La Santísima Virgen

Quien es Nuestra Señora la Virgen María.

Todos sabemos algo de Nuestra Señora, pero con mucha razón pregunta aquí el Catecismo quien es esta Señora, a la cual debe tanta consideración y devoción. Y responde el texto que es una Señora llena de virtudes, que es Madre de Dios, y que esta en el cielo. Vamos a decir cuatro palabras de cada una de estas ideas, pues es necesario que todo el pueblo cristiano conozca bien a Nuestra Señora.

Historia de la Virgen María.

La Virgen Santísima se llama María, que significa, según parece, Hermosa, Graciosa, o también Amada de Jehová. Y se le da el nombre de Virgen, por haberlo sido de la manera mas perfecta y milagrosa, antes del parto, en el parto y después del parto, habiendo hecho voto de castidad desde sus primeros anos. Nació en Jerusalén. Ya había sido profetizada varias veces, sobre todo por Isaías a Acaz, a quien dijo que una Virgen concebiría y pariría un hijo llamado Manuel. Dios, como la predestinaba a ser Madre suya, la preservo del pecado original. Nació de San Joaquín y Santa Ana. Fue, además de concebida sin pecado original, enriquecida desde el primer instante con un sinnúmero de gracias y virtudes sobrenaturales; y aun muchos autores dicen que desde su primer momento fue mas santa y tuvo mas gracia que todos los Ángeles y Santos juntos en el fin de sus carreras. Entre otros privilegios tuvo el de no cometer pecado ninguno, ni aun venial, y el de no tener fomite del pecado. Tuvo una hermana llamada María de Cleofas, pero no se sabe si era hermana carnal o hermana política, casada con un hermano de San José o hermana tal vez del mismo José. Se caso con José, artesano, y, según parece, carpintero; pero descendiente de David. Y se caso en Nazaret. Y estando desposada con José, y aun no casada, aunque los desposorios eran como matrimonio entre los judíos, el ángel San Gabriel, enviado del cielo, le anuncio que, siendo Virgen, concebiría un hijo que seria Hijo de Dios. Y, en efecto, en su seno castísimo, virginal, por obra del Espíritu Santo el Verbo se hizo carne en Nazaret. De ella nació el niño Jesús en Belén. Huyendo de Herodes llevo a su hijo a Egipto. De allí volvió con el y su esposo a Nazaret, donde vivió con Jesús hasta los treinta anos de este. Parece que quedo viuda en los anteriores a la salida de Jesús de su casa. Cuando Jesús empezó su vida publica, le hizo hacer el primer milagro en Cana. Luego le siguió mucho en su vida publica, preparándole a veces las casas y sitios. En su Pasión le acompañó al Calvario y estuvo al pie de la Cruz. Entonces quedo encomendada a San Juan. Y después de la resurrección estuvo con los discípulos y recibió con ellos el Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Sobre lo que la Virgen hizo después hasta su muerte, se sabe poquísimo con certeza. Como Jesús se lo encargo en la cruz, San Juan recibió a la Virgen y la tuvo en su casa como si fuese su madre. Algunos creen que vivió con San Juan en Éfeso, y que allí estuvo la casa de San Juan y de la Virgen. Pero parece mucho mas verosímil que San Juan tuviese alguna casa en Jerusalén, y que en ella vivió la Virgen algunos años hasta el 41 o 42, en un sitio cercano al Cenáculo, que Guillermo II compro y regalo a los católicos alemanes, que han levantado allí una hermosa iglesia, llamada de la Dormición de la Virgen, por creerse que allí murió. Y cerca de Getsemaní se venera, según antiquísima tradición, la tumba o sepulcro de la Santísima Virgen, y sobre ella esta la iglesia de la Asunción. La Virgen muerta no quedo en el sepulcro, sino que resucito también como su Hijo y fue llevada a los cielos, donde esta con su Hijo como Reina y dispensadora de todas las gracias.

