Este Decreto del Santo Oficio fue promulgado el día tres de julio de mil novecientos siete. En él, San Pio X describe, de forma numerada, todos los errores doctrinales de la herejía modernista. Dichos errores vienen numerados y enunciados de forma muy clara y sencilla. Estudiándolo bien, podemos constatar que actualmente todas estas herejías se aceptan como algo normal. ¡Cuanto mal ha entrado en la Iglesia de Dios! ¡Cuánto desconocimiento entre los fieles! ¡Estudiemos estas herejías para combatirlas con todas nuestras fuerzas!
Oh Dios!, ven en mi socorro; Señor, corre a ayudarme. Confusos y
avergonzados queden mis enemigos, los que me persiguen a muerte. Salmo.
Arrédrense y sean confundidos los que meditan males contra mí. V/. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Colecta.-
Omnipotente y misericordioso Dios, que concedes a tus fieles poder servirte
digna y laudablemente; haz, te suplicamos, que corramos sin tropiezo a la
consecución de tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Epístola. 2
Cor. 3.4-9.-
Hermanos: Tal es la confianza que tenemos en Dios por Cristo; no que
podamos pensar algo bueno como propio nuestro, sino que nuestra suficiencia nos
viene de Dios. Él nos ha hecho idóneos ministros de una nueva alianza; no de la
letra, sino del espíritu, porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Pues
si el ministerio de muerte, grabado con letras sobre piedras, fue tan glorioso
que no podían los hijos de Israel fijar la vista en el rostro de Moisés, por la
gloria pasajera de su cara, ¿cómo no había de tenerla mayor el ministerio del
Espíritu? Si el ministerio de la condenación era glorioso, mucho más glorioso
será el ministerio de la justicia.
Gradual. Salm.33.2-3.-
Alabaré al Señor en todo tiempo; no cesarán mis labios de alabarle. V/ En el Señor se gloriará mi alma; lo
oirán los humildes y se alegrarán.
Aleluya. Salm.
87.2.- Aleluya, aleluya. V/. Señor, Dios de mi salvación: día y
noche clamo en tu presencia. Aleluya.
Evangelio.
Luc. 10-23-37.-
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Dichosos los ojos que ven
lo que vosotros veis. Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver
lo que vosotros veis y no lo vieron, oír
lo que vosotros oís y no lo oyeron. Levantóse en esto un doctor de la Ley y le
dijo por tentarle: Maestro, ¿qué haré para poseer la vida eterna? y él le
contestó:¿Qué es lo que se halla escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?
Respondió él: Amarás al Señor, tu Dios, con .todo tu corazón, y toda tu alma,
con todas tus fuerzas; y todo tu entendimiento; y tu prójimo como a ti mismo.
Bien has respondido, dijole Jesús: haz eso, y vivirás. Mas él, queriendo justificarse,
preguntó de nuevo: y ¿quién es mi prójimo? Entonces Jesús, tomando la palabra-
dijo: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones,
los cuales le despojaron y, después de herirle, se fueron, dejándole medio
muerto. Llegó a pasar por el mismo camino un sacerdote; y, aunque le vio, pasó
de largo. Asimismo, un levita, y llegando cerca de aquel lugar, le vio, y pasó
también de largo. Mas llegó igualmente un viajero samaritano, y al verle,
movióse a compasión. Y acercándose, le vendó las heridas, y echó en ellas
aceite y vino; y montándole en su jumento, lo llevó a una venta y le cuidó. Y
al día siguiente sacó dos denarios, y dióselos al posadero diciéndole:
Cuídamelo, y cuanto gastares de más, te lo abonaré cuando vuelva. ¿Cuál de
estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
Respondió el doctor: El que usó con él de misericordia. Dijole Jesús: Pues vete
y haz tú otro tanto.
Ofertorio.
Ex. 32.11,13,14.-
Oró Moisés al Señor, su Dios, y dijo: ¿Por qué, Señor, te irritas contra
tu pueblo? Apláquese tu ira; acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, a los
que juraste darías tierra que fluyera leche y miel, y se aplacó el Señor, y no
ejecutó el castigo con que había amenazado a su pueblo.
Secreta.-
Te rogamos, Señor, mires propicio los presentes que ofrecemos en los
sagrados altares, para que, consiguiéndonos el perdón, rindan honor a tu santo
nombre. Por nuestro Señor.
Prefacio
de la Santísima Trinidad.-
En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo
tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu
unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en
la individualidad de una sola persona, sino -en la trinidad de una sola
sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos
también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De
suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad
en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual
alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no
cesan de cantar a diario, diciendo a una voz.
Comunión. Salm.
103.13.14.-
Del fruto de tus obras, Señor, se sacia la tierra. Tú haces producir a la
tierra el pan, el vino que alegra e] corazón del hombre, el aceite que ilumina
los rostros. y el pan que fortalece el corazón del hombre.
Poscomunión.-
Te suplicamos, Señor, nos dé una nueva vida la participación de este
santo misterio, y nos sirva de expiación al propio tiempo que de fortaleza.
Por nuestro Señor Jesucristo.
TEXTOS DE LA MISA EN LATÍN
Dominica Duodecima post Pentecosten
II Classis
Introitus: Ps. lxix: 2-3
Deus in adjutórium meum inténde:
Dómine ad adjuvándum me festína: confundántur et revereántur inimíci me, qui quærunt
ánimam meam. [Ps. ibid., 4] Avertántur
retrórsum et erubéscant : qui cógitant mihi mala. Glória Patri. Deus in
adjutórium meum.
Collect:
Omnípotens et miséricors Deus, de
cujus múnere venit, ut tibi a fidélibus tuis digne et laudabíliter serviátur:
tríbue, quǽsumus, nobis; ut ad promissiónes tuas sine offensióne currámus. Per
Dóminum.
2 ad Cor. iii: 4-9
Lectio
Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios.
Fratres: Fidúciam autem talem
habémus per Christum ad Deum: non quod sufficiéntes simus cogitáre áliquid a
nobis, quasi ex nobis: sed sufficiéntia nostra ex Deo est: qui et idóneos nos
fecit minístros novi testaménti: non líttera sed Spíritu: líttera enim occídit
Spíritus autem vivíficat. Quod si ministrátio mortis, lítteris deformáta in
lapídibus, fuit in glória; ita ut non possent intendére fílii Israël in fáciem
Móysi, propter glóriam vultus eius quæ evacuátur: quomodo non magis ministrátio
Spíritus erit in glória? Nam si ministrátio damnatiónis glória est: multo magis
abundat ministérium justítiæ in glória.
Graduale Ps. xxxiii: 2-3
Benedícam Dóminum in omni
témpore: semper laus ejus in ore meo. v. In Dómino laudábitur ánima mea: áudiant mansuéti,
et læténtur.
Allelúja, allelúja. [Ps. lxxxvii: 2] Dómine Deus, salútis meæ, in die
clamávi et nocte coram te. Allelúja.
Luc. x: 23-37
Sequéntia sancti
Evangélii secúndum Lucam.
In illo témpore: Dixit Jesus
discípulos suis: «Beáti oculi qui vident quæ vidétis. Dico enim vobis, quod
multi prophétæ et reges voluérunt vidére quæ vos vidétis, et non vidérunt: et
audíre quæ audítis, et non audiérunt.» Et ecce quidam legisperétus surréxit,
temptans illum, et dicens: «Magíster quid faciéndo vitam ætérnam possidébo?» At
ille dixit ad eum: «In lege, quid scriptum est? quómodo legis?» Ille
respóndens, dixit: «Díliges Dóminum Deum tuum ex toto corde tuo, et ex tota
anima tua, et ex ómnibus víribus tuis, et ex omni mente tua: et próximum tuum
sicut te ipsum.» Dixítque illi: «Recte respondísti: hoc fac et vives.» Ille
autem volens justificáre seípsum, díxit ad Jesum: «Et quis est meus
próximus?» Suscípiens autem Jesus, dixit: «Homo quidam descendébat ab
Jerúsalem in Jéricho, et íncidit in latrónes, qui étiam despoliavérunt eum: et
plagis impósitis abiérunt, semívivo relícto. Accídit autem, ut sacérdos quidam
descendéret eadem via, et viso illo præterívit. Simíliter et levíta, cum esset
secus locum, et vidéret eum pertránsiit. Samaritánus autem quidam iter fáciens,
venit secus eum: et videns eum, misericórdia motus est. Et apprópians,
alligávit vúlnera eius, infúndens óleum et vinum: et inpónens illum in juméntum
suum, duxit in stábulum, et curam eius egit. Et áltera die prótulit duos
denários, et dedit stabulário, et ait: ‘Curam illius habe: et quodcúmque
supererogáveris, ego cum redíero, reddam tibi.’ Quis horum trium vidétur tibi
próximus fuísse illi, qui íncidit in latrónes?» At ille dixit: «Qui fecit
misericórdiam in illum.» Et ait illi Jesus: «Vade, et tu fac simíliter.»
