Perlitas sobre San Simonino

1) El culto que se le atribuye a San Simonino, no se trata tan solo del honor a un niño que sufrió por parte de los judíos, todos los ultrajes que sufriera Jesucristo; sino un verdadero y santísimo acto de reparación al Divino Redentor Jesucristo y a su Divina Madre, tan ultrajados en el purísimo cadáver del beato Simonino.

2) Quienes hemos recorrido  las calles de la hermosa ciudad de Trento y buscamos alguna seña, alguna huella o esbozo de nuestro Simonino, no lo hallamos. Lo único que ha quedado,  es un relieve de aproximadamente, 30 x 40 cm. en forma ovalada, que se encuentra sobre la acera del Palacio Bortolazzi y dos medallones en el portal del Palacio Salvadori (en gloria y durante el martirio).

3) En 1955 fue la última procesión, y luego de esto el cuerpo fue escondido  en un sitio desconocido. Se encontraba en una urna de cristal, con  la imagen del sacro cuerpito que reposa en un artístico cofre en plata y cristal, una obra de finísimo cincelado de artistas milaneses. El cuerpo del Beato es largo en 75 centímetros y fue momificado con verdadero arte por el medico Trentino Ippolito del noble Guarinoni, en 1.737. La cabeza está ornamentada con una preciosa corona y del cuello, cuelga un fino collar de oro con medallones también de oro. Cuenta un histórico Trentino, que esto seria una donación de una reina de España.

Como que también hicieron desaparecer los instrumentos del tormento del martirio: el cuchillo, una jofaina  y tenaza. En su época, estaban expuestos en el Museo Diocesano.

4)  En 1965 la Iglesia pidió perdón por aquello, exoneró a los judíos que habían sido condenados, y suprimió oficialmente el culto a San Simón de Trento, con condenas explícitas a quien lo promoviese. En 2001, la Iglesia de Trento promovió nuevas investigaciones y volvió a pedir perdón por aquello. (…ratas traidoras…)

5) Loable es la creación del “Comité San Simonino” creado en Italia, en el año 2.007, que se propone el restablecimiento del culto público y privado de San Simonino; la restitución de las reliquias que permanecen ocultas desde el año l.965, por parte de la curia trentina y la difusión a la devoción a San Simonino.

Vida de San Simonino de Trento. Parte 2.

El martirio : Viernes 23 de marzo:

La novedad del rapto de un niño, hizo que se agruparan los judíos de las tres casas, en la de Samuele. Dieron, incluso miel al niño que, ya casi ronco, no dejan de llamar a su mamá.

Entra Tobia, el viejo Mosé. Bien pronto, comparecieron el hijo y el  nieto de Mosé,  Mohar y Bonaventura, Vitale y Samuele con Israel y el último, el cocinero Bonaventura.

El pobrecito niño que yacía allí, adormecido, se sacude y estaba por gritar, cuando Samuele lo toma brutalmente y le aprieta el cuello con un largo pañuelo, que se lo anudó como un lazo y le sostenía la cabeza, mientras el viejo Mosé, sentado en un banco y con la derecha, tiraba de la otra punta del pañuelo y apretaba las rodillas de Simonino que lo sofocaba.

La cara se había hinchado y estaba roja y de la boquita, salía su lengua y baba, sus ojitos velados de lágrimas, parecían saltarse. Cuando Mosé, el desalmado viejo, con una tenaza, le arranca un  mordisco de carne de la mejilla derecha, en tanto que Tobia, tenía firme el lazo.

Después de Mosé, viene Samuele a  arrancarle con la misma tenaza, otro pedazo y luego continuaron Tobia y Mohar que, para colmo, con una  hoja de hierro, golpea la cabecita al niño rompiéndole la corteza y  empapa de sangre, todos sus cabellos.

El cuerpo del niño era aferrado de espantosos temblores y de su estrecha boquita salían sus últimos gemidos.

Para que no muriese enseguida, de tanto en tanto, -siempre es Samuele el que habla- le disminuían el lazo, mientras Samuele con los otros judíos, recogían la sangre que corría por la cinturita, en un tazón o palangana. Para continuar el martirio, no saciados aún, cada uno toma un alfiler y comienzan a pincharle la cara, el cuello, el pecho y la espalda. En brevísimos momentos, aquel pequeño mártir, era todo sangre.

Mosé, luego le gira hacia arriba su testículo para poner al desnudo las piernitas y con la misma tenaza, le arrancó una pizca de carne de la tibia derecha y así hicieron los otros verdugos, recogiendo la sangre que caía de sus carnecitas en el tazón de estaño. Después Samuele tomó al moribundo  por el brazo derecho y Mosé por el izquierdo y lo levantaron sobre sus piecitos ensangrentados, tenidos firmes sobre el banco de Mohar y lo estiraron como Jesús sobre la cruz.

A aquella vista,  las otras fieras, volvieron a tomar las alfileres y volvieron a traspasarlo gruñendo  a regañadientes: “Muere como tu Jesús, falso Dios de todos los Goim! (1) sean ellos todos los tormentos y la destrucción”.

El último acto de tanto ultraje, fue aquel de morderle las orejitas gruñendo como perros hambrientos, siempre maldiciendo al Hijo de Dios y a los cristianos.

(Toda esta orgía canibalesca se obtiene de la confesión de los reos y de las mujeres allí presentes)

Nuestro pequeño Simonino crucificado era el último anhelo…Un temblor mortal invade el ensangrentado cuerpito, abrió la boquita en un angustioso espasmo…….mira hacia arriba….expira…..

(toda esta horrenda carnicería es tomada del interrogatorio de Samuele delante a los jueces el día 7 de junio de 1475)

Y así, la sinagoga comenzaba su “sacra Pesáh” en odio al Hijo de Dios, que mandaba al paraíso, multitud de Ángeles con los inocentes de Belén a recibir el alma de Simonino, en el rojo púrpura de su martirio.

Encuentran el cuerpito de Simonino

Los judíos no podían perder el tiempo; el cuerpito que se encontraba aún en casa de Samuele, debía de cualquier manera  desaparecer. La única forma era tirarlo a la acequia y hacer creer que se había ahogado.

No se explicaba cómo fuese desaparecido un niño, en pleno día,  por lo que los comentarios y las suposiciones comenzaron y se hicieron comunes en casi todos, sobre la sospecha de los judíos que vivían en la calle del Mercado y, con esta sospecha, entró en escena un vigilante; un cierto Antoniolo, que a una hora de la noche, pasaba por el callejón del Adige, donde era la casa del judío Samuele y la sinagoga. De allí, fue que oyó fuertemente llorar a un niño y llamar: “..mamá, mamá..” sintiendo “sbab pob (en dialecto, “cállate niño”). El vigilante se paró por un buen tiempo y  no escuchando nada más, partió para  su casa.  En este acontecimiento, la sospecha tomaba cuerpo.

Luego de muchísimas contradicciones entre los judíos interrogados por el Podestá, Giovanni de Salis; el capitán del castillo Giacomo Sporo, el doctor en derecho Odorico da Brescia, el  Señor Ermanno, secretario del obispo, Martino Rompilanza y otros esbirros, confirmaron el arresto de los ocho.

La mañana del 27 de marzo se esparce la noticia del hallazgo del cadáver del mártir Simonino y del arresto de la banda de judíos. Se ordena la pericia del cadáver realizada por los doctores Arcangelo de Balduini y Giovanni Mattia Tiberino con los cirujanos Cristóforo de Fatis y el señor Balsano, concluyendo que el cuerpo del niño no era muerto por  ahogamiento  y que las heridas no eran accidentales ni producidas por animales del agua, SINO por obra de mano humana.

El podestá ordena la detención inmediata de los otros judíos que no habían sido aún arrestados: el viejo Mosé; Mohar su hijo; Salomone, Lázaro; el tercer Mosé; Isacco; Brunetta –mujer de Samuele- y Vitale.

El Proceso Criminal:

Los interrogatorios abierto por el gran Podestá, el 28 de marzo, fueron realizaron con 46 interrogatorios,  teniendo cada imputado su proceso personal, que comprendía 3 partes: el examen del acusado que generalmente ocupaba más interrogatorios; la requisitoria en base a los estatutos criminales del principado, y la sentencia emanada sobre los fundamentos  a la confesión del crimen o a cuanto requiere la ley.

En el caso de marras, todos confesaron el delito, ninguno fue condenado como reo persuadido.

El 21 de junio se cierra el proceso con  la sentencia capital para todos, motivada por asesinato de Simone, hijo de Andrés Unferdorben, ultrajado su cadáver  a  mofas y blasfemias contra a Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y su Divina Madre.

En fúnebre procesión, partieron para el lugar de la ejecución, llamado “Malvasia” (llamado así aquel lugar, probabilmente porque le deban a los verdugos este vino fuerte, para poner cierta insensibilidad en su feror oficio.

Ese mismo día, 21 de junio, Samuele, Tobías y Ángelo, fueron muertos y luego quemados en hoguera.

El día 22 de junio, Mohar, Israel y Vitale, corrieron igual suerte: muertos y quemados.

Mosé fue encontrado muerto en la cárcel; lo llevaron a la “Malvasia” y lo quemaron.

Bonaventura, el cocinero y el otro Bonaventura, pidieron morir cristianos, pidiendo perdón al padre y a la madre del beato Simonino y arrodillados sobre la orilla del canal fueron bautizados por el sacerdote que les asistía recibiendo el nombre de Acazio el uno y Sisto, el otro. Apenas recibido el bautismo, fueron decapitados y, con certeza, volaron al paraíso donde los esperaba el dulce Simonino, siendo éstos,  sus dos primeras conquistas.

Isacco y Lázaro fueron ahorcados.

Volfango, otro judío, fue  atado y muerto en la rueda.

Iof y Mosé, bautizados –por pedido de ellos- con los nombre de Antonio y Marcelo e inmediatamente decapitados. Simonino, presentaba al Divino Redentor, dos nuevas conquistas!.

El porqué de esa condena.

Vemos que las sentencia, eran enormes y crueles. Hay que tener en cuenta que, los códigos criminales de entonces, tenían en la mira, de hacer probar al delincuente toda la enormidad de su delito. En una palabra, se ponía en práctica, la ley del Talión: ojo por ojo, diente por diente…

Madres Convertidas; hijos desaparecidos.

Después de los procesos y las ejecuciones, el deseo del Sumo Pontífice, Sisto IV de unir a la justicia la misericordia, se decide en pleno acuerdo con el Obispo y Príncipe, Giovanni IV y el podestá, de que las cuatro mujeres judías, que aunque participantes del delito; debían ser restituidas a sus hijos. La noticia de sus liberaciones, las colmó de tanta consolación, que pidieron hacerse cristianas.

Brunetta, mujer del ajusticiado Samuele, luego de manifestar todo lo que habían hecho sus correligionarios; junto con Anna, Sara y Bella y el  13 de enero de l.477 en la Parroquia de San Pedro, el obispo de Trento bautizaba a las cuatro: A Brunetta, le impuso el nombre de Catalina; a Bella el de Elisabeth; a Sara el de Clara y a Anna aquel de Susana. Al finalizar, postradas delante de la urna de Simonino, y de Andrés y Maria, padres del mártir, pidieron público perdón de la maldad cometida.

Indecible la alegría de los ciudadanos, pero amarga luego resultó la novedad de que los hijos de las madres convertidas, -no se sabe con qué pretexto-fueron alejados de Trento por los jefes de las sinagogas vecinas y colocados  en otros institutos judíos lejanos,  para que las madres bautizadas cristianas, no les instruyesen en la fe de Jesucristo y les hiciesen bautizar.

