IV Domingo de Cuaresma

TEXTOS DE LA MISA EN ESPAÑOL

Introito. Is. 66.10,11: Salm. 121.1- 

Alégrate, Jerusalén, y regocijaos con ella todos los que la amáis; regocijaos con ella, gozosos, cuantos por ella hacéis duelo; para que os saciéis del pecho de sus consuelos. Salmo. Me alegré cuando se me dijo: Vamos a la casa del Señor, f. Gloria al Padre.

Colecta.- 

Concedednos, ¡oh Dios omnipotente!, que quienes su­frimos lo merecido por nuestras acciones, respiremos con el consuelo de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.

Epístola. Gal. 4.22-31.- 

Hermanos: Escrito está que Abraham tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre. Mas el de la esclava nació según la carne, y el de la libre en virtud de la promesa; lo cual se dijo en un sentido alegórico. Por que estas dos madres son los dos Testamen­tos. El uno el del monte Sinaí, que engendra esclavos, es Agar; porque el Sinaí es un monte de Arabia. Corresponde ella a la Jerusalén de aquí abajo, la cual es esclava con sus hijos. Mas aquella Jerusalén de arriba es libre; y es madre nuestra. Porque escrito está: Alégrate, estéril, que no pares; prorrumpe en gritos de júbilo tú que no conoces los dolores del parto, pues son más los hijos de la abandonada, que los de la que tiene marido. Vosotros, pues, hermanos, sois como Israel hijos de la promesa, figurados en Isaac. Mas, así como entonces el que había nacido según la carne, perseguía al nacido según el espí­ritu, así sucede también ahora. Pero ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, pues no será heredero el hijo de la esclava con el hijo de la libre. Y así, hermanos, nosotros no somos hijos de la esclava, sino de la libre; y esta libertad nos la ha adquirido Cristo. 

Gradual. Salm. 121.1,7.-  

Me alegré cuando se dijo: Vamos a la casa del Señor.  Reine la paz en tu recinto y la abundancia en tus palacios.    

Tracto. Salm. 124 1-2.-

Losque confían en el Señor son como el monte Sión; jamás se tambaleará el que habita en Jerusalén. Jerusalén está rodeada de montañas; así rodea el Señor a su pueblo desde ahora y para siempre.

Evangelio. Juan 6.1-15.-  

 En aquel tiempo: Pasó Jesús a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades, y le seguía una gran multitud de gente, porque veían los milagros que hacia con los enfermos. Subió, pues, Jesús a un monte, y sentóse allí con sus discípulos. Acercábase ya la Pascua, día de gran fiesta para los judíos. Habiendo, pues, alzado Je­sús los ojos, y viendo que venía hacia sí tan gran multitud, dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos panes para que coma esta gente? Esto lo decía para probarle, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Respondió Felipe: Doscientos denarios de pan no les alcanzan para que cada uno tome un bocado. Uno de sus discípulos, An­drés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; mas ¿qué es esto para tanta gente? Pero Jesús dijo: Haced sentar a esas gentes. En aquel lugar había mucha hierba. Sentáronse, pues, como unos cinco mil hombres. Tomó entonces Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los que estaban sentados; y lo mismo hizo con los peces, dando a todos cuanto   querían.  Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los trozos que han sobrado, para que no se pier­dan. Hiciéronlo así, y llenaron doce cestos con los trozos que habían sobrado de los cinco panes de cebada, después que todos hubieron comido. Aquellos hombres, cuando vieron el milagro que había hecho Jesús, decían: ¡Éste es verdaderamente el profeta que ha de venir al mundo! Y Jesús, notando que habían  de  venir  para  llevársele y hacerle Rey, huyó otra vez al monte él solo.

Ofertorio. Salm. 134.3,6.-

Alabad al Señor porque es benigno; cantad himnos a su nombre, porque es amable. Todo cuanto quiso ha  hecho  el  Señor  en  el cielo y en la tierra.

Secreta.-

Te pedimos, Señor, mires propicio el presente sacrificio, a fin de que aproveche a nuestra devoción y a nuestra salud. Por nuestro Señor,   

Prefacio de Cuaresma- 

En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar,  Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que, por el ayuno corporal, domas nuestras pasiones, elevas la mente, nos das la virtud y el premio, por Jesucristo nuestro Señor, por quien alaban los Ángeles a tu majestad, la adoran las Dominaciones, la temen las Potestades y la celebran con igual júbilo los Cielos, las Virtudes de los cielos y los bienaventurados Serafines. Te rogamos que con sus voces admitas también las de los que te decimos, con humilde confesión.