Offertorium: Ps. xxiv: 1-3.
Præcátus est Móyses in conspéctu
Dómini Dei sui, et dixit: «Quare, Dómine, irásceris in populo tuo? Parce iræ
ánimæ tuæ: moménto Abraham, Isaac, et Jacob, quibus jurásti dare terram
fluéntem lac et mel.» Et placátus factus est Dóminus de malignitáte, quam dixit
fácere populo suo.
Secreta:
Hóstias, quǽsumus, Dómine,
propítius inténde, quas sacras altáribus exhibémus: ut nobis indulgéntiam
largiéndo, tuo nómine dent honórem. Per Dóminum.
Communio: Ps. ciii: 13 et 14-15
De fructu óperum tuorum, Dómine,
satiábitur terra: ut edúcas panem de terra, et vinum lætíficet cor hóminis: ut
exhílaret fáciem in óleo, et panis cor hóminis confírmet.
Postcommunio:
Vivíficet nos, quǽsumus, Dómine, hujus participátio
sancta mystérii: et páriter nobis expiatiónem tríbuat, et munímen. Per Dóminum.
HOMILIA DE DOM GUERANGUER AÑO LITURGICO. XII DOMINGO DESPUÉS DE
PENTECOSTES.
EL MINISTERIO NUEVO ESTÁ SOBRE EL ANTIGUO. —
Cuando San Pablo hizo la apología del ministerio
cristiano, sus enemigos le acusaron en seguida de haber hecho orgullosamente su
propia apología. El se defiende. No reivindica para sí otro mérito sino el de
haber sido el dócil instrumento de Dios. Esto es lo que deberán ser siempre los
predicadores y misioneros del Evangelio. Saben bien que el éxito de su
apostolado depende de la humilde obediencia con que dejen a Dios obrar en ellos
y por ellos. No van en busca de su propia gloria, sino de la de Dios.
El haber sido proclamada de este modo su humildad, no
obsta absolutamente nada para que el ministerio con que Dios ha investido a los
Apóstoles, sea tenido por ellos a grandísima honra. Pues este ministerio, a
pesar de lo que digan ciertos fieles de Corinto muy impresionados por las
argucias de los judíos, es mayor y más glorioso que el del mismo Moisés. El, en
efecto, trae la nueva ley, completamente llena del Espíritu de Cristo, de este
Espíritu Santo vivificador y santificador, que procura que cada fiel se adentre
en la familia de las tres Personas divinas. El mensaje de Moisés, por el
contrario, aunque trajo al mundo una grandísima esperanza, no era, con todo
eso, sino letra muerta.
Moisés no promulgó sino ritos materiales, prohibiciones
y condenaciones que no podían abrir a nadie el cielo. Sin duda alguna, Moisés
fue asimismo un fiel instrumento de Dios. Y para dar crédito a la autoridad
divina de su ministerio, Dios no le dejó nunca sin un signo visible: siempre
que Moisés entraba en el tabernáculo para conversar cara a cara con Dios y
recibir las órdenes de la ley antigua, salía con el semblante resplandeciente de
luz, de suerte que después de haber transmitido el mensaje divino, debía cubrirse
con el velo para no deslumbrar al pueblo.
Mas, fundándose en este milagro, no podría tomarse
ningún argumento para ensalzar el ministerio de Moisés sobre el ministerio de
los Apóstoles. Pues no se pueden medir estas dos Alianzas con la misma medida:
la nueva Alianza sobrepasa infinitamente a la antigua, y, si bien es cierto que
la gloria del ministerio apostólico es diferente de la del ministerio mosaico,
con todo eso, necesariamente es mucho mayor.
LA GLORIA DE AMBOS MINISTERIOS. –
Por lo demás, la gloria que resplandecía en la faz de
Moisés, era de tal naturaleza que, lejos de probar la superioridad de su
ministerio sobre el de los Apóstoles, por el contrario demostraba su
irremediable inferioridad. San Pablo tiene empeño en decirlo para no dejar
asidero a ninguna objeción, y esto lo hace en los versículos que siguen
inmediatamente a los de la Epístola de este Domingo doce.
Ciertamente que el ministerio de Moisés estaba aureolado
con una luz divina tan poderosa, que debía cubrirse con un velo para no deslumbrar
los ojos del pueblo. Mas este velo, recuerda San Pablo, tiene otro significado.
Moisés cubriase el rostro con él, «¡para que los hijos de Israel no viesen
desaparecer este resplandor pasajero!»
Así como la misma ley que promulgaba, era pasajera, del
mismo modo lo era la gloria que tenía por fin darla crédito: este era un
resplandor precario, momentáneo. No era sino una figura de la gloria,
verdadera, durable, sustancial y eterna de aquellos que habían de anunciar una alianza
que no terminará, una ley de caridad que nunca pasará. El ministerio cristiano
no goza en este mundo de un resplandor visible; pero imita y prosigue el
ministerio de Cristo en las pruebas, persecuciones y humillaciones, con el fin
de conseguir la salvación del mundo. ¿No es suficiente esto, aun a pesar de las
apariencias, para demostrar que es sobreabundante y eternamente glorioso?
He aquí una gran lección para los fieles, los cuales no
deben olvidarse de rodear de respeto y de honor a quienes Dios ha escogido para
que les anuncien, en su nombre, las palabras de salvación. Con frecuencia, son
poco conocidos del mundo. Mas a los ojos de la fe están rodeados de resplandor
mayor aún que el del rostro mismo de Moisés.
LA CONTEMPLACIÓN. —
Se podría sacar otra lección de esta bella Epístola.
Moisés es, en el caso, imagen de la oración contemplativa y de sus maravillosos
efectos. El privilegio de que sólo él fue dotado en la antigua alianza, de
poder conversar con Dios cara a cara y de verse inundado de su resplandor,
puede obtenerlo todos los días el simple fiel en la nueva alianza. Si queremos,
seremos, en efecto, «como Moisés cuando conversaba con el Señor y vivía
junto a El. Todos nosotros leemos con libertad, en el espejo del Evangelio, la
gloria y perfecciones del Señor. Podemos mantener por completo nuestra alma en
la asidua contemplación de esta belleza. ¡Oh dulce maravilla! Presupuesto
nuestro consentimiento en las renuncias previas, esa belleza sobrenatural del
Señor, ya de suyo atrayente, resulta también activa; y con la asiduidad de
nuestras miradas interiores, llega a invadirnos y transfigurarnos. Dícese de
ciertos mármoles, que con el tiempo, fijan en sí la luz y se hacen
fosforescentes bajo la acción del sol. Nuestra alma no es tan dura como el
mármol; y en efecto, mientras la ley es impotente, he aquí que a fuerza de
mirar al Señor, nuestra vida se une a El más estrechamente; se baña en su resplandor
y sufre su acción secreta; de día en día y de escalón en escalón, se acerca
cada vez más a su belleza, como llevada hacia Cristo por el soplo del Espíritu
de Cristo»
El género humano, sacado de su mutismo secular y
colmado al mismo tiempo con los dones divinos, canta en el Gradual el
agradecimiento que de su corazón rebosa.
EL MANDAMIENTO DEL AMOR. —
«Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón,
con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo
como a ti mismo.» La Iglesia, en laHomilía que hoy presenta,
como de costumbre, asus fieles, sobre el texto sagrado’, no extiendesu interpretación más allá de la pregunta deaquel doctor de la ley:
basta con demostrar que,según su modo de pensar, la última parte delEvangelio, aunque más larga, no es sino una conclusiónpráctica de
la primera, según esta expresión
del Apóstol: La fe obra por medio de la caridad.
Y, efectivamente, la parábola del buenSamaritano, que por otro lado,
tiene tantas aplicacionesdel más elevado simbolismo, no fue expuestapor los labios del Señor, en su sentido literal,sino para destruir
perentoriamente las restriccionesque habían hecho los judíos en elgran
precepto del amor.
Si toda perfección se halla condensada en el amor, si
ninguna virtud produce sin él su fruto para la vida eterna, el amor mismo no es
perfecto si no se extiende también al prójimo; y en este último sentido, sobre
todo, dice San Pablo que el amor es el cumplimiento de la ley y que es
la plenitud de toda ella. Porque la mayoría de los preceptos del Decálogo, se
refieren directamente al prójimo, y la caridad debida a Dios, no es perfecta
sino cuando se ama juntamente con Dios a lo que El ama, es decir, aquello que hizo
a su imagen y semejanza’. De suerte que el Apóstol, no distingue, como lo hace
el Evangelio, entre los dos preceptos del amor, pues osa decir: «Toda la
ley está contenida en estas palabras: Amarás a tu prójimo como a timismo».
