Año liturgico. Segunda parte.

La Pascua.—

Era, pues, muy importante fijar la Pascua. Por desgracia esta fijación ofrecía algunas dificultades. Sin duda que Jesucristo sufrió su Pasión el 14 de Nisán, mes lunar y judaico, que entraba entre el 15 de Marzo y el 15 de Abril. Los orientales celebraban la Pascua el 14 de Nisán, cayese en el día que cayese, lo mismo domingo que lunes, martes, etc. Los occidentales no querían que se perdiese la solemnidad del domingo y celebraban la Pascua, aunque no cayese en el 14 de Nisán, sino después. Como además en el uso de los orientales la Pascua cristiana coincidía con la de los judíos, los occidentales sentían repugnancia hacia esta coincidencia. De esta cuestión se trato en el Concilio de Nicea y se determino que se celebrase la Pascua el domingo siguiente al primer plenilunio de primavera. Como este plenilunio varía y cae entre el 21 de Marzo y el 25 de Abril, varia consiguientemente la Pascua, que lo mas pronto puede caer el 22 de Marzo y lo mas tarde el 25 de Abril.

La fijación de la Pascua.—

Era la fijación de la Pascua un asunto muy interesante. El encargado del computo era el patriarca de Alejandría, que redactaba todo el calendario de fiestas movibles y presentaba su computo al Papa para su aprobación. Este lo enviaba a todos los primados y metropolitanos y estos a sus Obispos, los cuales hacían la publicación en sus catedrales el día de la Epifania, después del Evangelio, con mucha solemnidad.

Sucesión de todas las fiestas.—

Una vez fijado el centro de todas las fiestas, estas se ordenaban de manera que todas tuviesen su correspondiente celebridad, oportunidad y sucesión. Naturalmente, después de la fiesta de Pascua había de venir a los cuarenta días la Ascensión y a los cincuenta Pentecostés. Para prepararse a estas grandes fiestas había de preceder algún tiempo de ayunos y penitencias y se fijo la Cuaresma, después de algunas variaciones. Y como era necesario celebrar la venida de Nuestro Señor Jesucristo con parecida solemnidad a la Pascua, el aniversario de esta santa Natividad se celebro con gran esplendor y alegría, así como también con buena preparación. Tal fue la preparación del Adviento y la fiesta de Navidad, a la que se unió la de Epifania, la de la Purificación y todo el tiempo desde la Epifania hasta Cuaresma. Así la Natividad y la Pascua forman dos polos de nuestras fiestas, con sus preparaciones y solemnidades. Las Dominicas siguientes a Pentecostés hasta Adviento, si bien al principio no se fijaron, luego se uniformaron llamándose Domingos después de Pentecostés, que son veinticuatro.

Carácter dramático del año litúrgico.—

De esta manera la Iglesia nos ofrece una serie dramática de fiestas. Comienza por la predicación del Bautista anunciando que viene el Mesías y tan vivamente nos prepara para la Natividad, que de veras parece que va a nacer Jesús. Sigue después la infancia de Jesús, como si creciese. Luego viene la vida publica, que comienza con la penitencia de la cuarentena. Sigue el triunfo de Ramos, la Eucaristía, la Muerte, la Resurrección, Ascensión, Pentecostés. Terminada esta serie, se festeja como es razón a la Santísima Trinidad. Y luego de detenernos, como quien dice, en la gloria de Cristo, para cerrar la serie antes del Adviento, festeja a Todos los Santos y después de acordarse de los difuntos, se vuelve a meter en el Adviento. El calendario eclesiástico es una evolución de la vida de Cristo en el animo cristiano y en la sociedad eclesiástica. Veamos alguna explicación sucinta de todas estas fiestas.