                                      Puntos de Catecismo, Vilariño S.J

Año litúrgico. Parte quinta

Pascua y tiempo pascual.—

La Pascua de Resurrección es, sin duda, la fiesta principal de la Iglesia. Por eso también su rito es muy solemne. Hoy no resulta tan solemne, porque la fiesta de la Resurrección se ha anticipado en parte, conforme hemos explicado, al Sábado Santo; además, toda la semana también era muy solemne. Los neófitos conservaban durante toda ella sus vestiduras blancas del bautismo. El domingo siguiente a la Pascua se llama Domingo «in albis, porque en el dejaban sus vestiduras albas. Todo este tiempo respiraba alegría: los ornamentos blancos, las preces alegres, los aleluyas redoblados, las lecturas amables y rientes. Todo era dulce y consolador.

Duración del tiempo pascual.—

El tiempo pascual dura, por disposición muy razonable de la Iglesia, todo el tiempo que duro la permanencia del Señor en este mundo después de resucitado hasta que subió a los cielos. Viene a ser una Cuaresma de alegría y consolación que sigue a la Cuaresma de penitencia que precedió.

La Ascensión del Señor.—

A los cuarenta días se celebra la Ascensión del Señor. Pero antes preceden tres días de rogativas, en los cuales se aconseja la penitencia y la oración. Esto se debe a que en el siglo v, con ocasión de varias publicas calamidades, se introdujo este uso de implorar la misericordia divina tres días antes de la Ascensión; uso que ha quedado en la Iglesia hasta nuestros días. En la Misa, que es solemne, se apaga el cirio pascual que en toda la cuarentena ha estado encendido durante la Misa. Ya ha ido al ciclo el Señor; ya no se ve su luz.

Pentecostés.—

Para esta fiesta, se preparaban también los fieles con diligencia, recordando la asidua y diligente preparación del Colegio apostólico con la Virgen María para recibir al Espíritu Santo. Pentecostés significa quincuagésima. Ya los judíos celebraban una fiesta, la Solemnidad de las Semanas al pasar siete después de la Pascua. Pero los cristianos celebraron esta porque en ella, el domingo descendió el Espíritu Santo sobre los Apóstoles, y se promulgo la Ley Evangélica, y se fundo como quien dice la Iglesia católica. Hoy la Iglesia la celebra con mucha solemnidad, la llama Pascua, a semejanza de la verdadera, que es la de Resurrección.

Fiesta de la Santísima Trinidad.—

Celebradas las fiestas del Hijo hasta la Ascensión, y la del Espíritu Santo en Pentecostés, era muy obvio cerrar la serie festejando a la Santísima Trinidad. Se pueden considerar como fiestas del Padre las de Adviento, por habernos El dado a su Unigénito. A la Santísima Trinidad se dedica, pues, el domingo siguiente a Pentecostés.

Fiesta del Corpus Christi.—

Ya que en Jueves Santo no se puede celebrar con toda libertad y pompa como se lo merece este Santísimo Sacramento del altar, desde el siglo XIII la Iglesia celebra solemnísimamente la fiesta del Santísimo. Es la fiesta mas popular tal vez y solemne y alegre. Y cada vez se celebra con mas pompa. Fue instituida a instigación de Santa Juliana, religiosa agustina, nacida en 1193, e ilustrada por Nuestro Señor Jesucristo a que procurase que se celebrase esta fiesta, que, en efecto, estableció el Papa Urbano IV para toda la Iglesia en 1264. No seria pequeño motivo para esta determinación el famoso milagro eucarístico de Bolsena. La liturgia es admirable, y esta hecha en su mayor parte o toda por el Angélico Doctor Santo Tomas de Aquino.

La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.—

Quiso Nuestro Señor Jesucristo, según se manifestó a Santa Margarita, a quien escogió como apóstol de esta devoción, que sus devotos y amantes celebrasen esta fiesta del Corazón de Jesús, para reparar las ofensas que contra su amor se cometan en todas partes. En vano se opusieron los jansenistas, enemigos de esta devoción, a la fiesta del Corazón divino. La fiesta del Corazón de Jesús ha logrado hacerse cada día mas solemne. Y es notable que sin ser de precepto es observada voluntariamente por muchos. Y seguramente que será durante bastante tiempo una fiesta original, cuya observancia, distinguirá los verdaderos amantes de Jesucristo de los tibios, pues los primeros harán lo que puedan en ese día, aun cuando no sea de precepto.