EL PRÓJIMO. —
Pero cuanto mayor es la importancia de este amor, tanto
mayor es también la necesidad de no equivocarse acerca del significado y
extensión de la palabra prójimo. Los judíos no consideraban como tales
sino a los de su raza, siguiendo en ello las costumbres de las naciones
paganas, para quienes los extranjeros eran enemigos. Mas he aquí que
interrogado por un representante de esta ley mutilada, el Verbo divino, autor
de la ley, la restablece por entero.
Pone en escena a un hombre que sale de la ciudad santa,
y a un Samaritano, el más despreciado de los extranjeros enemigos y el más
odioso para un habitante jerosolimitano. Y, con todo eso, por la confesión del
doctor que le interroga, como indudablemente de todos los que le escuchan, el prójimo,
para el desdichado caído en manos de los ladrones, no lo es tanto en este caso
el sacerdote o el levita de su raza, como el extranjero Samaritano, que,
olvidando los resentimientos nacionales, ante su miseria, no ve en él sino a su
semejante. Convenía decir que ninguna excepción podía prevalecer contra la ley suprema
del amor, tanto aquí abajo como en el cielo; y que todo hombre es nuestro
prójimo, a quien podemos hacer o desear el bien, y que es nuestro prójimo todo
aquél que practica la misericordia, aunque sea Samaritano.
(León XIII, 18 de mayo de 1890; Acta Apostolicae Sedis, p. 743)
¡Oh glorioso príncipe de las milicias celestes,
san Miguel arcángel, defiéndenos en el combate y en la terrible lucha que
debemos sostener contra los principados y las potencias, contra los príncipes
de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos! Ven en auxilio de
los hombres que Dios ha creado inmortales, que formó a su imagen y semejanza y
que rescató a gran precio de la tiranía del demonio. Combate en este día, con
el ejército de los santos ángeles, los combates del Señor como en otro tiempo
combatiste contra Lucifer, el jefe de los orgullosos, y contra los ángeles
apóstatas que fueron impotentes de resistirte y para quien no hubo nunca jamás
lugar en el cielo. Si ese monstruo, esa antigua serpiente que se llama demonio
y Satán, él que seduce al mundo entero, fue precipitado con sus ángeles al
fondo del abismo.
Pero he aquí que ese antiguo enemigo, este primer
homicida ha levantado ferozmente la cabeza. Disfrazado como ángel de luz y
seguido de toda la turba y seguido de espíritu malignos, recorre el mundo
entero para apoderarse de él y desterrar el Nombre de Dios y de su Cristo, para
hundir, matar y entregar a la perdición eterna a las almas destinadas a la eterna
corona de gloria. Sobre hombres de espíritu perverso y de corazón corrupto,
este dragón malvado derrama también, como un torrente de fango impuro el veneno
de su malicia infernal, es decir el espíritu de mentira, de impiedad, de
blasfemia y el soplo envenado de la impudicia, de los vicios y de todas las
abominaciones. Enemigos llenos de astucia han colmado de oprobios y amarguras a
la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado, y sobre sus bienes más sagrados han
puesto sus manos criminales. Aun en este
lugar sagrado, donde fue establecida la Sede de Pedro y la cátedra de la Verdad
que debe iluminar al mundo, han elevado el abominable trono de su impiedad con
el designio inicuo de herir al Pastor y dispersar al rebaño.
Te suplicamos, pues, Oh príncipe invencible,
contra los ataques de esos espíritus réprobos, auxilia al pueblo de Dios y dale
la victoria. Este pueblo te venera como su protector y su patrono, y la Iglesia
se gloría de tenerte como defensor contra los malignos poderes del
infierno. A ti te confió Dios el cuidado de conducir a las almas a la beatitud
celeste. ¡Ah! Ruega pues al Dios de la paz que ponga bajo nuestros pies a
Satanás vencido y de tal manera abatido que no pueda nunca más mantener a los
hombres en la esclavitud, ni causar perjuicio a la Iglesia. Presenta nuestras
oraciones ante la mirada del Todopoderoso, para que las misericordias del Señor
nos alcancen cuanto antes. Somete al dragón, la antigua serpiente que es diablo
y Satán, encadénalo y precipítalo en el abismo, para que no pueda seducir a los
pueblos. Amén.
– He aquí la Cruz del Señor, huyan potencias enemigas.
Venció el León de Judá, el retoño de David
-Que tus misericordias, Oh Señor se realicen sobre nosotros.
Como hemos esperado de ti.
-Señor, escucha mi oración
Y que mis gritos se eleven hasta ti.
Oh Dios Padre Nuestro Señor Jesucristo, invocamos
tu Santo Nombre, e imploramos insistentemente tu clemencia para que por la
intercesión de María inmaculada siempre Virgen, nuestra Madre, y del glorioso
san Miguel arcángel, te dignes auxiliarnos contra Satán y todos los otros
espíritus inmundos que recorren la tierra para dañar al género humano y perder
las almas. Amén
Dios mora en su santa casa; a los desvalidos da un
hogar y a su pueblo, fuerza y poder. Salmo.- Levántese Dios y desaparezcan sus enemigos; y
huyan de su presencia los que le odian. V/. Gloria a Padre, y al Hijo.
Colecta.-
Omnipotente y eterno Dios, cuya infinita bondad
rebasa los méritos y aun los deseos de los suplicantes; derrama sobre nosotros
tu misericordia, y perdona lo que nuestra conciencia teme, dándonos aun lo que
no osamos pedirte. Por nuestro Señor Jesucristo.
Epístola.
1 Cor. 15.1-10.-
Hermanos: Os recuerdo el Evangelio que os he
predicado, que vosotros habéis recibido, en el cual estáis firmes, y por el que
os salváis, si lo conserváis cual os lo he anunciado, porque, de otra suerte,
en vano habríais creído. En primer lugar, os he enseñado lo mismo que yo
aprendí, a saber, que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las
Escrituras, y que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras;
y que se apareció a Cefas, y después a los once. Luego se dejó ver de más de
quinientos hermanos a la vez; muchos de los cuales viven aún, aunque otros ya
murieron. Después se dejó ver de Santiago, luego de los apóstoles todos; finalmente,
se me apareció también a mí, que soy como un abortivo. Pues yo soy el menor de
los apóstoles, que ni merezco ser llamado apóstol, porque he perseguido a la
Iglesia de Dios. Mas por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha
sido estéril en mi.
Gradual.
Salm. 27.7.1-
En Dios esperó mi corazón, y fui socorrido, y
refloreció mi carne, y con todo mi corazón le alabaré. V/ .A ti, Señor, clamo; Dios mío, no te hagas sordo a mis ruegos ni
te alejes de mi.
Aleluya.
Salm.80.2-3.- Aleluya, aleluya. V/ Alabad a Dios, que es nuestra ayuda,
celebrad al Dios de Jacob; cantad con el arpa y la citara. Aleluya.
Evangelio. Marc.
7.31-37.-
En aquel tiempo: Saliendo Jesús de tierras de Tiro,
se fue por Sidón hacia el mar de Galilea, atravesando por mitad de la
Decápolis. Y le trajeron un sordomudo, suplicándole pusiese la mano sobre él
para curarle. Y apartándole del tropel de la gente, metió los dedos en sus
oídos y con la saliva le tocó la lengua; y alzando los ojos al cielo, suspiró y
díjole: ¡Éfeta!, que quiere decir abríos. Y al punto se le abrieron los oídos y
se le soltó el impedimento de su lengua, y hablaba correctamente. Y les mandó
que a nadie lo dijesen. Pero cuanto más se lo mandaba, tanto más lo divulgaban,
y más crecía su pasmo; y decían: Todo lo ha hecho bien: ha hecho oír a los
sordos, y hablar a los mudos.
Ofertorio. Salm.29.2-3.-
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado, y no has
dejado se rían de mí mis enemigos; Señor, he clamado a ti y me has sanado.
Secreta.-
Te suplicamos, Señor, mires propicio el sacrificio
que nosotros, tus siervos, te ofrecemos, para que te sea grato y sostenga
nuestra fragilidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Prefacio
de la Santísima Trinidad.–
En verdad es digno y
justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar,
Señor, santo Padre, omnipotente y eterno
Dios, que con tu unigénito Hijo y con el
Espíritu Santo eres un sólo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una
sola persona, sino .en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto
nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu
Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confesando una verdadera y
eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia,
y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los
Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una
voz.
Comunión.
Prov. 3.9-10.-
Honra al Señor con todo tu haber y con las primicias
de tus frutos; y se llenarán tus trojes de grano y tus lagares rebosarán de
vino.
Poscomunión.-
Te
rogamos, Señor, que experimentemos en el alma y en el cuerpo el refuerzo de tu
sacramento, para que, salvados ambos, nos gloriemos con la plenitud del remedio
celestial. Por nuestro Señor Jesucristo.