Dolido el obispo por la acción tan inicua de la sinagoga, que habían raptado a los hijos de sus madres, viéndose así imposibilitadas de hacerlos educar en nuestra Fe, prohibió  a todas las familias judías su permanencia en la ciudad.

¿ Puede la Iglesia aprobar un culto falso que necesite de ser primido?

Hay cosas que nos siguen dejando atónitos….

El Sumo Pontífice Gregorio XIII en vista de los numerosos y extraordinarios prodigios operado por intersección del querido Simonino, lo inscribe en el Martirólogo romano, con el título de santo.

En 1.588 (113 años después), EL Papa Sixto V reunió una comisión de seis cardenales y repitió el juicio. El tribunal también encontró culpables a todos los judíos.

Ya con la bula del 8 de junio de ese mismo año,  establece la Fiesta con Misa y  Oficio propio, fiesta que viene celebrada cada año, en el cuarto domingo después de Pascua, en la Iglesia parroquial de los Apóstoles  San Pedro y San  Pablo Arquidiócesis de Trento. (hasta un cierto tiempo…..)

(Dal Martirologio Romano (Typis Polyglottis Vaticanis, 1956):
Nono Kalendas Aprilis (23/III). Tridenti passio sancti Simeonis pueri, a Judæis sævissime trucidati, qui multis postea miraculis coruscavit.)

La Bula Beatus Andreas del 22 febrero de 1.755, del Papa Benedicto XIV reconoce nuevamente el culto prestado a San Simonino, afirmado que “fue cruelmente muerto en odio  al fe”.

Vemos hasta aquí, qué gloriosa se mostraba la Iglesia Católica!; con qué valor y valía decretaban actos de Fe….

Pero llegamos al año l.966 y en el marco del nefasto Concilio Vaticano II, Pablo VI ordena que se reexamine el caso de Simón de Trento.

Monseñor Iginio Rogger, en 1.965 fue el principal instigador de la abolición del culto de Simonino en complicidad con el arzobispo Alessandro Maria Gottardi, (quien también había puesto en discusión histórica, el martirio de  San Vigilio co-patrono de Trento) y determina por decreto, (¡Por Decreto !) la inocencia de los judíos asesinados.

Rogger muere el 12 de febrero de 2.014 y Gotardi el  24 de marzo del 2.001…..otros dos traidores de San Simonino…

Por ello y después de ello, los restos de San Simonino, fueron escondidos para evitar la presencia de los peregrinos.

Un defensor (Judio) del martirio de Simonino?…En contraposición  con la de dos obispos católicos??

Pacientes lectores, siempre hemos de decir la verdad y también mostrar el respeto a quien la expresa, por ello, hacemos “nuestras”, las palabras de un sacerdote, el Padre Don Franceso Ricossa,  un gran defensor de nuestro querido San Simonino, cuando en el Epílogo del Libro “La vera storia del Beato Simonio da Trento innocente e Martire y del suo culto”, (Comiato San Simonino. Torino, 2.013 página 103/104),  nos hace ver que, un solo autor es el decisivo y verdaderamente innovativo en el orden del contributo historiográfico: el Profesor Ariel Toaff, por aquél entonces, docente de Historia del medio Evo y del Renacimiento, en la Bar-Ilan University en Israel.

El libro de Toaff “Pasque di Sangue, Ebrei d´Europa e omicidi rituali”, Edizione Il Mulino, Bologna, 2.007 (“Pascua de Sangre, Judíos de Europa y homicidios rituales”) suscitó violentas reacciones: acusaciones, amenazas, intimidaciones, que forzaron a su autor y al editor, a retirar de los comercios el volumen. Sigue comentado el exponente que una segunda edición, vista y corregida fue publicada en el mismo año, pero manteniendo la sustancia de la anterior conclusión. Que esta vez, viene acogida del silencio total, dado que el nombre y la obra de Toaff es casi totalmente cancelada de la discusión sobre el llamado  “homicidio ritual” o “acusación de la sangre” y sobre el caso del Beato Simonino.

Tanta hostilidad ha tenido el autor (que muchos acusadores admitieron no haber leído “Pasque di Sangue ”), dado que era inadmisible la conclusión del estudioso israelita, -hijo del ex-Rabino, jefe de Roma, Elio Toaff- cuando decía que “en particular para el judaísmo askhenazita, la acusación de la sangre, no era siempre una invensión”.

Toaff demuestra la falsedad de los dos principales argumentos de los “negacionistas” del martirio de San Simonino (……nos estamos recordando de Rogger y Gotardi…). Los principales argumentos de siempre, son la poca fiabilidad de las confesiones rendidas en el juicio por los acusados, confesiones arrebatadas, extorsionadas con la tortura y la imposibilidad del crimen mismo que contemplaría la asunción de la sangre humana, cuando en cambio, ninguno-continua explicando claramente el exponente- ignora que la ley mosaica prohibe estrictamente cualquier asunción de sangre.

Toaff, en cambio mete a la luz la causa de su peculiar conocimiento de los textos hebraicos, “los significados rituales y terapéuticos que la sangre tenía en la cultura hebraica”, no obstante, la prohibición bíblica; y además esclarece Toaff que la narración del ritual, llevó a la muerte a Simonino. De los culpables en sus confesiones, se  introduce perfectamente y de manera plausible, en el horrible trastorno de las normas de la Cena pascual y que las palabras rituales hebraicas utilizadas por ellos, tenían un significado que escapaban a los jueces y a los notables episcopales; pero que no escapan a quienes, como Toaff tiene un profundo conocimiento de los textos hebraicos.

Concluyendo: (sigue comentado el honorable sacerdote), no es verosímil que los jueces hayan metido en boca a los acusados palabras y ritos de los cuales ellos mismos no comprendían  completamente su alcance.

Pasque di Sangue” de Ariel Toaff es la palabra definitiva, desde el punto de vista  historiográfico, en lo que respecta al homicidio del pequeño Simonino, ocurrido en Trento en 1.475.

Por último, es paradójico que el artículo de un sacerdote  dominicano modernista sea utilizado de pretexto para suprimir el culto del beato Simonino y que, del trabajo científico de un estudioso israelita sin perjuicios, haya  puesto las bases que debería haber llevado –si fuese en Trento igualmente honesto como en la Universidad Ber-Ilan- a la renovación  del culto. Y tal vez, quizás que el último de los tantos milagros del beato Simonino,  haya sido justo este: suscitar a defensores –más allá de  las propias intenciones- de su causa, al hijo del Rabino Toaff, para confundir a tantos católicos infieles a su bautismo.

San Simonino, viviente imagen de Cristo crucificado, cordero inmaculado, “degollado y erguido en pie”, llamado de la Divina Providencia gratuitamente a la gloria del martirio, Ruega por Nosotros, por tus devotos, por la Iglesia, por tu Ciudad de Trento y, sobre el ejemplo de Cristo, también por tus perseguidores, de Ayer y de Hoy.

Palabras del Profesor Ariel Toaff:

 “Tu estás crucificado y punzado como Jesús colgado, en ignominia y vergüenza como Jesús. Para los participantes al rito, parece que el infante cristiano hubiese perdido su identidad (si nunca la había poseído a los ojos de ellos) y haya sido transformado en Jesús crucificado y colgado”

 (Ariel Toaff, Pasque di sangue, ed. il Mulino, 2007, p. 196)

1) GOIN: era el nombre dado dada por los judíos a los cristianos. Palabra que se usará en todo el interrogatorio por parte de los acusados.

Vida de San Simonino de Trento. Parte I

                                           Vosotros, niños de Belén, no teneís la     

                                                               edad para creer en Cristo; pero teneís

                                                              la carne para padecer por Cristo

                                                               (San Agustín, a los Santos Inocentes)

No vamos a decir aquel ridículo aviso de que lo que se contará a continuación, podrá herir susceptibilidades y esas cosas (no estamos para esas sensiblerías sin fundamento alguno); pero la historia Real del pequeño Simonino nos deja completamente emocionados,  entristecidos y a la vez, rabiosos !.

Vayamos a Trento (Italia; sí, la misma ciudad del Santo Concilio de Trento) este día será un Viernes Santo; 23 de marzo y el siglo será el XV -año 1.475-

De estos dos píos padres: Andrés y María Unferdorben, nace el 27 de octubre de 1.472, el  gracioso bambino llamado Simonino. Crece fuerte, lleno de vida y muy querido en todo el vecindario. Esperaba a su padre, en la puerta de la cocina que daba a la calle, cuando éste retornaba del trabajo en el campo.

En todas las ciudades de la Italia de aquel tiempo, los judíos tenían sus guetos y en varios estados, lo toleraban. En la ciudad en donde nos situamos,  éste ocupaba tres casas alineadas sobre la parte septentrional de la calle del Mercado. En la primera planta se había instalado Samuele un rico hombre de negocios, con su mujer Brunetta, mujer de mucha capacidad comercial y el único hijo, Israel, casado con Anna, una judía de Brescia. En otras dependencias, vivían también dos sirvientes: Bonaventura que hacía de cocinero y Vitale como de la familia.

Por muchos años, tenia este Samuele, un viejo de más de ochenta años: Mosé que se pretendía como profeta y que naturalmente, en la Sinagoga tenia el primer puesto y, también vivía su hijo: Mohar con su mujer Anna y un hijo de éstos: Bonaventura. Todos judíos.

Tres casas más arriba del lugar, vivía Tobía, que se ocupaba “empíricamente” de medicina. Tenía en su casa a un joven de 19 años: Mosé. Por esos días, Tobía, hospedaba en su casa a un cierto pariente: Iof y un tal Israel (perverso e infame).

En otro callejón  vivía Ángelo, el tercer jefe de la casa del gueto Trentino. Con él, vivía su mujer de nombre Dolcetta, también estaba la madre de Ángelo y una hermana: Bonna. Completaba la familia el cocinero Isacco y Lazzaro.

En esta casa de Ángelo, había venido un tercer Mosé, para celebrar con sus cofrades, la pascua judía.

Recordad bien estos nombres, queridos lectores….

En el tiempo ( y en el lugar donde nos encontramos), los judíos tenían enseñanzas secretas que pasaban de generación en generación; enseñanzas supersticiosas contrarias a las mismas leyes de la naturaleza, basadas sobre el odio contra la religión de Nuestro Señor Jesucristo y del pueblo cristiano -igual que hoy día-, como la creencia en cualquier colonia judía, del uso de sangre cristiana, para purificar sus almas y volverse así gratos a  Yahvé en la celebración propia de la fiesta de la Pascua judía.

Convoca Samuel el 22 de marzo en la sinagoga a los cabecillas de su comunidad. Estaban Tobía (el “médico”), el viejo Mosé, Israel y su hijo y también Mohar; haciendo saber el primero que ya estaba todo preparado para la vigilia del grande Pesáh; que el pan ácimo era pronto, con gran provisión de pez y de carne para la fiesta; pero que faltaba solamente aquello que se recomendaba, es decir, la sangre de un  chiquillo cristiano para la purificación y completa celebración de la fiesta.

Y, el lobo Tobía         que conocía a todos, sale con el demonio en su alma encontrando al pequeño Simonino que esperaba al papá Andrés.  Con voz “graciosa” le dice que vaya con él, que tiene lindas cosas para darle. El inocente todo alegre, se dejó arrastrar por el raptor y cuando llegan a la desembocadura de la calle del Mercado, Tobía, lo envuelve en su mantel, lo ata a la altura de la axila, atraviesa la acequia y lo introduce en casa de Samuele y éste  se lo entrega a las mujeres de la casa. El niño asustado llama gimiendo a su mamá…Recordemos, que Simonino, tenia, solo 2 años y 4 meses.

