Dadas las circunstancias en que nos encontramos, no pudiendose asistir a la Santa Misa en muchos lugares debido a la plaga que nos aflige, os comparto un Ordinario del Misal de Ribera para que podais uniros espiritualmente al Santo Sacrificio del Altar.
CONTEMPLACIÓN DE CRISTO. — El cielo de la Iglesia se pone cada vez más sombrío; los tonos severos de
los que se había revestido en el curso de las cuatro semanas que acaban de
pasar, ya no son suficientes para demostrar su duelo. Sabe que los hombres
persiguen a Jesús y conspiran con su muerte. No pasarán doce días sin que sus
enemigos pongan sobre él sus manos sacrílegas. La Iglesia le seguirá a la
cumbre del Calvario; recogerá su último suspiro; verá sellar sobre su cuerpo
inánime, la piedra del sepulcro. No es extraño, pues, que invite a todos sus
hijos, en esta quincena, a contemplar a Aquel que es la causa de todas sus
tristezas y afectos.
AMOR.-—Pero
no es precisamente lágrimas y compasión estériles, lo que pide de nosotros nuestra
Madre; quiere que nos aprovechemos de las enseñanzas que nos van a proporcionar
los sucesos de esta Santa Semana. Se acuerda que el Señor al subir al Calvario,
dijo a las mujeres de Jerusalén que lloraban su desgracia ante sus mismos
verdugos: «No lloréis por mi; más bien llorad por vosotras y por vuestros
hijos.» No rehusó el tributo de sus lágrimas, se enterneció y su misma
ternura le dictó esas palabras: Quiso sobre todo verlas penetradas de la grandeza
del acto del que se compadecían, en una hora en que la justicia de Dios se
mantenía tan inexorable ante el pecado.
PENITENCIA. — La Iglesia comenzó la conversión del pecador en las semanas precedentes; ahora
quiere consumarla. Lo que ofrece a nuestra consideración, no es ya Cristo
ayunando y orando en el monte de la Cuarentena; es la víctima universal que se
inmola por la salvación del mundo. La hora va a sonar y el poder de las
tinieblas se apresura a aprovechar los pocos momentos que le quedan. Va a
consumarse el más afrentoso de los crímenes. Dentro de pocos días el Hijo de
Dios va a ser entregado al poder de los pecadores y ellos le matarán. La
Iglesia no necesita exhortar a sus hijos a la penitencia; demasiado saben ya
que el pecado exige esta expiación. Ahora está penetrada por completo de los
sentimientos de anonadamiento que la inspira la presencia de Dios sobre la
tierra; y al expresar estos sentimientos en la Liturgia nos indica aquellos que
nosotros debemos concebir de nosotros mismos.
DOLOR. — El
carácter más general de las oraciones y de los ritos de esta quincena es de
profundo dolor de ver al Justo oprimido por sus enemigos, hasta la muerte y una
indignación enérgica contra el pueblo deicida. El fondo de los textos
litúrgicos, son de David y de los Profetas. Ya es Cristo mismo quien declara
las agonías de su alma; ya son las imprecaciones contra los verdugos. El
castigo del pueblo judío es expuesto en todo su horror; y en los tres últimos días
veremos a Jeremías lamentarse sobre las ruinas de la ciudad infiel.
CONVERSIÓN. — Preparémonos, pues, a estas fuertes impresiones desconocidas con harta
frecuencia por la piedad superficial de nuestros tiempos. Recordemos el amor y
benignidad del Hijo de Dios que viene a confiarse a los hombres, viviendo su
misma vida. «Pasando por esta tierra haciendo el bien», y veamos cómo
acaba esta vida de ternura, condescendencia y humildad con el más infame de los
suplicios, con el patíbulo de los esclavos. Por una parte, contemplemos al
pueblo perverso de los pecadores, que, falto de crímenes, imputa al Redentor
sus beneficios, y consuma la más negra de las ingratitudes, derramando sangre
inocente y divina; y por otra, contemplemos al Justo por excelencia, presa de
las amarguras todas, «su alma triste hasta la muerte», cargado con el
peso de la maldición, y bebiendo hasta las heces el cáliz que a pesar de su
humilde queja debió de beber; el cielo inflexible a sus plegarias como a sus
dolores; y al fin escuchemos su grito: «Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has
abandonado?'». Esto es lo que recuerda la Iglesia con tanta frecuencia en
estos días; esto es lo que propone a nuestra consideración; porque sabe que si
llegamos todos a comprender lo que esta escena significa, se romperán los lazos
que nos atan al pecado, y nos será ya imposible permanecer por más tiempo como
cómplices de estos crímenes atroces.