El Adviento.—

Significa este nombre “Llegada”. Y es que este tiempo indica la llegada del Salvador en la Natividad y prepara nuestros ánimos a ella. Tres advientos hay de Jesús: uno el histórico de su Natividad, otro el místico en el alma, otro futuro al fin de los siglos. Y a los tres nos prepara la Iglesia. Los rezos de las Misas y del Oficio son bellísimos. La penitencia que nos inculca la Iglesia en este tiempo son ayunos (viernes y sábados). En las Misas se viste el sacerdote ornamento violáceo de penitencia, y se omite el Gloria y el ite missa est. También en este tiempo se prohíben bodas solemnes y otras fiestas profanas. La víspera de Navidad es muy preciosa. Y en el Martirologio se lee este magnifico prologo: “El año de la creación del mundo, cuando en el principio creo Dios el cielo y la tierra, 5199; del diluvio el año 2957; del nacimiento de Abraham el año 2015; de Moisés y la salida del pueblo de Israel de Egipto, 1510; desde que David fue ungido rey, el 1032; en la semana según la profecía de Daniel en la Olimpiada 194; de la fundación de Roma, el ano 752; del imperio de Octaviano Augusto el 42; estando todo el orbe en paz, en la sexta edad del mundo, Jesucristo, Eterno Dios e Hijo del Eterno Padre, queriendo consagrar el mundo con su misericordiosísimo advenimiento; concebido del Espíritu Santo y pasados nueve meses después de su concepción, nace en Belén de Judá, de la Virgen María, hecho Hombre. La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, según la carne.”

Navidad.—

Navidad se dice como contracción de Natividad. Esta fiesta dulcísima se celebra con mucho dramatismo y precioso. Se dicen tres Misas: una a media noche, otra a la madrugada, de los pastores, otra a media mañana, celebrando en esta el Nacimiento eterno del Verbo. Se usan en muchos sitios belenes que lo mismo que otros regocijos de estos días, procuro establecer San Francisco de Asís, quien en 1223 formo en un bosque un establo con un altar en que celebraron las Misas, predicando el después de haber oficiado de diacono.

Fiesta de Navidad.—

Síguense las fiestas de la Circuncisión en la octava, del Nombre de Jesús, de la Epifania y de la Purificación, con la cual se cierra esta serie. La mas notable de todas ellas, después de la Natividad, es la fiesta de la Epifania, en la que se celebran tres manifestaciones de Jesucristo: a los Magos, a San Juan y las turbas en el bautismo, al mundo con el primer milagro de Caná. Pero la principal fiesta es la manifestación a los Magos gentiles, que representa nuestra vocación a la verdadera fe y salvación. Esta fiesta se celebra con octava y muy solemne y con gran lujo y solemnidad por la Iglesia.

Septuagésima.—

Llamase así el domingo que sigue a los de Epifania y precede tres semanas a la Dominica de Cuadragésima. Estas tres semanas se han unido a la Cuaresma; no se sabe bien determinadamente por que. Pero forman ya un tiempo de penitencia en los rezos. Siguen a la Septuagésima, la Sexagésima y la Quincuagésima y, por fin, la Cuadragésima o Cuaresma, que esta después de Carnaval. Desde Septuagésima los rezos del Oficio y de la Misa revisten carácter de penitencia; se suprime siempre el Aleluya, que es señal de alegría; no se canta el Gloria en las Misas de los domingos y de feria; el color de la casulla es violado.

Cuaresma.—

La Cuaresma comienza el domingo siguiente a Carnaval. Pero para completar los cuarenta días de ayuno, sin contar los domingos, se añaden el Miércoles de Ceniza y los tres días siguientes antes del domingo de Cuadragésima. Comienza, pues, la Cuaresma, vulgarmente, el miércoles, con la ceremonia de la imposición de cenizas, que le recuerda al hombre su abyección y su necesidad de hacer penitencia y pedir perdón humildemente. Después en todo tiempo la liturgia es sumamente apropiada en sus lecturas, oraciones, antífonas e himnos para pedir perdón y disponer a los fieles a la reconciliación con Dios. En este tiempo los catecúmenos eran preparados para ser bautizados en la Pascua y los penitentes públicos para ser reconciliados. Conforme a estos dos sentimientos son todas las lecturas del Misal, que son verdaderamente preciosas y profundas. La Dominica Laetare es un respiro en la Cuaresma que nos infunde alegría y esperanza; en ella los ornamentos pueden ser rosados y toda la liturgia celebra con júbilo la esperanza de la luz y de la restauración.