La noche ya estaba por llegar y se preparaba a desahogar sobre un inocente niño cristiano, el odio al Divino Redentor y a su Santa Madre.

En tanto, el obispo  del principado tridentino  (Giovanni IV) había dado la orden al Podestá (que era como un primer magistrado en la Edad Media), de proveer todos los medios para la aparición del pequeño Simonino.

Sobre la plaza del municipio y de varios lugares de la ciudad, se escuchaba el tambor con el llamamiento de que si persona alguna retuviese o supiese de un cierto hijo de Andrés, curtidor de pieles y ciudadano de Trento, llevando el niño un vestidito oscuro y gris, que lo notificase.

Papá Andrés con otros vecinos: Masseo, Cipriano de Bornio y el agricultor Svaizer buscaron  con luz de velas hasta la noche, temiendo que el niño hubiese caído en el agua que entra en la fosa y termina con una reja como de palos. (Estas fosas  habían en todas las casas en la parte de la bodega o sótano y el agua pasaba por allí) .También en casa de los judíos, era de la misma manera.

Volvieron  el viernes santo a “drenar” todo el recorrido de  la acequia con el fin de hacer una búsqueda más escrupulosa; pero tampoco encontraron  nada.

Continuará en la parte 2ª.

I Domingo de Cuaresma

TEXTOS DE LA MISA EN ESPAÑOL

INTROITO Salmo 90, 15-16. 1

Si me invoca, yo le escucharé; le libraré y le glorificaré; le llenaré de dilatados días. V/.  Dichoso el que mora al abrigo del Altísimo, el que descansa a la sombra del Omnipotente. V/.  Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre,  por los siglos de los siglos. Amén. 

COLECTA

Oh Dios, que purificas a tu Iglesia por la observancia anual de la cuaresma: concede a tu familia que cuanto desea obtener de ti por la abstinencia, lo consiga con las buenas obras.  Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén. 

EPÍSTOLA 2 Corintios 6, 1-10

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos: Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque él dice: Te oí en el tiempo oportuno, y en el día de la salvación te ayudé. Ha llegado ahora el tiempo favorable, ha llegado el día de la salvación. No demos a nadie ocasión de escándalo, para que no sea vituperado nuestro ministerio. Antes en todo mostrémonos como ministros de Dios, con mucha constancia en las tribulaciones, en las necesidades, en las angustias, en los azotes, en las cárceles, en las sediciones, trabajos, vigilias y ayunos; con castidad, ciencia, paciencia y suavidad, por el Espíritu Santo, con caridad sincera, con palabras de verdad, con fortaleza de Dios, con las armas ofensivas y defensivas de la justicia, en el honor y el deshonor, en la infamia y en la buena fama; ya nos tengan por impostores siendo verídicos; por desconocidos, aunque muy conocidos,  por  casi   moribundos, cuando en realidad estamos vivos; cual castigados, pero no muertos; como tristes, estando siempre alegres; como necesitados, aunque hemos enriquecido a muchos; como gentes que de todo carecen cuando todo lo poseemos.

GRADUAL Salmo 90,11-12

Dios  mandó a sus ángeles que te guarden en todos tus caminos. V/. Te llevarán en sus manos, no sea que tropiece tu pie en alguna piedra.

TRACTO. Salmo 90, 1-7, 11-16

El que mora al abrigo del Altísimo, el que descansa a la sombra del Omnipotente. V/.  Ése dice al Señor: Tú eres mi refugio, mi fortaleza, mi Dios, en quien confío. V/.  Sí, es  él  quien te  librará  del lazo del cazador y de las palabras mortíferas. V/.  Bajo sus alas te cubrirá y bajo sus plumas hallarás cobijo. V/.  Su fidelidad es un escudo, una coraza. No temerás los terrores de la noche. V/. Ni la flecha que vuela de día, ni la peste que camina en las tinieblas o el contagio que hiere a plena luz. V/.  Caerán mil a tu lado, y a tu derecha diez mil; nada llegará hasta ti. V/. Porque el Señor ha dado a sus Ángeles la misión de  guardarte en todos  tus caminos. V/. Ellos te llevarán en sus manos, no sea que tu pie tropiece en alguna piedra. V/. Caminarás sobre áspides y víboras, hollarás con tus pies al león y al dragón. V/. Porque se ha acogido a mí, yo le libraré; le protegeré puesto que conoce mi nombre. V/. Si me llega a invocar, le escucharé; en la desgracia me encontraré junto a él. V/. Le libraré y le glorificaré, le saciaré de largos días, le haré ver mi salvación. 

EVANGELIO Mateo 4, 1-11

Lectura del Santo Evangelio según san Mateo. En aquel tiempo: Llevó el Espíritu a Jesús al desierto para que allí le tentase el diablo. Y habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre. Y, llegándose a él el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. Mas Jesús le respondió y dijo: Escrito está: No de solo pan vive hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces le transportó el diablo a la santa ciudad; y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo, porque escrito está: Mandó a sus ángeles cerca de ti, y te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie contra alguna piedra. Jesús le dijo: También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios. De nuevo le subió el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo, y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré si, prosternándote, me adorares. Le díjo entonces Jesús: Vete de aquí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu  Dios adorarás,  y a él solo servirás. Entonces le dejó el diablo; he aquí que se acercaron los ángeles y le sirvieron.

Se dice Credo

OFERTORIO Salmo 90, 4-5

Con sus alas te cubrirá el Señor, y bajo sus plumas hallarás cobijo; su fidelidad es un escudo. 

SECRETA

Te ofrecemos solemnemente, Señor, este sacrificio en el umbral de la cuaresma, suplicándote que, con la abstinencia de carnes, hagas nos privemos también de los placeres nocivos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios 

PREFACIO DE CUARESMA

En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que, por el ayuno corporal, domas nuestras pasiones, elevas la mente, nos das la virtud y el premio, por Jesucristo nuestro Señor, por quien alaban los Ángeles a tu majestad, la adoran las Dominaciones, la temen las Potestades y la celebran con igual júbilo los Cielos, las Virtudes de los cielos y los bienaventurados Serafines. Te rogamos que con sus voces admitas también las de los que te decimos, con humilde confesión:

COMUNIÓN Salmo 90, 4-5

Con sus alas te cubrirá el Señor y bajo sus plumas hallarás cobijo; su fidelidad es un escudo. 

POSCOMUNIÓN

Restáurenos, Señor, la santa libación de tu sacramento; y, purificados de los antiguos vicios,   nos haga participantes del misterio de salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

TEXTOS DE LA MISA EN LATÍN

INTROITO Salmo 90, 15-16. 1

Invocábit me, et ego exáudiam eum; erípiam eum, et glorificábo eum; longitúdine diérum adimplébo eum. V/.  Qui hábitat in adjutório Altíssimi in protectióne Dei cæli commorábitur. V/. Glória Patri et Filio et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio et nunc et semper, et in saecula saeculorum. Amén

COLECTA

Deus, qui Ecclésiam tuam ánnua quadragesimáli observatióne puríficas: præsta famíliæ tuæ; ut, quod a te obtinére abstinéndo nítitur, hoc bonis opéribus exsequátur. Per Dominum nostrum Jesum Christum, Filium Tuum, qui Tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.  

EPÍSTOLA 2 Corintios 6, 1-10

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios.

Fratres: Exhortámur vos, ne in vácuum grátiam Dei recipiátis. Ait enim: Témpore accépto exaudívi te, et in die salútis adjúvi te. Ecce nunc tempus acceptábile, ecce nunc dies salútis. Némini dantes ullam offensiónem, ut non vituperétur ministérium nostrum: sed in ómnibus exhibeámus nosmetípsos sicut Dei minístros, in multa patiéntia, in tribulatiónibus, in necessitátibus, in angústiis, in plagis, in carcéribus, in seditiónibus, in labóribus, in vigíliis, in jejúniis, in castitáte, in sciéntia, in longanimitáte, in suavitáte, in Spíritu Sancto, in caritáte non ficta, in verbo veritátis, in virtúte Dei, per arma justítiæ a dextris, et a sinístris; per glóriam, et ignobilitátem; per infámiam, et bonam famam: ut seductóres, et veráces, sicut qui ignóti, et cógniti: quasi moriéntes, et ecce vívimus: ut castigáti, et non mortificáti: quasi tristes, semper autem gaudéntes: sicut egéntes, multos autem locupletántes: tamquam nihil habéntes, et ómnia possidéntes.

GRADUAL Salmo 90,11-12

Angelis suis Deus mandávit de te, ut custódiant te in ómnibus viis tuis. V/. In mánibus portábunt te, ne umquam offéndas ad lápidem pedem tuum. 

TRACTO. Salmo 90, 1-7, 11-16

Qui hábitat in adjutório Altíssimi, in protectióne Dei cæli commorábitur. V/.  Dicet Dómino: Suscéptor meus es tu, et refúgium meum: Deus meus, sperábo in eum. V/.   Quóniam ipse liberávit me de láqueo venántium, et a verbo áspero. V/. Scápulis suis obumbrábit tibi, et sub pennis ejus sperábis. V/.  Scuto circúmdabit te véritas ejus: non timébis a timóre noctúrno. V/. A sagítta volánte per diem, a negótio perambulánte in ténebris: a ruína et dæmónio meridiáno. V/.   Cadent a látere tuo mille, et decem míllia a dextris tuis: tibi autem non appropinquábit. V/. Quóniam Angelis suis mandávit de te, ut custódiant te in ómnibus viis tuis. V/.In mánibus portábunt te, ne umquam offéndas ad lápidem pedem tuum. V/. Super áspidem et basilíscum ambulábis, et conculcábis leónem et dracónem. V/. Quóniam in me sperávit, liberábo eum; prótegam eum, quóniam cognóvit nomen meum. V/. Invocábit me, et ego exáudiam eum: cum ipso sum in tribulatióne. V/. Erípiam eum, et glorificábo eum: longitúdine diérum adimplébo eum, et osténdam illi salutáre meum. 

EVANGELIO Mateo 4, 1-11

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthæum.

In illo témpore: Ductus est Jesus in desértum a Spíritu, ut tentarétur a diábolo. Et cum jejunásset quadragínta diébus, et quadragínta nóctibus, póstea esúriit. Et accédens tentátor, dixit ei: «Si Fílius Dei es, dic ut lápides isti panes fiant.» Qui respóndens dixit: «Scriptum est: Non in solo pane vivit homo: sed in omni verbo, quod procédit de ore Dei.» Tunc assúmpsit eum diábolus in sanctam civitátem, et státuit eum super pinnáculum templi, et dixit ei: «Si Fílius Dei es mitte te deórsum.  Scriptum est enim: Quia Angelis suis mandávit de te, et in mánibus tollent te, ne forte offéndas ad lápidem pedem tuum.  Ait illi Jesus: «Rursum scriptum est: Non tentábis Dóminum Deum tuum.»  Iterum assúmpsit eum diábolus in montem excélsum valde: et osténdit ei ómnia regna mundi, et glóriam eórum, et dixit ei: «Hæc ómnia tibi dabo, si cadens adoráveris me.»  Tunc dicit ei Jesus: «Vade, Sátana: Scriptum est enim: Dóminum Deum tuum adorábis, et illi soli sérvies.» Tunc relíquit eum diábolus: et ecce Angeli accessérunt, et ministrábant ei.

