Domingo de Septuagésima

TEXTOS DE LA MISA EN ESPAÑOL

INTROITO Salmo 17, 5-7; 2-3

Me cercaron angustias de muerte; dolores de infierno me rodearon: y en mi tribulación invoqué al señor, y Él oyó mi voz desde su santo templo. V/. Te amaré, Señor, fortaleza mía: el Señor es mi fortaleza y mi refugio, y mi libertador. V/.  Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre,  por los siglos de los siglos. Amén. 

COLECTA

Te rogamos, Señor, escuches benignamente las oraciones de tu pueblo, haciendo que los que nos sentimos justamente atormentados a consecuencia de nuestros pecados, seamos salvos misericordiosamente para honra de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

EPÍSTOLA  1 Corintios 9, 24-27; 10, 1-5

Lectura de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Corintios

Hermanos: ¿No sabéis que los atletas que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero uno sólo alcanza el premio? Corred vosotros de tal manera que lo alcancéis. Todo el que quiere luchar, de todo se abstiene: y esto lo hace por recibir una corona corruptible: en tanto que nosotros aspiramos a una incorruptible. Por eso yo corro no como quien corre a la aventura: y peleo, no como quien azota al viento; sino que castigo mi cuerpo y lo reduzco a servidumbre, temeroso de que, después de predicar a los demás, resulte yo reprobado. Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres estuvieron todos a la sombra de la nube en el desierto, y todos pasaron el mar, y todos dirigidos por Moisés, fueron bautizados en la nube y en el mar: y todos comieron un mismo manjar espiritual y bebieron la misma bebida espiritual (porque bebían de una piedra misteriosa que los iba siguiendo, piedra que era figura de Cristo): más aun así, muchos de ellos desagradaron a Dios.

GRADUAL Salmo 9, 10-11, 19-20

Tú eres, oh Señor, nuestro socorro en los trances difíciles y en la tribulación: esperen en Ti los que te conocen, porque no abandonas a los que te buscan. V/. Porque el desvalido no será siempre olvidado: la paciencia de los afligidos no se verá frustrada para siempre: levántate, Señor, y que no triunfe el hombre impío.

TRACTO Salmo 129, 1-4

Desde lo más profundo he clamado a Ti, Señor: Señor, oye mi voz. V/.  Presta oídos a la oración de tu siervo. V/. Si tienes en cuenta nuestras culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir delante de Ti? V/.  Pero en Ti se encuentra el perdón, y confiado en tus palabras espero en Ti, oh Señor.

EVANGELIO Mateo 20, 1-16

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: semejante es el reino de los cielos a un hombre, padre de familias, que salió muy de mañana a ajustar trabajadores para su viña. Y habiendo convenido con los trabajadores en un denario por día, los envió a su viña. Y saliendo a eso del a hora de tercia, vio otros en la plaza que estaban ociosos, y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré el salario justo. Y ellos fueron. Volvió a salir a eso de la hora de sexta y de nona, e hizo lo mismo. Salió por fin a eso de la hora de vísperas, y vio a otros que se estaban allí, y les dijo: ¿Qué hacéis aquí, todo el día ociosos? Y ellos le respondieron: Porque ninguno nos ha contratado. Les dice: Id también vosotros a mi viña. Y al llegar la noche, dijo el dueño de la viña a su mayordomo: Llama a los trabajadores, y págales su jornal, comenzando desde los últimos hasta los primeros. Cuando vinieron los que habían ido a eso de la hora de vísperas, recibieron cada cual un denario. Y cuando llegaron los primeros, creyeron que recibirían más; pero no recibió sino un denario cada uno: Y al recibirlo murmuraban contra el padre de familias, diciendo: Estos últimos sólo han trabajado una hora, y los has igualado con nosotros, que hemos soportado el peso del día y del calor. Mas él respondió a uno de ellos, y le dijo: Amigo, no te hago ningún agravio: ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete: pues yo quiero dar a este último tanto como a ti. ¿O es que no puedo yo hacer de lo mío lo que quiero? ¿Acaso tu ojo es malo, porque yo soy bueno? Así que los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos. Porque muchos son los llamados, mas pocos los escogidos.

Se dice Credo 

OFERTORIO Salmo 91, 2

Bueno es alabar al Señor y cantar salmos a tu nombre, ¡oh Altísimo!

SECRETA

Ya que has recibido, oh Señor, nuestras oraciones y ofrendas, purifícanos con estos santos misterios y despacha favorablemente nuestros ruegos.  Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro:

 COMUNIÓN Salmo 30, 17-18

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo y sálvame por tu misericordia: Señor, no sea confundido, pues yo te he invocado.

 POSCOMUNIÓN

Haz, oh Dios, que tus fieles se sientan fortalecidos con tus dones; para que, recibiéndolos, más y más los busquen, y buscándolos, eternamente los gusten. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

TEXTOS DE LA MISA EN LATIN

Dominica in Septuagesima


II Classis

Introitus: Ps. xvii: 5, 6, 7.

Circumdedérunt me gémitus mortis, dolóres inférni circumdedérunt me: et in tribulatióne mea invocávi Dóminum, et exaudívit de templo sancto suo vocem meam. [Ps. ibid., 2-3]  Díligam te, Dómine, fortitúdo mea: Dóminus firmaméntum meum, et refúgium meum, et liberátor meus. Glória Patri.  Circumdedérunt.

Oratio:

Preces pópuli tui quǽsumus, Dómine, cleménter exáudi: ut, qui juste pro peccátis nostris afflígimur, pro tui nóminis glória misericórditer liberémur. Per Dóminum.

1 Cor. ix: 24-27; x: 1-5

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios.


Fratres: Nescítis quod ii, qui in stádio currunt, omnes quidem currunt, sed unus áccipit bravíum?  Sic cúrrite, ut comprehendátis.  Omnis autem, qui in agóne conténdit, ab ómnibus se ábstinet: et illi quidem ut corruptíbilem corónam accípiant; nos autem incorrúptam.  Ego ígitur sic curro, non quasi in incértum: sic pugno, non quasi áërem vérberans: sed castígo corpus meum, et in servitútem rédigo: ne forte cum áliis prædicáverim, ipse réprobus effíciar.  Nolo enim vos ignoráre, fratres, quóniam patres nostri omnes sub nube fuérunt, et omnes mare transiérunt, et omnes in Móyse baptizáti sunt in nube, et in mari: et omnes eámdem escam spiritálem manducavérunt, et omnes eúmdem potum spiritálem bibérunt: (bibébant autem de spiritáli, consequénte eos, petra: petra autem erat Christus): sed non in plúribus eórum beneplácitum est Deo.

 Graduale: Ps. ix. 10-11, 19-20

Adjútor in opportunitátibus, in tribulatióne: sperent in te, qui novérunt te: quóniam non derelínquis quæréntes te, Dómine. v.  Quóniam non in finem oblívio erit páuperis: patiéntia páuperum non períbit in ætérnum: exsúrge Dómine, non præváleat homo.

 Tractus: Ps. cxxix: 1-4

De profúndis clamávi ad te, Dómine: Dómine exáudi vocem meam.  v.  Fiant aures tuæ intendéntes in oratiónem servi tui. v.  Si iniquitátes observáveris, Dómine: Dómine quis sustinébit?  v.  Quia apud te propitiátio est, et propter legem tuam sustínui te, Dómine.

 Matth. 20. 1-16


+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthæum.

In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis parábolam hanc: «Símile est regnum cælórum hómini patrifamílias, qui éxiit primo mane condúcere operários in víneam suam. Conventióne autem facta cum operáriis ex denário diúrno, misit eos in víneam suam. Et egréssus circa horam tértiam, vidit álios stantes in foro otiósos, et dixit illis: Ite et vos in víneam meam, et quod justum fúerit, dabo vobis. Illi autem abiérunt. Iterum autem éxiit circa sextam et nonam horam: et fecit simíliter. Circa undécimam vero éxiit, et invénit álios stantes, et dicit illis: Quid hic statis tota die otiósi? Dicunt ei: Quia nemo nos condúxit. Dicit illis: Ite et vos in víneam meam. Cum sero autem factum esset, dicit dóminus víneæ procuratóri suo: Voca operários, et redde illis mercédem incípiens a novíssimis usque ad primos. Cum veníssent ergo qui circa undécimam horam vénerant, accepérunt síngulos denários. Veniéntes autem et primi, arbitráti sunt quod plus essent acceptúri: accepérunt autem et ipsi síngulos denários. Et accipiéntes murmurábant advérsus patremfamílias, dicéntes: «Hi novíssimi una hora fecérunt, et pares illos nobis fecísti, qui portávimus pondus diéi, et æstus.» At ille respóndens uni eórum, dixit: «Amíce non fácio tibi injúriam: nonne ex denário convenísti mecum? Tolle quod tuum est, et vade: volo autem et huic novíssimo dare sicut et tibi. Aut non licet mihi, quod volo, fácere? an óculus tuus nequam est, quia ego bonus sum?» Sic erunt novíssimi primi, et primi novíssimi. Multi enim sunt vocáti, pauci vero elécti.»