TEMOR. — Pero
la Iglesia sabe también lo duro que es el corazón del hombre, y la necesidad que
tiene del temor, para determinarse a la enmienda; por esta razón no omite
ninguna de las imprecaciones que los Profetas ponen en la boca del Mesías
contra sus enemigos. Estos anatemas son otras tantas profecías que se han
cumplido al pie de la letra en los judíos endurecidos. Tienen por fin
enseñarnos lo que el cristiano debe temer de sí mismo si persiste en
«crucificar de nuevo a Jesucristo», según la enérgica expresión de
San Pablo. Que se acuerde entonces de estas palabras que el mismo Apóstol dice
en la Epístola a los Hebreos: «¿Qué suplicio tendrá el que haya pisoteado
al Hijo de Dios, el que haya tenido por vil la sangre de la alianza por la cual
fue santificado, el que haya ultrajado al Espíritu de gracia? Porque sabemos
que ha dicho: A mime pertenece la venganza y sabré ejercitarla; y
en otra parte: el Señor juzgará a su pueblo. Será, pues, una cosa
horrible caer en las manos de Dios vivo'».
HORROR DEL PECADO. — En efecto, nada más afrentoso; ya que en estos días en que estamos
«no perdonó a su propio Hijo» dándonos por este incomprensible rigor
la medida de lo que debemos esperar de El, si encontrase aún en nosotros el
pecado que le ha obligado a mostrarse tan cruel con su amadísimo Hijo «en
quien ha puesto todas sus complacencias». Estas consideraciones sobre la
justicia para con la más inocente y la más augusta de todas las víctimas; y
sobre el castigo de los judíos impenitentes acabarán de destruir en nosotros el
afecto al pecado, desarrollando este temor tan saludable sobre el cual vendrán
a apoyarse una esperanza firme y un amor sincero, como sobre base
inquebrantable.
VALOR DE LA SANGRE DIVINA. — En efecto, si por nuestros pecados somos los
autores de la muerte del Hijo de Dios, también es cierto que la sangre que
brota de sus sagradas llagas tiene la virtud de lavarnos de este crimen. La
justicia del Padre celestial no se satisface más que con la efusión de esta
sangre divina; y la misericordia del mismo Padre celestial quiere que se emplee
en nuestro rescate. El hierro del verdugo ha abierto cinco llagas en el cuerpo
del Redentor; y de ellas brotan cinco manantiales de salvación sobre la
humanidad para purificarla y restablecer en cada uno de nosotros la imagen de
Dios que había sido borrada por el pecado. Acerquémonos, pues, con confianza, y
glorifiquemos esta sangre libertadora que abre al pecador la puerta del cielo;
y cuyo valor infinito sería suficiente para rescatar millones de mundos más
culpables que el nuestro. Nos acercamos al aniversario del día en que fue
derramada; han pasado ya muchos siglos desde el día en que enrojeció los
miembros desgarrados de nuestro Salvador y que, descendiendo de la Cruz; bañó
esta tierra ingrata; pero su poder siempre es el mismo.
RESPETO Y CONFIANZA PARA CON ESTA SANGRE. •— Vengamos pues, «a beber a las fuentes
del Salvador'»; nuestras almas saldrán de allí llenas de vida, purísimas,
completamente esplendorosas con belleza celestial; ya no quedará en ella la menor
señal de sus antiguas manchas; y el Padre nos amará con el mismo amor con que
ama a su Hijo. ¿No es para hacernos suyos, a nosotros que estábamos perdidos,
por lo que ha entregado a la muerte sin compasión a su Hijo? Habíamos llegado a
ser propiedad de Satanás por nuestros pecados; y ahora, de pronto, somos arrancados
de sus garras y recobramos la libertad. Y sin embargo de eso, Dios no ha usado
de violencia para sacarnos del poder del ladrón, ¿cómo pues, hemos sido
libertados? Escuchad al Apóstol; «habéis sido rescatados a gran
precio'». Y ¿cuál es este precio? El príncipe de los Apóstoles nos lo
explica: «no es, dice, por precio de oro o de plata corruptibles, con que
habéis sido rescatados, sino por la preciosa sangre del Cordero sin
mancilla». Esta sangre divina, colocada en la balanza de la justicia
celestial, la ha hecho inclinarse en nuestro favor; ¡tanto sobrepasaba al peso
de nuestras iniquidades! La fuerza de la sangre ha roto las puertas del
infierno, ha quebrantado nuestras cadenas «restablecido la paz entre el
cielo y la tierra». Derramemos sobre nosotros esta sangre preciosa,
lavemos en ella todas nuestras llagas, sellemos nuestra frente con su señal
inquebrantable y protectora, a fin de que en el día de la cólera, nos perdone
la espada vengadora.