Se dice Credo

OFERTORIO Salmo 90, 4-5

Scápulis suis obumbrábit tibi Dóminus, et sub pennis ejus sperábis: scuto circúmdabit te véritas ejus. 

SECRETA

Sacrifícium quadragesimális inítii solémniter immolámus, te, Dómine, deprecántes ut, cum epulárum restrictióne carnálium, a nóxiis quoque voluptátibus temperémus. Per Dominum nostrum Jesum Christum, Filium Tuum, qui Tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, 

PREFACIO DE CUARESMA

Vere dignum et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui corporáli jejúnio vítia cómprimis, mentem élevas, virtútem largíris, et præmia: per Christum Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cæli cælorúmque Virtútes, ac beáta Séraphim, sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur, súpplici confessióne dicéntes

COMUNIÓN Salmo 90, 4-5

Scápulis suis obumbrábit tibi Dóminus, et sub pennis ejus sperábis: scuto circúmdabit te véritas ejus. 

POSCOMUNIÓN

Tui nos Dómine sacraménti libátio sancta restáuret: et a vetustáte purgátos, in mystérii salutáris fáciat transíre consórtium. Per Dominum nostrum Jesum Christum, Filium Tuum, qui Tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.

Tiempo de Cuaresma

Origen y vicisitudes de la Cuaresma.

La Cuaresma es hoy un período litúrgico de cuarenta días, destinados a preparar la digna celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Por lo mismo, es un tiempo de mayor penitencia y recogimiento, y en que con más ahínco ha de procurarse la compunción del corazón.

Por más que los liturgistas no están aún acordes acerca de la fecha precisa en que se estableció en la Iglesia la Cuaresma, si viviendo todavía los apóstoles o bastante después, todos sabemos que hay una Cuaresma de origen bíblico; pues en la Biblia constan expresamente las de Moisés, Elías y Jesucristo. ¿La practicarían como observancia eclesiástica los apóstoles y los primitivos cristianos? San Jerónimo, San León Magno y otros santos Padres pretenden que sí, y su opinión por cierto es muy probable, aunque no se apoya en ningún documento escrito. Verdad es que San Ireneo, en el siglo II, y la “Didascalia”, en el III, hablan de ayunos preparatorios para la Cuaresma; pero los ayunos de aquél son nada más que de contados días, y los de éste de sola la Semana Santa.

El primer documento conocido que menciona la Cuaresma propiamente dicha, es el canon 5 del concilio ecuménico de Nicea, celebrado en 325. A partir de esa fecha, abundan los testimonios en los escritos y concilios de Oriente, y desde el año 340, también en Occidente.

Pero lo que ni en Oriente ni en Occidente se descubre claramente, en aquellos primeros siglos, es el comienzo y término de la Cuaresma. Combinándola de muy distinta manera las diversas iglesias, incluyendo unas en ella la Semana Santa, y excluyéndola otras. En una cosa, empero, convenían todas: en el número de ayunos, que solía ser, para los fieles, de treinta y seis días. En el siglo V se unificó, por fin, la duración; y en el VII, un Papa posterior a San Gregorio Magno completó los cuatro días de ayuno que faltaban a, la Cuaresma, prescribiéndolo como obligatorio desde el miércoles de ceniza, que por eso se llamó caput jejunii o “principio del ayuno”.

2. Prácticas cuaresmales.

Lo que Moisés, Elías y Jesucristo practicaron con más rigor en sus respectivas cuaresmas, fue el ayuno y la oración, los que, por lo mismo, sirvieron de base para la Cuaresma cristiana, a la cual agregó la Iglesia la práctica de la limosna y obras de caridad.

La ley del ayuno la observaban los antiguos con sumo rigor. No contentos con cercenar la cantidad de alimento, privábanse totalmente de carnes, huevos, lacticinios, pescado, vino y todo aquello que el uso común considerábalo como un regalo. Hacían sólo una comida diaria, después de la Misa “estacional” y Vísperas, que terminaban al declinar la tarde; y esa única comida solamente consistía en pan, legumbres y agua, y, a las veces, una cucharada de miel. Con la particularidad que ninguno se eximía del ayuno ni aun los jornaleros, ni los ancianos, ni los mismos niños de más de doce años de edad; tan sólo para los enfermos hacíase una excepción, que habían de refrendar el médico y el sacerdote. A estas penitencias añadían otras privaciones, tales como la continencia conyugal, la supresión de las bodas y festines, del ejercicio judicial, de los juegos, recreos públicos, caza, deportes, etcétera. De este modo se santificaba la Cuaresma no ya solamente en el templo como ahora, sino también en los hogares, y hasta en los tribunales, en los casinos, en los hoteles, en los teatros y en los circos. Es decir, que el espíritu de Cuaresma informaba la vida de toda la sociedad cristiana.

Actualmente la observancia íntegra del ayuno y abstinencia cuaresmal ha quedado confinada a algunas órdenes religiosas, ya que el derecho común tan sólo manda ayunar con abstinencia el miércoles de ceniza y de témporas, y los viernes y sábados de Cuaresma, y sin abstinencia, todos los demás días.

De hecho, estos mismos ayunos cuaresmales están reducidos en muchos países casi a la nada, merced a los indultos, bulas y privilegios particulares; habiendo llegado a tanto la condescendencia de la Iglesia, en cuanto al modo de observarlos, que en ellos ha permitido leche, huevos, pescado, vino y otros géneros de regalos, además de autorizar una comida fuerte, un desayuno, aunque leve, y una ligera colación.

La oración cuaresmal por excelencia era y es la Santa Misa, precedida antiguamente de la procesión estacional. Ahora es digno complemento, por la tarde, el ejercicio del Viacrucis.

La limosna practicábase en la Iglesia con ocasión de la colecta de la Misa y otras particulares que se hacían en favor del clero, viudas, huérfanos y menesterosos, con quienes también ejercitaban a porfía otras obras de caridad.

Aspecto exterior del templo.

La ley de la abstinencia cuaresmal diríase que hasta a los templos materiales alcanza, pues a ellos también les impone la ley litúrgica sus privaciones, con las que se fomenta la compunción y el recogimiento.

Los templos, en efecto, vénse privados durante los oficios cuaresmales del alegre aleluya, del himno angélico Gloria in excelsis, de la festiva despedida Ite missa est, de los acordes del órgano, de las flores, iluminaciones y demás elementos de adorno, y del uso, fuera de las festividades de los Santos, de otros ornamentos que los morados, de cuyo color se cubren también, desde el domingo de Pasión, los crucifijos y las imágenes. Tal es el aspecto severo del templo o como si dijéramos el continente exterior de la liturgia en tiempo de Cuaresma, el que acentúa todavía más los cantos graves y melancólicos del repertorio gregoriano y el frecuente arrodillarse para los rezos corales.

El alma de la liturgia cuaresmal.

Si, empero, sondeamos el alma de la liturgia cuaresmal a la luz de los Evangelios, de sus epístolas, oraciones, antífonas y demás textos de su rica literatura, la vemos embargada de los más variados sentimientos de arrepentimiento, de confianza, de ternura, de compasión, de pena, de temor.

El Breviario de Cuaresma, con sus homilías y sermones, con sus himnos, sus capítulos y sus responsorios, a cual más expresivos y piadosos, pone en juego los más delicados recursos de nuestra madre la Iglesia, para conmover los corazones de sus hijos; pero con eso y todo, todavía le supera el Misal. Aquí encontramos cuadros indescriptibles: conversiones y absoluciones de pecadores, como la Samaritana, la Magdalena, la adúltera, el Hijo pródigo, los Ninivitas; multitud de curaciones y milagros del Salvador; rasgos generosos de desprendimiento, como el de la viuda de Sarepta; difuntos resucitados y madres y hermanos consolados; a José, víctima de la envidia de sus hermanos, y a Jesús, vendido por uno de sus íntimos; amenazas y voces de trueno y vaticinios terroríficos de los antiguos profetas para los pecadores obstinados y, en cambio, palabras dulces y persuasivas del Divino Maestro llamándolos a penitencia; ríos de lágrimas que cuestan a la Iglesia los cristianos impenitentes, y gozos inenarrables que suscita en el cielo su conversión; quejas de los sacerdotes en vista de la indiferencia de muchos, y tiernos clamores del pueblo fiel pidiendo al Señor perdón y misericordia.

Si penetramos todavía más hondamente en el corazón de la liturgia cuaresmal, descubrimos, además, tres grandes preocupaciones que embargan a la Iglesia:

La trama y desarrollo de la Pasión del Señor;

La preparación de los catecúmenos; y

La reconciliación de los penitentes públicos.

No hay día ni casi oficio en que no se manifieste de algún modo esta triple preocupación, y es menester estar de ello advertidos para interpretar ciertos pasajes y aun ciertos ritos especiales que, aunque muy hermosos, parecerían, sin eso, intempestivos.

Tomado de Azcarate La flor de la liturgia.

Domingo de Quincuagésima

TEXTOS DE LA MISA EN ESPAÑOL

INTROITO Salmo 30, 3-4. 2

Sé para mí un Dios protector y un lugar de refugio, para salvarme; porque Tú eres mi fortaleza y mi asilo; y por Tu Nombre me guiarás y me sustentaré. V/. Oh Señor, en Ti tengo puesta mi esperanza: no quede yo para siempre confundido: sálvame, pues eres justo, y líbrame. V/.  Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre,  por los siglos de los siglos. Amén. 

COLECTA

Escucha, te rogamos, Señor, nuestras súplicas según tu misericordia, y, libres de los lazos de nuestros pecados, presérvanos de toda adversidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén. 

EPÍSTOLA 1 Corintios 13, 1-13

Lectura de la Carta de San Pablo a los Corintios.

Hermanos: Si yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, y no tuviere caridad, sería como bronce que suena o campana que retiñe. Y si tuviera el don de profecía, y conociese todos los misterios, y todas las ciencias, y tuviese toda la fe que trasladase los montes de una parte a otra, con todo, no tuviese caridad, nada sería. Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a los pobres, y entregase mi cuerpo a las llamas, mas no tuviese caridad, nada me aprovecharía. La caridad es paciente es benigna: la caridad no es envidiosa, no obra inconsideradamente, no se ensoberbece, no es ambiciosa, no busca sus provechos, no se irrita, no piensa mal no se goza en la iniquidad, sino que se complace en la verdad; todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. La caridad nunca fenece: aunque termine el don de profecías, y cese el don de lenguas, y se acabe el don de ciencia. Porque ahora sólo conocemos parcialmente, sólo profetizamos parcialmente. Mas cuando llegue lo que es perfecto, desaparecerá lo imperfecto. Cuando yo era niño, hablaba como niño, jugaba como niño, discurría como niño. Mas cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño. Ahora vemos a Dios como a través de un espejo y en el misterio; mas luego le veremos cara a cara. Ahora le conozco imperfectamente: más luego le conoceré como soy yo conocido por Él. Ahora existen la fe, la esperanza y la caridad, pero de las tres la mayor es la caridad.

GRADUAL Salmo 76, 15-16

Tú eres el Dios que obra prodigios; hiciste conocer a los pueblos tu poder. V/.  Con tu brazo libraste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y José.

TRACTO. Salmo 99, 1-2

En tiempo de Septugésima, omitido el Aleluya, se dice:

Moradores todos de la tierra, canten con júbilo las alabanzas de Dios: sirvan al Señor con alegría. V/. Vengan llenos de alborozo a presentarse ante su acatamiento. Tengan entendido que el Señor es el único Dios. V/. Él es el que nos hizo, y no nosotros mismos. Pueblo suyo somos, y ovejas de su aprisco. 