Credo

Offertorium: Ps. 91. 2

Bonum est confitéri Dómino, et psállere nómini tuo, Altíssime.

 Secreta

Munéribus nostris quǽsumus, Dómine, precibúsque suscéptis; et cæléstibus nos munda mystériis, et cleménter exáudi. Per Dóminum.

Communio: Ps. xxx: 17-18

Illúmina fáciem tuam super servum tuum, et salvum me fac in tua misericórdia: Dómine non confúndar, quóniam invocávi te.

Postcommunio

Fidéles tui Deus per tua dona firméntur: ut éadem et percipiéndo requírant, et quæréndo sine fine percípiant. Per Dóminum.

Mística del tiempo de Septuagésima

MISTICA DEL TIEMPO DE SEPTUAGESIMA

El Tiempo que empezamos, encierra profundos misterios que no son exclusivos de las tres semanas que debemos recorrer hasta llegar a la santa Cuaresma, sino que se extienden al período entero que nos separa de la gran solemnidad pascual.

Dos ÉPOCAS. —

El número septenario es el fundamento de estos misterios. «Hay dos tiempos, dice San Agustín en su Explicación del salmo CXLVIII: el uno se desarrolla ahora entre las tentaciones y tribulaciones de esta vida; el otro transcurrirá en seguridad y alegría eternas. Celebramos ambos; el primero antes de Pascua, el segundo después de Pascua. El tiempo antes de Pascua expresa los apuros de la vida presente, el tiempo después de Pascua significa la bienaventuranza que gozaremos un día. Esta es la razón de por qué pasamos el primer período de que hablamos en ayuno y oración, mientras el segundo está consagrado a cánticos de alegría y entre tanto se suspenden los ayunos.»

DOS LUGARES. —

La Iglesia, intérprete autorizada de las Sagradas Escrituras, nos muestra, en conexión directa con los dos tiempos de San Agustín, a las dos ciudades de Babilonia y Jerusalén. La primera es símbolo de este mundo pecador; el cristiano ha de vivir aquí el tiempo de prueba. La segunda es la patria celestial, donde descansará de sus luchas. El pueblo de Israel, cuya historia toda no es más que una figura grandiosa del género humano, se vio realmente desterrado de Jerusalén y cautivo en Babilonia.

La cautividad de Babilonia duró 70 años. Para expresar este misterio ha fijado la Iglesia, según Alcuino, Amalario, Ivo de Chartres y en general todos los liturgistas de la edad media, el número septuagenario para los días de expiación, tomando, conforme al uso de las Sagradas Escrituras, el número empezado por el completo y acabado.

LAS SIETE EDADES DEL MUNDO. —

La duración misma del mundo, conforme a las antiguas tradiciones cristianas, se divide en siete períodos. El género humano ha de recorrer siete etapas antes de que surja el día de la vida eterna. La primera se extendió desde la creación de Adán hasta Noé; la segunda desde Noé y el diluvio hasta la vocación de Abrahán; la tercera comienza con este primer esbozo del pueblo de Dios y va hasta Moisés, por cuya mano dió el Señor la ley; la cuarta abarca desde Moisés a David, por quien empieza a reinar la casa de Judá; la quinta comprende la serie de siglos desde el reino de David hasta el cautiverio del pueblo judio en Babilonia; la sexta se extiende desde la vuelta del cautiverio hasta el nacimiento de Jesucristo. Llega finalmente la edad séptima; se abre con la aparición del Sol de justicia y ha de perdurar hasta el advenimiento del Juez de vivos y muertos. Estas son las grandes divisiones de los tiempos, tras las cuales no habrá más que eternidad.

EL SEPTENARIO DE ALEGRÍA. —

Para alentar nuestros corazones en medio de los combates que jalonan el sendero de la vida, la Iglesia nos muestra otro septenario que debe seguir al que vamos a recorrer. Después de una Septuagésima de tristeza llegará Pascua con sus siete semanas de alegría a traernos un anticipo de los consuelos y delicias del cielo. Después de haber ayunado con Cristo y de haberle compadecido en su pasión, resucitaremos con él y nuestros corazones le seguirán hasta el cielo empíreo.

Poco después sentiremos descender hasta nosotros al Espíritu Santo con sus siete dones. Así la celebración de tales y tantas maravillas reclamará de nuestra parte nada menos que siete semanas completas, desde Pascua a Pentecostés.

TIEMPO DE TRISTEZA. —

Después de haber lanzado una mirada de esperanza a este futuro consolador, es menester volver a las realidades presentes. ¿Qué papel representamos en este mundo? El de desterrados, cautivos, al alcance de todos los peligros que Babilonia entraña. Si amamos la patria, si tenemos empeño en volverla a ver, debemos repudiar los falsos atractivos de esta pérfida extranjera y arrojar lejos de nuestros labios la copa que embriaga a muchísimos de nuestros compañeros de cautiverio.

Nos convida seductora a juegos y placeres, pero debemos colgar nuestras arpas en los sauces de sus ríos, hasta que nos sea franqueada la entrada en Jerusalén. Pretende decidirnos a entonar al menos los cánticos de Sión en su recinto, como si nuestro corazón pudiese encontrar satisfacción lejos de la patria, cuando un destierro eterno sería la expiación de nuestra infidelidad; mas «¿cómo podríamos cantar los cánticos del Señor en tierra extranjera?”.

RITOS DE PENITENCIA. —

Estos sentimientos quiere infundirnos la Santa Madre Iglesia durante estos días; llama nuestra atención sobre los peligros que nos rodean dentro de nosotros mismos y en las criaturas que nos circundan. En el trascurso del año nos espolea a repetir el canto del cielo, el alegre alleluia, y henos aquí que hoy su mano sella nuestros labios y nos reprime el grito de alegría que no ha de resonar en Babilonia: «Estamos en camino, lejos del Señor». Reservemos nuestros cánticos de alegría hasta llegar a El. Somos pecadores y con excesiva frecuencia cómplices de los infieles; purifiquémonos por el arrepentimiento, porque está escrito: «las alabanzas del Señor pierden su hermosura en labios del pecador».

La nota más característica del tiempo en que entramos es la supresión del Alleluia; no volverá a oírse en la tierra hasta que, habiendo muerto con Cristo, resucitemos con él para una vida nueva.

También se nos quita el cántico de los ángeles, el Gloría in excelsis Deo, que hemos cantado todos los domingos desde la Navidad del Redentor;

sólo podremos cantarlo los días entre semana en que se celebre la fiesta de algún Santo. El Oficio de la noche del domingo perderá igualmente, hasta Pascua, el Himno Ambrosiano, Te Deum laudamus. Al fin del Sacrificio el diácono no despedirá ya a la asamblea con estas palabras: Ite, Missa est; se limitará a invitar al pueblo cristiano a continuar su oración en silencio, bendiciendo al Dios de la misericordia, que nos sufre a pesar de nuestras iniquidades.

Después del Gradual de la Misa, en lugar del triple Alleluia que preparaba nuestros corazones a abrirse para escuchar la voz del mismo Señor con la lectura del Evangelio, oiremos la expresiva melodía del Tracto. Expresará sentimientos de arrepentimiento, de súplica angustiosa, de humilde confianza, sentimientos que debemos asimilarnos nosotros en estos días.

OTROS RITOS LITÚRGICOS. —

Para que también nuestros ojos se den cuenta de que la etapa en que penetramos, es un tiempo de duelo, el color ordinario de los ornamentos será el morado, siempre que no se celebre una fiesta de Santo. Mas hasta el Miércoles de ceniza, el diácono y subdiácono continuarán usando dalmática y túnica; pero a partir de este día se despojarán de esos vestidos de alegría, esperando que la austera Cuaresma inspire a la Santa Iglesia la exteriorización, más y más acentuada cada día, de sus tristezas por la supresión de todo lo que podría recordar aún en parte el esplendor con que solía rodear los altares en otras épocas.

(Gueranger, El año litúrgico)

Historia del tiempo de Septuagésima

SU IMPORTANCIA. —

El tiempo de Septuagésima abarca las tres semanas que preceden inmediatamente a la Cuaresma. Constituye una de las principales divisiones del Año Litúrgico, y se desarrolla en tres secciones semanales, de las que la primera se llama propiamente Septuagésima, la segunda Sexagésima y la tercera Quincuagésima.

Es evidente que estos nombres expresan mera relación numérica con la palabra Cuadragésima de la que se deriva la palabra española Cuaresma. Ahora bien, la palabra Cuadragésima señala la serie de cuarenta días que hay que recorrer para llegar a la solemnidad de la Pascua. Las palabras Quincuagésima, Sexagésima y Septuagésima nos anuncian la misma solemnidad en una lejanía más acentuada; mas no por eso la Pascua deja de ser el gran asunto que empieza a considerar la Santa Madre Iglesia y que ésta propone a sus hijos como fin a que desde luego han de enderezar todos sus deseos y esfuerzos.