Puntos de catecismo, Vilariño, S.J.

Año liturgico. Primera parte

Tiempo litúrgico.—

Llamamos tiempo litúrgico al mismo tiempo común y civil considerado desde el punto de vista litúrgico, según la distribución de las fiestas, oraciones, y acciones litúrgicas. Y es muy digno de consideración y se presta a mucha piedad y devoción en nuestra vida. Consideremos litúrgicamente el día, la semana v el año.

Día litúrgico.—

El Maestro nos aconsejo que orásemos siempre. Siempre se debe entender no a la letra, porque esto es en esta vida imposible, pero si tan frecuentemente que pueda decirse que siempre estamos orando y en comunicación con Dios. ¡Ojala pudiésemos estar en continua y nunca interrumpida comunicación con Nuestro Señor! ¡Oh dichoso día de la gloria, cuando ninguna otra cosa tendremos que hacer, y podremos hacer esto aun haciendo otras muchas! Mas no siendo esto aquí posible, la Iglesia nos enseña a orar muchas veces. David decía que se levantaba a media noche para alabar a Dios, y que durante el día alababa al Señor siete veces al día. Daniel decía que oraba a Tercia, Sexta y Nona, correspondientes a las nueve, doce y quince de nuestro horario. La Santa Iglesia ha fijado, pues, siete horas al día para orar y una a media noche: Maitines de noche. Laudes al rayar el crepúsculo. Prima al salir el sol. Tercia a media mañana. Sexta a mediodía. Nona a media tarde. Vísperas al ocaso; y Completas al ir a descansar. De ellas, Tercia es la hora de la bajada del Espíritu Santo. Sexta de la traición de Judas. Nona de Ja muerte del Señor. Los himnos de todas estas horas bien poéticos y suaves dicen relación muchas veces al carácter de la hora. Por ejemplo, el de la prima: “Nacido ya el astro de la luz * roguemos suplicantes a Dios * que en los actos del día * nos guarde de los que hacen mal. Modere refrenándola la lengua * para que no resuene el horror de la contienda; * proteja con su favor la vista * para que no beba la vanidad. * Sean puras las intimidades del corazón. * Parése la maldad. * Mortifique la soberbia de la carne * la sobriedad del comer y del beber. * Para que cuando el día se retire, * y la suerte retraiga la noche, * por la abstinencia del mundo, * le cantemos gloria. * Gloria a Dios Padre * a y su único Hijo, * y al Espíritu Paráclito. * Ahora y por todos los siglos. Amen.”

El Oficio Divino.—

Conforme a este horario, la Iglesia ha dividido en ocho partes el Oficio Divino que deben rezar todos los sacerdotes y religiosos y religiosas que lo tienen de Regla. Los Maitines constaban de tres vigilias o nocturnos que se rezaban de noche, asistiendo los sábados todos los fieles, que alternaban en las antífonas y escuchaban las Lecciones o lecturas que del Antiguo Testamento, del Evangelio, o de algunos escritos santos se leen.

Ahora se permite anticipar o retardar esta parte del rezo, porque muchos no pueden rezarlo de noche. Es la parte principal del Oficio.

Los Laudes se decían a la aurora, al fin de la cuarta vigilia, conforme a lo que de si dice David que de mañana alababa al Señor; en los Laudes, principalmente a oración es de alabanzas y cánticos. De suyo deberían rezarse las partes del Oficio en sus horas como hemos indicado; mas las obligaciones de cada día lo impiden, y así hay varias licencias de retrasarlas o adelantarlas.