EVANGELIO Lucas 18, 31-43

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas.

En aquel tiempo: Tomando Jesús consigo a los Doce, les dijo: «He aquí que subimos a Jerusalén, y todo lo que ha sido escrito por los profetas sobre el Hijo del hombre se va a cumplir. Porque será entregado a los gentiles, se burlarán de Él, lo ultrajarán, escupirán sobre Él, y después de haberlo azotado, lo matarán, y al tercer día resucitará. Pero ellos no entendieron ninguna de estas cosas; este asunto estaba escondido para ellos, y no comprendieron de qué hablaba. Cuando iba aproximándose a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, y mendigaba. Oyendo que pasaba mucha gente, preguntó qué era eso. Le dijeron: «Jesús, el Nazareno pasa». Y clamó diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, apiádate de mí!» Los que iban delante, la reprendían para que se callase, pero él gritaba todavía mucho más: «¡Hijo de David, apiádate de mí!» Jesús se detuvo y ordenó que se lo trajesen; y cuando él se hubo acercado, le preguntó: «¿Qué deseas que te haga?» Dijo: «¡Señor, que vea!» y Jesús le dijo: «Ve; tu fe te ha salvado». Y al instante vio, y le seguía glorificando a Dios. y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

Se dice Credo

 OFERTORIO Salmo 118, 12-13

Bendito eres Tú, Señor; enséñame tus preceptos: con mis labios he pronunciado todos los oráculos que han salido de tu boca. 

SECRETA

Haz, Señor, que esta Hostia borre nuestros pecados, y santifique los cuerpos y espíritus de tus servidores para celebrar dignamente este sacrificio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios. Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro

COMUNIÓN Salmo 77, 29-30

Comieron y se hartaron; les concedió el Señor su deseo; no quedaron frustrados sus anhelos. 

POSCOMUNIÓN

Te rogamos, Dios Todopoderoso, hagas que, habiendo recibido el alimento celestial, éste nos fortifique contra toda adversidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

TEXTOS DE LA MISA EN LATIN

INTROITO Salmo 30, 3-4. 2

Esto mihi in Deum protectórem, et in locum refúgii, ut salvum me fácias: quóniam firmaméntum meum, et refúgium meum es tu: et propter nomen tuum dux mihi eris, et enútries me. V/. In te, Dómine, sperávi, non confúndar in ætérnum: in justítia tua líbera me, et éripe me. V/. Glória Patri et Filio et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio et nunc et semper, et in saecula saeculorum. Amén 

COLECTA

Preces nostras, quǽsumus, Dómine, cleménter exáudi: atque a peccatórum vínculis absolútos, ab omni nos adversitáte custódi. Per Dominum nostrum Jesum Christum, Filium Tuum, qui Tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen. 

EPÍSTOLA 1 Corintios 13, 1-13

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios.

Fratres: Si linguis hóminum loquar, et Angelórum, caritátem autem non hábeam, factus sum velut æs sonans, aut cymbalum tínniens.  Et si habúero prophetíam, et nóverim mystéria ómnia, et omnem sciéntiam: et si habúero omnem fidem ita ut montes tránsferam, caritátem autem non habúero, nihil sum.  Et si distribúero in cibos páuperum omnes facultátes meas, et si tradídero corpus meum ita ut árdeam, caritátem autem non habúero, nihil mihi prodest.  Cáritas pátiens est, benígna est: Cáritas non æmulátur, non agit pérperam, non inflátur, non est ambitiósa, non quærit quæ sua sunt, non irritátur, non cógitat malum, non gaudet super iniquitáte, congáudet autem veritáti: ómnia suffert, ómnia credit, ómnia sperat, ómnia sústinet.  Cáritas numquam éxcidit; sive prophetíæ evacuabúntur, sive linguæ cessábunt, sive sciéntia destruétur.  Ex parte enim cognóscimus, et ex parte prophetámus.  Cum autem vénerit quod perféctum est, evacuábitur quod ex parte est.  Cum essem párvulus, loquébar ut párvulus, sapiébam ut párvulus, cogitábam ut párvulus.  Quando autem factus sum vir, evacuávi quæ erant párvuli.  Vidémus nunc per spéculum in ænígmate: tunc autem fácie ad fáciem.  Nunc cognósco ex parte: tunc autem cognóscam sicut et cógnitus sum.  Nunc autem manent, fides, spes, cáritas, tria hæc: major autem horum est cáritas 

GRADUAL Salmo 76, 15-16

Tu es Deus qui facis mirabília solus: notam fecísti in géntibus virtútem tuam. V/.  Liberásti in bráchio tuo pópulum tuum, fílios Israël et Joseph. 

TRACTO. Salmo 99, 1-2

En Septugésima, omitido el Aleluya, se dice:

Jubiláte Deo omnis terra: servíte Dómino in lætítia. V/. Intráte in conspéctu ejus, in exsultatióne: scitóte quod Dóminus ipse est Deus. V/.  Ipse fecit nos, et non ipsi nos: nos autem pópulus ejus, et oves páscuæ ejus. 

EVANGELIO Lucas 18, 31-43

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam.

In illo témpore: Assúmpsit Jesus duódecim, et ait illis: «Ecce ascéndimus Jerosólymam, et consummabúntur ómnia, quæ scripta sunt per prophétas de Fílio hóminis.  Tradétur enim géntibus, et illudétur, et flagellábitur, et conspuétur: et postquam flagelláverint, occídent eum, et tértia die resúrget.»  Et ipsi nihil horum intellexérunt, et erat verbum istud abscónditum ab eis, et non intelligébant quæ dicebántur.  Factum est autem, cum appropinquáret Jéricho, cæcus quidam sedébat secus viam, mendícans.  Et cum audíret turbam prætereúntem, interrogábat quid hoc esset.  Dixérunt autem ei, quod Jesus Nazarénus transíret.  Et clamávit, dicens: «Jesu, fili David, miserére mei.»  Et qui præíbant, increpábant eum ut tacéret.  Ipse vero multo magis clamábat: «Fili David, miserére mei.»  Stans autem Jesus, jussit illum addúci ad se.  Et cum appropinquásset, interrogávit illum, dicens: «Quid tibi vis fáciam?»  At ille dixit: Dómine, ut vídeam.»  Et Jesus dixit illi: «Réspice, fides tua te salvum fecit.»  Et conféstim vidit, et sequebátur illum magníficans Deum.  Et omnis plebs ut vidit, dedit laudem Deo.

Se dice Credo

 OFERTORIO Salmo 118, 12-13

Benedíctus es, Dómine, doce me justificatiónes tuas: in lábiis meis pronuntiávi ómnia judícia oris tui.

SECRETA

Hæc hóstia, Dómine, quǽsumus, emúndet nostra delícta: et ad sacrifícium celebrándum, subditórum tibi córpora mentésque sanctíficet. Per Dominum nostrum Jesum Christum, Filium Tuum, qui Tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus,

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Vere dignum et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui cum unigénito Fílio tuo, et Spíritu Sancto, unus es Deus, unus es Dóminus: non in uníus singularitáte persónæ, sed in uníus Trinitáte substántiæ. Quod enim de tua gloria, revelánte te, crédimus, hoc de Fílio tuo, hoc de Spíritu Sancto, sine differéntia discretiónis sentimus. Ut in confessióne veræ sempiternáeque Deitátis, et in persónis propríetas, et in esséntia únitas, et in majestáte adorétur æquálitas. Quam laudant Angeli atque Archángeli, Chérubim quoque ac Séraphim: qui non cessant clamáre quotídie, una voce dicéntes: 

COMUNIÓN Salmo 77, 29-30

Manducavérunt, et saturáti sunt nimis, et desidérium eórum áttulit eis Dóminus: non sunt fraudáti a desidério suo. 

POSCOMUNIÓN

Quǽsumus omnípotens Deus: ut qui cæléstia aliménta percépimus, per hæc contra ómnia advérsa muniámur. Per Dominum nostrum Jesum Christum, Filium Tuum, qui Tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.

Preparación para la Cuaresma

TEMOR SALUDABLE. —

Después de emplear tres semanas enteras en reconocer las dolencias de nuestra alma y sondear las heridas que el pecado nos ha causado, debemos, al presente, sentirnos preparados a hacer penitencia. Conocemos mejor la justicia y santidad de Dios, los peligros que corre el alma impenitente; y para obrar en la nuestra retorno sincero y duradero, hemos roto con las vanas alegrías y futilidades del mundo. La ceniza se ha derramado en nuestras cabezas y se ha humillado nuestro orgullo ante la sentencia de muerte que ha de cumplirse en nosotros.

En el curso de esta prueba de cuarenta días, tan largo para nuestra flaqueza, no nos abandonará la presencia de Nuestro Salvador. Parecía haberse sustraído a nuestras miradas durante estas semanas pasadas en que no resonaban más que maldiciones lanzadas contra el hombre pecador; pero esa sustracción nos era beneficiosa; era propia para hacernos temblar al ruido de las venganzas divinas. «El temor del Señor es el principio de la sabiduría”; y por habernos visto sobrecogidos de miedo, se despertó en nosotros el sentimiento de la penitencia.

EJEMPLO SEDUCTOR DE CRISTO. —

Abramos, por ello, los ojos y paremos mientes. Emmanuel mismo, llegado a la edad viril, se ostenta de nuevo a nuestros ojos, no ya en apariencia de aquel tierno niño que adoramos en el pesebre, sino semejante

al pecador temblando y humillándose ante la soberana majestad por nosotros ofendida, y ante la cual se declara fiador nuestro. A efectos del amor que nos profesa vino a alentarnos con su presencia y sus ejemplos. Vamos a dedicarnos durante cuarenta días al ayuno y abstinencia; El, la inocencia personificada, va a consagrar el mismo tiempo a mortificar su cuerpo. Nos abstraemos durante un período lejos de placeres bullangueros y sociedades mundanales: El se retira de la compañía y vista de los hombres.

Queremos nosotros acudir frecuentemente, asiduamente a la casa de Dios, y darnos con mayor ahínco a la oración: El pasará cuarenta días con sus noches conversando con su Padre en actitud suplicante. Nosotros repasaremos nuestros años en la amargura de nuestro corazón gimiendo y lamentando nuestros pecados: El los va a expiar por el sufrimiento y llorarlos en el silencio del desierto, como si El mismo los hubiera cometido.

Apenas sale de las aguas del Jordán santificándolas y fecundándolas y el Espíritu Santo le lanza al desierto. Ha llegado, empero, para El la hora de manifestarse al mundo; pero antes quiere darnos un ejemplo magnífico; y sustrayéndose a las miradas del Precursor y de la muchedumbre que vio descender la paloma divina sobre El y oyó la voz del Padre celestial dirige sus pasos al desierto.

A corta distancia del río se levanta una agreste y escarpada montaña que las generaciones cristianas llamará después: Monte de la Cuarentena.

De su abrupta cresta se domina la llanura de Jericó, el curso del Jordán y el Mar Muerto que recuerda la cólera de Dios. Allí, al fondo de una gruta natural cavada en la roca va a cobijarse el Hijo del Eterno, sin más compañía que las alimañas que buscaron sus cuevas en sus contornos. Jesús penetra sin alimento alguno para el sostén de sus humanas fuerzas; el agua misma que pudiera refrescarle no se halla en aquel escarpado desierto. Sólo se ve la desnuda piedra donde reposar sus cansados miembros.