Fiestas de la Santísima Virgen.—

La Santísima Virgen tiene muchas fiestas en el calendario eclesiástico. Dos tiene que son de precepto: una es la de su Asunción a los cielos, otra la de su Inmaculada Concepción. La primera ha sido siempre una de las principales fiestas marianas; su día se llamaba el de Nuestra Señora; su titulo era el de muchas catedrales e iglesias. Aun no ha declarado la Iglesia ser dogma de fe este misterio, aunque es cierto, sin duda; pero se esta trabajando para averiguar si es de fe, y declararlo así la Iglesia. Dios nos conceda muy pronto ver definida como dogma esta verdad universalmente admitida en la Iglesia. La de la Inmaculada, después que se proclamo este dogma, ha adquirido un incremento tan singular, que ya es una de las fiestas más importantes. En esta fiesta se usan ornamentos de color azul. Además, la Fiesta de la Circuncisión en la liturgia trata muy especialmente de la Virgen. La de la Encarnación mas se conoce por la fiesta de la anunciación. Y la Purificación tiene el rito especial de la bendición de las candelas, por lo que se le suele llamar la Candelaria.

Fiestas de los Santos.—

Los Santos tienen fiestas según sus nacimientos para el cielo, en los diversos días del ano correspondientes a su muerte. De San Juan Bautista se celebra también la natividad. De algunos, por recurrir con otros notables, se celebra la fiesta el día de la traslación de sus reliquias, o de algún otro suceso parecido. De San Pablo se celebra el día de su conversión, de San Pedro los días de su establecimiento en la Cátedra de Roma o de Antioquia; de San Esteban, la invención de su cuerpo; de San Francisco, la impresión de sus llagas. De los demás se celebra la fiesta en los días de su muerte. AI fin de todos los días del año y al llegar el Adviento, se celebra el 1 de Noviembre la fiesta de Todos los Santos. Y al siguiente, recurre la Conmemoración de todos los Difuntos. Y con esto concluye la serie de fiestas del año. De precepto solo son las fiestas de San José, de San Pedro, de Santiago en España y de Todos los Santos.

Puntos de Catecismo, Vilariño, S. J.

Año liturgico. Cuarta parte.

Viernes Santo.-

Este es el día de solemne luto en la Iglesia, por la muerte del Señor. Se llama parasccve, que significa preparación, porque era en tiempo de, Jesucristo la preparación de las cosas para el sábado de Pascua, en que no se podía hacer nada por ser descanso. En este dia propiamente no hay Misa ninguna. La Misa que se celebra se llama Misa de los presantificados, porque en ella, en vez de consagración, que es necesaria para el sacrificio, se consume lo que se consagro o santifico el día antes, es decir, lo plantificado. Este Oficio o Misa es muy particular y totalmente distinta de otras Misas. AI salir el sacerdote con los ministros se tiene el altar desnudo. Los ministros se postran ante el altar y entretanto extienden sobre el una toalla. Las luces están apagadas. Luego se levantan los ministros y comienzan las lecturas y oraciones; una de las lecturas, la más importante, es la Pasión, según el Evangelio de San Juan. Después se reza una larga serie de oraciones por todas las clases de la Iglesia, y aun por los judíos.

La adoración de la Cruz.—

Después de la Pasión viene la adoración de la Cruz, que es una muy hermosa ceremonia. Con mucha reverencia e imponente solemnidad el celebrante toma la Cruz y avanzando poco a poco, y descubriendo, primero la cabeza, luego el brazo, luego toda la Cruz, y elevándola a medida que la descubre, y cantando cada vez en tono mas alto el Ecce Signum crucis, por fin la coloca ante el altar en el suelo, y la adoran el y todos los ministros y el pueblo, mientras se cantan en el coro los improperios tiernísimos, y el himno de la Cruz. Es de las más dulces ceremonias de la Iglesia. Los improperios contienen quejas y reproches de Dios a su pueblo ingrato que tanto le ha ofendido.