La semana cristiana.—

También la semana ha sido aligada a la liturgia. Después de Moisés los judíos consagraron un día para dedicarlo al Señor, y se llamo sábado. Los Apóstoles lo siguieron guardando al principio, hasta que luego ya en su tiempo fue sustituido por el domingo. Aun cuando los Apóstoles guardaron muchas costumbres judías al principio, pero poco a poco fueron propendiendo a abandonar las practicas judías, para que no se creyese que era el cristianismo lo mismo que la religión judaica. Y como el domingo, que para la religión judaica era como para nosotros el lunes, era el día de la resurrección de Jesucristo y de la venida del Espíritu Santo y fundación de la Iglesia, mereció especial consideración de los cristianos. Tal vez contribuyo no poco a esto el que los cristianos celebraban como los judíos las reuniones el sábado por 1a noche, y en ellos oraban y predicaban y finalmente, después de todo, celebraban la fracción del pan, la sinaxis o eucaristía, lo cual ocurría ya por la mañana. De este modo lo verdaderamente cristiano se hacia el domingo. Con esto

espontáneamente empezó a celebrarse esta fiesta, y este día mereció el nombre de Kyriakos o Señorial, o Dominica o Domingo. Y el domingo sigue siendo para todo el mundo, menos para los judíos y mahometanos, el día de descanso y oración. A los demás días se les dio el nombre de ferias no se bien por que. Y como el domingo es el primer día de la semana, el lunes es feria segunda, el martes tercera, etc. Y para cada día hay señalado oficio distinto y especial en los rezos. Los nombres lunes, martes, etc., son nombres paganos. De las ferias, la cuarta y sexta son especiales, por haber venido Jesucristo un miércoles, feria cuarta, y muerto un viernes, feria sexta; y estos se dedicaban a la penitencia. También el sábado fue señalado para la penitencia por haber estado Jesucristo sepultado en ese tiempo. Y como en estos días solían celebrarse reuniones y fiestas de cristianos en algunas iglesias de Roma, llamadas a causa de eso de estación, comenzaron también a llamarse los días de ayuno días de estación, días de reunión, de guardia militar, de revista, que todo cae bajo el nombre de statio. Y se señalaba el puesto adonde acudir: Estación a Santa María la Mayor, o a San Pablo, o a San Pedro, etc.

Cuatro Témporas.—

Se ha perdido en gran parte la significación de estos días en la mayor parte de las semanas. Sin embargo, hay cuatro tiempos al año en los cuales se conserva todavía la tradición y son las llamadas Témporas. En estos cuatro tiempos se observa el ayuno en los tres días: miércoles, viernes y sábado. Fue costumbre romana que luego fue adoptada por toda la Iglesia occidental. Las Ordenes sagradas que al principio de la Iglesia se conferían regularmente en Diciembre, luego, cuando fue menester darlas con mas frecuencia, se confirieron los domingos o en las vigilias del sábado al domingo. Cuando ya decayeron las vigilias se confirieron en sábado. Y cuando el sábado dejo de ser día ordinario de penitencia, se señalaron los sábados de Cuatro Témporas. Las Témporas son, pues, cuatro semanas de penitencia y oración y obras piadosas, en las cuales los fieles ruegan también a Dios de a su Iglesia dignos sacerdotes. Se celebran las primeras en la primera semana de Cuaresma; las segundas en la semana de Pentecostés para la Santísima Trinidad; las terceras en otoño, hacia la Exaltación de la Santa Cruz y las cuartas en invierno, en la ultima semana de Adviento.

Año litúrgico.—

El año litúrgico esta muy bien ordenado a fin de que siga de alguna manera la vida de Jesucristo Nuestro Señor, desde su nacimiento hasta su glorificación. El centro de todo el año litúrgico y de todas las fiestas es la Pascua, que es también la primera fiesta que apareció en la liturgia. Todas las demás fiestas se acomodaban a esta. Y constituían tres series, por decirlo así: la primera era la venida de Nuestro Señor, Adviento y Epifania; la segunda, la de la Pasión y Muerte y Resurrección del Señor; la tercera, la de la vida gloriosa del Señor. Y así tenemos el Adviento, luego la Cuaresma, Semana Santa y Resurrección; luego, en fin, el Tiempo pascual y Pentecostés y Dominicas siguientes, que terminan con la fiesta de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos. Todo gira alrededor de la Pascua.