A los cuarenta días se acercaron los ángeles y le ofrecieron un refrigerio. A sí, pues, se nos adelanta el Salvador y nos sobrepuja en la santa carrera de la Cuaresma; la ensaya, la lleva a cabo delante de nosotros para que con su ejemplo parar en seco todos nuestros pretextos, angustias, repugnancias de nuestra debilidad y orgullo. Aceptemos la lección en toda su amplitud y comprendamos finalmente la ley de la expiación. Bajando de esa austera montaña el Hijo de Dios inicia su predicación por esta sentencia que dirige a todos los hombres: «Haced penitencia porque el reino de Dios se acerca'». Abramos nuestros corazones a esta invitación para que no se vea forzado el Redentor a sacudir nuestra pereza por la amenaza escalofriante que deja oír en otras circunstancias: «Si no hacéis penitencia, todos pereceréis».

LA VERDADERA PENITENCIA. —

Ahora bien, la penitencia estriba en la contrición del corazón y mortificación del cuerpo; estos dos elementos le son esenciales. El corazón del hombre ha escogido el mal, y el cuerpo ha prestado ayuda a perpetrarle.

Estando, por otra parte, compuesto el hombre de uno y otro, ha de unirlos en el pleito homenaje que a Dios tributa. El cuerpo ha de participar necesariamente de las delicias eternas o de los tormentos del infierno. No hay, por tanto, vida cristiana completa ni tampoco expiación acabada, si el alma en una y otra no toma parte.

CONVERSIÓN DEL CORAZÓN. —

El principio de la verdadera penitencia radica en el corazón; nos lo enseña el Evangelio en los ejemplos del hijo pródigo, del publicano Zaqueo y de S. Pedro. Es necesario que el corazón rompa en absoluto con el pecado, que amargamente le deplore, que conciba horror hacia él, y que evite las ocasiones.

Para expresar esta disposición se sirve la Escritura de una expresión que usada en estilo cristiano corriente, refleja admirablemente el estado del alma sinceramente segregada del pecado; la llama: conversión. Debe, por tanto, el cristiano, ejercitarse durante la cuaresma en la penitencia del corazón y considerarla como el fundamento esencial de todas las prácticas propias de este santo tiempo. Sería, sin embargo, ilusoria esta penitencia si no se asocia la ofrenda del cuerpo a los sentimientos interiores que la penitencia inspira. No se contenta el Salvador en la montaña con suspirar y llorar nuestros pecados, los expía por el sufrimiento de su cuerpo; y la Iglesia, intérprete infalible suyo nos advierte que no será aceptada la penitencia de nuestro corazón si no la unimos a la práctica exacta de la abstinencia y del ayuno.

NECESIDAD DE LA EXPIACIÓN. —

¡Cuán disparatada es, pues, la ilusión de tantos cristianos honrados que piensan ser irreprensibles, sobre todo al olvidar su vida pasada, o compararse con otros y que satisfechos de si mismos, jamás piensan en los peligros de una vida muelle que están resueltos a llevar hasta el fin de sus días! No piensan ya en los pecados de otros tiempos. ¿No los han, por ventura, confesado sinceramente? La regularidad con que después se desenvuelve su vida, ¿no es acaso prueba de su virtud sólida?

¿Qué tienen, pues que altercar con la justicia de Dios? En consecuencia, les vemos solicitar regularmente todas las dispensas posibles en Cuaresma. La abstinencia les embaraza, el ayuno es incompatible con la salud, los quehaceres y costumbres del día. No tienen la pretensión de ser mejores que fulano o de tal o de cual que no ayuna ni guarda abstinencia; y, como son incapaces de tener siquiera la idea de suplir por otras prácticas de penitencia a las prescritas por la Iglesia, sucede que sin darse cuenta e insensiblemente, se llega a no ser ya cristianos.

Testigo la Iglesia de esta decadencia espantosa del sentido sobrenatural y temiendo una oposición que precipitaría más las últimas pulsaciones de una vida que se va extinguiendo, ensancha más y más el margen de las dispensas. Esperando conservar siquiera una chispa del cristianismo para un mejor porvenir, prefiere abandonar a la justicia del mismo Dios los hijos que ya no la escuchan cuando les enseña los medios de captarse el favor de esa justicia en este mundo; y esos cristianos se dan grandemente por seguros sin ninguna preocupación; sin cuidarse de comparar su vida con los ejemplos de Cristo y de sus santos, con las reglas multiseculares de la penitencia cristiana.

DISPENSAS. —

Hay, sin duda algunas excepciones a esa molicie peligrosa; pero cuan raras son sobre todo en las ciudades. ¡Cuántos prejuicios, qué de pretextos fútiles, cuántos malhadados ejemplos contribuyen a falsear las almas! ¡Cuántas veces se oye de boca de quienes se precian de católicos, la escusa que no guardan abstinencia, que no ayunan, porque la abstinencia y el ayuno les molestaría, les cansaría! Como si la penitencia y el ayuno tuviera otro fin que el de imponer un yugo trabajoso a este cuerpo de pecado.

Parece, en verdad, que los tales han perdido la razón; y grande será su extrañeza el día del juicio cuando les confronte el Señor con tantos pobres musulmanes que en el seno de su religión depravada y sensual, tienen cada año la entereza de cumplir las duras privaciones de su Ramadán, durante treinta días.

¿Será, empero, necesario, compararles con otros más que consigo mismos tan incapaces, según piensan, de guardar abstinencias y ayunos tan mitigados de una Cuaresma cuando Dios los ve imponerse tantas fatigas inmensamente más trabajosas en la búsqueda de intereses y goces mundanales? Cuánta salud ajada en placeres frívolos por lo menos, y siempre peligrosos, salud que se hubiera conservado lozana si la ley cristiana y no el afán de agradar al mundo hubiera regido y dominado la vida. Pero a tal extremo llega la relajación que no se experimenta inquietud y remordimiento alguno; se relega la Cuaresma a la edad media, sin parar mientes siquiera que la Iglesia ha dosificado la observancia a nuestra debilidad física y moral. Se ha reconquistado o conservado por la misericordia de Dios la fe de los padres; no se han dado cuenta todavía ni recordado nuestros fieles que la práctica de la Cuaresma es señal esencialísima del catolicismo, y que la reforma protestante del siglo XVI tiene como distintivo suyo muy señalado, estampado en bandera, la abolición de la abstinencia y ayuno.

LEGÍTIMA DISPENSA Y NECESIDAD DE ARREPENTIMIENTO.—

Se nos dirá, por ventura, ¿no hay, pues, dispensas legítimas? Seguramente que las hay, y en este tiempo de agotamiento general muchas más que en épocas anteriores; pero hay que tener cuidado con las ilusiones. Si tenéis fuerzas para sobrellevar otras fatigas ¿no las tendréis para cumplir el deber de la abstinencia?

Si el miedo o una incomodidad menuda os asusta, habéis por lo mismo olvidado que el pecado no se perdona sin la expiación. El parecer de los científicos que auguraron mengua de vuestras fuerzas como consecuencia del ayuno, puede estar basado en razón; se trata ahora de saber si no es cabalmente esa mortificación de la carne lo que la Iglesia os prescribe en interés de vuestras almas. Demos, sin embargo, por legítima la dispensa, y que vuestra salud corre en verdad serio riesgo, que vuestros deberes esenciales sufrirán quiebra si guardareis a la letra las prescripciones de la Iglesia; en este caso ¿no pensáis en sustituir por otra obra de penitencia, las que vuestras fuerzas no os permiten ejecutar? ¿Sentís vivo pesar, confusión sincera de no poder llevar con los verdaderos fieles el yugo de la disciplina cuaresmal?

¿Pedís a Dios la gracia de poder otro año participar en los méritos de vuestros hermanos, y llevar a cabo con ellos estas santas prácticas que han de ser motivo de la misericordia y del perdón? Si así es, la dispensa no os habrá dañado, y cuando la fiesta de Pascua convide a los hijos de la Iglesia a sus goces inefables, os podréis asociar confiados a los que han ayunado, porque si la debilidad de vuestros cuerpos os estorbó seguir sus pasos, vuestro espíritu, no obstante ello, permaneció fiel al espíritu de la Cuaresma.

PROVECHOSA INSTITUCIÓN DEL AYUNO. —

Pensamos, al escribir estas páginas, en los lectores cristianos, que, hasta el presente, nos siguen, pero ¿qué sucedería si recapacitamos en el resultado de la suspensión de las leyes santas cuaresmales, en la masa de los pueblos, sobre todo en las ciudades? Y ¿cómo los publicistas católicos, que tantas cuestiones han ventilado, no han insistido tenazmente sobre los efectos lamentables que acarrea a la sociedad el cese de una práctica que recordando cada año la necesidad de expiación, sostenía, más que cualquier otra institución, el vivo sentimiento del bien y del mal?

No es necesario cabilar mucho para persuadirse de la superioridad de un pueblo que se impone, duramente cuarenta días cada año, una serie de privaciones con el fin de reparar las trasgresiones cometidas en el orden moral, sobre tal otro pueblo que en ningún tiempo sueña con la idea de reparación y enmienda.

ANIMO Y CONFIANZA. —

Cobren pues, aliento los hijos de la Iglesia y aspiren a esa paz de conciencia que es patrimonio exclusivo del alma penitente de verdad. La inocencia perdida se recobra por la confesión humilde del pecado cuando va acompañada de la absolución del sacerdote; pero ha de esquivar el prejuicio peligroso, de que nada queda ya por hacer después de el perdón. Recordemos esta grave sentencia del Espíritu Santo en la Escritura: «Del pecado perdonado no quieras nunca estar sin miedo'». La certeza del perdón corre parejas con el cambio del corazón; y puede uno dar rienda a la confianza en cuanto constantemente siente el pesar de haber pecado y la solicitud constante asimismo, de expiar en vida los pecados. «Nadie sabe de cierto si es digno de amor o de aversión'», dice también la Escritura. Puede esperar ser digno de amor el que siente dentro de sí mismo que no le ha desamparado el espíritu de penitencia.

LA ORACIÓN. —

Entremos, pues, resueltos a la vida santa que abre a nuestros ojos la Iglesia y hagamos fecundo nuestro ayuno por los otros dos medios que Dios nos propone en los Libros de la sagrada Escritura: Oración y limosna. A la par que por la palabra ayuno, la Iglesia entiende recomendarnos todas las obras de mortificación cristiana en la palabra oración, encierra todos los ejercicios piadosos con que el alma se dirige a Dios. Visitas más asiduas a la Iglesia, asistencia diaria a la santa Misa, lecturas piadosas, meditación de las verdades saludables y de los sufrimientos del Redentor, examen de conciencia, rezo de los Salmos, asistencia a sermones y pláticas de este santo tiempo, y sobre todo recepción de los Sacramentos de Penitencia y Eucaristía, son los medios principales con los que pueden los fieles ofrecer a Dios el homenaje de la Oración.

GUERANGER, El año cristiano.

Domingo de Sexagésima

TEXTOS DE LA MISA EN ESPAÑOL

INTROITO Salmo 43, 23-26. 2

¡Despierta, Señor! ¿Por qué aparentas dormir? Despierta y no nos rechaces para siempre. ¿Por qué escondes tu rostro y olvidas nuestra tribulación? Pegado está nuestro cuerpo a la tierra; despierta, Señor, ayúdanos y líbranos. V/. Nuestros oídos, Señor, lo oyeron; nuestros padres nos lo contaron. V/.  Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre,  por los siglos de los siglos. Amén. 

