Santos Cirilo y Metodio

De la Carta Encíclica del papa León XIII.


Cirilo y Metodio eran hermanos. Nacidos en Tesalónica, de padres muy nobles, trasladáronse muy pronto a Constantinopla para estudiar las artes liberales en la capital del Oriente. Ambos hicieron grandes progresos en poco tiempo, distinguiéndose sobre todo Cirilo, el cual adquirió tal reputación, que por una especial distinción le daban el nombre de filósofo. Metodio abrazó la vida monástica; Cirilo llegó a hacerse digno de que la emperatriz Teodora, por consejo del Patriarca Ignacio, le confiara la misión de instruir en la fe cristiana a los Cázaros, que habitaban más allá del Quersoneso. Instruidos estos pueblos por sus predicaciones y movidos por la gracia de Dios, después de renunciar a muchas supersticiones, abrazaron la fe de Jesucristo. Una vez constituida la nueva comunidad de cristianos, Cirilo se apresuró a volver a Constantinopla para retirarse al monasterio de Polícrono, en donde residía Metodio. Pero entre tanto llegó a Ratislao, príncipe de Moravia, la fama de los éxitos alcanzados más allá del Quersoneso, y pidió algunos operarios evangélicos a Miguel III, emperador de Constantinopla. Cirilo y Metodio fueron destinados a esta misión y acogidos con gran alegría a su llegada a Moravia. Emprendieron con tanta energía y actividad la obra de impulsar las enseñanzas cristianas en los espíritus, que pronto la nación entera se convirtió de corazón a Jesucristo. Sirvió mucho a Cirilo, para conseguir este resultado, el conocimiento de la lengua eslava, que antes había aprendido, y la traducción que había hecho a la lengua propia de aquel pueblo, de los libros sagrados del Antiguo y del Nuevo Testamento. Cirilo y Metodio fueron los inventores del alfabeto de la lengua eslava, por lo que son considerados los padres de esta lengua.

Hechos tan notables llegaron a los oídos de Roma, y el Papa Nicolás I llamó a los ilustres hermanos. Encamináronse a Roma, llevando con ellos las reliquias del Papa San Clemente I, descubiertas por Cirilo en Quersoneso. Al saberlo Adriano II, que había sucedido a Nicolás, quien acababa de morir, salió a recibirles con solemnidad, acompañado del clero y del pueblo. Cirilo y Metodio informaron al Papa del desempeño de la misión apostólica que habían llevado a cabo tan santamente y con muchos trabajos. Acusados por algunos envidiosos de haber empleado la lengua eslava en los santos Misterios, adujeron en su defensa tantos y tan luminosos argumentos, que merecieron la aprobación del Papa y de los allí presentes. Habiendo ambos jurado perseverar en la fe de San Pedro y de los romanos Pontífices, fueron consagrados Obispos por Adriano. Mas estaba decretado por la Providencia que Cirilo, más avanzado en la virtud que en los años, terminaría sus días en Roma. La conducción de su cadáver se efectuó en medio de una manifestación popular de duelo; fue depositado en la tumba que había construido para sí Adriano II; trasladado después a la basilica de S. Clemente, fue sepultado junto a las reliquias de este santo Papa. Durante su paso por las calles, al canto solemne de los Salmos, con una pompa más semejante a una apoteosis triunfal que a un acto fúnebre, pareció que el pueblo romano le otorgaba los honores celestiales. Metodio volvió a Moravia con el propósito de constituirse en modelo de su rebaño, y se puso, cada día con más celo, al servicio de los intereses católicos. Confirmó en la fe cristiana a los Pannonios, los Búlgaros y los Dálmatas, y trabajó para convertir al culto del único Dios verdadero a los Carintios.

Acusado ante Juan VIII, sucesor de Adriano, como suspecto en la fe y de haber cambiado las costumbres, fue llamado a Roma para defenderse ante el Papa, los Obispos y algunos miembros del clero romano. No le costó poner de manifiesto su fidelidad en conservar la fe católica y su celo en enseñar a los demás; y en cuanto al empleo de la lengua eslava en los sagrados ritos, les convenció de que había obrado legítimamente, obedeciendo a sólidos motivos y con anuencia del Papa Adriano, y de que, por otra parte, nada hay en las Sagradas Escrituras que se oponga a esta práctica. Ante tales razones, el romano Pontífice se puso de parte de Metodio, y mandó reconocer su potestad arzobispal y la legitimidad de su misión en los países eslavos, a cuyo efecto publicó él mismo una carta. De vuelta a Moravia, continuó Metodio cumpliendo el cargo que se le confiara, sufriendo de buen grado, hasta el destierro. Condujo a la fe al príncipe de los Bohemios y a su esposa, y extendió por todo el país el nombre de cristiano. Habiendo llevado la luz del Evangelio a Polonia, instituyó una sede episcopal; penetró, según algunos historiadores, en la Moscovia y fundó el obispado de Kiev; volvió por último a Moravia entre los suyos, sintiendo cerca el fin de su carrera, designó él mismo su sucesor, y tras dirigir al clero y al pueblo sus postreras recomendaciones, terminó esta vida, que había sido para él el camino del cielo. Sus funerales tuvieron lugar en Moravia, con los mismos honores tributados a Cirilo en Roma. El Papa León XIII dispuso que la fiesta de ambos, celebrada ya de antiguo entre los eslavos, lo fuera también por toda Iglesia con Oficio y Misa propios.