TEXTOS DE LA MISA EN LATÍN
Dominica Undecima Post
Pentecosten
II Classis
Introitus: Ps.
lxvii: 6,7, et 36
Deus in loco sancto suo: Deus qui inhabitáre facit unánimes in
domo: ipse dabit virtútem, et fortitúdinem plebi suæ. [Ps. ibid.] Exsúrgat Deus et dissipéntur
inimíci ejus: et fúgiant, qui odérunt eum, a fácie ejus. v. Glória Patri. Deus in loco.
Collect
Omnípotens, sempitérnæ Deus, qui abundántia pietátis tuæ, et
merita súpplicum excédis et vota: effúnde super nos misericórdiam tuam: et
dimíttas quæ consciéntia métuit, ut adjícias quod orátio non præsúmit. Per
Dóminum.
Lectio Epistolæ beati Pauli
Apostoli ad Corinthios.
Fratres: Notum
vobis fácio Evangélium quod prædicávi vobis, quod et accepístis, in quo et statis,
per quod et salvámini: qua ratióne prædicáverim vobis, si tenétis, nisi si
frustra credidístis. Trádidi enim vobis in primis, quod et accépi: quóniam
Christus mórtuus est pro peccátis nostris secúndum Scriptúras: et quia sepúltus
est, et quia resurréxit tértia die secúndum Scriptúras: et quia visus est
Cephæ, et post hoc úndecim. Deínde visus est plus quam quingéntis frátribus
simul, ex quibus multi manent usque adhuc, quidam autem dormiérunt. Deínde
visus est Jacóbo, deínde apóstolis ómnibus: novíssime autem ómnium tamquam
abortívo, visus est et mihi. Ego enim sum mínimus Apostolórum, qui non sum
dignus vocári Apóstolus, quóniam persecútus sum Ecclésiam Dei. Grátia autem Dei
sum id quod sum, et grátia ejus in me vácua non fuit.
Graduale Ps. xxvii: 7 et 1
In Deo sperávit cor meum, et adjútus sum: et reflóruit caro mea,
et ex voluntáte mea confitébor illi. v. Ad
te, Dómine, clamávi, Deus meus, ne síleas, ne discédas a me.
Allelúja,
allelúja. [Ps. lxxx: 2 et 3] Exultáte
Deo adjutóri nostro, jubiláte Deo Jacob: súmite psalmum jucúndum cum cíthara.
Allelúja.
Marc. vi: 31-37
+ Sequéntia
sancti Evangélii secúndum Marcum.
In illo témpore: Exiens Jesus de fínibus Tyri, venit per Sidónem
ad mare Galilǽæ, inter medios fines Decapóleos. Et addúcunt ei surdum et mutum,
et deprecabántur eum, ut inpónat illi manum. Et apprehéndens eum de turba
seórsum, misit dígitos suos in aurículas ejus: et éxpuens, tetígit linguam
ejus: et suspíciens in cælum, ingémuit, et ait illi: «Ephphetha,» quod est,
«adaperíre.» Et statim apértæ sunt aures ejus, et solútum est vínculum linguæ
ejus, et loquebátur recte. Et præcépit illis, ne cui dícerent. Quanto autem eis
præcipiébat, tanto magis plus prædicábant: et eo ámplius admirabántur,
dicéntes: «Bene ómnia fecit, et surdos facit audíre, et mutos loqui.»
Offertorium: Ps. xxix: 2 et 3
Exaltábo te, Dómine, quóniam suscepísti me, nec delectásti
inimícos meos super me: Dómine, clamávi ad te, et sanásti me.
Secreta:
Réspice, Dómine, quǽsumus, nostram propítius servitútem: ut,
quod offérimus, sit tibi munus accéptum, et sit nostræ fragilitátis subsídium.
Per Dóminum.
Præfátio de Sanctíssima Trinitáte
Vere dignum et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi
semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui cum unigénito Fílio tuo, et Spíritu
Sancto, unus es Deus, unus es Dóminus: non in uníus singularitáte persónæ, sed
in uníus Trinitáte substántiæ. Quod enim de tua gloria, revelánte te, crédimus,
hoc de Fílio tuo, hoc de Spíritu Sancto, sine differéntia discretiónis
sentimus. Ut in confessióne veræ sempiternáeque Deitátis, et in persónis
propríetas, et in esséntia únitas, et in majestáte adorétur æquálitas. Quam
laudant Angeli atque Archángeli, Chérubim quoque ac Séraphim: qui non cessant
clamáre quotídie, una voce dicéntes:
Communio: Prov. iii: 9-10
Honóra Dóminum de tua substántia, et de primítiis frugum tuárum:
et implebúntur hórrea tua saturitáte, et vino torculária redundábunt.
Postcommunio:
Sentiámus, quǽsumus, Dómine, tui perceptióne sacraménti,
subsídium mentis et córporis: ut in utróque salváti, cæléstis remédii
plenitúdine gloriémur. Per Dóminum.
Homilía de San Gregorio, Papa.
Homilía 10 sobre Ezequiel, lib. 1
Por que Dios, Creador de todas las cosas, queriendo curar
a un sordomudo, le metió los dedos en los oídos, y tocó su lengua con saliva?
.Que designan los dedos del Redentor sino los dones del Espíritu Santo? Por
esto, en otra ocasión, al lanzar un demonio, dijo: “Si yo lanzo los demonios
con el dedo de Dios, es evidente que ha llegado el reino de Dios a vosotros”. Otro
Evangelista refiere, con relación a este mismo milagro, que el Salvador dijo:
“Mas si yo lanzo los demonios en virtud del Espíritu de Dios, ciertamente el reino
de Dios ha llegado a vosotros”. Se colige de ambos pasajes que el meter el Señor
los dedos en los oídos del sordomudo, equivale a abrir la inteligencia del
mismo mediante los dones del Espíritu Santo, para que escuche dócilmente.
¿Y qué significa el hecho de tocar el Salvador la lengua
de aquel mudo con saliva? La saliva que sale de la boca del Redentor es para
nosotros la sabiduría que recibimos mediante su divina palabra. En efecto, la
saliva desciende de la cabeza a la boca. Así pues, cuando esta Sabiduría, que
es el mismo Jesucristo, toca nuestra lengua, al punto se hace apta para el
ministerio de la predicación. “Alzando Jesús los ojos al cielo, exhalo un
suspiro”. No significa esto que tuviera necesidad de suspirar, aquel que podía
dar por si lo mismo que pedía; hízolo para enseñarnos a acudir con gemidos a
aquel que reina en los cielos, a fin de que se abran nuestros oídos por el don
del Espíritu Santo, y nuestra lengua se haga expedita para la predicación mediante
la saliva de su boca, o sea, la ciencia de la palabra divina.
Jesús dijo a continuación: “Epheta”; o lo que es lo mismo:
Abríos; y al punto se le abrieron los oídos y se le soltó el impedimento de la
lengua”. Hay que notar con esto, que si el Salvador dijo “Abríos”, fue porque los
oídos de aquel sordo estaban cerrados. Mas a quien le abren los oídos del
corazón para escuchar dócilmente, se le suelta también, sin duda alguna, por
una consecuencia necesaria, el impedimento de la lengua, para ensenar a los
demás a hacer el bien que el mismo practica. Con razón, pues, se añadió: “Y
hablaba correctamente”. En efecto, habla como conviene, aquel cuya obediencia
comienza por participar lo que su palabra recomienda que hagan los demás.
Yo
llamo al Señor, y él oye mi voz; me libra de los que marchan contra mí; él, que
reina desde toda la eternidad, los humilla. Pon tu suerte en las manos del
Señor; él te sustentará. Salmo.- Da oídos,
Señor, a mis ruegos y no te escondas ante mis plegarias; atiéndeme y escúchame.
V/ Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Colecta.-
Oh
Dios!, que haces brillar sobre todo tu omnipotencia por el perdón y la
clemencia, multiplica sobre nosotros tu gracia; para que, corriendo tras de tus
promesas, nos hagas participar de los bienes celestiales. Por nuestro Señor
Jesucristo.
Epístola. I Cor. 12.2-11.-
Hermanos: Bien sabéis que cuando erais paganos,
marchabais sin reflexionar tras de los ídolos mudos. Ahora, pues, yo os
declaro: nadie que hable inspirado de Dios maldice de Jesús y nadie puede decir
que Jesús es el Señor, sino por moción del Espíritu Santo. Hay, sí, diversidad
de dones espirituales, mas es el mismo Espíritu; diversidad de ministerios,
pero un solo Señor; diversidad de operaciones, mas el mismo Dios obra todo en
todos. La manifestación del Espíritu se da a cada cual con miras al bien común.