COLECTA

Oh Dios, que ves cómo no confiamos en ninguna de nuestras acciones, concédenos propicio que seamos fortalecidos por la protección del Doctor de las gentes contra toda adversidad.  Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén. 

EPÍSTOLA  2 Corintios 11, 19-33; 12, 1-9

Lectura de la  carta del Apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos: ¡Qué a gusto soportáis a los tontos, vosotros los listos! Porque aguantáis que esa gente os tiranice, os devore, os explote, os humille, os abofetee. Me refiero a vuestra crítica de que hemos sido débiles. Pero si hay que darse importancia, voy a disparatar y a dármela también yo. ¿Qué son hebreos? También yo. ¿Qué son israelitas? También yo. ¿Qué son descendientes de Abraham? También yo. ¿Qué son siervos de Cristo? Voy a decir un disparate: Mucho más yo. Yo les gano en trabajos, les gano en cárceles, no digamos en palizas, y en muchos peligros de muerte. De los judíos he recibido cinco veces los treinta y nueve azotes de rigor; tres veces me han azotado con varas, una vez me han apedreado. He pade­cido tres naufragios, pasando veinticuatro horas en medio del mar. Siempre de viaje: En peligros de ríos, en peligros de bandoleros, en peligros de mis paisanos, en peligros de los gentiles, peligros de la ciudad, peligros en despoblado, peligros del mar, peligros de falsos hermanos. Trabajo y agotamiento, sin poder dormir muchas veces; con hambre y con sed en ayunos frecuentes, con frío y sin ropa. Además de estas cosas externas, la carga de cada día: la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, sin que yo enferme? ¿Quién cae, sin que a mí me dé fiebre? Si ahora toca presumir, presumiré de mi debilidad. Bien sabe Dios, Padre del Señor Jesús (bendito sea su nombre por siempre), que no miento: En Damasco, el gobernador del rey Aretas puso guardia en la ciudad para prenderme: metido en un costal me descolgaron por una ventana de la muralla y así escapé de sus manos. ¿Hay que presumir? —aunque sé que no esté bien—, pues paso a las visiones y revelaciones del Señor. Yo sé de un cristiano que hace catorce años —no sabría decir si en el cuerpo o fuera del cuerpo, Dios lo sabe— fue arrebatado hasta el tercer cie­lo. Y puedo decir que este tal —no sabría decir si en el cuerpo o sin él, Dios lo sabe— fue arrebatado al Paraíso y oyó palabras arcanas que un hombre no puede repetir. De éste presumiré; en cuanto a mí, sólo presumiré de mis debilidades. Y si me diera por presumir, no sería disparatar, porque diría la verdad: pero lo dejo, para que nadie me tenga por más de lo que en mí ve y oye. Y por la grandeza de estas revelaciones, para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un emisario de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces le he pedido al Señor verme libre de él y me ha respondido: Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad. Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

GRADUAL Salmo 82, 19 y 14

Reconozcan los gentiles que tú, Señor, eres el único excelso en toda la tierra. V/. Dios mío, hazlos hojarasca, vilanos frente al vendaval. 

TRACTO Salmo 59, 4.6

En tiempo Septuagésima, omitido el Aleluya, se dice:

Señor, has sacudido la tierra, y la has hendido: V/. Sana sus quebraduras, porque se ha movido. V/. Para que huyan a la vista del arco: para que sean librados tus elegidos. 

EVANGELIO Lucas 8, 4-15

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo se reunía mucha gente en torno a Jesús y al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, y al crecer se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena, y al crecer dio fruto al ciento por uno. Dicho esto, exclamó: El que tenga oídos para oír, que oiga. Entonces le preguntaron sus discípulos: ¿Qué significa esta parábola? Y Él les respondió: A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la parábola es éste: La semilla es la Palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la Palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por el momento creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre las zarzas son los que escuchan, pero con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Lo de la tierra buena son los que con un corazón noble y bueno escuchan la Palabra, la guardan y perseveran hasta dar fruto.

Se dice Credo 

OFERTORIO Salmo 16, 5. 6-7

Dirige mis pasos por tus caminos, para que no vacilen mis pies: inclina tu oído, y escucha mis palabras: glorifica tus misericordias, tú que salvas a los que esperan en ti, Señor.

SECRETA

Haz, Señor, que este Sacrificio, a ti ofrecido, nos vivifique siempre, y nos defienda. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios. 

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios Todopoderoso y eterno: Que con tu Único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque Tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad; A quien alaban los Ángeles y los Arcángeles y todos los coros celestiales, que no cesan de aclamare con una sola voz:


 COMUNIÓN Salmo 42, 4

Me llegaré al altar de Dios, que llena de alegría mi juventud. 

POSCOMUNIÓN

Te rogamos humildemente, oh Dios omnipotente, hagas que, los que tú alimentas con tus Sacramentos, te sirvan alegremente con sus buenas costumbres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

TEXTOS DE LA MISA EN LATIN

Dominica in Sexagesima

II Classis

Introitus: Ps. xliii: 23-26

Exsúrge, quare obdórmis, Dómine? exsúrge, et ne repéllas in finem: quare fáciem tuam avértis, oblivísceris tribulatiónem nostram? Adhæsit in terra venter noster: exsúrge Dómine, ádjuva nos, et líbera nos. [Ps.  ibid. 2]  Deus, áuribus nostris audívimus; patres nostri annuntiavérunt nobis.  Glória Patri.  Exsúrge

Oratio:

Deus, qui cónspicis, quia ex nulla nostra actióne confídimus: concéde propítius; ut contra advérsa ómnia Doctóris géntium protectióne muniámur. Per Dóminum.

2 Cor. xi: 19-33; xii: 1-9

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios.


Fratres: Libénter suffértis insipiéntes: cum sitis ipsi sapiéntes.  Sustinétis enim si quis vos in servitútem rédigit, si quis dévorat, si quis áccipit, si quis extóllitur, si quis in fáciem vos cædit.  Secúndum ignobilitátem dico, quasi nos infírmi fuérimus in hac parte.  In quo quis audet (in insipiéntia dico) áudeo et ego: Hebræi sunt, et ego: Israëlítæ sunt, et ego: Semen Abrahæ sunt, et ego: Minístri Christi sunt, (ut minus sápiens dico) plus ego: in labóribus plúrimis, in carcéribus abundántius, in plagis supra modum, in mórtibus frequénter.  A Judæis quínquies quadragénas, una minus, accépi. Ter virgis cæsus sum, semel lapidátus sum, ter naufrágium feci, nocte et die in profúndo maris fui, in itinéribus sæpe, perículis flúminum, perículis latrónum, perículis ex génere, perículis ex géntibus, perículis in civitáte, perículis in solitúdine, perículis in mari, perículis in falsis frátribus: in labóre, et ærúmna, in vigíliis multis, in fame et siti, in jejúniis multis, in frígore et nuditáte, præter illa, quæ extrínsecus sunt, instántia mea quotidiána, sollicitúdo ómnium Ecclesiárum.  Quis infirmátur, et ego non infírmor? quis scandalizátur, et ego non uror?  Si gloriári opórtet: quæ infirmitátis meæ sunt, gloriábor.  Deus et Pater Dómini nostri Jesu Christi, qui est benedíctus in sæcula, scit quod non méntior.  Damásci præpósitus gentis Arétæ regis, custodiébat civitátem Damascenórum, ut me comprehénderet: et per fenéstram in sporta dimíssus sum per murum, et sic effúgi manus ejus.  Si gloriári opórtet (non éxpedit quidem): véniam autem ad visiónes, et revelatiónes Dómini.  Scio hóminem in Christo ante annos quatuórdecim, sive in córpore néscio, sive extra corpus néscio, Deus scit, raptum hujúsmodi usque ad tértium cælum.  Et scio hujúsmodi hóminem, sive in córpore, sive extra corpus néscio, Deus scit: quóniam raptus est in paradísum: et audívit arcána verba, quæ non licet hómini loqui.  Pro hujúsmodi gloriábor, pro me autem nihil gloriábor nisi in infirmitátibus meis.  Nam, et si volúero gloriári, non ero insípiens: veritátem enim dicam: parco autem, ne quis me exístimet supra id, quod videt in me, aut áliquid audit ex me.  Et ne magnitúdo revelatiónum extóllat me, datus est mihi stímulus carnis meæ ángelus Sátanæ, qui me colaphízet.  Propter quod ter Dóminum rogávi ut discéderet a me: et dixit mihi: Súfficit tibi grátia mea: nam virtus in infirmitáte perfícitur.  Libénter ígitur gloriábor in infirmitátibus meis, ut inhábitet in me virtus Christi.

Graduale: Ps. lxxxii: 19, 14

Sciant gentes, quóniam nomen tibi Deus: tu solus Altíssimus super omnem terram.  v.  Deus meus, pone illos ut rotam: et sicut stípulam ante fáciem venti.

Tractus: Ps. lix:. 4, 6

Commovísti, Dómine, terram, et conturbásti eam.  v.  Sana contritiónes ejus, quia mota est. v.   Ut fúgiant a fácie arcus: ut liberéntur elécti tui.

Luc. viii: 4-15


 + Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam

In illo témpore: Cum turba plúrima convenírent, et de civitátibus properárent ad Jesum, dixit per similitúdinem: «Exiit, qui séminat, semináre semen suum: et dum séminat, áliud cécidit secus viam, et conculcátum est, et vólucres cæli comedérunt illud. Et áliud cécidit supra petram: et natum áruit, quia non habébat humórem. Et áliud cécidit inter spinas, et simul exórtæ spinæ suffocavérunt illud. Et áliud cécidit in terram bonam: et ortum fecit fructum céntuplum.» Hæc dicens clamábat: «Qui habet aures audiéndi, áudiat.» Interrogábant autem eum discípuli ejus; quæ esset hæc parábola. Quibus ipse dixit: «Vobis datum est nosse mystérium regni Dei, céteris autem in parábolis: ut vidéntes non vídeant, et audiéntes non intélligant. Est autem hæc parábola: Semen est verbum Dei. Qui autem secus viam, hi sunt qui áudiunt: deínde venit diábolus, et tollit verbum de corde eórum, ne credéntes salvi fiant. Nam qui supra petram: qui cum audíerint, cum gáudio suscípiunt verbum: et hi radíces non habent: qui ad tempus credunt, et in témpore tentatiónis recédunt. Quod autem in spinas cécidit: hi sunt, qui audiérunt, et a sollicitudínibus, et divítiis, et voluptátibus vitæ eúntes, suffocántur, et non réferunt fructum. Quod autem in bonam terram: hi sunt, qui in corde bono, et óptimo audiéntes verbum rétinent, et fructum áfferunt in patiéntia.»

Credo

Offertorium: Ps. xvi: 5, 6-7

Pérfice gressus meos in sémitis tuis, ut non moveántur vestígia mea: inclína aurem tuam, et exáudi verba mea; mirífica misericórdias tuas, qui salvos facis sperántes in te, Dómine.

Secreta:

Oblátum tibi Dómine sacrifícium, vivíficet nos semper, et múniat. Per Dóminum.

Communio: Ps. xlii: 4

Introíbo ad altáre Dei, ad Deum qui lætíficat juventútem meam.

Postcommunio

Súpplices te rogámus omnípotens Deus: ut quos tuis réficis sacraméntis, tibi étiam plácitis móribus dignánter deservíre concédas. Per Dóminum.