Puntos de Catecismo, Vilariño, S. J.

Cosas liturgicas. Parte tercera

Cenizas.—

Las cenizas se han usado desde muy antiguo en ritos, sobre todo de duelo y de penitencia. Unas veces ponían cenizas sobre su cabeza o su cuerpo, otras metían la cabeza por el polvo y las cenizas, y aun se revolvían todo el cuerpo sobre ellas, o se sentaban sobre cenizas, y aun se acostaban en ellas. También las esparcían por el aire. De todo esto hay demostraciones en la Escritura. Jesucristo decia, hablando de las ciudades ingratas: “Ay de ti, Betsaida; ay de ti, Corozaim… Si Tiro y Sidón hubiesen visto como tu los milagros, hubieran hecho penitencia en cilicio y ceniza” (Mt., 11, 21). Los cristianos adoptaron este símbolo para indicar duelo y penitencia. Y frecuentemente aparecen en las historias antiguas los penitentes cubiertos de cenizas.

Miércoles de Ceniza.-

También desde muy antiguo se ve introducida en la Iglesia, en la liturgia, la costumbre de imponer a los fieles la ceniza en el miércoles que esta al principio de los ayunos fcria quarta in capite jejunii. Esta costumbre se fue generalizando desde el principio, hasta que ya en 1091 se prescribió este uso a toda la cristiandad. Hoy se guarda aun en las cristiandades orientales. Se bendice la ceniza con antífonas, responsos y cinco oraciones muy propias, que pueden verse en las ultimas ediciones de nuestros devocionarios.

Otros usos de la ceniza.—

En algunos sitios esta ceremonia de la imposición de cenizas se usaba en varios tiempos del año, como en rogativas. Asimismo se imponían a los catecúmenos, a los moribundos, después de la unción. También se usan cenizas en la consagración de las iglesias.

Significación de la ceremonia de las cenizas.—

En esta ceremonia los fieles se acercan al altar y reciben del sacerdote un poco de ceniza. Y ei sacerdote con ella Ies hace una cruz en la frente y les dice al mismo tiempo: “Acuérdate, hombre, que eres polvo y te convertirás en polvo.” Con lo cual nos recuerda nuestra miseria y nuestra muerte, y la verdad de esta sentencia expresada en términos vagos nos hace meditar para que seamos humildes y devotos.

Ramos.—

También usa la Iglesia de los ramos en uno de los días mas insignes del ano eclesiástico, el primer día de la gran Semana Santa, en que la Iglesia reproduce lo mejor que puede la triunfal entrada de Jesucristo en Jerusalén el domingo anterior a su pasión. Ya desde muy antiguo se celebraba así esta ceremonia. Hacia la tarde se leía el Evangelio de San Mateo, que refiere la entrada de Jesucristo en Jerusalén. Entonces salía el Obispo de la Iglesia con el pueblo, que cantaba himnos con la antífona o estribillo de “Bendito el que viene en nombre del Señor”. En el monte Olivete montaba el Obispo sobre un pollino, y en el era conducido hasta la iglesia de la Resurrección, rodeado de todo el pueblo, que llevaba ramos en las manos. Las madres se complacían en llevar a sus niñitos, y en sus manos ponían ramos de olivo. Aquella ceremonia es la que se ha transformado en la ceremonia de nuestros días, que es bien hermosa y llena de preciosas lecturas y oraciones. Primero se bendicen los ramos. Luego se sale en procesión. Al volver, entran algunos cantores en la iglesia y cierran la puerta, y la procesión restante queda fuera. Y desde dentro y desde fuera se entabla una especie de torneo de alabanzas a Jesucristo, hasta que, concluidas estas, el subdiácono golpea con el astil de la cruz la puerta de la iglesia, que se abre, y entra la procesión redoblando los himnos a Jesucristo. Luego sigue la Misa. Pero siempre durante ella tiene la gente sus ramos, y los ministros también, mientras se canta la Pasión y el Evangelio.