Así uno recibe del Espíritu una palabra de sabiduría; otro recibe del mismo
Espíritu una palabra de ciencia; a éste le da el mismo Espíritu fe; al otro, el
don de curación por el mismo Espíritu; a quién, el don de hacer milagros; a
quién, la profecía; a éste, discreción de espíritus; a uno, diversidad de
lenguas; a otro, el don de interpretación. Mas todo esto lo obra el mismo y
único Espíritu, repartiéndolo a cada cual según le place.
Gradual. Salm. 16.8,2, Guárdame, Señor,
como a la niña de tus ojos: al abrigo de tus alas ampárame. V/ Tu
boca falle en mi favor y vean tus ojos mi rectitud.
Aleluya.Salm. 64.2.- Aleluya, aleluya. V/ A ti, ioh Dios!, se deben himnos de
alabanza en Sión, y a ti se ofrecerán votos en Jerusalén. Aleluya.
Evangelio.Luc.18.9-14.-
En
aquel tiempo: Dijo Jesús a ciertos hombres que presumían de justos y
despreciaban a los demás esta parábola: Dos hombres subieron al templo para
orar, uno fariseo y otro publicano. El fariseo, en pie, oraba en su interior de
esta manera: ¡Dios!, gracias te doy porque no soy como los demás hombres:
ladrones, injustos, adúlteros; o como este publicano. Ayuno dos veces por
semana; pago los diezmos de cuanto poseo. El publicano, puesto allá lejos, ni
se atrevía a levantar los ojos al cielo; se golpeaba el pecho diciendo: ¡Dios
mío, ten piedad de mí, que soy un pecador! Os digo que éste volvió justificado
a su casa, mas no el otro; porque todo el que se ensalza será humillado, y el
que se humilla será ensalzado.
Ofertorio.Salm. 24.1-3.-
A
ti, Señor, levanto mi espíritu; en ti, Dios mío, busco mi refugio, no quede
avergonzado, ni se burlen de mí mis enemigos; nadie que espere en ti será confundido.
Secreta.-
A
ti, Señor, se debe rendir el tributo de estos sacrificios; tu eres también el
que nos permites ofrecerlos en tu honor y también para nuestra propia curación,
Por nuestro Señor.
Prefacio de la Santísima Trinidad.-
En
verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y
lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo
y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la
individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia.
Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu
Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que
confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las
personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban
los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Arcángeles, los Serafines,
que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo…
Comunión. Salm. 50.21.-
Aceptarás,
Señor, los sacrificios santos, el holocausto y la oblación perfecta sobre tu
altar.
Poscomunión.-
Te
rogamos, Señor y Dios nuestro, no prives de tus auxilios a los que te dignas,
benigno, reparar con tus divinos sacramentos. Por nuestro.
TEXTOS DE LA MISA EN LATÍN
Dominica
Decima Post Pentecosten
II Classis
Introitus: Ps. liv: 17, 18, 20, et 22
Cum
clamárem ad Dóminum, exaudívit vocem meam, ab his, qui appropínquant mihi: et
humiliávit eos qui est ante sǽcula, et manet in ætérnum: jacta cogitátum tuum
in Dómino, et ipse te enútriet. [Ps. ibid., 2] Exaudi,
Deus, oratiónem meam, et ne despéxeris deprecatiónem meam: inténde mihi, et
exáudi me. Glória Patri. Cum clamárem.
Oratio:
Deus,
qui omnipoténtiam tuam parcéndo máxime et miserándo maniféstas: multíplica
super nos misericórdiam tuam; ut ad tua promíssa curréntes, cæléstium bonórum
fácias esse consórtes Per Dóminum.
1 ad Cor. xii: 2-11
Lectio Epistolæ beati Pauli Apostoli ad
Corinthios.
Fratres:
Scitis quóniam cum gentes essétis, ad simulácra muta prout ducebámini eúntes.
Ideo notum vobis fácio, quod nemo in Spíritu Dei loquens, dicit anathema Iesu.
Et nemo potest dicere, Dóminus Iesus, nisi in Spíritu Sancto. Divisiónes vero
gratiárum sunt, idem autem Spíritus. Et divisiónes ministratiónum sunt, idem
autem Dóminus. Et divisiónes operatiónum sunt, idem vero Deus, qui operátur
ómnia in ómnibus. Unicuíque autem datur manifestátio Spíritus ad utilitátem.
Alii quidem per Spíritum datur sermo sapiéntiæ: álii autem sermo sciéntiæ
secúndum eúndem Spíritum: álteri fides in eódem Spíritu: álii grátia sanitátum
in uno Spíritu: álii operátio virtútum, álii prophetía, álii discrétio
spírituum, álii génera linguárum, álii interpretátio sermónum. Hæc autem ómnia
operátur unus atque idem Spíritus, dívidens síngulis prout vult.
Graduale Ps. xvi: 8 et 2
Custódi
me, Dómine, ut pupíllam óculi: sub umbra alárum tuárum prótege me. V. De vultu tuo judícium meum pródeat: óculi tui
vídeant æquitátem.
Allelúja,
allelúja. [Ps.
lxiv: 2] Te decet hymnus, Deus, in Sion: et tibi reddétur votum in
Jerúsalem. Allelúja.
Luc. xviii: 9-14
+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum
Lucam.
In
illo tempore: Dixit Jesus ad quosdam, qui in se confidébant tamquam iusti, et
aspernabántur céteros parábolam istam: Duo hómines ascendérunt in templum ut
orárent: unus Pharisǽus et alter publicánus. Pharisǽus stans, hæc apud se
orábat: «Deus, grátias ago tibi, quia non sum sicut céteri hóminum: raptóres,
injústi, adúlteri, velut étiam hic publicánus. Jejúno bis in sábbato, décimas
do ómnium quæ possídeo.» Et publicánus a longe stans nolébat nec óculos ad
cælum leváre, sed percutiébat pectus suum, dicens: «Deus propítius esto mihi
peccatóri.» Dico vobis: descéndit hic iustificátus in domum suam ab illo: quia
omnis qui se exáltat, humiliábitur: et qui se humíliat exaltábitur.
Offertorium: Ps. xxiv: 1-3.
Ad
te, Dómine, levávi ánimam meam: Deus meus, in te confído, non erubéscam: neque
irrídeant me inimíci mei: étenim univérsi, qui te exspéctant, non confundéntur.
Secreta:
Tibi,
Dómine, sacrifícia dicáta reddántur: quæ sic ad honórem nóminis tui deferénda
tribuísti, ut éadem remédia fieri nostra præstáres. Per Dóminum.
Præfátio
de Sanctíssima Trinitáte
Vere
dignum et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias
ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus:
Qui cum
unigénito Fílio tuo, et Spíritu Sancto, unus es Deus, unus es Dóminus: non in
uníus singularitáte persónæ, sed in uníus Trinitáte substántiæ. Quod enim de
tua gloria, revelánte te, crédimus, hoc de Fílio tuo, hoc de Spíritu Sancto,
sine differéntia discretiónis sentimus. Ut in confessióne veræ sempiternáeque
Deitátis, et in persónis propríetas, et in esséntia únitas, et in majestáte adorétur
æquálitas. Quam laudant Angeli atque Archángeli, Chérubim quoque ac Séraphim:
qui non cessant clamáre quotídie, una voce dicéntes:
Communio: Ps. l: 21
Acceptábis
sacrifícium justítiæ, oblatiónes, et holocáusta, super altáre tuum, Dómine.
Postcommunio:
Quǽsumus,
Dómine Deus noster: ut quos divínis reparáre non désinis sacraméntis, tuis non
destítuas benígnus auxíllis. Per Dóminum.
Homilía de San
Agustín Obispo
Sermón 36 sobre las
Palabras del Señor
¿Podía el fariseo haberse contentado con decir “Yo no soy como muchos hombres». Mas con estas palabras: “Como los demás hombres”, .no se refiere a todos, excepto a si mismo? Pero he ahí un publicano; ¡buena ocasión, semejante vecindad, para engreirse todavía mas y mas! Y efectivamente, el fariseo añade: “No soy tampoco como este publicano”. Como si dijera: Yo soy un hombre aparte; este es un hombre como los demás. Yo me distingo de este hombre en virtud de mis propios meritos, gracias a lo cuales no soy un malvado.
Ayuno dos veces a la semana: pago los diezmos de cuanto poseo”.
En estas palabras buscaríamos en vano lo que pide a Dios. Habiendo subido al
templo a orar, en vez de pedir algo a Dios hace su propia apología. Y como si
no fuera bastante alabarse a si mismo en vez de regar a Dios, insulta además al
que esta rogando. “El publicano, por el contrario, se mantenía apartado”, y, no
obstante, estaba cerca de Dios. El conocimiento de su conciencia le repelía,
mas su piedad le aproximaba. Manteníase apartado, pero el Señor le contemplaba de
cerca.