Exige, pues, la Pascua como preparación cuarenta días de recogimiento y penitencia; este tiempo es la palanca más potente de que echa mano la Iglesia para remover en el corazón y en el espíritu de los fieles el vivo sentimiento de su vocación. Asunto de capital importancia para ellos es no dejar que este período de gracias transcurra sin provecho en el mejoramiento, en la renovación de toda su vida. Era, por tanto, conveniente disponerlos a este tiempo de salud, ya de suyo una preparación, a fin de que, amortiguándose poco a poco en sus corazones las algazaras mundanales, escuchasen con atención el grave aviso que la misma Iglesia les dará al imponerles la ceniza en la cabeza.

ORIGEN. —

La historia de la Septuagésima se halla íntimamente ligada con la de Cuaresma. En efecto, en pleno siglo v, la Cuaresma comenzaba el domingo VI antes de Pascua (actual domingo I de Cuaresma), y comprendía los cuarenta días finalizados el Jueves Santo, considerado en la antigüedad cristiana como el primer día del Misterio Pascual. No se ayunaba el domingo; y, por consiguiente, no había, hablando con exactitud, más que 34 días de ayuno efectivo (36 con el Viernes y Sábado Santo). El deseo de imitar el ayuno del Señor, indujo a algunas almas más fervorosas a comenzarle algunos días antes.

QUINCUAGÉSIMA. —

Vemos aparecer por primera vez esta observancia completa en el siglo V San Máximo de Turín, en su Sermón 26 predicado hacia el año 451, la reprueba y advierte que la Cuaresma empieza el domingo de Cuadragésima; pero en el Sermón 36 del año 465 la autoriza, considerándola muy generalizada entre los fieles.

En el siglo VI escribe San Cesáreo de Arlés, en su Regla a las Vírgenes, que se ha de empezar el ayuno una semana antes de la Cuaresma. Desde entonces, pues, existe la Quincuagésima, al menos en los monasterios. El primer concilio de Orleans, celebrado el año 511, ordena que antes de Pascua observen los fieles la Cuadragésima y no la Quincuagésima, a fin de «mantener, dice el canon 26, la unidad de los usos». Los concilios de Orange, de 511 y 541 respectivamente, censuran el mismo abuso y prohiben ayunar antes de Cuadragésima. Hacia el año 520 señala el autor del Líber Pontificalis la costumbre de anticipar una semana la Cuaresma; mas parece que esta costumbre estaba aún poco extendida.

SEXAGÉSIMA. —

Pronto se amplió el período consagrado al ayuno, y una nueva semana vino a sumarse a la Quincuagésima. Hallamos mencionada por primera vez la Sexagésima en la Regla de San Cesáreo para Monjes, antes de 542. El IV concilio de Orleans, en 541, la menciona en son de defensa del ayuno anticipado.

SEPTUAGÉSIMA. —

Viene finalmente en Roma la Septuagésima al terminar el siglo VI o al empezar el VII. La menciona San Gregorio Magno (594-604) en sus homilías. Poco a poco se extendieron los usos litúrgicos a la Italia septentrional con Milán a la cabeza, y después, merced a la acción de los carolingios, a toda Europa occidental. Inglaterra los aceptó al fin del siglo VII e Irlanda después del siglo IX. Aunque se observaba el ayuno en Quincuagésima y Sexagésima, parece ser que Septuagésima consistía en sus comienzos en la mera celebración litúrgica, sin ayuno, hasta que le impusieron en el siglo IX los concilios francos.

SUPRESIÓN DEL ALELUYA. —

Vemos por Amalario que a principios del siglo ix se suspendía el Alleluia y el Gloria in excelsis Deo en Septuagésima. Se avinieron los monjes a esta costumbre aunque San Benito disponía lo contrario. Algunos son de parecer que San Gregorio VII (1073-1085) suprimió el oficio aleluyático, en uso hasta entonces en el domingo de Septuagésima.  Se trata de las antífonas aleluyáticas de Laudes. San Gregorio VII, al parecer, las reemplazó por las del oficio de Sexagésima y dotó a este último de nuevas antífonas. Da testimonio del hecho el Ordo Ecclesiae Lateranensis del siglo XII. Gregorio VII fue, quizás, quien anticipó la supresión del aleluya al sábado anterior a Septuagésima.

Así llegó a fijarse definitivamente, tras varios tanteos, este tiempo del Año Litúrgico. Dependiente de la fecha de Pascua, está sujeto, por tanto, al avance o retroceso consiguiente a la movilidad de dicha fiesta. Se suelen llamar el 18 de enero y el 22 de febrero Llaves de Septuagésima porque el domingo de este nombre no puede caer ni antes de la primera fecha ni después de la segunda.

(Gueranger, El año litúrgico)

Vida de Ceferino Namuncura Parte III

Dignas de mencionar, las palabras del Papa Pío X, cuando se entera de la muerte de Ceferino: “Era una bella esperanza para las misiones de la Patagonia, pero es ahora y será su más válido protector”!

Fue enterrado al día siguiente, en el Cementerio Popular de Roma, en Campoverano, con presencia de salesianos y pocos compañeros de estudios.

Su  causa fue elevada en el año 1.944 por el postulador, Francesco Tomasetti, pero fue desde 1.911 poco tiempo después de su muerte, que se inicia el largo derrotero en la construcción de su figura de santidad.

Si alguna duda pudiera empañar la santidad de este joven, apoyaremos su defensa  en un instrumento humano del que se valió Dios para acrecentar en el corazón de nuestro querido Ceferino, tan nobles ideales de vida y que fue sin duda también, el Padre Juan Beraldi. Hecho que el mismo Ceferino reconoce en carta fechada en la ciudad de Viedma, el 26 de agosto de 1.903, cuando con expresiones que revelan su tierna piedad y las maravillas obradas en su alma por la gracia de Dios, le comenta: “Mi óptimo confesor me permitió la Comunión todos los días y yo trato de hacerla fervorosamente. Si ahora yo gozo de las dulzuras del amor de Jesús, todo se lo debo  a Ud., amadísimo Padre, que introduciendo en mi pobre corazón el amor a la Virgen, me condujo, sin darme cuenta, a conocer y amar a Jesús. Los mismos regalitos que Ud., desde Buenos Aires me quiso mandar, son un dulcísimo recuerdo de las cristianas enseñanzas, que con tan paciencia supo hacer penetrar hasta lo más profundo de mi alma”

Asimismo, el 15 de noviembre de 1.904, vuelve a escribirle al Padre Beraldi, en los siguientes términos: “…cuán dulce y suaves suenan en mis oídos estos lugares queridos: Roma, el santuario de María Auxiliadora  y la tumba de Don Bosco. Al honor de la verdad le digo, cuando toco estos santos temas, las lágrimas saltan a mis ojos: me parece ver siempre al venerable anciano de Roma; a la bendita Auxiliadora de su santuario y a Don Bosco en su tumba, me parece verlos en persona…de noche me sigue en mis dulces sueños y hablo con ellos. ¡Oh cuantos consuelos!..Padre Juan, rece mucho al buen Jesús y a Maria Auxiliadora, que me ayuden en mis estudios y pueda poner pronto la sotana, vestirme de una vez para siempre de luto…Mons. Cagliero está en Roma….”

El 30 de noviembre de 1.904, le escribe a Faustino Firpo en Buenos Aires, y le comenta entre otras cosas de sus estudios y ..”…Monseñor Cagliero está entre nosotros desde hace dos días. Ha venido a visitarme. Se irá mañana sábado a Roma,…Es el único amigo que tengo cerca en Italia. Es mi patrón, porque él me puso en el colegio y atiende mi educación, que algún día saldremos como el Señor disponga…”

En  nuestro caso, es el propio Ceferino que nos ha guiado hasta encontrar un libro editado en el año 1.947 y escrito por un gran católico, un gran escritor revisionista argentino, (Manuel Gálvez). (“El Santito de la Toldería- La vida de Ceferino Namuncurá), y hacemos nuestras sus palabras cuando dice: “Creo que la existencia de quien alcanza la perfección cristiana, lejos de ser oscura es luminosa”.

El autor hablando del porqué había escrito sobre la vida de Ceferino, un oscuro indiecito que pasó ignorado por este mundo y que nada hizo de importante. Explica que después de haber biografado a personajes tan importantes y famosos como Sarmiento, Juan Manuel de Rosas, García Moreno, Esquiú, etc. sostiene que no hay ser más interesante e importante que el santo, que tampoco tiene autoridad para afirmar que Ceferino lo fuese; pero más que sus virtudes y sus formidables antepasados, el autor hace un contraste (muy interesante por cierto), entre el ambiente en que nació, la pampa bárbara y el ambiente en que vivió, la Roma de San Pío X y que no ha habido en el mundo una posición igual. En la pampa de Calfulcurá y de Namuncurá, sangre, violencias, saqueos, latrocinios, corrupción, ignorancia absoluta, paganismo. En el ambiente que rodeó a Ceferino en sus últimos meses, la Iglesia de Cristo, la bondad del Santo padre, la cultura latina y cristiana.  Con pocos años de diferencia, el hijo de la Pampa, que oye entre los suyos los relatos de los malones, oirá la palabra del representante de Cristo y las voces maravillosas del órgano de San Pedro del Vaticano ¿No es un milagro aquellos de haber pasado desde los ranchos juntos al Collon-Curá hasta la capilla Sixtina, en el palacios de los Papas, junto al clásico Tiber?. En una isleta dentro de este río que fue cantado por los poetas latinos, murió el que había nacido en los míseros y sucios ranchos de Chimbay?….(El hospital donde muere Ceferino está ubicado en el lado occidental de la isla Tiberiana en Roma. Establecido allí en 1.585)

El contraste es grande, es asombroso….verdad? y así lo  ha sentido Galvez ante los ascendiente de Ceferino “el indiecito santo”, el nieto del genial cacique Piedra Azul.