Comunión. Salm. 121.3-4.-

Jerusalén está construida como una ciudad de partes bien trabadas. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, para alabar tu nombre, Señor,      

Poscomunión.- 

Concédenos, ¡oh Dios Misericordioso! , la gracia de tratar siempre con sinceros obsequios este sacramento que incesantemente nos sacia, y de recibirle con gran espíritu de fe. Por nuestro Señor Jesucristo.

TEXTOS DE LA MISA EN LATÍN

Dominica Quarta in Quadragesima

I Classis

Introitus: Isai. lxvi 10 et11

Lætáre, Jerúsalem: et convéntum fácite, omnes qui dilígitis eam: gaudéte cum lætítia, qui in tristítia fuístis: ut exsultétis, et satiémini ab ubéribus consolatiónis vestræ. [Ps. 121. 1]  Lætátus sum in his, quæ dicta sunt mihi: in domum Dómini íbimus. Glória Patri.  Lætáre, Jerúsalem

Oratio:

Concéde, quǽsumus, omnípotens Deus: ut qui ex mérito nostræ actiónis afflígimur, tuæ grátiæ consolatióne respirémus. Per Dóminum.

ad Gálatas. iv: 22-31

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Gálatas.


Fratres: Scriptum est: Quóniam Abraham duos fílios hábuit: unum de ancílla, et unum de líbera. Sed qui de ancílla, secúndum carnem natus est: qui autem de líbera, per repromissiónem: quæ sunt per allegoríam dicta. Hæc enim sunt duo testaménta. Unum quidem in monte Sina, in servitútem génerans: quæ est Agar: Sina enim mons est in Arábia, qui conjúnctus est ei, quæ nunc est Jerúsalem, et servit cum fíliis suis. Illa autem, quæ sursum est Jerúsalem, líbera est, quæ est mater nostra. Scriptum est enim: Lætáre, stérilis, quæ non paris: erúmpe, et clama, quæ non párturis: quia multi fílii desértæ, magis quam ejus, quæ habet virum. Nos autem, fratres, secúndum Isaac promissiónis fílii sumus. Sed quómodo tunc is, qui secúndum carnem natus fúerat, persequebátur eum, qui secúndum spíritum: ita et nunc. Sed quid dicit Scriptúra? Ejice ancíllam et fílium ejus: non enim hæres erit fílius ancíllæ cum fílio líberæ. Itaque, fratres, non sumus ancíllæ fílii, sed líberæ: qua libertáte Christus nos liberávit.

 Graduale: Ps. cxxi: 1 et 7

Lætátus sum in his, quæ dicta sunt mihi: in domum Dómini íbimus. Fiat pax in virtúte tua: et abundántia in túrribus tuis.

Tractus: Ps. cxxiv 1-2

Qui confídunt in Dómino, sicut mons Sion: non commovébitur in ætérnum, qui hábitat in Jerúsalem.  v. Montes in circúitu ejus: et Dóminus in circúitu pópuli sui, ex hoc nunc et usque in sæculum.

 Joann. vi: 1-15

+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem.