Porque siendo el Señor altísimo, pone los ojos en las
criaturas humildes”. En cuanto a los que se elevan, como lo hacia aquel
fariseo, conócelos de lejos. Dios mira de lejos a los soberbios, mas no los
perdona. Considera de nuevo la humildad del publicano; no le basta permanecer apartado;
sino que ni siquiera sus ojos osaba levantar al cielo; para atraerse las
miradas del Señor, no se atrevía a mirarle; su conciencia lo amilanaba, pero la
esperanza lo alentaba. Escucha todavía: “ Se daba golpes en el pecho” ; el mismo
se castigaba; por eso el Señor perdono a aquel hombre que confesaba su miseria.
“Golpeaba su pecho, diciendo: Dios mío, ten misericordia de mi que !soy un
pecador” . He ahí un hombre que ora. .Por que asombrarte de que Dios le perdone,
cuando el mismo se confiesa pecador?
Dada la extensión de esta Constitución Apostólica les pondré la definición dogmática:
Fórmula definitoria
Por tanto, después de elevar a Dios
muchas y reiteradas preces e invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para
gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar
benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del
pecado y de la muerte; para acrecentar la gloria de esta misma augusta Madre y
para gozo y alegría de toda la Iglesia, por la autoridad de Nuestro Señor
Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y por la nuestra,
pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma de revelación divina que la
Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida
terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste.
Por eso, si alguno, lo que Dios no quiera, osase
negar o poner en duda voluntariamente lo que por Nos ha sido definido, sepa que
ha caído de la fe divina y católica.+
Para que nuestra definición de la Asunción
corporal de María Virgen al cielo sea llevada a conocimiento de la Iglesia
universal, hemos querido que conste para perpetua memoria esta nuestra carta
apostólica; mandando que a sus copias y ejemplares, aun impresos, firmados por
la mano de cualquier notario público y adornados del sello de cualquier persona
constituida en dignidad eclesiástica, se preste absolutamente por todos la
misma fe que se prestaría a la presente si fuese exhibida o mostrada.
A ninguno, pues, sea lícito infringir esta
nuestra declaración, proclamación y definición u oponerse o contravenir a ella.
Si alguno se atreviere a intentarlo, sepa que incurrirá en la indignación de
Dios omnipotente y de sus santos apóstoles Pedro y Pablo.
“SACRORUM ANTISTITUM” Impuesto
al clero en septiembre de 1910 por S.S. Pío X
“ Yo…abrazo y recibo
firmemente todas y cada una de las verdades que la Iglesia por su magisterio,
que no puede errar, ha definido, afirmado y declarado, principalmente los
textos de doctrina que van directamente dirigidos contra los errores de estos
tiempos.”“En primer lugar, profeso que Dios, principio y fin de todas las cosas
puede ser conocido y por tanto también demostrado de una manera cierta por la
luz de la razón, por medio de las cosas que han sido hechas, es decir por las
obras visibles de la creación, como la causa por su efecto.”“En segundo lugar,
admito y reconozco los argumentos externos de la revelación, es decir los hechos
divinos, entre los cuales en primer lugar, los milagros y las profecías, como
signos muy ciertos del origen divino de la religión cristiana. Y estos mismos
argumentos, los tengo por perfectamente proporcionados a la inteligencia de
todos los tiempos y de todos los hombres, incluso en el tiempo presente.”“En
tercer lugar, creo también con fe firme que la Iglesia, guardiana y maestra de
la palabra revelada, ha sido instituida de una manera próxima y directa por
Cristo en persona, verdadero e histórico, durante su vida entre nosotros, y
creo que esta Iglesia esta edificada sobre Pedro, jefe de la jerarquía y sobre
sus sucesores hasta el fin de los tiempos.”“En cuarto lugar, recibo
sinceramente la doctrina de la fe que los Padres ortodoxos nos han transmitido
de los Apóstoles, SIEMPRE CON EL MISMO SENTIDO Y LA MISMA INTERPRETACIÓN. POR
ESTO RECHAZO ABSOLUTAMENTE LA SUPOSICION HERETICA DE LA EVOLUCION DE LOS
DOGMAS, según la cual estos dogmas cambiarían de sentido para recibir uno
diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio. Igualmente, repruebo
todo error que consista en sustituir el deposito divino confiado a la esposa de
Cristo y a su vigilante custodia, por una ficción filosófica o una creación de
la conciencia humana, la cual, formada poco a poco por el esfuerzo de los
hombres, sería susceptible en el futuro de un progreso
indefinido.”“Consecuentemente: mantengo con toda certeza y profeso sinceramente
que la fe no es un sentido religioso ciego que surge de las profundidades
tenebrosas del “subconsciente”, moralmente informado bajo la presión del
corazón y el impulso de la voluntad, sino que un verdadero asentamiento de la
inteligencia a la verdad adquirida extrínsecamente por la enseñanza recibida EX
CATEDRA, asentamiento por el cual creemos verdadero, a causa de la autoridad de
Dios cuya veracidad es absoluta, todo lo que ha sido dicho, atestiguado y revelado
por el Dios personal, nuestro creador y nuestro Maestro”.“En fin, de manera
general, profeso estar completamente indemne de este error de los modernistas,
que pretenden no hay nada divino en la tradición sagrada, o lo que es mucho peor,
que admiten lo que hay de divino en el sentido panteísta, de tal manera que no
queda nada más que el hecho puro y simple de la historia, a saber: El hecho de
que los hombres, por su trabajo, su habilidad, su talento continúa a través de
las edades posteriores, la escuela inaugurada por Cristo y sus Apóstoles. Para
concluir, sostengo con la mayor firmeza y sostendré hasta mi ultimo suspiro, la
fe de los Padres sobre el criterio cierto de la verdad que está, ha estado y
estará siempre en el episcopado transmitido por la sucesión de los Apóstoles;
no de tal manera que esto sea sostenido para que pueda parecer mejor adaptado al
grado de cultura que conlleva la edad de cada uno, sino de tal manera que LA
VERDAD ABSOLUTA E INMUTABLE, predicada desde los orígenes por los Apóstoles, NO
SEA JAMAS NI CREIDA NI ENTENDIDA EN OTRO SENTIDO. “Todas estas cosas me
comprometo a observarlas fiel, sincera e INTEGRAMENTE, aguardarlas inviolablemente
y a no apartarme jamás de ellas sea enseñando, sea de cualquier manera, por mis
palabras y mis escritos…”
María era una doncella judía de
la casa de David y de la tribu de Judá. la tradición popular atribuye a sus
padres los nombres de Joaquín y Ana. María fue concebida sin pecado original (8
de diciembre). Su nacimiento, que la Iglesia celebra el 8 de septiembre, tuvo
lugar en Séforis, Nazaret, o como lo
afirma la tradición más popular, en Jerusalén, muy cerca de la piscina de
Betseda y de una de las puertas de la ciudad. Es curioso notar que son los
mahometanos y no los cristianos quienes llaman a esa puerta «La Puerta de
María». Los padres de la niña la habían prometido a Dios desde antes de su
nacimiento; la Iglesia celebra el 21 de noviembre su presentación en el Templo,
aunque ignoramos por qué lo hace precisamente en esa fecha. Según los
apócrifos, María fue educada en el Templo con otras jóvenes judías. A los catorce
años, fue prometida en matrimonio a un carpintero llamado José, quien había
sido señalado milagrosamente al sumo sacerdote. Después de los desposorios y
antes de que conviviesen, María recibió la visita del Arcángel Gabriel (la
Anunciación, 25 de marzo) y la segunda Persona de la Santísima Trinidad se
encarnó en su seno por obra del Espíritu Santo. Esto tuvo lugar en Nazaret. María
se dirigió entonces a Judea a visitar a su prima Santa Isabel, la madre de San
Juan Bautista, la cual estaba en los últimos meses del embarazo (la Visitación,
2 de julio). Cuando ambos se dirigían a Jerusalén con motivo del censo del
César Augusto, María dio a luz a Jesucristo, el Dios hecho hombre, en un
establo de Belén (la Navidad, 25 de diciembre). Cuarenta días más tarde,
cumpliendo lo mandado por la ley, María se presentó en el templo con su Hijo
para el rito de la purificación (2 de febrero). Como se sabe, el rito de la
purificación no existe en el cristianismo, que considera la maternidad como un
honor y no como una impureza. Prevenido por un ángel, San José huyó con su
esposa y el Niño a Egipto para evitar la cólera de Herodes. No sabemos cuánto
tiempo permanecieron en Egipto; pero volvieron a Nazaret después de la muerte
del tirano.