Ceferino Namuncurá, ruega por nosotros….

+ + +

Oración del Siervo de Dios Ceferino Namuncurá

Algunas Perlitas:

1) El “quillango” que Ceferino regala a San Pío X, es una manta típica de guanaco, que usan los pueblos indígenas. (poncho).

2) Cuando Ceferino estuvo como pupilo en el Colegio Pío IX de Buenos Aires, en dos cursos más superiores, tenia como compañero, a Carlos Gardel y, en un concurso  de canto, (año 1.901) que hace el propio colegio, el primer puesto se lo lleva Ceferino Namuncurá. Gardel queda segundo. (“Solo un Santo puede ganarle a Gardel”).

3) Hay una anécdota  contada por  Dominga Muñoz que refleja la simplicidad y el arraigo a su tierra como indiecito y es que,  venia el lechero trayendo la leche para los pupilos y entra en el recinto.  Ceferino, salta sobre el caballo y dice a sus compañeros: “…me voy a pasear dos cuadras”, los chicos le dicen que no lo haga; que el lechero se va a enojar.  Y este le contesta con tranquilidad: “No. No se enojará “Cuando regresa, todos (incluído el lechero), lo aplauden!!

4) En  ocasión de una exposición profesional y misionera organizada en el Oratorio de la Casa Madre de Valdoco, (Turin) Ceferino fue presentado a quien entonces era la reina de Italia, Margarita de Saboya, quien sostuvo: “!Pero si a este joven, nada le falta para ser un perfecto caballero”!

Vida de Ceferino Namuncurá Parte II

Un gran acontecimiento de producirá  el 27 de setiembre de 1.904 en la vida de Ceferino: Monseñor Cagliero con una delegación de Salesianos,  entre ellos el Padre José Vespignani y Evasio Garrone, llevan consigo a Ceferino, a la audiencia y visita que hacen a Nuestro Querido Papa San Pío X.

Imposible no reproducir aquí y ahora, la carta que el propio Ceferino escribe al Padre Esteban Pagliere, a Viedma, donde cuenta con detalles que no dejan de asombrar, su “encuentro”, su “entrevista” con el Papa San Pío X; y aún su magnífica redacción:

3 de octubre de 1.904 …me pesa mucho al tener la desgracia de escribirle tan tarde y darle una noticia tan consoladora de casi 8 días en que sucedió. Pero vale más  tarde que nunca, y confiado de que ya habrá recibido la carta que le mandó S.S. Ilma. el Sr. Arzbobispo Mons. Cagliero el mismo día en que sucedió. El 27 del pasado setiembre era admitido en audiencia por S.S. Pío X el Ilustrísimo Mons. Juan Cagliero con otros treinta Padres Superiores de las Casas Salesianas de América y, entre ellos “el hijo del Rey de las  llanuras patagónicas” (Así dicen los diarios de Roma). A las diez horas y media a. m. tuvimos la máxima dicha de postrarnos antes los pies del Vicario de Cristo en la tierra. Yo tuve la gran fortuna de ser el primero, después de Mons. y Don Marengo, de besar el Sagrado Anillo a Su Santidad. ¡Ah, mi amado Padre, si hubiera estado presente en ese momento, hubiera podido comprender la bondad del Padre Santo! ¡Oh, qué amable. A ninguno dio a besar el pie. A todos, uno por uno, la mano venerada. A mi me llenó de caricias. ¡Oh, qué amable el Santo Anciano del Vaticano!. Después que todos saludamos al Santo Varón, el mismo Santo Padre me hizo señas de que comenzara mi discursito….. Cuando empecé todo lo hice sin sentir nada en el cuerpo. Pero después que estaba en la  mitad, todo mi ser se puso en movimiento; las piernas me temblaban, las manos igual, la voz se me perdía un poco en la garganta. Hasta que al fin, cuando me arrodillé para pedir la bendición a S.S. sobre mi persona, familia y para los indios de la Patagonia, se me aumentaron los temblores y las lágrimas saltaban de mis ojos; finalmente concluí, pero bien.

Y el Santo Padre, ¡con qué atención, amor y afabilidad me escuchaba! No quiso tampoco sentarse en su trono. Mons. le dijo que se sentara y El contesto: “Cosi in Piedi sto bene. Lasciami stare!  ¿Veis Padre qué bueno es?….. se levantó y me habló, contestándome sobre lo que le había dicho; y aquí le diré casi tal como me lo dijo en italiano. Se lo traduzco en castellano, porque en italiano no lo puedo escribir bien: todavía no soy muy guapo para escribir en italiano. Pero ya lo hablo bastante bien. He aquí las palabras del Padre Santo: “Bueno, hijo mío, te doy gracias por lo bien que hablas del Vicario de Cristo. Quiera el Señor que puedas poner en práctica todo lo que en él dices: de convertir a todos tus hermanos de la Patagonia en Jesucristo. Y yo, a este fin te doy de todo corazón mi Apostólica Bendición. Di a tu papá que el Santo Padre lo bendice a él, a toda su familia y a toda la gente que está en su poder. Dio te bendiga, hijo mío”.

Mientras decía estas cariñosas y paternales palabras, yo no podía contener las lágrimas. ¡Oh cuánta bondad la del Padre Santo!. ……Creerá quizás ahora que aquí habrá acabado la audiencia, pero tenga paciencia, amado padre de seguirme donde yo lo conduciré por medio de la presente….. Mientras todo estaba en calma, yo me repuse de nuevo y no llore más., todos pasamos nuevamente besando el sagrado anillo del Pescador, para despedirnos. Yo me quedé bien último en besar el Santo anillo y S.S. me hizo una caricia: “Addio, caro figliuolo”, me dijo con tanta dulzura.  ……….Ya habían salido todos los padre y yo solo me quedaba un poco atrás El Obispo que cuidaba a S.S. me llama y me dice: “Ti Chiama Sua Santitá”. Yo vuelvo atrás y me conduce al escritorio del Padre Santo que estaba sentado y buscaba una cosita. Yo me hinqué delante de S.S. y junté las manos. …………………..Finalmente S.S sacó un rojo estuche que contenía una medalla de plata. De un lado tenia el busto de S.S Pío X y del otro el mismo que indica a los fines la Inmaculada.  Le besé nuevamente la mano y me hizo una caricia. Le di las gracias Y él con una dulce sonrisa me despidió. Yo salí de la estancia contento como un no sé qué decirle por el hermoso regalo;…..  preciosícimo y santo recuerdo de un Vicario de Cristo, del que representa a Jesucristo mismo en la tierra. Quizás me haya hecho este regalo porque yo le regalé un precioso quillango de guanaco …. Como quiera que sea, a mí me basta saber que el papa muy rara vez hace regalo a uno. Si a mi me lo regaló será y demuestra  que el Vicario de Cristo es muy bondadoso. Soy muy dichoso; tener la dicha de guardar un recuerdo del Rey Santo de los Católicos. ¡Sea Dios bendito por esto!. Este regalo será un honor muy grande para mi querida familia, para el Noviciado de Patagones: tener un compañero así distinguido por el Vicario de Cristo. Todo este honor lo depongo a los pies de mis queridos Superiores y compañeros del Colegio San Carlos Javier. No lo digo esto por soberbia,  sino porque me gloría de pertenecer a la santa casa de buenos niños como son los de Patagones….Salí solito de la sala de audiencia y me fui a juntar con todos los demás Padres…..me rodearon todos y me preguntaron el porqué me había llamado el Padre Santo y yo mostré el estuche colorado,  que en la parte superior tenia el escudo papal, y lo abrí para que vieran la medalla.  Monseñor me dijo que era muy afortunado y así los demás Padres…………………”

La carta es muy extensa, y rica en detalles simpáticos, con una caligrafía impecable y se despide así:

Acuérdese, amadísimo Padre, de este humilde hijo de Jesús y María:   Ceferino Namuncurá

Vemos que en  ella se reflejaba la inmensa alegría y sobre todo, la serenidad de Ceferino con la que cuenta que tal padre va a tal lado, que el otro anda por Loreto, que Cagliero va por Sicilia y Garrone en Nápoles…….La sencillez de este relato, es escrita desde el corazón, no puede reflejar sino la simplicidad de un muchachito puro (….en aquellas épocas,  la ternura e ingenuidad de uno de 18 años, era como la de un niño de 8 !, no como sucede hoy día….. También hay que tener en cuenta que su estado de salud iba aminorando su contextura física, prueba de ello es que en las poquísimas, casi escasas fotos que se poseen, su cuerpo no representa a un jovenzuelo de 18 años….)