In illo témpore: Abiit Jesus trans mare Galilææ, quod est Tiberíadis: et sequebátur eum multitúdo magna, quia vidébant signa, quæ faciébat super his, qui infirmabántur. Súbiit ergo in montem Jesus: et ibi sedébat cum discípulis suis. Erat autem próximum Pascha dies festus Judæórum. Cum sublevásset ergo óculos Jesus, et vidísset quia multitúdo máxima venit ad eum, dixit ad Philíppum:  «Unde emémus panes, ut mandúcent hi?»   Hoc autem dicébat tentans eum: ipse enim sciébat quid esset factúrus. Respóndit ei Philíppus:  «Ducentórum denariórum panes non suffíciunt eis, ut unusquísque módicum quid accípiat.»   Dicit ei unus ex discípulis ejus, Andréas frater Simónis Petri:  «Est puer unus hic, qui habet quinque panes hordeáceos, et duos pisces: sed hæc quid sunt inter tantos?»   Dixit ergo Jesus:  «Fácite hómines discúmbere.»  Erat autem fœnum multum in loco.  Discubuérunt ergo viri, número quasi quinque míllia.  Accépit ergo Jesus panes: et cum grátias egísset, distríbuit discumbéntibus: simíliter et ex píscibus quantum volébant. Ut autem impléti sunt, dixit discípulis suis:  «Collígite quæ superavérunt fragménta, ne péreant.»  Collegérunt ergo, et implevérunt duódecim cóphinos fragmentórum ex quinque pánibus hordeáceis, quæ superfuérunt his, qui manducáverant. Illi ergo hómines cum vidíssent quod Jesus fécerat signum, dicébant:  «Quia hic est vere Prophéta, qui ventúrus est in mundum.»   Jesus ergo cum cognovísset, quia ventúri essent ut ráperent eum, et fácerent eum regem, fugit íterum in montem ipse solus.

 Offertorium: Ps. cxxxiv: 3 et 6

Laudáte Dóminum, quia benígnus est: psállite nómini ejus, quóniam suávis est: ómnia quæcúmque vóluit, fecit in cælo et in terra.

 Secreta:

Sacrifíciis præséntibus, Dómine, quǽsumus, inténde placátus: ut et devotióni nostræ profíciant et salúti. Per Dóminum.

Præfátio de Quadragesima

Vere dignum et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui corporáli jejúnio vítia cómprimis, mentem élevas, virtútem largíris, et præmia: per Christum Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cæli cælorúmque Virtútes, ac beáta Séraphim, sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur, súpplici confessióne dicéntes:  Sanctus,…

Communio: Ps. cxxi: 3-4

Jerúsalem, quæ ædificátur ut cívitas, cujus participátio ejus in idípsum; illuc enim ascendérunt tribus, tribus Dómini, ad confiténdum nómini tuo, Dómine.

 Postcommunio:

Da nobis, quæsumus, miséricors Deus: ut sancta tua, quibus incessánter explémur, sincéris tractémus obséquiis, et fidéli semper mente sumámus. Per Dóminum.

El Altar

Presbiterio.-

Hemos dicho que la Iglesia se divide en su interior en tres partes, de las cuales la más digna es el presbiterio, en el cual estaba el clero, y se elevaba el altar. En él se ofrecía el sacrificio y se hacían las funciones por el Obispo, el sacerdote y el clero. Para ello la parte esencial, y también la parte principalísima  de la Iglesia, era el altar, del cual, por ser lo más importante y el centro de la liturgia, hay que decir principalmente lo que conviene saber a todo cristiano.

Altar.-

Altar, como quien dice alta ara, es el sitio destinado al sacrificio ofrecido a Dios. En el templo antiguo de Jerusalén era el sitio en que quemaban y ofrecían a Dios las víctimas y sacrificios. Victimario, sacrificatorio era el nombre que le daban y le da San Pablo al altar de los holocaustos. El primer altar que se menciona en el mundo fue el de Noé, después del diluvio. Luego figuran muchos edificados por los patriarcas. Moisés, en su tabernáculo, puso dos: el de los holocaustos y el del timiama o incienso; el primero en el atrio del santuario, el segundo en el santuario mismo. Estos mismos altares más en grande perseveraron en el templo de Salomón y en el de Herodes. Y en el Nuevo Testamento, ya desde el principio los cristianos tuvieron altar para la Eucaristía, como ya lo dice San Pablo.

Forma del altar.- 

El altar puede ser de dos Clases: fijo o portátil. Altar fijo, en el sentido litúrgico, es aquel cuya mesa de piedra está unida con su base o apoyo, que también debe ser de piedra o piedras. Si el altar es completo, de manera que pueda consagrarse, debe ser de una pieza toda la mesa, y unirse al sostén por los cuatro ángulos. La base puede ser maciza, o vacía por su interior, o aún abierta por delante, para exponer reliquias, y aún sustentada con cuatro columnas. Pero este sistema de altar fijo, en todo el rigor de la palabra, no es el más ordinario, y sólo lo suelen tener las Iglesias consagradas o los altares consagrados, con la consagración solemne. Más de ordinario se suele usar el altar portátil, que consiste en una piedra también, a la que solemos llamar ara, pero sencilla y más corta de ordinario, lo suficiente por lo menos para que en ella quepan el cáliz y la patena, y algún copón, si han de consagrar formas. Esta ara se puede poner o encajar en una base o mesa de madera o de piedra, poniéndola en medio, como se ve en la mayor parte de los altares. Sería conveniente que en cada Iglesia el altar mayor fuese de piedra o macizo de ladrillo, aunque la Iglesia sólo estuviere bendecida y no consagrada.