Perlitas sobre el Niño Jesús de Praga

1) Era en aquél entonces, tan largo el camino para los peregrinos en llegar hasta Praga, desde Italia, que los Carmelitas  descalzos, fundaron en 1.889, el Convento  en  Arenzano,  distante a 31 Km. de Génova, (Liguaria). Pero el 7 de setiembre de  1.924,  por un Decreto Vaticano, Pío XI envía al Cardenal Merry del Val a coronar solemnemente  la sagrada imagen con una corona bendecida por el propio Papa. Consagrado el Santuario en 1.928, recibe el título de Santuario Basílica Menor. En 1.966 se amplia no sólo el Santuario sino sus alrededores. Cuenta con una enorme librería y en su frente, se erige -en 1.937- una gran columna de mármol encima de la cual se coloca una estatua dorada  del Niño Jesús, para dar la bienvenida a quien llega peregrino y a quienes se marcha. Era aquél año, el tercer centenario de la famosa promesa hecha por Jesús, al Padre Cirilo: “Cuanto más me honreís más os favoreceré”.

2) Artistas de ámbito local y otros de prestigio internacional, contribuyeron a la decoración del Santuario: frescos de Renzo Bonfiglio; mayólicas de Angelo Biancini, esculturas de Guido Galletti; vidrieras de Alfonso Leoni, cerámicas de Eliseo Salino. Los que hemos tenido la gracia de conocer este Santuario, podemos decir que apenas se entra en él, se vive y se siente una atmósfera no solo  especial sino inolvidable.

3) La emperatriz Doña Maria de Austria, cuando parte  hacia  Praga en 1.547, lleva entre sus damas de honor a doña María Manriquez de Lara, hija de don García Manriquez de Lara y de doña Isabel de Bregsano y ésta, lleva consigo una preciosa imagen  del Niño Jesús que se veneraba en la casa solariega de los Manriquez de Lara, en la región cordobesa. En su momento, cuando se casa su hija, la princesa Policema, ésta recibe de regalo, la estatuilla, la que a su vez termina en el Santuario de Praga…..Si echamos mano a aquella frase que dice “…el que no sabe relacionar, no sabe pensar…”, podríamos  decir que el Niñito Jesús de Praga, el mismísimo que se encuentra en  la Iglesia de los Carmelitas de Praga, donado a éstos, por la propia princesa Policema, es una talla de orígen Español, más precisamente andaluz ????

Historia del Niño Jesús de Praga

Ya que hemos podido conocer acontecimientos en la vida y santidad de varios niños, los cuales nos han mostrado cómo se puede amara Dios, por medio de un alma pura y sencilla; pues esta vez, toca Amar al que es Amado: El Divino Niñito Jesús de Praga.!!

La historia del milagroso Niños Jesús de Praga comienza en el año 1.628, cundo el Prior del Convento de Praga, el Padre Juan Luis de la Asunción, temiendo por la extrema pobreza de la casa, tuvo una buena inspiración. “siento dentro que Dios desea que toda la comunidad viva un intenso culto a su Hijo Hecho Niño…”. Y ello es así, dado que el Padre Juan Luis, nutria su espíritu desde novicio, con un amor ardiente a la infancia de Jesús. Pasó su noviciado en Roma, bajo la dirección de un gran formador, el venerable Padre Juan de Jesús María.

Reunidos con sus hermanos del Convento, expuso su inspiración y encargó al maestro de novicios, que buscara una bonita imagen del Niño Jesús para que asumiera el interés de la fundación y para que los novicios  al venerarla, se volviesen como niños para entrar en el reino de los cielos.

Y Dios no se hace esperar: una gran benefactora de los Carmelitas de Praga, la Princesa Polisena de Labkowicz, regala una bonita imagen de cera al Convento.

La imagen, representaba un bellísimo Niño Jesús, de pie, con vestidos reales, con el mundo en la mano izquierda y la derecha en actitud de bendecir.

Os ofrezco querido padre, lo que más quiero en el mundo: Honrad a este Niño Jesús y estad seguro de que, mientras le venereís, nada os podrá faltar ” –les dijo la Princesa. Simples palabras, en tan profundo encargo y en tan  bella confianza en Dios!

Ordena inmediatamente el Prior, llevarla al altar del oratorio y renovar el amor del Carmelo por el Niño Jesús.

El porqué estaban en Praga los Carmelitas…

Los Carmelitas descalzos habría llegado a la capital de Bohemia, unos pocos años antes, luego de la victoria del ejército católico, fiel al emperador,  contra aquel rebelde,  el calvinista Federico.

En efecto, fue durante la así llamada Guerra de los Treinta años, que se cambió en favor de la formación imperial, con la célebre batalla de la Montaña Blanca, que tuvo lugar en el año 1.620.

Por esta victoria, el emperador Fernando II tenía una deuda de gran de reconocimiento con la orden del Carmelo, porque había sido precisamente el general de los carmelitas descalzos, el venerable padre Domingo de Jesús, quien exhortó a sus soldados a la victoria contra los rebeldes protestantes.

A continuación de esta victoria atribuida a la ayuda de la Virgen María, en 1.624, los carmelitas fueron llamadas a Praga y se les asignó una iglesia bautizada con el nombre de Santa María de la Victoria.

Praga, era una capital, con palacios y monumentos donde vivía la corte y donde se exaltaba el poder del Sacro Romano Imperio Germánico, con sus ejércitos.

Y es precisamente, en esta ciudad imperial, donde en el humilde coro del noviciado, los carmelitas rogaban todos los días ante el Niño Jesús, sabiendo que es el Rey de Reyes,  El Señor de la Historia y del Mundo, y por ello, a él le encomendaban todo.

Después de un primer momento de prosperidad, la pequeña comunidad quedó reducida a la miseria, confiando su pena, a los pies del Niño y el Niñito pues no se hizo esperar:

Informado el Emperador de la extrema pobreza del convento, dicta el siguiente decreto: “Yo, Fernando II, Rey de Bohemia y de Hungría, emperador de Alemania,  asigno al Carmelo de Praga una dote anual de mil florines y una ayuda sobre las rentas imperiales”- Pero la mano providente del Niño Jesús, se manifestó asimismo, de modo extraordinario a la vista de los frailes: Había en el convento una viña completamente estéril y de forma imprevista, comenzó a florecer y a fructificar.  Llama el Prior a los frailes para que viesen los racimos de uvas dulces y espléndidas….pero, mientras todos estaban tranquilos y felices., un joven padre andaba triste y abatido por el convento. Se llamaba Padre Cirilo de la Madre de Dios.  Le comenta al Prior la observancia para encontrar la paz de su alma pero sufría las penas del infierno, encontrándose perdido. Trata de consolar el Prior a su hermano y que al acercarse la navidad, se pusiese a los pies del Santo Niño y confiarle su pena, que Él le ayudaría.

Fray Cirilo obedece y dice a la Bella Imagen “Querido Niño, mira mis lágrimas. Estoy aquí a tus pies. ¡Ten piedad de mi!

Y este amoroso Infante, no se hace esperar:  Un rayo de luz penetra en el alma de Fray Cirilo y hace desaparecer toda duda y sufrimiento interior; El Niño Jesús, ya lo había escogido  por su apóstol.!

Pero la alegría de vivir bajo la protección del Niño Jesús, no iba a durar mucho. Apenas habían pasado diez años  de la victoria de los católicos cerca de la Montaña Blanca: de nuevo Praga estaba bajo la amenaza del ejército protestante, ansioso de tomarse la revancha.

En noviembre de 1.631 el Príncipe protector de Sajonia comenzó el asedio de la ciudad. El miedo y la angustia se cernían sobre la capital, tanto que la misma guarnición imperial y muchos  nobles y burgueses huyeron.

Por prudencia, el Prior de la Comunidad había mandado fuera de Praga a los novicios. Marchó también Fray Cirilo en dirección Mónaco de Baviera, quedando solo el prior y un hermano, para custodiar el convento.

Al poco tiempo, Praga capituló y los soldados entraron con prepotencia en las Iglesias y en los Conventos, saqueando, destruyendo y metiendo en cárcel a los valerosos carmelitas. Cuando vieron en el oratorio la imagen del Niñito Jesús, estallaron en odiosas risotadas, y uno de ellos, con su espada, le corta las manitos tirándolo detrás del altar, aullando de satisfacción por lo que había hecho.

Así el Santo Niño cayó en los escombros de la Iglesia de Santa María de la Victoria, donde estuvo largo tiempo,  olvidado en medio de inmundicias.

La paz de Praga, firmada en 1.634, consintió en la vuelta de los carmelitas a su convento, en gran parte ya destruido. Nadie, sin embargo, se acordaba más, de la imagen del Niño Jesús. Recién en 1.637 vuelve el Padre Cirilo de la Madre de Dios al convento.

Pero los suecos, rompiendo el acuerdo, pusieron otra vez sitio a la ciudad. Las aldeas y los castillos en llamas, no dejaban dudas sobre la suerte de la población.

El prior exhorta y Fray Cirilo replicaba: “Rezad hermanos, sólo la oración nos salvará. “Oremos al Niño Jesús, tened fe, Él nos salvará!. Pero la imagen ha desaparecido –dice el prior “No, no, no puede ser.!!  Estoy seguro de concentrarla ¡!, replica Fray Cirilo.

No pocas fatigas sufrió Fray Cirilo, hasta hallar el Niño, todo cubierto de polvo y suciedad.  Colocaron al Divino infante en el altar donde supo estar, comenzando la comunidad  con ardientes oraciones para obtener la paz y, en efecto, Praga se salva de la destrucción protestante.

Luego de dos años difíciles en que les faltó la bendición del Santo Niño, los padres gozaron nuevamente de la ayuda de bienhechores y de una paz duradera.

Pero….un día, en que el Padre Cirilo, estaba en oración, delante de su Niño oyó un delicado reproche: “Tended piedad de mi y yo la tendré con vosotros. Restituidme las manos que me cortaron los herejes. ¡Cuánto más me honreís, más os favoreceré!”.

EL Padre Cirilo, alzando los ojos, se asustó: ¡era verdad! No lo había notado antes: corrió rápidamente al Prior a contarle lo sucedido. Pidiéndole de restaurar la imagen; pero a causa de la indigencia en que se encontraba el convento, el prior no lo consintió.

Profundamente afligido, Fray Cirilo se dirige a Dios para buscar ayuda y la ayuda llegó poco tiempo después: Llega a Praga un cierto Señor Mauskönig el cual quiso confesarse expresamente con el Padre Cirilo. Y el Buen  Dios condujo a este señor hasta Praga para entregarle cien florines a su confesor.

Restauran la imagen y es colocada en una urna de cristal, adornada con candeleros y  floreros y colocada cerca de la Sacristía.

Un día, en 1.639, Fray Cirilo es visitado por el conde de Kolowrat, Enrique Liebsteniski, pidiéndole que llevase al Niñito al lecho de su esposa, porque estaba gravemente enferma y que solo el Santo Niño, seria la única esperanza. Esta señora, era prima de la Princesa Polisena, que en su momento había regalado la imagen.

La alegría de todos fue indecible, ya que apenas restablecida la condesa, luego del milagro operado  por el Divino Infante, se acerca al convento y ofrece al Niño, una corona de oro y otros objetos preciosos como señal de gratitud. Este fue uno de los primeros y más célebres milagros obrados por el pequeño Rey.

Después de tan portentoso prodigio, el altar del Niñito se convierte en meta de peregrinos que los alaban e imploran su protección.

Divino, Amoroso, Niñito Jesús de Praga, ten misericordia de nosotros!