Los ramos en las casas.—

Estos ramos después se llevan a las propias casas, y con ellos va la bendición y la paz, que el ministro del Señor ha pedido al Señor que vaya a todos los sitios en que estas palmas o ramos benditos se introdujeren. Y es costumbre de las familias cristianas ponerlos o en los balcones, o en algún sitio distinguido de casa, como pararrayos de todas las desgracias que amenacen.

Campanas.—

Mucha importancia tienen en la liturgia las campanas. Y la Iglesia las considera cosa sagrada y de su propiedad, y, por lo mismo, es dueña de su uso, de tal modo, que puede prohibir sus toques. Debe de suyo evitar todo uso profano y, en una palabra, considerarlas siempre como objeto sagrado.

Antigüedad de las campanas.—

!Vaya usted a saber el origen de las campanillas! En casi todos los pueblos, desde los mas antiguos, se usaron las campanillas. El Sumo Sacerdote de los israelitas llevaba al ruedo de su tunica muchas campanillas, 360, según Clemente Alejandrino; 72, según San Jerónimo. Es muy curioso el texto del Éxodo que lo ordena: “A los bordes de la tunica pondrás unas como granadas de jacinto y púrpura y grana dos veces tenida, mezclando en medio campanillas, de tal modo, que alterne una campanilla de oro y otra granada, y otra campanilla de oro y otra granada. Y Aaron se vestirá con ella en el oficio de su ministerio, para que se oiga el sonido cuando entre y salga del santuario en la presencia del Señor, y no muera” (Ex., 28, 33). También en los escritores profanos se habla muchas veces de campanillas antiguas asirias, egipcias, griegas, romanas, etc. Y no se

puede negar que ya en los pueblos antiguos se usaban en fiestas religiosas las campanas, aunque no de las dimensiones grandes de ahora.

Como se hacían las señales.—

Antiguamente se daban las señales o a viva voz o por trompetas, como en los jubileos israelitas, o por los avisadores, cursores, correos, los cuales o avisaban, o a los monjes daban golpes en la puerta con un bastón o con un martillo, o cantando el Aleluia, o también a son de corneta. Mas desde el siglo IV se comienza a usar de la campana para convocar o dar avisos.

Las campanas.—

Cuando pasadas ya las persecuciones no era imprudente la manifestación de la religión cristiana, comenzaron a darse las señales con campanas que se llamaron signum, porque daban la señal; cloca, dicen que del alto alemán klochon, que significa golpear; campana por fabricarse especialmente en Campania, notable por sus bronces; ñola no se sabe bien por que, tal vez por ser Ñola de Campania; algunos sin fundamento decían que por haberlas inventado San Paulino de Nola. Squilla, que es el nombre de la cebolla albarrana, y otros varios. Sin embargo, en Oriente todavia mucho tiempo siguió usándose otro modo, que era golpear una tabla grande o pequeña con un martillo; a esta tabla se la llamaba simandro, del griego semanteron, señaladero.

Campanarios.—

Para tales dimensiones es necesario construir campanarios, torres adjuntas o sobrepuestas a las iglesias, en las que se pusiesen estas enormes campanas en sitio alto y acomodado para hacerse oir de todas partes. Al principio fueron estos campanarios sencillas espadañas que sostenían las campanas; mas luego los arquitectos se dieron habilidad para construir esas preciosas torres que tanto visten y engalanan a los templos cristianos, y tantos raudales de poesía han derramado.

Bendición de las campanas.—

Hoy se aprecian tanto en la Iglesia las campanas que se colocan en las torres o se fijan en otras partes, que se las bendice con rito expreso de la Iglesia. Y esto no de consejo, sino de mandato.

Bendición antigua.—

La bendición antigua es muy solemne y se la puede equiparar en cierta manera a la consagración de las iglesias. Solamente pueden darla los Obispos, y las dan con oraciones, salmos, unciones, bendiciones con agua expresamente bendita para el caso, y turificaciones. Esta bendición es muy solemne.