                                                                                              Del Breviario Romano

Texto para meditar: VI Domingo después de Pentecostés

Del Libro de San Ambrosio, Obispo, sobre la Apología de David.


Apología 1, c. 2.


¡Cuántas faltas cometemos todos continuamente! Y ninguno se acuerda de la obligación de confesarlas. David, un rey tan glorioso y poderoso, no puede permanecer por corto tiempo bajo el peso del pecado sobre su conciencia, y, mediante una pronta confesión, con dolor inmenso, se descarga de él a los pies del Señor. ¿Hallaríais fácilmente hoy un hombre rico y lleno de honores que soporte humildemente una reprimenda por una falta cometida? David, en pleno esplendor del poder real, a quien alaban con frecuencia las Sagradas Escrituras, al reprocharle un particular un gran crimen, no se estremece de indignación, sino que confiesa su falta y la llora lleno de dolor.

De tal manera se conmovió el Señor por tan inmenso dolor, que Natán dijo a David: “Porque te has arrepentido, el Señor ha perdonado tu pecado”. La rapidez del perdón pone de manifiesto cuán profundo sería el arrepentimiento del rey. Los demás hombres, cuando los sacerdotes los reprenden, agravan sus pecados, procurando negarlos o excusarlos, y caen más abajo cuando debían levantarse. Pero los santos del Señor, que desean consumar el piadoso combate y recorrer por entero la carrera de la salvación, si alguna vez llegan a caer, menos por amor al pecado que por fragilidad natural, se levantan con más ardor para reanudar la carrera, y, estimulados por la vergüenza de la caída, la compensan con más rudos combates; así, su caída, en vez de producirles algún retraso, sólo sirve para aguijonearlos y hacerlos avanzar más deprisa.

David peca, como muchos reyes; pero hace penitencia, llora, gime, bastante raro en los reyes. Reconoce su falta, y, con la frente en el polvo, pide perdón; deplora su miserable fragilidad; ayuna, ora, y hace llegar a los siglos futuros el testimonio de su confesión. La confesión que avergüenza a los particulares, no avergüenza a este príncipe. Los que están sujetos a las leyes, niegan sus pecados, o no piden el perdón como este soberano que no está sometido a ninguna ley humana. Pecando, dio un signo de su frágil condición; suplicando, da una nota de enmienda. Común a todos es el caer; es propio de almas escogidas el confesarse. La inclinación a la culpa viene de la naturaleza; la voluntad de regenerarse, de la virtud.

Visperas del VI Domingo después de Pentecostés

Rito de entrada

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
V. Gloria al Padre, al Hijo, * y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, * por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.

Salmos


Ant. Dijo el Señor a mi Señor: * Siéntate a mi diestra.


Salmo 109


Oráculo del Señor a mi Señor: * «Siéntate a mi derecha,
Y haré de tus enemigos * estrado de tus pies».
Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: * somete en la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; * yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora».
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: * «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec».
El Señor a tu derecha, el día de su ira, * quebrantará a los reyes.
Dará sentencia contra los pueblos, amontonará cadáveres, * quebrantará cráneos sobre la ancha tierra.
En su camino beberá del torrente, * por eso levantará la cabeza.
V. Gloria al Padre, al Hijo, * y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, * por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra.

Ant. Grandes son las obras del Señor, * dignas de estudio para los que las aman.


Salmo 110


Doy gracias al Señor de todo corazón, * en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor, * dignas de estudio para los que las aman.
Esplendor y belleza son su obra, * su generosidad dura por siempre;
Ha hecho maravillas memorables, * el Señor es piadoso y clemente. Él da alimento a sus fieles,
Recordando siempre su alianza; * mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
Dándoles la heredad de los gentiles. * Justicia y verdad son las obras de sus manos,
Todos sus preceptos merecen confianza: son estables para siempre jamás, * se han de cumplir con verdad y rectitud.
Envió la redención a su pueblo, * ratificó para siempre su alianza,
Su nombre es sagrado y temible. * Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
Tienen buen juicio los que lo practican; * la alabanza del Señor dura por siempre.
V. Gloria al Padre, al Hijo, * y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, * por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.

Ant. El que teme al Señor * muy exacto es en cumplir sus mandamientos.


Salmo 111


Dichoso quien teme al Señor * y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra, * la descendencia del justo será bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia, * su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, * clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos. * El justo jamás vacilará,
Su recuerdo será perpetuo. * No temerá las malas noticias,
Su corazón está firme en el Señor. Su corazón está seguro, * sin temor, hasta que vea derrotados a sus enemigos.
Reparte limosna a los pobres; su caridad es constante, sin falta, * y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará, rechinará los dientes hasta consumirse. * La ambición del malvado fracasará.
V. Gloria al Padre, al Hijo, * y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, * por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El que teme al Señor muy exacto es en cumplir sus mandamientos.