ADORACIÓN DE LA CRUZ. — La Iglesia nos recomienda venerar, además de la sangre del Cordero que
borra nuestros pecados, la Cruz que es como el altar en que se inmola la
Víctima. Dos veces, durante el año, en las fiestas de la Invención y de la
Exaltación, será expuesto este sagrado madero, para recibir nuestros homenajes como
trofeo de la victoria del Hijo de Dios; en estos momentos no nos habla sino de
dolores, y no representa otra cosa que vergüenza e ignominia. El Señor había
dicho en la Antigua Alianza; «maldito el que sea colgado en la
Cruz'». El Cordero que nos salva se ha dignado arrostrar esta maldición;
pero, por eso mismo, ¡cómo hemos de amar este leño, en otro tiempo infame! He aquí
convertido en instrumento de nuestra salvación el testimonio del amor de Jesús
por nosotros. Por esto, la Iglesia le rinde, en nuestro nombre, los más
sinceros honores y nosotros debemos juntar nuestra adoración a la suya. El
agradecimiento a esa Sangre que nos ha rescatado, una tierna veneración hacia
la Santa Cruz, serán los sentimientos que llenarán particularmente nuestro corazón
durante estos quince días.
Gueranger, Elaño litúrgico, Tomo II, tiempo de Pasión
y Semana Santa.
Hazme justicia, ¡oh Dios!,
defiende mi causa contra un pueblo infiel; del hombre inicuo y falaz, líbrame;
porque tú eres mi Dios y mi fortaleza. Salmo. Envía tu luz y tu verdad;
ellas me guiarán y conducirán a tu santo monte a tu tabernáculo. -Hazme
justicia.
Colecta.-
Te rogamos, oh Dios omnipotente!,
mires propicio a tu familia, para que con ti gracia sea dirigida en el cuerpo,
y con tu protección guardada en el alma. Por nuestro Señor Jesucristo.
Epístola. Hebr.9,11-5.-
Hermanos: Habiendo venido Cristo
como Pontífice de los bienes futuros, atravesó el tabernáculo más amplio y más
perfecto, no hecho de mano de hombres, es decir, que no pertenece a este mundo,
y penetró una vez por siempre en el Santuario, no con sangre de machos cabríos,
ni de becerros, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna.
Porque si sangre de los machos cabríos y de los toros y la ceniza becerra
santifican con su aspersión a los inmundos en orden a la purificación de la
carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual, a impulsos del Espíritu Santo,
se ofreció a sí mismo a Dios como víctima sin tacha, limpiará nuestra
conciencia de las obras de muerte para permitirnos servir al Dios vivo? Y por esto
es el mediador de una nueva alianza: muriendo para redimir las prevaricaciones
cometidas bajo la primera alianza, ha querido que reciban la promesa de la
herencia eterna los elegidos, los llamados en él, en Jesucristo nuestro Señor.
Gradual.Salm. 142.9-10; 17,48-49 .-
Líbrame, Señor, de mis enemigos;
enséñame a hacer voluntad. ¡Señor, tú me libras de enemigos enfurecidos, tú me
levantas sobre mis adversarios, tú me salvas del hombre violento.
Tracto.Salm. 128.1-4.-
Muchas veces me combatieron desde
mi juventud. Dígalo ahora Israel: Muchas veces me combatieron desde mi
juventud. Pero no prevalecieron sobre mí. Los labradores araron mis espaldas
prolongando sus surcos; pero el Señor es justo y quebrantó el yugo de los
malvados.
Evangelio.Juan 8.46-59.-
En aquel tiempo: Decía Jesús a
las turbas de los judíos: ¿Quién de vosotros me convencerá de pecado? Si os
digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios, oye las palabras de
Dios. Por eso vosotros no las oís, porque no sois de Dios. Respondieron los
judíos: ¿No decimos bien que eres un samaritano y que estás endemoniado?