La Misa.—

Viene en seguida la Misa de los presantificados. El celebrante va al monumento. Saca de allí el Santísimo, lo trae al altar, y en el, con varias ceremonias que pueden verse en los devocionarios, da a adorar la hostia consagrada, y la consume, sin que se cante nada en el coro, y brevisimamente termina todo y se retira. En este día nadie comulga sino el celebrante.

Sábado Santo.—

Nada mas notable que el Oficio de Sábado Santo. Hay que tener presente que este oficio se celebraba antiguamente durante la noche de Resurrección, y se ha anticipado a la mañana del Sábado. Con esto se entenderán muchas cosas que de otro mudo no se entienden. Los fieles antiguamente velaban durante la noche en la iglesia preparándose para la Resurrección de Jesucristo. Durante este tiempo se bautizaban los catecúmenos adultos. Ninguna vigilia o noche era tan frecuentada como esta por el pueblo. En ningún tiempo tampoco se bautizaban tantos adultos como en este día. Esto, unido a la fiesta de la Resurrección, nos da a entender que muchas ceremonias entonces debían ser muy respetuosas y significativas.

Renovación.—

Esta fiesta era como la fiesta de la renovación de todas las cosas por Jesucristo, muerto y resucitado. Por eso la Iglesia esta oscura, sin mas luces que las necesarias. Los ministros salen a la puerta de la iglesia. Allí bendicen el fuego sacándolo de un pedernal, símbolo de Cristo; con el se enciende un hornillo de carbón o de leña; bendecido este fuego con agua

bendita e incienso, queda simbolizando a Jesucristo, de donde procede toda luz y todo calor a su Iglesia. De este fuego se toma el carbón encendido para el incensario; de el se saca a una palmatoria la luz para las candelas que se irán encendiendo; también se han bendecido cinco granos de incienso.

Procesión.—

Una vez hecho esto a la puerta, el diacono, dejando sus ornamentos violáceos y vistiendo una dalmática blanca, toma una caña, que sostiene en su cima tres velas de cera unidas por su base. Y al entrar en la iglesia enciende la una y canta solemnemente: Lumen Christi, “Luz de Cristo”, lodos responden: Deo gratias, y se arrodillan. Al medio de la iglesia canta lo mismo en tono mas elevado, y al llegar al presbiterio, lo mismo en tono mas elevado todavía. Dejando la cana y pidiendo la bendición al celebrante, canta la Angélica, que es un precioso himno sobre la Resurrección y Redención. !Que preciosa meditación ofrecen todas sus cláusulas!

Iluminación.—

Es hermoso el efecto que debía producir esta serie de ceremonias. Cuando el templo estaba casi a oscuras entraba el diacono y encendía la primera luz, luego la otra y la tercera. Después, al cantar la Angélica, en que hay tantas alusiones a las noches de la primera Pascua, primero se ponen en el cirio Pascual los cinco granos de incienso, símbolo de los perfumes con que se embalsamo el cuerpo de Cristo; luego se enciende el cirio, señal de la Resurrección de Cristo; luego se encienden las lámparas; y todo con una luz, que es Cristo.

Lecturas.—

Terminada la Angélica, ya todo lo atraían hacia si los neófitos. Empezaba ya su preparación para el Bautismo en el pórtico. Y como esto era largo, dentro, para entretener el tiempo, se leían pasajes de la Escritura muy a propósito para recrear y elevar el alma, con alusiones a la ceremonia. Estas lecturas eran mas estimadas entonces, cuando había pocos libros, y todos entendían esto mejor.

Bendición de la pila bautismal.—

Terminadas las profecías o lecturas, que son doce, se iba a la pila bautismal a bendecir el agua. Esta bendición es muy solemne y muy devota. El uso del agua bendita se pierde en la antigüedad, y seguramente es de institución apostólica; ya los Padres mas antiguos nos hablan de ella.