Pero la salud de Ceferino fue empeorando, la tos fuerte y persistente no dejaba dormir al Siervo de Dios y muchos otros sufrimientos torturaban su cuerpo, por lo cual su internación lo fue en el Hospital “Fate Bene Fratelli”, de los Hermanos de San Juan de Dios y asistido por el Doctor Lapponi, médico personal del Papa.

Durante su dolorosa enfermedad  sobre todo en la fase más aguda, Ceferino dio constantes demostraciones de perfecta adhesión a la voluntad de Dios, de paz, de alegría sobrenatural y además ejemplo sublime de todas las virtudes cristianas. Cuando el final se aproximaba indicó incluso, hasta el día de su tránsito a la muerte para la cual se preparó recibiendo con gran fervor los últimos sacramentos.

Su proyecto de ser sacerdote, salesiano y misionero quedan truncos y tras un mes y medio de internación, lejos de su gente, solo y enfermo de tuberculosis,  Ceferino fallece el 11 de mayo de 1.905, en la cama nº 24 del citado hospital.

Monseñor Cagliero fue un testigo directo de su agonía y su relato describe las mismas impresiones: resignación, tranquilidad, paciencia y alegría ante el dolor, sumando con Ceferino otros ejemplos de niños y jóvenes santos, que murieron en semejantes condiciones: San Luis Gonzaga, San Estanislao de Kostka, San Tarcisio, Santo Domingo Savio.

Los testimonios del sacerdote Jorio, Parolini, Fray José y el Dr. Lapponi, que su biógrafo Pedemonte agrega en la tercera edición de “El Lirio de la Patagonia” (1948), recogen esta fama de santidad en los relatos sobre el cuidado de su compañero de habitación agonizante que Ceferino encomienda especialmente a los amigos sacerdotes salesianos; la petición de oraciones por su alma a sus compañeros; su deseo de morir pronto y el pedido a San José de eximirlo de una agonía angustiosa.

Continúa en parte III

Vida de Ceferino Namuncurá Parte I

Vida de Niños con alto grado de santidad….

¡Qué difícil se nos hace escribir sobre el corto período de este jovencito ante un alma tan intensa….! y ahí nos damos cuenta de que muchas veces, ese grado tan alto de santidad, o se manifiesta en el ser personal sin intervención de terceros o en otros  casos,  seres que van como “acompañando” hacia ese camino del cielo…..

En el ejemplo de nuestro querido Ceferino, la influencia  e insistentes solicitudes que ha tenido San Juan Bosco  ante el Papa León XIII para enviar a los salesianos a la Patagonia y realizar una  obra en la Argentina, que fue  Impresionante!!… ( estamos en el año 1.883- y lo hemos visto con el ejemplo de las Hermanas de María Auxiliadora con Laurita Vicuña…). Por ello, consideramos que la figura y presencia no solo de Monseñor Juan Cagliero, discípulo directo de Don Bosco- sino de los Padre Salesianos que acompañaron todo el periplo, desde que conocieron a Ceferino Namuncurá hasta su muerte, no pueden desligarse de esa vida pura y santa que fueron encauzando a este jovencito.

Ceferino Namuncurá, nació en Chimpay, (Provincia de Río Negro, al sur de la Argentina) hijo del cacique araucano,  Manuel Namuncurá y de Rosario Burgos, (de origen chileno) el 26 de agosto de 1.886.                

Su corta vida, fue relatada mediante hagiografías y biografías desde el año 1.930 en adelante! A través de las mismas, se ha construido  su figura en clave de “aboriginalidad “, transformándolo en un alumno virtuoso salesiano; el “santito criollo” o el “mapuche santo” entre otras caracterizaciones.

Tres circunstancias  derivadas en tres viajes; tres destinos, marcaron el derrotero de la santidad de Ceferino.

Ceferino viendo la miserable condición en que se encontraba su comunidad-la indígena- pide a su padre de  llevarlo a estudiar a Buenos Aires y “..yo podría estudiar y ser un día útil a mi raza” (palabras que han quedado gravadas en toda la biografía  de nuestro santo, expresadas por él mismo y testimoniadas también por uno de los principales postuladores de su causa, el Padre Francesco Tomasetti).

Su padre acepta y al ser hijo de un cacique, coronel de la Nación, su primer destino fue la Escuela de la Armanda, donde no logra adaptarse y tras la intervención  del propio ex presidente de la Nación, Luis Saenz Peña, lo envía al Colegio Salesiano Pío IX de Buenos Aires,  como alumno interno, ingresando el 20 de setiembre de 1.897.

Ceferino se adapta al ambiente y aprende el idioma castellano y el catecismo. Recibe su primera comunión el 8 de setiembre de 1.898 y el 5 de noviembre de 1.899 el sacramento de la confirmación de manos de Monseñor Gregorio Romero,  propio en el lugar de la actual Basílica de María Auxiliadora, en el  Barrio de Almagro.

A principios del año 1.902 su salud se deteriora  habiendo contraído tuberculosis. Es entonces cuando Monseñor Cagliero, decide trasladarlo a Viedma, (Capital de la provincia de Río Negro) con la esperanza de que los aires del campo, pudieran ayudar a restablecer su recuperación.

Y es ahí, en el Colegio San Francisco de Sales, donde comienza sus estudios secundarios como aspirante a las órdenes de la congregación salesiana, siendo el año 1.903. Ceferino quería ser sacerdote salesiano.

El Doctor Evasio Garrone, médico y sacerdote junto con el enfermero Artémides Zatti (hoy considerado Beato), cuidaron de la salud de Ceferino.

En el año 1.904 (19 de julio), a los  17 años, viaja –con el permiso de su padre Manuel- con Monseñor Cagliero, llevándolo a Turín (Italia), con la esperanza de recuperar su salud,  con mejor atención médica y poder continuar sus estudios al sacerdocio.

 (Ceferino cerraba con este traslado, aquellos tres viajes que marcaron el rumbo hacia la santidad) –Chimpay- Buenos Aires; Buenos Aires – Viedma; Viedma- Italia.)

Llegado en Italia, Ceferino Namuncurá inicia sus estudios en Valdoco, (Turín) donde permanece por cuatro meses, luego irá  al Colegio Salesiano de “Villa Sora”, en Frascati, ciudad de la Región del Lazio, a 20 km. de Roma. El Beato Miguel Rúa –primer sucesor de San Juan Bosco- conversaba varias veces por semana con Ceferino en Turín.

Continúa en parte II

III Domingo después de Epifanía

TEXTOS DE LA MISA EN ESPAÑOL

II CLASE

INTROITO Salmo 96, 7-8. 1

Adorad a Dios, sus ángeles todos; lo oyó y se alborozó Sión, y se regocijaron las hijas de Judá. V/. Reina el Señor; regocíjese la tierra, alégrense todas las islas. V/.  Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre,  por los siglos de los siglos. Amén. 

COLECTA

Omnipotente y sempiterno Dios, mira propicio nuestra flaqueza y extiende, para protegernos, la diestra de tu majestad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén. 

EPÍSTOLA  Romanos 12,16-21

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos: No os tengáis por sabios ni volváis a nadie mal por mal; procurad obrar bien no sólo ante Dios, sino también ante todos hombres. Si es posible, cuanto esté de vuestra parte, vivid en paz con todos. No os venguéis, amados míos, mas dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza; yo haré justicia, dice el Señor. Por el contrario, si tu enemigo tuviere hambre dale de comer; si sed, dale de beber; porque si esto haces, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza. No te dejes vencer del mal, sino vence al mal con el bien. 

GRADUAL Salmo 101, 16-17

Los pueblos venerarán tu nombre, Señor, y todos los reyes de la tierra tu gloria. V/.  Porque el Señor reedificará Sión y en ella será visto en su majestad. 

ALELUYA Salmo 96, 1

Aleluya, aleluya. V/. Reina el Señor, regocíjese la tierra, alégrense todas las islas. Aleluya.  

EVANGELIO Mateo 8, 1-13

Lectura del Santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo: Habiendo bajado Jesús del monte, le siguió mucho gentío; y viniendo un leproso, se prosternó ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Extendió Jesús la mano y le tocó, diciendo: Quiero, queda limpio. Y al instante quedó limpio de su lepra. Y le dijo Jesús: Mira que a nadie lo cuentes; pero ve, muéstrate al sacerdote y ofrece la ofrenda que mandó Moisés para que les sirva a ellos de testimonio. Y habiendo entrado en Cafarnaúm, se llegó a él un centurión que le rogó diciendo: Señor, tengo un criado en casa, paralítico, y sufre mucho. A lo que respondió Jesús: Yo iré y le curaré. Y replicó el centurión: Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo; mas di una sola palabra, y curará mi siervo. Pues yo soy un hombre que, aunque bajo la potestad de otro, como tengo soldados a mi mando, digo al uno: Vete, y va: y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. AI oírle Jesús, se quedó admirado, y dijo a los que le seguían: En verdad os digo, no he hallado tanta fe en Israel, pues también os digo: Vendrán muchos de Oriente y de Occidente, y se pondrán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; pero los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas del exterior, donde habrá llanto y rechinar de dientes. Y dijo al centurión: Vete, y que te suceda como has creído. Y sanó el siervo en aquella hora. 