Respondió Jesús: Yo no estoy poseído del demonio, sino honro a mi Padre; y
vosotros me habéis deshonrado a mí. Yo no busco mi gloria, hay quien la busca y
juzga. En verdad, en verdad, os digo: quien guarde mi doctrina, no morirá
jamás. Dijéronle los judíos: Ahora conocemos que estás poseído de algún
demonio. Murieron Abraham y los profetas; y tú dices: Quien guarde mi doctrina,
no morirá eternamente. ¿Por ventura eres mayor que nuestro padre Abraham, el
cual murió, y que los profetas, que también murieron? Tú ¿por quién te tienes?
Respondióles Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada vale; mi
Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios, y no
lo conocéis, mientras que yo lo conozco. Y, si dijese que no lo conozco, sería
tan mentiroso como vosotros. Mas le conozco y observo sus palabras. Abraham,
vuestro padre, deseó con ansia ver mi día; lo vio y gozó mucho. Y le dijeron
los judíos: Aún no tienes cincuenta años y ¿has visto a Abraham? Respondióles
Jesús: En verdad, en verdad os digo, que antes que Abraham fuera creado, existo
yo. Tomaron entonces piedras para lanzárselas; mas Jesús se ocultó a sus ojos y
salió del templo.
Ofertorio.-
Te alabaré, Señor, con todo mi
corazón. Concede a tu siervo esta gracia: que viva guardando tu palabra. Dame la
vida según tu promesa, Señor.
Secreta.
Te rogamos, Señor, que no sólo
rompan estos dones los vínculos de nuestra maldad, sino que nos atraigan los
dones de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.
Prefacio de la Santa Cruz.-
En verdad es digno y justo,
equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo
Padre, omnipotente y eterno Dios, que pusiste la salvación del género humano en
el árbol de la cruz, para que de donde salió la muerte, saliese la vida, y el
que en un árbol venció, en un árbol fuese vencido por Cristo nuestro Señor; por
quien alaban los Ángeles a tu majestad, la adoran las dominaciones, la temen
las Potestades y la celebran con igual júbilo los Cielos, las Vírgenes de los
cielos y los bienaventurados Serafines. Te rogamos, que, con sus voces admitas
también las de los que decimos, con humilde confesión Santo…
Comunión.1 Cor.11,25-25.-
Este es el cuerpo que será entregado por
vosotros; éste es el cáliz de la nueva alianza en mi sangre, dice el Señor;
haced esto, cuantas veces lo toméis, en memoria mía,
Poscomunión.-
Atiéndenos, Señor Dios nuestro, y
defiende con perpetuos auxilios a los que has restaurado con tus misterios.
Por nuestro Señor.
TEXTOS DE LA MISA EN LATÍN
Dominica Prima Passionis
Introitus: Ps. xlii: 1-2
Júdica me, Deus, et discérne causam meam de gente non
sancta: ab hómine iníquo et dolóso éripe me: quia tu es Deus meus, et fortitúdo
mea. [Ps. ibid. 3] Emítte lucem tuam, et veritátem
tuam: ipsa me deduxérunt, et adduxérunt in montem sanctum tuum, et in
tabernácula tua. Júdica me.
Oratio:
Quǽsumus, omnípotens Deus, famíliam tuam propítius
réspice: ut, te largiénte, regátur in córpore; et, te servánte,
custodiátur in mente. Per Dóminum.
ad Hebræos ix: 11-15
Léctio Epístolæ beáti Pauli
Apóstoli ad Hebræos.
Fratres: Christus assístens
póntifex futurórum bonórum, per ámplius et perféctius tabernáculum non manufáctum,
id est, non hujus creatiónis: neque per sánguinem hircórum aut vitulórum,
sed per próprium sánguinem introívit semel in Sancta, ætérna redemptióne
invénta. Si enim sanguis hircórum, et taurórum, et cinis vítulæ aspérsus,
inquinátos sanctíficat ad emundatiónem carnis: quanto magis sanguis
Christi, qui per Spíritum Sanctum semetípsum óbtulit immaculátum Deo, emundábit
consciéntiam nostram ab opéribus mórtuis, ad serviéndum Deo vivénti? Et
ídeo novi testaménti mediátor est: ut morte intercedénte, in redemptiónem
eárum prævaricatiónum, quæ erant sub prióri testaménto, repromissiónem
accípiant, qui vocáti sunt ætérnæ hæreditátis: in Christo Jesu Dómino
nostro.