Ant. Sea el nombre del Señor * bendito por los siglos.


Salmo 112


Alabad, siervos del Señor, * alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor, * ahora y por siempre:
De la salida del sol hasta su ocaso, * alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos, * su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono * y se abaja para mirar al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido, * alza de la basura al pobre,
Para sentarlo con los príncipes, * los príncipes de su pueblo;
A la estéril le da un puesto en la casa, * como madre feliz de hijos.
V. Gloria al Padre, al Hijo, * y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, * por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sea el nombre del Señor bendito por los siglos.

Ant. Nuestro Dios está en los cielos; * Él ha hecho todo cuanto quiso.


Salmo 113


Cuando Israel salió de Egipto, * los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario, * Israel fue su dominio.
El mar, al verlos, huyó, * el Jordán se echó atrás;
Los montes saltaron como carneros; * las colinas, como corderos.
¿Qué te pasa, mar, que huyes, * y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros; * colinas, que saltáis como corderos?
En presencia del Señor se estremece la tierra, * en presencia del Dios de Jacob;
Que transforma las peñas en estanques, * el pedernal en manantiales de agua.
No a nosotros, Señor, no a nosotros, * sino a tu nombre da la gloria;
Por tu bondad, por tu lealtad. * ¿Por qué han de decir las naciones: «Dónde está su Dios»?
Nuestro Dios está en el cielo, * lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, * hechura de manos humanas:
Tienen boca, y no hablan; * tienen ojos, y no ven;
Tienen orejas, y no oyen; * tienen nariz, y no huelen;
Tienen manos, y no tocan; tienen pies, y no andan; * no tiene voz su garganta:
Que sean igual los que los hacen, * cuantos confían en ellos.
Israel confía en el Señor: * Él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor: * Él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor: * Él es su auxilio y su escudo.
Que el Señor se acuerde de nosotros * y nos bendiga,
Bendiga a la casa de Israel, * bendiga a la casa de Aarón;
Bendiga a los fieles del Señor, * pequeños y grandes.
Que el Señor os acreciente, * a vosotros y a vuestros hijos;
Benditos seáis del Señor, * que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor, * la tierra se la ha dado a los hombres.
Los muertos ya no alaban al Señor, * ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor * ahora y por siempre.
V. Gloria al Padre, al Hijo, * y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, * por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestro Dios está en los cielos; Él ha hecho todo cuanto quiso.

Capítulo Himno Verso


2 Cor 1:3-4


Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias, y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras aflicciones.
R. Demos gracias a Dios.

Himno

Oh Dios de bondad, creador de la luz,
de quien procede la que ilumina nuestros días,
que, al disponer el origen del mundo,
creaste ante todo una luz nueva;

Tú que das el nombre de día al tiempo que transcurre
entre la aurora y el ocaso,
escucha nuestras preces y nuestras lágrimas,
ahora que viene la noche recordándonos las tinieblas del caos.

Que el alma abrumada por el peso de sus pecados,
mientras no piensa en las cosas eternas
y se halla prisionera de los vínculos de la culpa,
no sea desterrada del beneficio de la vida.

Haz que llamemos a la puerta del cielo;
que ganemos el premio de la verdadera vida;
que evitemos todo cuanto puede dañarnos;
que nos purifiquemos de todo mal.

Concédenoslo, oh Padre misericordiosísimo,
y Tú, el Unigénito igual al Padre,
que, con el Espíritu consolador,
reinas por todos los siglos.
Amén.

V. Ascienda, Señor, mi oración hacia ti.
R. Como el olor del incienso ante tu presencia.

Canticum: Magnificat


Ant. Me da lástima * de esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer; y si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Aleluya.


(Cántico de la B. Virgen María * Lc 1, 46-55)


Proclama * mi alma la grandeza del Señor,
Se alegra mi espíritu * en Dios, mi salvador;
Porque ha mirado la humillación de su esclava. * Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: * su nombre es santo,
Y su misericordia llega a sus fieles * de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: * dispersa a los soberbios de corazón,
Derriba del trono a los poderosos * y enaltece a los humildes,
A los hambrientos los colma de bienes * y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, * acordándose de la misericordia,
Como lo había prometido a nuestros padres, * en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
V. Gloria al Padre, al Hijo, * y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, * por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Me da lástima * de esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer; y si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Aleluya.

Oración


V. Señor, escucha nuestra oración.
R. Y llegue a ti nuestro clamor.


Oremos.

Oh Dios todopoderoso, de quien procede todo don perfecto!; infunde en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, aumentes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos.

 
R. Amén.

Conclusión


V. Señor, escucha nuestra oración.
R. Y llegue a ti nuestro clamor.
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
V. Las almas de los fieles, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R. Amén.