OFERTORIO Salmo 117, 16-17

La diestra del Señor ha obrado proezas; la diestra del Señor me ha salvado» No moriré, sino viviré y pregonaré las obras del Señor. 

SECRETA

Te rogamos, Señor, limpie esta hostia nuestros pecados, y santifique los cuerpos y almas de tus siervos, para celebrar dignamente el sacrificio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios. 

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz.

COMUNIÓN Lucas 4, 22

Todos se maravillan de las palabras que salían de la boca de Dios. 

POSCOMUNIÓN

Señor, a quienes nos concedes gozar de tan altos misterios, dígnate hacernos capaces de asimilarnos sus efectos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

TEXTOS DE LA MISA EN LATÍN

Dóminica III Post Epiphaniam

II Classis

Introitus: Ps. xcvi: 7-8

Adoráte Deum omnes Angeli ejus: audívit, et lætáta est Sion: et exsultavérunt fíliæ Judæ. [Ps. ibid., 1]. Dóminus regnávit, exsúltet terra: læténtur ínsulæ multæ. Glória Patri. Adoráte Deum.

Oratio:

Omnípotens, sempitérne Deus, infirmitátem nostram propítius réspice: atque ad protegéndum nos, déxteram tuæ majestátis exténde. Per Dóminum.

ad Romanos xii: 16-21

Léctio Epistolæ beáti Pauli Apóstoli ad Romanos:

Fratres: Nolíte esse prudéntes apud vosmetípsos: nulli malum pro malo reddéntes: providéntes bona non tantum coram Deo, sed étiam coram ómnibus homínibus. Si fíeri potest, quod ex vobis est, cum ómnibus homínibus pacem habéntes: Non vosmetípsos defendéntes caríssimi, sed date locum iræ. Scriptum est enim: «Mihi vindícta: Ego retríbuam, dicit Dóminus.» Sed si esuríerit inimícus tuus, ciba illum: si sitit, potum da illi: hoc enim fáciens, carbónes ignis cóngeres super caput ejus. Noli vinci a malo sed vince in bono malum.

Graduale Ps. ci: 16-17

Timébunt gentes nomen tuum, Dómine, et omnes reges terræ glóriam tuam. V. Quóniam ædificávit Dóminus Sion, et vidébitur in majestáte sua.
Allelúja, allelúja. [Ps. xcvi: 1] Dóminus regnávit, exsúltet terra: læténtur ínsulæ multæ. Allelúja.

Matthew viii: 1-13

† Sequéntia sancti Evangélii secúundum Matthæum.

In illo tempore: Cum descendísset Jesus de monte, secútæ sunt eum turbæ multæ: et ecce leprósus véniens adorábat eum dicens: «Domine, si vis, potes me mundáre.» Et exténdens Jesus manum, tétigit eum, dicens: «Volo. Mundare.» Et conféstim mundáta est lepra ejus. Et ait illi Jesus: «Vide, némini díxeris: sed vade: osténde te sacerdóti, et offer munus, quod praecépit Móyses, in testimónium illis.» . . . Cum autem introísset Caphárnaum, accéssit ad eum centúrio, rogans eum, et dicens: «Domine puer meus jacet in domo paralýticus, et male torquétur.» Et ait illi Jesus: «Ego véniam et curábo eum.» Et respóndens centúrio ait: «Dómine, non sum dignus ut intres sub tectum meum, sed tantum dic verbo et sanábitur puer meus. Nam et ego homo sum sub potestáte constitútis, habens sub me mílites, et dico huic: Vade et vadit: et alii: Veni et venit: Et servo meo: Fac hoc et facit.» Audiens autem Jesus mirátus est, et sequéntibus se dixit: «Amen dico vobis, non invéni tantam fidem in Israël. Dico autem vobis quod multi ab Oriénte et Occidénte vénient, et recúmbent cum Abraham, et Isaac, et Iacob in regno cælórum: fílii autem regni ejiciéntur in ténebras exterióres: ibi erit fletus et stridor déntium.» Et dixit Iesus centurióni: «Vade et sicut credidísti fiat tibi.» Et sanátus est puer in illa hora.

Offertorium: Ps. cxvii: 16 et 17.

Déxtera Dómini fecit virtútem, déxtera Dómini exaltávit me: non móriar, se vivam, et narrábo ópera Dómini.

Secreta:

Hæc hóstia, Dómine, quǽsumus, emúndet nostra delícta: et ad sacrifícium celebrándum, subditórum tibi córpora, mentésque sanctíficet. Per Dóminum.

Communio: Luc. iv: 22

Mirabántur omnes de his, quæ procedébant de ore Dei.

Postcommunio:

Quos tantis, Dómine, largíris uti mystériis: quǽsumus; ut efféctibus nos eórum veráciter aptare dignéris. Per Dóminum.

Fiesta de la Sagrada Familia

I DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA

SAGRADA FAMILIA

INTROITO Proverbios 23, 24-25; Salmo 83,2-3

Salte de júbilo el padre del justo, alégrense tu padre y tu madre, y regocíjese la que te dio a luz. V/.  ¡Cuán amables son tus moradas, Dios de los ejércitos! Suspira y desfallece mi alma por morar en los atrios del Señor.  V/.  Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre,  por los siglos de los siglos. Amén.

 COLECTA

Señor nuestro Jesucristo, que sujeto a María y a José, consagraste la vida de familia con inefables virtudes; haz que, con el auxilio de ambos, nos instruyamos con los ejemplos de tu Sagrada Familia, y alcancemos su eterna compañía. Tú que vives y reinas con Dios Padre, en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

EPÍSTOLA Colosenses 3, 12-17

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los Colosenses.

Hermanos: Revestíos, como escogidos que sois de Dios, santos y amados, de entrañas de compasión, de bondad, humildad, mansedumbre y longanimidad, sufriéndoos los unos a los otros, y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor os ha perdonado, así habéis de hacerlo también vosotros. Pero, sobre todo, tened caridad, que es vínculo de perfección. Y la paz de Cristo reine en vuestros corazones, a la cual fuisteis asimismo llamados en un solo cuerpo: sed agradecidos. La palabra de Cristo more abundantemente entre vosotros, con toda sabiduría, enseñándoos y animándoos unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando de corazón, con gracia, las alabanzas de Dios. Cuanto dijereis o hiciereis, hacedlo en nombre de nuestro Señor Jesucristo, dando gracias por él a Dios Padre.

GRADUAL Salmo 26, 4; 83,5

Una sola cosa pido al Señor y deseo ardientemente: morar en la casa del Señor toda mi vida. V/.  Felices, Señor, los que habitan en tu casa; por los siglos de los siglos te alabarán.

 ALELUYA Isaías 45, 15

Aleluya, aleluya. V/.  Verdaderamente eres un Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador. Aleluya.

EVANGELIO Lucas 2, 42-52

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

Cuando el niño Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre  y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Se dice Credo

OFERTORIO Lucas 2, 22

Sus padres llevaron a Jesús a Jerusalén, para presentarle al Señor. 

SECRETA

Te ofrecemos, Señor, la hostia de reconciliación, suplicándote humildemente que, por intercesión de la Virgen, Madre de Dios, y de san José, establezcas sólidamente nuestras familias en tu paz y gracia. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios. 

PREFACIO DE EPIFANÍA

En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, pues tu unigénito Hijo, apareciendo en la condición de nuestra mortalidad, nos ha regenerado con la nueva luz de su inmortalidad; y por eso, con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:

COMUNIÓN Lucas 2, 51

Bajó Jesús con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto.

 POSCOMUNIÓN

Haz Señor Jesús, que aquellos a quienes has confortado con celestiales sacramentos, imiten continuamente los ejemplos de su santa Familia, para que en la hora de nuestra muerte, saliéndonos al encuentro la gloriosa Virgen, tu Madre, y san José, merezcamos ser recibidos en los eternos tabernáculos, Tú que vives y reinas con Dios Padre, en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

TEXTOS DE LA MISA EN LATIN

Dominica infra Octavam Epiphaniæ


Sanctæ Familiæ—Jesu, Mariæ, Joseph

I Classis

Introitus: Prov. xxiii: 24 et 25

Exsúltat gáudio pater Justi, gáudeat Pater tuus et Mater tua, et exsúltet qua génuit te. [Ps. lxxxiii, 2-3] Quam dilécta tabernácula tua, Dómine virtútum! concupíscit et déficit ánima mea in átria Dómini. V. Glória Patri. Exsúltat.