Durante los treinta años que precedieron a la vida pública del Salvador, María vivió exteriormente como todas las otras mujeres judías de condición modesta. Algunos olvidan estos años de la vida de María y sólo piensan en su glorificación como Reina del Cielo y en su participación en los principales misterios de la vida de su Hijo. Las sonoras y hermosas invocaciones de las letanías lauretanas, las delicadas vírgenes de Boticelli y las «prósperas burguesas» de Rafael, los líricos arranques de los predicadores que cantan las glorias de María, constituyen ciertamente un homenaje a la Madre de Dios, pero tienden a hacernos olvidar que María fue la esposa de un carpintero. El Lirio de Israel, la Hija de los Príncipes de Judá, la Madre del género humano, fue también una modesta mujercita judía, esposa de un artesano. Las manos de María se endurecieron en el trabajo y sus pies desnudos recorrieron aquellos polvorientos camino de Nazaret que conducían al pozo, a los olivares, a la sinagoga y al despeñadero en el que un día los enemigos de Jesús estuvieron a punto de precipitarle.
Y, al cabo de esos treinta años,
los pies de María recogieron el polvo de los largos caminos de la vida pública
del Señor, pues Ella le siguió de lejos desde el regocijo de las bodas de Cana
hasta el abandono y la desolación del Calvario. Ahí fue donde la espada que
había predicho Simeón el día de la purificación, atravesó el corazón de María.
Desde la cruz Jesús confió a su Madre a San Juan «y desde aquella hora el
discípulo la tomó por suya». El día de Pentecostés, el Espíritu Santo
descendió sobre María y los Apóstoles, que se hallaban reunidos en el cenáculo.
Esta es la última ocasión en que la Sagrada Escritura menciona a María.
Probablemente pasó el resto de su vida en Jerusalén y, durante las persecuciones,
se refugió con San Juan en Efeso y otras ciudades.
María es la Madre de Dios, porque
Jesús es Dios. El Concilio de Efeso condenó el año 431 a quienes negaban esta
verdad. María fue virgen antes y después del parto y permaneció virgen toda su
vida, según lo afirma la tradición constante y unánime de la Iglesia. El
Concilio de Trento afirmó expresamente que María no había cometido jamás pecado
alguno. Como «segunda Eva», María es madre de todo el género humano y
se le debe un culto superior al de todos los santos; pero adorar a María
constituiría una verdadera idolatría, porque María es una creatura, como el
resto de la humanidad y toda su gloria procede de Dios.
La Iglesia ha sostenido siempre
que el cuerpo de María se vio libre de la corrupción, que su alma se reunió
nuevamente con él y que la Virgen fue transportada al cielo, como símbolo único
de la resurrección que espera a los hijos de Dios. La preservación de la
corrupción y la Asunción de María son una consecuencia lógica de la pureza
absoluta de la Madre de Dios. Su cuerpo no había sido nunca manchado por el
pecado, había sido un templo santo e inmaculado, en el que había tomado carne
el Verbo Eterno. Las manos de María habían vestido y alimentado en la tierra al
Hijo de Dios, quien la había venerado y obedecido como madre. Lo que no sabemos
con certeza es si la Virgen murió o no; la opinión más general es que sí murió,
ya fuese en Efeso o en Jerusalén.
Aun en el caso de que la fiesta
de hoy sólo conmemorase la Asunción del alma de María, su objeto seguiría
siendo el mismo; porque, así como honramos la llegada del alma de los santos al
cielo, así, y con mayor razón todavía, debemos regocijarnos y alabar a Dios el
día en que la Madre de Jesucristo entró en posesión de la gloria que su Hijo le
tenía preparada.
Cuando Alban Butler escribió este
artículo, la creencia en la Asunción de María al cielo no era aún un dogma de
fe; según lo dijo Benedicto XIV, se trataba de una opinión probable, que no se
podía negar sin impiedad y blasfemia. Pero dos siglos más tarde, en 1950,
después de haber consultado a los obispos de la universal Iglesia, Pío XII
proclamó el dogma de la Asunción de María. He aquí sus propias palabras en la
bula Munificentissimus Deus: «La
extraordinaria unanimidad con que los obispos y los fieles de la Iglesia
católica afirman la Asunción corporal de María al cielo como un dogma de fe,
nos hizo ver que el magisterio ordinario de la Iglesia y la opinión de los
fieles, dirigida y sostenida por éste, estaban de acuerdo. Ello probaba con
infalible certeza que el privilegio de la Asunción era una verdad revelada por
Dios y contenida en el divino depósito que Cristo confió a su esposa la Iglesia
para que lo guardase fielmente y lo explicase con certeza absoluta«.
El primero de noviembre, día de
la fiesta de Todos los Santos, el Papa promulgó públicamente la bula en la
plaza de San Pedro de Roma y definió la Asunción en los términos siguientes: «Habiendo orado instantemente a Dios y
habiendo pedido la luz del Espíritu de Verdad, para gloria del Dios
todopoderoso, que hizo a María objeto de tan señalados favores; para honor de
su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para
el acrecentamiento de la gloria de su Santísima Madre y para gozo y exultación
de toda la Iglesia, Nos, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo y délos
bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y por nuestra propia autoridad,
declaramos y definimos que es un dogma divinamente revelado que la inmaculada
Madre de Dios, la siempre virgen María, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria
del cielo al terminar su vida mortal«.
La fiesta de la Asunción es, por
excelencia, «la fiesta de María», la más solemne de cuantas la
Iglesia celebra en su honor y es también, la fiesta titular de todas las
iglesias consagradas a la Santísima Virgen en general. La Asunción es el
glorioso coronamiento de todos los otros misterios de la vida de María, es la
celebración de su grandeza, de sus privilegios y de sus virtudes, que se
conmemoran también, por separado, en otras fiestas. El día de la Asunción
ensalzamos a Cristo por todas las gracias que derramó sobre su Madre y, sobre
todo, por la gloria con que se dignó coronar esas gracias. Sin embargo, la
contemplación de la gloria de María en esta fecha no debe hacernos olvidar la
forma en que la alcanzó, para que imitemos sus virtudes. Ciertamente, la
maternidad divina de María fue el mayor de los milagros y la fuente de su grandeza,
pero Dios no coronó precisamente la maternidad de María, sino sus virtudes: su
caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su mansedumbre, su perfecto
homenaje de adoración, amor, alabanza y agradecimiento.
Es imposible tratar a fondo, en
el breve espacio de que disponemos, la introducción y evolución de la fiesta de
la Asunción de la Santísima Virgen. Tres puntos son claros: En primer lugar, la
construcción de iglesias dedicadas a la Virgen María, la Theotokos (Madre
de Dios), trajo inevitablemente consigo la celebración de la dedicación de
dichas iglesias. Consta con certeza que en la primera mitad del siglo V había
ya en Roma y en Efeso iglesias dedicadas a Nuestra Señora, y algunos
historiadores opinan que ya en el año 370 se celebraba en Antioquía la
conmemoración de «la siempre Virgen María, Madre de Dios».
En segundo lugar, dicha
conmemoración de la Santísima Virgen no hacía al principio mención de su salida
de este mundo, simplemente se celebraba, como en el caso de los demás santos,
su «nacimiento para el cielo» («natalis«); la fiesta recibía indiferentemente los nombres de
«nacimiento», «dormición» y «asunción». En tercer
lugar, según una tradición apócrifa pero muy antigua, la Santísima Virgen murió
en el aniversario del nacimiento de su Hijo, es decir, el día de Navidad. Como
ese día estaba consagrado a Cristo, hubo de posponerse la celebración de María.
En algunos sitios empezó a celebrarse a Nuestra Señora en el invierno. Así, San
Gregorio de Tours (c. 580) afirma que en Galia se celebraba a mediados de enero
la fiesta de la Virgen. Pero también consta que en Siria la celebración tenía
lugar el quinto día del mes de Ab, es decir, hacia agosto. Poco a poco fue
extendiéndose esa práctica al occidente. San Adelmo (c. 690) afirma que en
Inglaterra se celebraba el «nacimiento» de Nuestra Señora a mediados
de agosto.
Butler, Vida de los
Santos, Agosto, página 335 y siguientes.
Un gran prodigio apareció en el cielo: Una mujer
vestida de sol, y la luna debajo de sus pies, y en su cabeza una corona de doce
estrellas. V/. Cantad al Señor un cántico
nuevo: porque ha hecho maravillas. V/.Gloria
al Padre.
COLECTA
OH DIOS todopoderoso y eterno, que llevaste a la
gloria celestial a la Inmaculada Virgen María, la Madre de tu Hijo: te
suplicamos, nos concedas que, siempre atentos a las cosas del cielo, merezcamos
ser participantes de su gloria. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo.
EPISTOLA Judith 13, 22-25; 15, 10.
LECTURA DEL LIBRO DE JUDIT.