Reliquias del altar.-

Estas aras, que como decimos, son propiamente los altares, deben ser consagradas; más para la validez de esta consagración han de tener lo que se llama el sepulcro de reliquias. Antiguamente, en las catacumbas sobre todo, celebrábanse los sacrificios eucarísticos sobre el cuerpo de algún mártir, sobre alguna piedra, altar o mesa que se ponían sobre el sepulcro de algún mártir que se llamaba confesión. Mas como no es posible tener un cuerpo santo para cada altar, está mandado, bajo pena de nulidad en la consagración, en que todo altar se ponga, al menos, lo que se llama el sepulcro de las reliquias o el martirio. Este sepulcro, si el altar es fijo, ha de estar en medio del ara, por encima, o si se quieren la base por delante o por detrás, o también en la parte superior de la base en el medio. Si el altar es portátil en un hueco de la piedra, que se cubre con otra piedrecita llamada sello, o con un sello de metal, que no sea latón ni hoja de lata. Estas reliquias deben de ser de un mártir; pero se pueden añadir otras de confesores o vírgenes, ya canonizados; deben de ser del mismo cuerpo, no ya del vestido. Y si bien absolutamente sólo se necesitan reliquias de un solo mártir, pero se ha de procurar poner de muchos mártires, a los cuales pueden añadirse las de confesores y vírgenes. De manera que todas las aras que están en los altares han sido antes consagradas por los legítimos Prelados, y contienen alguna reliquia, por lo menos, de mártires, y aún varias, en general de otros Santos.

Bajo el altar.-

Bajo el altar no pueden ponerse otros cuerpos que los de Santos canonizados; por lo mismo no se pueden erigir altares, ni aún portátiles, sobre sepulturas; esto no impide el que haya debajo criptas para enterramientos, aunque el altar caiga sobre alguna de las sepulturas de la cripta. Tampoco se permite, por lo menos en el altar fijo, poner debajo ningún armario en que se guarden los ornamentos y otras cosas, aunque sirvan para el sacrificio.

Altar mayor.- 

En todas las Iglesias hay un altar que se llama altar mayor, que suele ser más amplio y alto y adornado que los otros. Aunque puede ser portátil, pero conviene que imite al fijo y tenga algunas gradas, tres o cinco, y así nos recordará el Calvario. La parte anterior se puede adornar con un frontal de lino, lana, seda, plata, o fijamente con hermosas tallas. En este altar debe estar la imagen del Santo Titular de la Iglesia.

Altares menores.- 

Además del altar mayor hay, o puede haber en la Iglesia, otros altares dedicados a diversos Santos, o sin dedicación alguna, que suelen ser más modestos y tienen una tarima de pie. Tanto uno como otro han de tener medidas convenientes de altura, anchura y largura para celebrar la Misa convenientemente.

El Crucifijo.-

En todo altar debe haber un Crucifijo en medio. Este Crucifijo no debe ser pequeño, sino suficientemente grande para que se vea, y bien colocado para que sobresalga sobre los candelabros y sea visible a los fieles. En las instrucciones de la Visita apostólica de las Iglesias de Roma se declaran suspensas las cruces que no lleguen a 40 centímetros por 22. Y es que la Iglesia quiere que el altar, después de la Eucaristía, lo primero que se note sea la imagen de Jesús sacrificado.

Imágenes.- 

Todos los altares fijos deben dedicarse a algún santo, cuya imagen deben tener delante esculpida o pintada. Y no puede mudarse por otra sin permiso de Roma. También los portátiles suelen tener patrono e imagen. Las imágenes deben ser aprobadas por la Iglesia y, por tanto, conformes a las costumbres y modos recibidos. Y está ordenado en el canon 1.270 que no se pongan en las Iglesias, sin aprobación del Prelado, imágenes insólitas o que faltasen al dogma, o que no tengan la bebida decencia y honestidad, o puedan inducir a error a los sencillos.