Bautismo y Confirmación.—

Entonces se bautizaban los neófitos, y después de bautizados se confirmaban, con gran fiesta. Así los nuevos bautizados quedaban, por fin, habilitados para entrar en la iglesia, donde en efecto, conducidos por su Obispo entonaban el cántico de Moisés y las letanías de los Santos,  junto con los fieles que se habían pasado toda la noche en aquella fiesta. A la mañana se decía la Misa. Al Gloria, cuando ya apuntaba el alba, soltaban su voz las campanas mudas desde el jueves, se encendían todas las luces, se descubrían todos los altares, se volvía a usar del órgano, se restablecía el Al el Aleluya, dejado desde Septuagésima; rebosaba todo el entusiasmo.

Puntos de catecismo, Vilariño, S.J.

Año litúrgico. Tercera parte

Semana de Pasión y Semana Santa.—

Desde el quinto domingo ya la Iglesia hace converger la atención de los fieles a la Pasión de Nuestro Señor. Toda la liturgia va ya dirigiéndose a preparar

los ánimos al gran misterio de la cruz. El domingo sexto es llamado Domingo de Ramos, porque en el se celebra con toda solemnidad la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, conforme lo explicamos al tratar de los ramos. Ya en estos días todo el pensamiento de la Iglesia se clava en la Pasión. Se lee todo lo que hizo Jesús en estos días desde el domingo hasta el Viernes Santo; se lee también la Pasión de Jesucristo, según los cuatro Evangelistas, en el domingo, martes, miércoles y viernes. Los altares se cubren de luto desde el domingo de Pasión.

Oficios de tinieblas.—

En estos solemnísimos días de Semana Santa, el miércoles, jueves y viernes santos, se celebran los Oficios de tinieblas. Llámanse así porque a medida que se cantan los salmos se suele ir apagando las velas colocadas en un triangulo, dejando la iglesia en tinieblas, en recuerdo de las que hubo cuando murió el Señor. Mientras se canta el Benedictus se apagan también las seis velas que quedaban en el altar. Y la vela blanca que estaba en el vértice del candelabro triangular se esconde detrás del altar, en señal de que Cristo murió. Entonces se canta el Miserere, al terminar el Miserere se hace ruido, golpeando los libros y los bancos o el suelo, hasta que se saca de nuevo la vela blanca que estaba escondida y que significa la persona de Cristo que murió, pero no fue desamparado de la divinidad y resucito. Es excesivo el ruido y desorden que en algunos sitios arman, sobre todo los muchachos.

Jueves Santo.—

Este día es la conmemoración de la Cena de Nuestro Señor. Lleva el nombre de Coena Domini, “Cena del Señor”, Jueves Santo, y entre los griegos el quinto día santo y grande. Las ceremonias de este día son una mezcla de tristeza y alegría. Es propiamente el dia augusto de Ja Institución de la Eucaristía y pudiéramos decir el verdadero Corpus Christi. Sino que, como no se puede festejar al Santísimo con toda la pompa alegre que convendría, por el luto de Semana Santa, la Iglesia ha instituido una festividad aparte para estos festejos. En este día se celebraban antiguamente y aun hoy también, en gran parte, las siguientes ceremonias: 1) La reconciliación de los penitentes. 2) La bendición de los oleos en las catedrales. 3) La Misa solemne. 4) La procesión al monumento. 5) La desnudación de los altares. 6) El lavatorio de los pies y sermón del mandato.

Reconciliación de los penitentes.

Esta solemnidad era muy imponente y tierna. Los penitentes públicos venían con vestidos pobres y con la cabellera y la barba crecidos desde Ceniza, y con los pies desnudos. Postrabánse en el pórtico y el Obispo, dentro de la iglesia, rezaba por ellos los salmos penitenciales y las letanías. Mientras tanto algunos clérigos exhortaban a los penitentes. Y por fin el Obispo salía al pórtico. Allí se decían varias exhortaciones y diálogos, se recitaban varias oraciones; postrados todos se rezaban los tres Misereres. El Obispo daba solemnemente la absolución, rociaba con agua bendita y perfumaba con incienso a los penitentes y les decía solemnemente: Levantaos los que estáis dormidos; levantaos de entre los muertos y que Cristo sea vuestra  luz. Ellos entonces dejaban sus vestidos de penitencia y tomaban otros nuevos y entraban ya a comulgar con los demás. En este día el Sumo Pontífice daba la bendición llamada papal en el Vaticano, como recuerdo de esta reconciliación. Si bien después se introdujo el uso de darla también en otros días.