El Señor te ha bendecido con su poder; pues por ti
ha aniquilado a nuestros enemigos. Bendita eres del Señor Dios excelso tú, oh
hija, sobre todas las mujeres de la tierra. Bendito sea el Señor, creador del
cielo y la tierra, que dirigió tu mano para cortar la cabeza del príncipe de
nuestros enemigos; pues ha hecho hoy tan célebre tu nombre, que no se alejará
tu alabanza de labios de los hombres que recordaren por siempre los prodigios
del Señor; pues no temiste exponer tu vida por tu pueblo, viendo las angustias
y tribulación de tu linaje, sino que evitaste su ruina en la presencia de
nuestro Dios. Tú eres la gloria de Jerusalén, tú la alegría de Israel, tú el
honor de nuestro pueblo.
GRADUALE Sal 44, 11-12 et 14.
Escucha, hija, y mira, y presta oídos, y el rey se
prendará de tu hermosura. V/.La hija del
Rey entra toda agraciada, brocados de oro son sus vestidos.
ALELUYA. ALELUYA. V/. María ha
sido llevada al cielo; y de ello se alegra el ejército de los Ángeles. Aleluya.
EVANGELIO Luc.
1, 41-50
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS
En aquel tiempo, quedó Isabel llena del Espíritu Santo, y exclamando
en alta voz, dijo: ¡Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el
fruto de tu vientre! Y ¿de dónde a mí tanto bien que venga la Madre de mi Señor
a mí? Pues lo mismo fue llegar la voz de tu saludo a mis oídos, que dar saltos
de júbilo la criatura en mi seno. Y bienaventurada tú que has creído, porque se
cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor. Y dijo María: Mi
alma engrandece al Señor, y mi espíritu salta de gozo al pensar en Dios,
Salvador mío; porque miró la bajeza de su esclava, he aquí que desde ahora me
llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho en mí grandes
maravillas el que es poderoso; y su nombre es santo, y su misericordia se
extiende de generación en generación sobre los que le temen.
OFERTORIO Gen.
3,15.
Pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu
descendencia y la descendencia de ella.
SECRETA
Ascienda a Ti, Señor, la ofrenda de nuestra
devoción, y, por la intercesión de la Santísima Virgen María,
transportada a los cielos, haz que nuestros corazones encendidos en el fuego de
la caridad, se dirijan incesantemente a Ti. Por Nuestro Señor Jesucristo.
PREFACIO DE LA VIRGEN
EN VERDAD es digno y justo, equitativo y saludable
que en todo tiempo y lugar demos gracias, Señor Santo, Padre omnipotente, Dios
eterno y alabarte y bendecirte y glorificarte en la Asunción de la
bienaventurada siempre Virgen María que concibió a tu Unigénito Hijo por obra
del Espíritu Santo y permaneciendo intacta la gloria de su virginidad dio al
mundo la luz eterna, Jesucristo Nuestro Señor. Por quien los Ángeles alaban a
tu majestad, las dominaciones la adoran, tiemblan las potestades, los cielos y
las virtudes de los cielos, y los bienaventurados serafines la celebran
con igual júbilo. Te rogamos que con sus alabanzas recibas también las nuestras
cuando te decimos con humilde confesión.
ANTÍFONA DE
COMUNIÓN Luc. 1, 48-49
Todas las generaciones me llamarán bienaventurada porque ha hecho en
mí grandes maravillas el todopoderoso.
ORACIÓN POSTCOMUNIÓN
Habiendo recibido, Señor, los sacramentos
saludables, haz, te rogamos, que, por los méritos e intercesión de la
bienaventurada Virgen María, asunta al cielo, seamos llevados a la gloria de la
resurrección. Por Nuestro Señor Jesucristo.
TEXTOS DE LA MISA EN LATÍN
INTROITO Ap.
12, 1
Signum magnum appáruit in cœlo: múlier amícta sole,
et luna sub pédibus ejus, et in capite ejus coróna stellárum duódecim. V/. Cantáte Dómino
cánticum novum: quia mirabília fecit. V/. Glória Patri.
COLECTA
Omnípotens sempitérne Deus, qui immaculátam Vírginem Maríam, Fílii tui
genetrícem, córpore et ánima ad cæléstem glóriam assumpsísti, concéde,
quǽsumus, ut, ad supérna semper inténti, ipsíus glóriæ mereámur esse consórtes.
Per Dóminum.
EPISTOLA Judith 13, 22-25; 15, 10.
LÉCTIO LIBRI JUDITH.
Benedíxit te Dóminus in virtúte sua quia per te ad
nihilum redégit inimícos nostros. Benedícta es tu, fília, a Dómino Deo excélso,
præ ómnibus muliéribus super terram. Benedíctus Dóminus qui creávit cælum et
terram, qui te diréxit in vúlnera cápitis príncipis inimicórum nostrórum; quia
hódie nomen tuum ita magnificávit, ut non recédat laus tua de ore hóminum, qui
mémores fúerint virtútis Dómini in ætérnum, pro quibus non pepercísti ánimæ tuæ
propter angústias et tribulatiónem géneris tui sed subvenísti ruínæ ante
conspéctum Dei nostri. Tu glória Jerúsalem, tu lætítia Israël, tu
honorificéntia pópuli nostri.
GRADUALE Sal 44, 11-12 et 14.
Audi fília, et vide, et inclína aurem tuam et
concupíscet rex pulchritúdinem tuam. V/. Tota
decóra ingréditur fília regis, textúræ áureæ sunt amíctus ejus.
ALLELÚIA,ALLELUIA.V/.Assúmpta est María in
cœlum: gaudet exércitus Angelórum. Allelúja.
EVANGELIO Luc.
1, 41-50
SEQUENTIA SANCTI EVANGELII SECUNDUM LUCAM
In illo témpore: Repleta est Spíritu Sancto
Elíabeth et exclamávit voce magna, et dixit: «Benedícta tu inter mulíeres et
benedíctus fructus ventris tui. Et unde hoc
mihi ut véniat mater Dómini mei ad me? Ecce enim ut facta est vox salutatiónis
tuæ in áuribus meis exultávit in gáudio infans in útero meo. Et beáta, quæ
credidísti, quóniam perficiéntur ea quæ dicta sunt tibi a Dómino.» Et ait
María: «Magníficat ánima mea Dóminum; et exultávit spíritus meus in Deo
salutári meo; quia respéxit humilitátem ancíllæ suæ, ecce enim ex hoc beátam me
dicent omnes generatiónes. Quia fecit mihi magna qui potens est, et sanctum
nomen ejus, et misericórdia ejus a progénie in progénies timéntibus eum.»
OFERTORIO Gen.
3,15.
Inimicítias ponam inter te et Mulíerem, et semen
tuum et Semen illíus.
SECRETA
Ascéndat ad te, Dómine, nostræ devotiónis oblátio,
et, Beatíssima Vírgine María in cælum assúmpta intercedénte, corda nostra,
caritátis igne succénsa, ad te júgiter adspírent. Per Dóminum.
PREFACIO DE LA VIRGEN
VERE DIGNUM et iustum est, æquum et salutáre, nos
tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne
Deus: Et te in Assumptióne beátæ Maríæ semper Vírginis collaudáre,
benedícere, et predicáre. Quæ et Unigénitum tuum Sancti Spíritus obumbratióne
concépit: et virginitátis glória permanénte lumen ætérnum mundo effúdit, Jesum
Christum Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam
laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cæli cælorúmque
Virtútes, ac beáta Séraphim, sócia exsultatióne concélebrant.Cum quibus et
nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur, súpplici confessióne dicéntes
ANTÍFONA DE
COMUNIÓN Luc. 1, 48-49
Beátam me dicent omnes generatiónes, quia fecit
mihi magna qui potens est.
ORACIÓN POSTCOMUNIÓN
Sumptis, Dómine, salutáribus sacraméntis, da
quǽsumus, ut, méritis et intercessióne Beátæ Vírginis Maríæ in cælum assúmptæ,
ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per Dóminum.
Esta Bula de León XIII establece de modo magisterial la invalidez de las ordenaciones sacerdotales de los anglicanos. Teniendo en cuenta la semejanza en el rito de las Ordenaciones sacerdotales establecidas después del Concilio Vaticano II dentro de la Iglesia Católica, las consecuencias son lógicas.
En dicha Bula se dice expresamente:
Entonces, considerando que esta materia, aunque ya decidida, había sido puesta de nuevo a discusión por ciertas personas, cualesquiera fueran sus razones, y que a partir de ahí podría haberse fomentado un pernicioso error en las mentes de aquellos que podrían suponerse a si mismos poseedores del Sacramento y los efectos de las Ordenes, que de ninguna manera podrían poseerlos, nos pareció bueno pronunciar en el nombre del Señor nuestro juicio.
Por eso, adhiriéndonos estrictamente, en esta materia, a los decretos de los Pontífices, Nuestros predecesores, y confirmándolos más plenamente, y, por decirlo así, renovándolos por Nuestra autoridad, por Nuestra propia iniciativa y certero conocimiento, Nos pronunciamos y declaramos que las ordenaciones llevadas a cabo conforme al rito Anglicano han sido, y son, absolutamente nulas y sin efecto.