 16-24
Lectio Epistolae beati Pauli
Apostoli ad Galatas.
Fratres: Spíritu ambuláte, et desidéria carnis non
perficiétis. Caro enim concupíscit advérsus spíritum, spíritus autem advérsus
carnem: hæc enim sibi ínvicem adversántur, ut non quæcúmque vultis, illa
faciátis. Quod si spíritu ducímini, non estis sub lege. Manifésta autem sunt
ópera carnis, quæ sunt fornicátio, inmundítia, luxúria, idolórum sérvitus,
venefícia, inimicítiæ, contentiónes, æmulatiónes, iræ, rixæ, dissensiónes,
sectæ, invídiæ, homicídia, ebrietátes, comesatiónes, et his simília: quæ
prǽdico vobis, sicut prædíxi: quóniam, qui tália agunt, regnum Dei non
consequéntur. Fructus autem Spíritus est: cáritas, gáudium, pax, patiéntia,
benignitas, bonitas, longanímitas, mansuetúdo, fides, modéstia, continéntia,
cástitas. Advérsus huiúsmodi non est lex.
Qui autem sunt Christi, carnem crucifixérunt cum vitiis et concupiscéntiis.
Graduale
Bonum est confídere in Dómine, quam confídere in hómine. V. Bonum est speráre in Dómino, quam speráre in
princípibus.
In illo tempore: Dixit Jesus discípulis suis: «Nemo
potest duóbus dóminis servíre: aut enim unum ódio habébit, et álterum diliget:
aut unum sustinébit, et alterum contémnet. Non potéstis Deo servíre et mamónæ.
Ideo dico vobis, ne sollíciti sitis ánimae vestræ quid manducétis, neque
córpori vestro quid induámini. Nonne ánima plus est quam esca: et corpus plus
est quam vestiméntum? Respícite volatília cæli, quóniam non serunt, neque
metunt, neque cóngregant in hórrea: et Pater vester cæléstis pascit illa. Nonne
vos magis pluris estis illis? Quis autem vestrum cógitans potest adjícere ad
statúram suam cúbitum unum? Et de vestiménto quid sollíciti estis? Consideráte
lilia agri, quómodo crescunt: non labórant, necque nent. Dico autem vobis,
quóniam nec Sálomon in omni glória sua coopértus est sicut unum ex istis. Si
autem fœnum agri, quod hódie est, et cras in clíbanum míttitur, Deus sic
vestit: quanto magis vos módicæ fidei? Nolite ergo sollíciti esse, dicentes:
‘Quid manducábimus,’ aut ‘quid bibemus,’ aut ‘quo operiemur’? Hæc enim ómnia
gentes inquírunt. Scit enim Pater vester, quia his ómnibus indigétis. Quǽrite
ergo primum regnum Dei, et justítiam eius: et hæc ómnia adjiciéntur
vobis.»
Offertorium: Ps. xxxiii: 8 et 9.
Immíttet Angelus Dómini in circúitu timéntium eum, et
erípet eos: gustáte, et vidéte, quóniam suávis est Dóminus.
Secreta:
Concéde nobis, Dómine, quǽsumus, ut hæc hóstia salutáris,
et nostrórum fiat purgátio delictórum, et tuæ propitátio potestátes. Per
Dominum.
Præfátio de Sanctíssima Trinitáte
Vere
dignum et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias
ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui cum unigénito Fílio tuo, et Spíritu Sancto, unus es
Deus, unus es Dóminus: non in uníus singularitáte persónæ, sed in uníus
Trinitáte substántiæ. Quod enim de tua gloria, revelánte te, crédimus, hoc de
Fílio tuo, hoc de Spíritu Sancto, sine differéntia discretiónis sentimus. Ut in
confessióne veræ sempiternáeque Deitátis, et in persónis propríetas, et in
esséntia únitas, et in majestáte adorétur æquálitas. Quam laudant Angeli atque
Archángeli, Chérubim quoque ac Séraphim: qui non cessant clamáre quotídie, una
voce dicéntes:
Communio: Matth. vi: 33
Primum quǽrite regnum Dei, et ómnia adjiciéntur vobis,
dicit Dóminus.
Postcommunio:
Purificent semper et múniant tua sacraménta nos, Deus: et
ad perpétuæ ducant salvatiónis efféctum. Per Dominum.
Santa Misa
Homilía de San Agustín, Obispo.
Del Sermón de
la Montaña, lib. 2
“Nadie puede servir a dos señores”. A esta misma idea se
refiere lo que nuestro Señor expone a continuación: “Porque o tendrá aversión
al uno y amor al otro, o si se sujeta al primero, mirara con desden al segundo”
. Hay que examinar atentamente este pasaje.
Nuestro Señor mismo indica quienes son estos dos señores
cuando añade: “No podéis servir a Dios y a Mammon”. Los hebreos dan, según dicen,
a las riquezas el nombre de Mammón. En lengua púnica, este nombre tiene el
mismo sentido, porque mammon significa ganancia.
Pero servir a Mammon, es también ser esclavo de aquel cuya
perversidad le ha puesto a la cabeza de las cosas terrenales, y al cual llama
el Señor: “príncipe de este mundo”. Por consiguiente, “o el hombre le odiara y
amara a otro” , esto es, a Dios, “ o se sujetara a aquel y mirara con desden a
este”. En efecto, el que se hace esclavo de las riquezas, se sujeta a un dueño
duro y a un señor cruel; pues encadenado por su codicia, soporta la tiranía del
demonio, y ciertamente, no le ama, porque .quien puede amar al demonio? Ello no
obstante, lo soporta.
Con razón de esto, os digo: no os acongojéis por el
cuidado de hallar que comer para sustentar vuestra vida, o de donde sacareis vestidos
para cubrir vuestro cuerpo”. No sea que, después de renunciar a las cosas
superfluas, se divida el corazón al buscar las cosas necesarias, y para
adquirirlas se tuerza nuestra intención en las mismas obras que creemos realizar
por un motivo de misericordia. Es decir, que, cuando al parecer nos desvivimos
por los intereses del prójimo, no procuremos procuremos mas nuestro provecho
que su utilidad, y con todo nos consideremos exentos de faltas al pretender solo
lo necesario, y no lo superfluo.