Oratio:

Dómine Jesu Christe, qui Maríæ et Joseph súbditus domésticam vitam ineffabílibus virtútibus consecrásti: fac nos, utriúsque auxílio, Famíliæ sanctæ tuæ exémplis ínstrui; et consórtium cónsequi sempitérnum: Qui vivis.

Col. iii: 12-17

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Colossénses.


Fratres: Indúite vos sicut elécti Dei, sancti, et dilécti, víscera misericórdiæ, benignitátem, humilitátem, modéstiam, patiéntiam: supportántes ínvicem, et donántes vobismetípsis si quis advérsus áliquem habet querélam: sicut et Dóminus donávit vobis, ita et vos. Super ómnia autem hæc, caritátem habéte, quod est vínculum perfectiónis. Et pax Christi exsúltet in córdibus vestris, in qua et vocáti estis in uno córpore: et grati estóte. Verbum Christi hábitet in vobis abundánter, in omni sapiéntia, docéntes, et commonéntes vosmetípsos psalmis, hymnis, et cánticis spirituálibus, in gratia cantántes in córdibus vestris Deo. Omne, quodcúmque fácitis in verbo aut in ópere, ómnia in nómine Dómini Jesu Christi, grátias agéntes Deo et Patri per ipsum.

Graduale Ps. xvi: 4

Unam pétii a Dómino, hanc requíram; ut inhábitem in domo Dómini ómnibus diébus vitæ meæ. [Ps. lxxxviii: 5] Beáti qui hábitant in domo tua, Dómine, in sǽcula sæculórum laudábunt te.


Allelúja, allelúja. [Isaias 45: 15] Vere tu es Rex abscónditus, Deus Israël Salvator. Allelúja.

Luc. ii: 42-52


+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam.

Cum factus esset annórum duódecim ascendéntibus illis Jerusólymam secundum consuetúdinem diei festi consummatísque diébus cum redírent, remánsit puer Jesus in Jerúsalem et non cognovérunt paréntes ejus. Existimántes autem illum esse in comitátu, venérunt iter diéi, et requirébant eum inter cognátos et notos. Et non inveniéntes regréssi sunt in Jerúsalem requiréntes eum. Et factum est, post tríduum invenérunt illum in templo sedéntem in médio doctórum audiéntem illos, et interrogántem eos. Stupébant autem omnes, qui eum audiébant super prudéntia et respónsis ejus. Et vidéntes admiráti sunt. Et dixit mater eius ad illum: «Fíli, quid fecísti nobis sic? ecce pater tuus et ego doléntes quærebámus te.» Et ait ad illos: «Quid est quod me quærebátis? nesciebátis quia in his quæ Patris mei sunt oportet me esse?» Et ipsi non intellexérunt verbum quod locútus est ad eos. Et descéndit cum eis, et venit Názareth: et erat súbditus illis. Et mater eius conservábat ómnia verba hæc in corde suo. Et Jesus proficiébat sapiéntia, et ætáte, et grátia apud Deum, et hómines.

Credo.

Offertorium: Luc. iii: 22.

Tulérunt Jesum paréntes ejus un Jerúsalem, ut sísterent eum Dómino.

Secreta:

Placatiónis hóstiam offérimus tibi, Dómine, supplíciter deprecántes: ut, per intercessiónem Deíparæ Vírginis cum beáto Joseph, famílias nostras in pace et grátia tua fírmiter constítuas. Per eúmdem Dóminum.

Communio: Ps. l: 21

Descéndit Jesus cum eis, et venit Názareth, et erat súbditus illis.

Postcommunio:

Quos cæléstibus réficis sacraméntis, fac, Dómine Jesu, sanctæ Famíliæ tuæ exémpla júgiter imitari: ut in hora mortis nostræ, occurrénte gloriósa Vírgine Matre tua cum beto Joseph; per te in ætérna tabernácula récipi mereámur: Qui vivis.

Tiempo de Epifanía

(Prolongación de la Encarnación)

1. La fiesta de la Epifanía.

Epifanía significa “manifestación”, y es, en efecto, la fiesta instituida para honrar tres grandes manifestaciones de la Divinidad de Jesucristo a los hombres: la primera, con ocasión de la Adoración de los Magos de Oriente; la segunda, en el acto de su Bautismo, en el Jordán; y la tercera, en las bodas de Caná.

En la primera, los mismos Magos lo reconocieron como Dios, adorándolo y ofreciéndole, junto con otros dones, incienso; en la segunda, fue el Padre Eterno quien lo proclamó Hijo de Dios; y en la tercera, Él mismo se manifestó como tal, convirtiendo milagrosamente el agua en vino.

La fiesta de la Epifanía es de origen oriental, como la de Navidad es de origen romano. Al instituirse esta última en Roma, por el siglo IV efectuóse entre el Oriente y el Occidente una especie de intercambio litúrgico, aceptando aquél la fiesta romana de Navidad, y éste la griega de la Epifanía. Desde entonces, el objeto de ambas festividades está bien deslindado en la Liturgia.

Por lo que se refiere a la Epifanía, la antífona del Magnificat (II Vísp.), dice expresamente que es éste un día destinado a honrar tres milagros: la conducción de los Magos al pesebre del Niño Dios, por medio de una estrella; la conversión del agua en vino, en las bodas de Caná, y el Bautismo de Jesucristo, por San Juan. De los tres acontecimientos, el viaje de los Magos es el que ocupa mayor lugar en la liturgia de este día, y casi es el único a que la Iglesia y los fieles prestan la atención. Los otros dos tendrán su digna conmemoración en días y domingos sucesivos. Históricamente hablando, ninguno de estos tres sucesos, ni aún el del Bautismo del Señor consta de que acaeciese el 6 de enero. Si se los ha unido en una misma fiesta, ha sido por entrañar cada uno una magnífica manifestación de la divinidad de Jesucristo.

El de “Epifanía” es, pues, el nombre litúrgico y oficial de esta festividad; pero los calendarios populares desígnanla con el más poético de fiesta de los “Santos Reyes”, de cuya dignidad impropiamente se ha investido a los Magos.

En torno de esta fiesta se han tejido leyendas encantadoras de carácter cristiano, que aún subsisten en los países católicos y tienen su repercusión en los hogares. Se ha hecho a los Magos, reyes; cuando sólo eran sabios, o a lo sumo, sacerdotes. Se ha dicho y escrito que fueron dos, tres, seis, ocho, doce y hasta quince; siendo San León, después de Orígenes, el primero que en el siglo V habla de tres. Los nombres vulgares de Melchor, Gaspar y Baltasar datan del siglo VII, y aunque no constan en documentos serios, la. liturgia los ha admitido por lo menos en el Ritual Romano. En el siglo VIII, el Venerable Beda describe a Melchor anciano y de larga barba; a Gaspar, joven, lampiño y rubio; y a Baltasar, negro y de espesa barba, pero esta diferencia de razas no se advierte en la escultura, pintura y numismática primitivas.

Los presentes que ofrecieron cada uno de los Magos al recién nacido, fueron: oro, incienso y mirra, que llevaban en preciosos cofres. Por este triple don adoraron a Jesucristo como Dios, como Rey y como Hombre mortal. Cada uno de estos tres dones simboliza una virtud, a saber: el oro, la caridad; el incienso, la oración; y la mirra, la mortificación.

En recuerdo de esto, acostúmbrase en muchas iglesias a bendecir y ofrecer en la Misa de Epifanía oro, incienso y mirra; y algunos reyes cristianos, como los de España, eligieron ese día para regalar tres cálices de oro a tres distintas iglesias. En algunos monasterios benedictinos es de tradición bendecir en el Ofertorio de la Misa, tres tortas conmemorativas. Ya se han hecho famosas en Buenos Aires las de la Abadía de San Benito de aquella Capital.

2. Anuncio de las fiestas movibles.

El día de Epifanía, después del Evangelio y de la Misa solemne, en las iglesias catedrales y monasteriales, hácese, bajo una fórmula y una melodía tradicionales, el anuncio oficial de todas las fiestas movibles del nuevo año, así como de la fecha en que ha de reunirse el Sínodo diocesano. Como rito importante que es, desempéñalo, en las catedrales, el archidiácono o algún canónigo o beneficiado, y en los monasterios el cantor mayor, revestido de pluvial y desde el mismo púlpito o ambón donde se canta el Evangelio.

En la primitiva Iglesia, así de Oriente como de Occidente, en que las fiestas anuales reducíanse a la Pascua y a sólo unos cuantos aniversarios de Santos Mártires, el anuncio y convocatoria a las mismas hacía-los el obispo en la última asamblea litúrgica, a la manera que ahora hacen los párrocos semanalmente los avisos religiosos. Como la fijación de la Pascua era entonces labor muy delicada y suscitó apasionadas controversias, el concilio de Nicea (325) encargó oficialmente a los obispos de Alejandría, sede a la sazón de sabios astrólogos y calculistas, efectuar anualmente esa labor y participar el resultado a las demás iglesias del mundo; como efectivamente lo cumplían mediante circulares llamadas “Cartas pascuales”, que procuraban llegasen a su destino alrededor de Navidad. Una vez recibido esta especie de calendario, cada obispo lo daba a conocer a los diocesanos, empezando por proclamarlo oficialmente en la catedral, bajo fórmulas más o menos consagradas por la tradición.