Retablo.- 

Es muy frecuente poner ante los altares retablos, que sirven de adorno y devoción. En ellos se suelen colocar muchos santos, en nichos conveniente y artísticamente dispuestos. Algunos retablos son libros tallados de historia sagrada o de historia eclesiástica, o de teología simbólica. También los hay muy indignos de una Iglesia; y sería muy preferible una limpia sencillez a un abigarrado y vulgar montón de adornos. Téngase siempre presente que sobresalga la imagen de Jesucristo crucificado, que es lo más esencial de un altar.

El Tabernáculo.- 

Para guardar el Santísimo Sacramento, se ponen el altar donde ha de guardarse una capilla a propósito y exclusivamente para él, que se llama Tabernáculo. El Santísimo suele guardarse en el altar mayor, de ordinario. Sólo en las catedrales y en otras Iglesias parecidas, porque suelen celebrarse las vísperas y otras funciones en que se vuelve la espalda al altar con frecuencia, se suele poner el Santísimo en otro sitio, con toda decencia y reverencia. Debe ponerse en el Tabernáculo todo esmero. Ha de ser una capillita de ordinario de madera, o de mármoles o metales, chapados por dentro de madera para evitar mejor la humedad, dorada por fuera, cubierta por dentro de seda blanca, o de tisú de plata, o de oro, o también de láminas de oro, o dorada, bien cerrada, bien capaz de contener los vasos sagrados y el viríl. Las puertas sean tales que se pueda ver bien al Señor, aún en las exposiciones privadas. Dentro tiene al Santísimo unos corporales que deben mudarse con frecuencia. Fuera, las puertas deben ser bien ricas y adornadas con símbolos o imágenes de Nuestro Señor. Dentro no debe ponerse nada si no es el Santísimo con sus vasos. Su llave debe ser hermosa y cuando no es necesario, retírese y guárdese con cuidado. Corresponde guardar la llave al párroco o algún sacerdote.

Respeto al Tabernáculo.- 

Ante el Tabernáculo no debe ponerse nada, ni flores, ni imágenes, ni aún el crucifijo de ordinario. Sobre el Tabernáculo se puede poner la cruz, pero no otras imágenes, ni flores, ni reliquias. El Tabernáculo debe estar cubierto de un conopeo o guardapolvo, como de un pabellón que lo guarde y cubra todo, al menos el frente y los lados del Tabernáculo; puede ser de seda o de algodón, lana, lino, y blanco o del color del oficio, excepto el negro. Dentro puede tener una cortinilla, pero no es obligatoria.

Lámpara.-

Debe, en el altar en que está el Santísimo, arder una lámpara que señale a todos la presencia de la verdadera luz del mundo, Jesucristo. Y por cierto, este precepto es grave bajo pecado si se descuidase voluntariamente mucho tiempo. Debe la lámpara ser de aceite de olivas, símbolo de luz, alimento y medicina, o también de cera. Pero con justa causa los Prelados pueden permitir el uso de otros aceites vegetales.

El Trono.- 

Sobre el altar y arriba del Tabernáculo se pone un trono donde en la custodia se expone al Santísimo al pueblo en los días solemnes con la debida autorización. Suele ser un templete de variada forma, según el gusto, y más o menos rico, según los recursos. Y siempre que se expone solemnemente el Santísimo, se debe colocar en él la custodia, a no ser cuando se trata de una exposición breve, en cuyo caso se puede colocar en el altar mismo.  Puede muy bien constar de un dosel sobre cuatro columnas, con una cortinilla delante, que se puede bajar y alzar, para ocultarlo si es necesario, y con facilidad de subir.

Ornato del altar.- 

Sobre el altar deben ponerse tres toallas o manteles benditos, limpios, los dos primeros que cubran el altar o cuando minosla piedra o el ara, y pueden ser uno en dos dobles; el superior debe ser más largo y de tal que por los dos lados caiga hasta el suelo. Deben ser de lino, o de algodón, si no se puede de lino. El mantel superior suele tener muchas veces por la parte anterior algunos encajes que sirven de ornato, y a veces aun tienen alguna tela de seda de color como fondo para mayor ornato. También son ornato propísimo y aun necesario del altar, los candelabros, que en el mayor deben de ser seis o tres brazos; aunque éstos pueden, si se quiere, usarse, en las exposiciones, además de los seis de la liturgia. Cuando hay reliquias se las colocas en el altar en estuches preciosos, cubiertos en general, y expuestos cuando ha de venerárselos, con luces encendidas.