Bendición nueva.—

Es mucho mas sencilla, y la puede dar cualquier sacerdote; ni requiere unciones, turificaciones, agua bendita especial, ni otras cosas que requiere la otra. Esta bendición puede compararse a la bendición de las iglesias. Mira si es interesante la campana en la Iglesia, cuando tanto la aprecia y la bendice.

Toques especiales.—

Hay algunos toques especiales, según las diversas costumbres, muy dignos de atención. Se toca para anunciar las Misas rezadas, y a veces tres veces con intervalos de algunos minutos. Asimismo en las vísperas de fiestas, y en las mismas fiestas en tiempos señalados. En las catedrales para las horas. En Jueves Santo y Sábado Santo al Gloria. Al llevar el Santo Viático, y en las agonías y en las muertes y en los funerales. Al Angelus y al De profundis, por la noche, y en otras ocasiones, según costumbre.

El toque del alzar.—

El ceremonial de los Obispos manda tocar al alzar en las Misas mayores. Es costumbre antigua y en muchas partes es sublime el silencio y quietud que se observa aun en los mercados cuando suena esta campana: todo se suspende hasta que suena la ultima. !Ojala se introdujese en todos los pueblos este rezo tan edificante y sagrado!

El toque del Viático.—

Desde muy antiguo se usa tocar la campanilla al Viático, y en muchos sitios se tocan las campanas grandes, por lo menos al principio, como lo ordena el Ritual, para convocar a los fieles. También conviene dar ese toque cuando va a darse la Unción. Preciosa era la costumbre, que aun se guarda en algunos sitios, de anunciar al mismo tiempo con pregón, desde sitio elevado de la iglesia, la persona a quien iba a llevarse el Viático. Cuando el cristiano esta a punto de expirar ordena el Ritual que se den algunas campanadas; y lo mismo cuando acaba de morir. Y la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares alababa que se diesen algunas campanadas en la noche del día en que expiro y en la mañana del día en que ha de decirse el oficio.

El toque de Angelus.—

El ceremonial de los Obispos ordena que se de el toque de Angelus al amanecer, al mediodía y al anochecer. Para que entonces el pueblo rece las oraciones. Parece que el toque al anochecer es el primero que se introdujo antes del siglo XI, y fue mandado por varios Papas. Muchos creen que al mismo tiempo comenzó el toque del amanecer. El toque de mediodía se introdujo mas tarde. Al principio solo se daba los viernes, en honra de la crucifixión de Nuestro Señor. Pero ya en el siglo XVI se ven los tres toques generalizados. Dulce es, sobremanera, -esta devoción. No nació, como algunos necios aseguran, porque Calixto III temiendo al cometa Halley dispusiese que se rezase el Angelus para ahuyentar al cometa. No son tan ignorantes como todo eso los Papas. Todo esto se lo tragaron los sabios en otras cosas: Laplace, Arago, Robinet, Grant, Flammarion y algunos otros… !Que les aproveche!…

Toque de animas.—

Es también bastante antiguo, por lo menos anterior al siglo XVI. Dase ya anochecido, una hora después  de anochecer, para avisar a los fieles que nieguen por los difuntos. Hay concedidos tres anos de indulgencia por rezar un De profundís, o un Padrenuestro o Avemaría y Requiem aeternam.

Toque de campanillas durante la Misa.—

Es antiguo el uso de las campanillas durante las Misas rezadas. Por lo menos parece remontarse al siglo XIII. El cáliz de San Malaquías, que se conserva en Claraval, tiene en su borde algunas campanillas que, con su ruido, advertían a los fieles que adorasen al Señor. Ahora deben tocarse al Sanctus y al alzar. En varios sitios hay costumbre de tocar al Domine non sum dignus, y un poco antes del alzar para llamar la atención, y en la elevación de la hostia con el cáliz, poco antes del Paternóster. Estos toques se dan para advertir al pueblo, sobre todo si hay mucha gente, de que llega la Consagración.

Puntos de Catecismo, Vilariño, S.J.