Graduale: Ps. cxlii: 9 et 10
Eripe me, Dómine, de inimícis meis: doce me fácere
voluntátem tuam. [Ps. xvii: 48-49] Liberátor
meus, Dómine, de géntibus iracúndis: ab insurgéntibus in me exaltábis me: a
viro iníquo erípies me.
Tractus: Ps. cxxviii: 1-4
Sæpe expugnavérunt me a juventúte mea. v. Dicat nunc Israël: sæpe expugnavérunt
me a juventúte mea. v. Etenim
non potuérunt mihi: supra dorsum meum fabricavérunt peccatóres. v.Prolongavérunt iniquitátes suas: Dóminus
justus concídet cervíces peccatórum.
Joann. viii: 46-59
+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem.
In illo témpore: Dicébat Jesus turbis Judæórum: «Quis ex
vobis árguet me de peccáto? Si veritátem dico vobis, quare non créditis
mihi? Qui ex Deo est, verba Dei audit. Proptérea vos non audítis,
quia ex Deo non estis.» Respondérunt ergo Judæi, et dixérunt ei:
«Nonne bene dícimus nos, quia Samaritánus es tu, et dæmónium habes?»
Respóndit Jesus: «Ego dæmónium non hábeo: sed honorífico Patrem meum, et vos
inhonorástis me. Ego autem non quæro glóriam meam: est qui quærat, et
júdicet. Amen, amen dico vobis: si quis sermónem meum serváverit, mortem
non vidébit in ætérnum.» Dixérunt ergo Judæi: «Nunc cognóvimus quia
dæmónium habes. Abraham mórtuus est, et prophétæ: et tu dicis: Si quis
sermónem meum serváverit, non gustábit mortem in ætérnum. Numquid tu major
es patre nostro Abraham, qui mórtuus est? et prophétæ mórtui sunt. Quem
teípsum facis?» Respóndit Jesus: «Si ego glorífico meípsum, glória mea
nihil est: est Pater meus, qui gloríficat me, quem vos dícitis quia Deus vester
est, et non cognovístis eum: ego autem novi eum: et si díxero quia non scio
eum, ero símilis vobis, mendax. Sed scio eum, et sermónem ejus
servo. Abraham pater vester exsultávit ut vidéret diem meum: vidit, et
gavísus est.» Dixérunt ergo Judæi ad eum: «Quinquagínta annos nondum habes,
et Abraham vidísti?» Dixit eis Jesus: «Amen, amen dico vobis, ántequam
Abraham fíeret, ego sum.» Tulérunt ergo lápides, ut jácerent in eum:
Jesus autem abscóndit se, et exívit de templo.
Offertorium: Ps. cxviii: 17 et 107
Confitébor tibi Dómine in toto corde meo: retríbue servo
tuo, vivam et custódiam sermónes tuos: vivífica me secúndum verbum tuum,
Dómine.
Secreta:
Hæc múnera, quæsumus, Dómine, et víncula nostræ
pravitátis absólvant, et tuæ nobis misericórdiæ dona concílient. Per Dóminum.
Præfátio de Sancta Cruce
Vere
dignum et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias
ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui salútem humáni géneris
in ligno Crucis constituísti: ut unde mors oriebátur, inde vita resúrgeret: in
quo ligno vincébat, in ligno quoque vincerétur: per Christum Dóminum nostrum.
Per quem majestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt
Potestátes. Cæli cælorúmque Virtútes, ac beáta Séraphim, sócia exsultatióne
concélebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur,
súpplici confessióne dicéntes: Sanctus,…
Communio: 1 Cor. xi: 24, 25
Hoc corpus, quod pro vobis tradétur: hic calix novi
testaménti est in meo sánguine, dicit Dóminus: hoc fácite, quotiescúmque
súmitis, in meam commemoratiónem.
Postcommunio:
Adésto nobis Dómine Deus noster: et quos tuis mystériis
recreásti, perpétuis defénde subsídiis. Per Dóminum
Alégrate,
Jerusalén, y regocijaos con ella todos los que la amáis; regocijaos con ella,
gozosos, cuantos por ella hacéis duelo; para que os saciéis del pecho de sus
consuelos. Salmo. Me alegré cuando se me dijo: Vamos a la casa del Señor, f.
Gloria al Padre.
Colecta.-
Concedednos,
¡oh Dios omnipotente!, que quienes sufrimos lo merecido por nuestras acciones,
respiremos con el consuelo de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.
Epístola.