Limpieza.-

Débese conservar el altar limpísimo, pues es el sitio más digno y santo de la iglesia. Nada en él sea sucio, nada roto, nada destrozado. Para mejor conservarlo se puede cubrir durante el día con un tapete decente y adornado, que se quite durante la misa; pero no con esos hules o badanas que se estilan en algunos sitios y que dan al altar, con pretexto de limpieza, un verdadero aspecto de suciedad. Los fieles deben de ayudar todo cuanto puedan al párroco o capellán para que pueda tener este sitio como conviene, preciándose de que el altar sea lo más digno que se pueda.

                                                                           Fuente: Vilariño.

La Iglesia

 La Iglesia cristiana.-  

La Iglesia significa convocación, congregación, reunión de los fieles; pero también se aplica, de ordinario, al sitio en que se reúnen para el culto.

Basílica se llamó desde el siglo IV a las Iglesias que se edificaban o en edificios que habían servido de basílicas, o en templos suntuosos que verdaderamente eran regios, que es lo que significa basílico.

Origen de la Iglesia.-  

Siempre todas las naciones han tenido sitios destinados al culto divino y circunscrito por algún edificio.

Los primeros cristianos al principio se reunían  en el templo de Jerusalén, luego en casas particulares, para celebrar el sacrificio eucarístico. Luego en sitios destinados para ello, ya en casas particulares especiales, ya en cementerios, y en Roma especialmente en las catacumbas, donde ponían algunos sitios más espaciosos y acomodados, como hoy puede verse, en los que celebraban sus reuniones y los misterios divinos y administraban los Sacramentos. Cuando Constantino dio la paz a la Iglesia, comenzaron a edificarse templos especiales, y aún a aprovecharse para ello de edificios antiguos y públicos, si bien prefirieron en general hacerlos nuevos, y poco a poco fueron adoptando cierto como tipo marcado a propósito para el culto cristiano.

La Iglesia, las De Dios y de los fieles.-

La Iglesia se considera entre los cristianos como casa de Dios; no porque se crea que sólo en ella Dios habita; antes sabemos que Dios habita en todas partes; sino porque se dedica por la autoridad eclesiástica aquel sitio expresamente al culto cristiano. Y más bien que por Dios se hace esto por los fieles, para que tengan un sitio en que reunirse independiente y tranquilamente, lejos de los negocios profanos, para darse a Dios y las cosas divinas.

División de la Iglesia.- 

La Iglesia, en general, tiene en su interior esta división: delante está el presbisterio, en el fondo o parte oriental de la Iglesia. Se llama presbisterio, porque en él están los presbíteros. En él se ofrece el sacrificio de la Misa. En él está el Altar, con el crucifijo, los candeleros, etc.

Suele tener a los lados dos  púlpitos o ambones para las lecturas de los Evangelios  y Escrituras Santas, y para la predicación. El pueblo se coloca en todo lo del templo, que se extiende desde el presbiterio hasta el pórtico. Antiguamente solían estar separados las mujeres de los hombres, unos a un lado y otras a otro. Algunas Iglesias tenían y tienen tribunas o galerías altas, y una de ellas, la que está sobre la entrada, sirve de coro muchas veces. En el vestíbulo o pórtico solían antiguamente colocarse los fieles que estaban sujetos a alguna penitencia; algunos tenían que estar a la puerta pidiendo perdón a los fieles a quienes había escandalizado; se llaman flentes; otros podían entrar a la hora del sermón, y se llamaban audientes; otros podían entrar mientras se decían por ellos oraciones, y como permanecían de rodillas, se llamaban prostrati; otros, en fin, asistían a los oficios de pie, pero no comulgaban.

Respeto en la Iglesia.-

En la Iglesia ha de guardarse mucho respeto, como en la casa De Dios. Deben evitarse en ella todas otras acciones que las de culto y piedad. Por costumbre ya antiquísima y digna se guarda absoluto silencio de otras cosas que las oraciones y cánticos. Debe tenerse muy buena compostura y recogimiento. No que sea pecado hablar moderadamente algo sobretodo necesario o de cortesía, con tal que no perturbe a los demás. Pero debe evitarse con cuidado toda profanación.