La bendición de los santos oleos.—

Con múltiples y  largas ceremonias en las catedrales, el señor Obispo bendice todos los santos oleos de los Sacramentos. Para ello el Obispo suele estar asistido de doce sacerdotes y siete diáconos y siete subdiáconos. Los oleos que se bendicen son: el óleo de los enfermos, para la Extremaunción: el óleo de los catecúmenos, que suele emplearse con los que se van a bautizar y con los que se van a ordenar y en la consagración de Reyes y Reinas, y el óleo llamado crisma, que es, sin duda, el principal, que sirve también en el Bautismo después de bautizados, en la confirmación y en la consagración de los Obispos; asimismo en la consagración de los cálices y altares e iglesias, y en la bendición solemne de las campanas. En estos oleos, al menos en el crisma, se mezcla bálsamo, que significa el buen olor de Cristo. Y los orientales, mas amigos de perfumes, suelen meter hasta treinta y tres clases de deliciosos perfumes.

La Misa solemne.—

El Jueves Santo, antes se decían tres Misas solamente o dos en otros sitios o una simplemente. Hoy se permite decir una, en particular, para varias necesidades, y una solemne. Así se conmemora mejor la Cena del Señor; todos

los sacerdotes asisten como los Apóstoles y uno solo celebra como el Señor. La Misa es muy solemne y aun alegre. Se dice el Gloria in excelsis Deo y en el se repican las campanas; los ornamentos son blancos, aunque parece que en otro tiempo eran rojos para la reconciliación y verdes para la Misa; por lo cual, en algunos sitios se llamaba a este jueves verde. Después del gloria, cesa el órgano y cesan las campanas y esto hasta el sábado Santo.

Procesión al monumento.—

Terminada la Misa se hace la procesión solemne al monumento. En la Misa se han consagrado dos hostias. La una la consume el celebrante como siempre; la otra la coloca en un cáliz, que cubre con la patena vuelta del revés y con un velo. Al fin de la Misa toma este cáliz y en procesión solemne por la iglesia lo lleva al monumento. En un altar lateral o en un sitio fuera del altar mayor, se prepara antes un monumento bien adornado con flores, luces y paños y en el se encierra en un arca, que la piedad llama sepulcro, el cáliz con la hostia que en el se incluye y lo mantiene así expuesto a la adoración de los fieles hasta el día siguiente. Este monumento suele ser visitado por todos los fieles, no solo en una, sino en muchas iglesias, con un jubileo verdaderamente devoto.

Desnudación de los altares.—

Terminada la Misa y dichas las vísperas en el coro, el celebrante con el diácono y subdiácono, en recuerdo del luto del Señor y del despojo de sus vestiduras, quita primero del altar mayor y luego de todos los demás altares todos los manteles.

El lavatorio.—

Esta ceremonia que se llama el mandato, porque al principio se lee como antífona la que comienza Mandatum noviun do vobis… “Mandato nuevo os doy”, etc., consiste en lavar el superior los pies a doce pobres, representantes de los Apóstoles. Practica antigua y muy cristiana fue esta de lavar los pies a los prójimos, en recuerdo de lo que Jesucristo hizo con sus discípulos. Y San Pablo llama la atención de Tito, para ver si las viudas eran virtuosas, entre otros actos a este, a ver si lavan los pies a los fieles. Habiéndose mudado los tiempos, para conservar el recuerdo se hace esto en las principales iglesias. El Papa lava los pies a trece pobres, parece que para incluir a Judas y a San Matías o también, como algunos piensan, en recuerdo de un milagro que sucedió a San Gregorio Magno, a quien vino un ángel que se junto a los doce pobres, para que también a el le lavase. En las catedrales lo hacen los Obispos; en muchas parroquias, el párroco; en la capilla real de España lo hacia el Rey.

Puntos de Catecismo, Vilariño, S.J.