En España, desde el Concilio IV de Toledo (633), la averiguación de la data pascual hacíanla los metropolitanos de común acuerdo, tres meses antes de la Epifanía, para que en esta fecha todas las iglesias la conociesen.

Con la divulgación de las tablas astronómicas y de los Calendarios, llegó un día en que no fue ya necesario el antiguo procedimiento para enterar a los fieles de las fiestas anuales; pero la Iglesia no suprimió nunca el anuncio oficial de Epifanía, que conservó como una reliquia litúrgica en el Pontifical. La fórmula usada es muy antigua, y su melodía muy parecida a la de Exúltet del Sábado Santo, quizá pertenezca al siglo IV.

3. Los Domingos de Epifanía.

Las semanas que siguen a la Epifanía son las menos caracterizadas de todo el año litúrgico, y por eso las misas y oficios de sus últimos domingos, tanto sirven para este tiempo, como para completar el de Pentecostés. Oficialmente son seis los domingos después de Epifanía, pero cuando la Pascua de Resurrección, que necesariamente ha de caer entre el 22 de marzo y el 25 de abril, se acerca más a la primera de estas dos fechas, se suprimen dos, tres, y hasta cuatro de ellos, que son los que se trasladan al final de Pentecostés. Por eso son como puentes de unión entre la Epifanía y la Septuagésima.

El objeto principal de este período litúrgico es honrar la vida oculta de Nuestro Señor, poniendo de relieve los escasos incidentes que anotan los Evangelios, así como también los primeros actos de su vida pública. Por eso es éste para el cristianismo un tiempo de alentadora esperanza, que la liturgia simboliza con el uso de los ornamentos verdes.

La flor de la Liturgia, Dom Andrés Azcarate, O.S.B.

Misa del Santisimo Nombre de Jesús

INTROITO Filipenses 2,10-11. 

Al nombre de Jesús se doblan todas las criaturas del cielo, tierra e infierno; y toda lengua confiesa que nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre. V/. Oh Señor y Dios nuestro, cuán  glorioso es tu nombre en toda la tierra. V/.  Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre,  por los siglos de los siglos. Amén. 

COLECTA

Oh Dios, que dispusiste que tu unigénito Hijo fuese el Salvador del mundo y se llamase Jesús; concédenos propicio gozar en los cielos de la vista de aquel cuyo santo nombre veneramos en la tierra. Por el mismo  nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén. 

EPÍSTOLA Hechos, 4, 8-12

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: Príncipes del pueblo y ancianos, escuchad: Ya que hoy se nos pide razón del bien que hemos hecho a un enfermo y se quiere saber por quién ha sido curado, os declaramos a todos y a todo el pueblo de Israel, que en nombre de nuestro Señor Jesucristo Nazareno, a quien crucificasteis, y Dios ha resucitado, se presenta sano ese hombre a vuestros ojos. Él es la piedra que vosotros, los constructores desechasteis, la cual ha venido a ser la piedra angular. La salvación no se halla en ningún otro. Pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos..

GRADUAL Salmo 105, 47. Isaías 63, 26

Sálvanos, Señor Dios nuestro, y recógenos entre las naciones, para que confesemos tu santo nombre y nos gloriemos en tus alabanzas. V/. Tú, Señor, eres nuestro Padre y nuestro Redentor; tal es tu nombre desde siempre. 

ALELUYA Salmo 144, 22

Aleluya, aleluya. V/. Cante mi boca las alabanzas del Señor; bendigan todos los mortales su santo nombre. Aleluya. 

EVANGELIO Lucas 2, 21

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo llegado el día octavo, en que debía circuncidarse al niño, se le llamó con el nombre de Jesús, nombre que le dio el ángel, antes de ser concebido.

OFERTORIO Salmo 85 , 12, 5

Te alabaré Señor Dios mío con todo mi corazón, y glorificaré eternamente tu santo nombre, porque eres Señor suave y clemente, porque  eres rico en misericordia, para todos los que te invocan. Aleluya. 

SECRETA

Santifique tu bendición, oh clementísimo Dios, que sustenta a todas la criaturas, este nuestro sacrificio, que te ofrecemos a honra y gloria del nombre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo; a fin de que  redunde en alabanza agradable a tu majestad, y nos aproveche para nuestra salvación. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios.

PREFACIO DE NAVIDAD

Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que conociendo a Dios visiblemente, Él nos lleve al amor de lo invisible, por eso, con los Ángeles y Arcángeles y con todos los coros celestiales cantamos sin cesar el himno de tu gloria. 

COMUNIÓN Salmo 85, 9-10

Todas las gentes que has creado, vendrán y se postrarán delante de ti, y glorificarán tu nombre Señor; porque eres grande y hacedor de maravillas. Tú eres el único Dios.  Aleluya.

 POSCOMUNIÓN

Oh Dios omnipotente y eterno, que nos has creado y redimido, atiende propicio a nuestros votos y dígnate recibir benignamente el sacrificio de la hostia saludable que hemos ofrecido a tu majestad, en honor del nombre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para que, por tu gracia en nosotros infundida y por virtud del glorioso nombre de Jesús, merezcamos,  a título de la eterna predestinación, que estén nuestros nombres inscritos en los cielos. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

TEXTOS DE LA MISA EN LATIN

Sanctíssimi Nóminis Jesu

Dominica inter Circumcisiónem et Epiphaniam,

Introitus: Philipp. ii: 10-11

In nómine Jesu omne genuflectátur, cæléstium, terréstrium, et infernórum: et omnis lingua confiteátur, quia Dóminus Jesus Chrístus in glória est Dei Patris. [Ps. 8:2] Dómine Dóminus noster: quam admirábile est nomen tuum in universa terra! v. Glória Patri. In nómine Jesu.

Oratio:

Deus, qui unigénitum Fílium tuum, constituísti humáni géneris Salvatórem, et Jesum vocári jussísti: concéde propítius; ut, cujus sanctum nomen venerámur in terris, ejus quoquo aspéctu perfruámur in cælis. Per eúmdem Dóminum.

Act. iv: 8-12

Léctio Actuum Apostolórum.

In diébus illis: Petrus replétus Spíritu Sancto, dixit: Príncepes pópuli et senióres audite: «Si nos hodie dijudicámur in benefácto hóminis infírmi, in quo iste salvus factus est, notum sit ómnibus vobis, et omni plebi Israël: quia in nómine Dómini nostri Jesu Christi Nazaréni, quem vos crucifixístis, quem Deus suscitávit a mórtuis, in hoc iste adstat coram vobis sanus. Hic est lapis qui reprobátus est a vobis ædificántibus: qui factus est in caput ánguli: et non est in álio áliquo salus. Nec enim áliud nomen est sub cælo datum homínibus, in quo opórteat nos salvos fíeri.»

Graduale Ps. cv: 47

Salvos fac nos, Dómine, Deus noster, et cóngrega nos de natiónibus: ut confiteámur nómini sancto tuo, et gloriémur in glória tua. v. [Isaias 63: 16] Tu, Dómine, pater noster, et redémptor noster: a sǽculo nomen tuum.

Allelúja, allelúja. [Hebr. i: 1-2] Laudem Dómini loquétur os meum, et benedícat omnis caro nomen sanctum ejus. Allelúja.

Luc. ii: 21

+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam.

In illo témpore: Postquam consummáti sunt dies octo, ut circumciderétur puer: vocátum est nomen eius Jesus, quod vocátum est ab Angelo priúsquam in útero conciperétur.

Offertorium: Ps. lxxxv: 12 et 5.

Confitébor tibi, Dómine Deus meus, in toto corde meo, et glorificábo nomen tuum in ætérnum: quóniam tu, Dómine, suavis et mitis es: et multæ misericórdiæ ómnibus invocántibus te, allelúja.

Secreta:

Benedíctio tua, clementíssime Deus, qua omnis viget creatúra, sanctifícent, quǽsumus, hoc sacrifícium nostrum, quod ad glóriam nóminis Fílii tui, Dómini nostri Jesu Christi, offériums tibi: ut majestáti tuæ placére posit ad laudem, et nobis profícere ad salútem. Per eúmdem Dóminum.

Communio: Ps. xcvii: 3

Omnes gentes quascúmque fecísti, vénient, et adorábunt, coram te, Dómine, et glorificábunt nomen tuum: quóniam magnus es tu, et fáciens mirabília: tu es Deus solus. Allelúja.

Postcommunio:

Omnípotens ætérne Deus, qui creásti et redemísti nos, réspice propítius vota nostra: et sacrifícium salutáris hóstiæ, quod in honórem nóminis Fílii tui, Dómini nostri Jesu Christi, majestáti tuæ obtúlimus, plácido et benígno vultu suspcípere dignéris; ut grátia tua nobis infúsa, sub glorióso nómine Jesu, ætérnæ prædestinatiónis título gaudeámus nómina nostra scripta esse in cælis. Per eúmdem Dóminum.