Violación de las Iglesias.- 

Las Iglesias se violan, de tal modo, que hasta que se reconcilie de nuevo no se pueden en ellas celebrar los divinos oficios, por los siguientes actos: 1., por el delito de homicidio; 2., por injusto y grave derramamiento de sangre; 3., por aplicar la Iglesia a usos impíos o indecentes; 4., por sepultura de infiel o excomulgado con sentencia declaratoria o condenatoria. Y para que sirva de nuevo es necesario reconciliarla con su rito correspondiente.

                                                                           Fuente: Vilariño.

Introducción a Laudes

Lo primero que tenemos que saber es que, en líneas generales, la estructura de Laudes y Visperas es similar. Todos los Laudes y Visperas de nuestro Diurnal van a ser semejantes a esta estructura salvo casos muy especiales (Semana Santa).

Pongo la estructura en español para aquellos que no estén familiarizados con el latín:

  1. Dios mío, ven en mi auxilio.
  2. Señor, date prisa en socorrerme.
  3. Gloria al Padre. Como era.
  4. Aleluya (tiempo de Navidad, Epifanía, post Epifania, Pascual, Pentecostés y después de Pentecostés) o Te alabamos Señor Rey de eterna gloria (Adviento, Cuaresma y tiempo de Pasión).
  5. Antífona. (Antes y después de cada Salmo o cántico se dice la antífona correspondiente y al terminarlo, se repite. Se elige la correspondiente al tiempo litúrgico).
  6. Cuatro Salmos y un cántico, (el número 4)).
  7. Capítulo.
  8. Demos  gracias a Dios.
  9. Himno.
  10. Verso con Responsorio.
  11. Antífona del Benedictus.
  12. Benedictus con Gloria al Padre. Como era.
  13. Se repite la antífona del Benedictus.
  14. Preces, si han de decirse (fundamentalmente en miércoles, viernes, sábado de Adviento, Cuaresma, tiempo de Pasión).
  15. El Señor esté con vosotros y con tu Espíritu (si es Sacerdote quien lo reza), o Señor escucha nuestra oración y llegue a ti nuestro clamor (si es un monje no sacerdote o un seglar).
  16. Oremos. Oración.
  17. Conmemoraciones de los Santos, si la hubiere.
  18. El Señor esté con vosotros y con tu Espíritu (si es Sacerdote quien lo reza), o Señor escucha nuestra oración y llegue a ti nuestro clamor (si es un monje no sacerdote o un seglar).
  19. Bendigamos al Señor. Demos gracias a Dios.
  20. Las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén.

Tengamos presente que en el Diurnal existen dos esquemas de Laudes para cada día de la semana: Laudes I y Laudes II.

Laudes I: Se utiliza fundamentalmente en los tiempos festivos, tiempo post Epifanía, tiempo pascual, tiempo después de Pentecostés.

Laudes II: Se reza en tiempo de Adviento, Cuaresma, Pasión y en los días de las 4 Témporas de todo el año.

Tanto en el esquema de Laudes I como en Laudes II, después de los salmos vienen varias colecciones de capítulos, himnos y versículos. Lógicamente solo hay que rezar la que corresponda al tiempo litúrgico en que nos encontremos. Se omiten las otras.

Estas colecciones de capítulos, himnos y versículos son las siguientes:

Laudes I: Per annum (tiempo después de Epifanía y después de Pentecostés), y tiempo pascual. No tiene preces.

Laudes II: Tiempo de Adviento, de Septuagésima, de Cuaresma, de Pasión. Incluye las preces que se rezan los miércoles, viernes y sábados en Laudes.

Con lo dicho hasta el momento, ya sabemos lo básico para rezar pero nos queda saber distinguir la prelación entre las fiestas.

Por un lado, hay que saber combinar los tiempos litúrgicos (Adviento, Navidad, Epifanía, post Epifanía, Septuagésima, Cuaresma, Pasión, Semana Santa, Pascua, Pentecostés,  post Pentecostés) con las fiestas del Señor, la Virgen y los Santos.

Pero esta explicación queda para la siguiente entrega.