Gal. 4.22-31.-
Hermanos: Escrito está que Abraham tuvo dos hijos, uno
de la esclava y otro de la libre. Mas el de la esclava nació según la carne, y
el de la libre en virtud de la promesa; lo cual se dijo en un sentido alegórico.
Por que estas dos madres son los dos Testamentos. El uno el del monte Sinaí,
que engendra esclavos, es Agar; porque el Sinaí es un monte de Arabia.
Corresponde ella a la Jerusalén de aquí abajo, la cual es esclava con sus
hijos. Mas aquella Jerusalén de arriba es libre; y es madre nuestra. Porque
escrito está: Alégrate, estéril, que no pares; prorrumpe en gritos de júbilo tú
que no conoces los dolores del parto, pues son más los hijos de la abandonada,
que los de la que tiene marido. Vosotros, pues, hermanos, sois como Israel
hijos de la promesa, figurados en Isaac. Mas, así como entonces el que había
nacido según la carne, perseguía al nacido según el espíritu, así sucede
también ahora. Pero ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo,
pues no será heredero el hijo de la esclava con el hijo de la libre. Y así,
hermanos, nosotros no somos hijos de la esclava, sino de la libre; y esta
libertad nos la ha adquirido Cristo.
Gradual.
Salm. 121.1,7.-
Me alegré
cuando se dijo: Vamos a la casa del Señor. Reine la paz en tu recinto y
la abundancia en tus palacios.
Tracto.
Salm. 124 1-2.-
Losque
confían en el Señor son como el monte Sión; jamás se tambaleará el que habita
en Jerusalén. Jerusalén está rodeada de montañas; así rodea el Señor a su
pueblo desde ahora y para siempre.
Evangelio.
Juan 6.1-15.-
En aquel tiempo: Pasó Jesús a la otra parte
del mar de Galilea, o de Tiberíades, y le seguía una gran multitud de gente,
porque veían los milagros que hacia con los enfermos. Subió, pues, Jesús a un
monte, y sentóse allí con sus discípulos. Acercábase ya la Pascua, día de gran
fiesta para los judíos. Habiendo, pues, alzado Jesús los ojos, y viendo que
venía hacia sí tan gran multitud, dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos panes para
que coma esta gente? Esto lo decía para probarle, pues bien sabía él lo que iba
a hacer. Respondió Felipe: Doscientos denarios de pan no les alcanzan para que
cada uno tome un bocado. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón
Pedro, le dijo: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos
peces; mas ¿qué es esto para tanta gente? Pero Jesús dijo: Haced sentar a esas
gentes. En aquel lugar había mucha hierba. Sentáronse, pues, como unos cinco
mil hombres. Tomó entonces Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los
repartió entre los que estaban sentados; y lo mismo hizo con los peces, dando a
todos cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a
sus discípulos: Recoged los trozos que han sobrado, para que no se pierdan.
Hiciéronlo así, y llenaron doce cestos con los trozos que habían sobrado de los
cinco panes de cebada, después que todos hubieron comido. Aquellos hombres,
cuando vieron el milagro que había hecho Jesús, decían: ¡Éste es verdaderamente
el profeta que ha de venir al mundo! Y Jesús, notando que habían de
venir para llevársele y hacerle Rey, huyó otra vez al monte él
solo.
Ofertorio.
Salm. 134.3,6.-
Alabad al
Señor porque es benigno; cantad himnos a su nombre, porque es amable. Todo
cuanto quiso ha hecho el Señor en el cielo y en
la tierra.
Secreta.-
Te pedimos,
Señor, mires propicio el presente sacrificio, a fin de que aproveche a nuestra
devoción y a nuestra salud. Por nuestro Señor,
Prefacio
de Cuaresma-
En verdad es
digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar,
Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que, por el ayuno
corporal, domas nuestras pasiones, elevas la mente, nos das la virtud y el
premio, por Jesucristo nuestro Señor, por quien alaban los Ángeles a tu
majestad, la adoran las Dominaciones, la temen las Potestades y la celebran con
igual júbilo los Cielos, las Virtudes de los cielos y los bienaventurados
Serafines. Te rogamos que con sus voces admitas también las de los que te
decimos, con humilde confesión.
Comunión.
Salm. 121.3-4.-
Jerusalén está
construida como una ciudad de partes bien trabadas. Allá suben las tribus, las
tribus del Señor, para alabar tu nombre,
Señor,
Poscomunión.-
Concédenos,
¡oh Dios Misericordioso! , la gracia de tratar siempre con sinceros obsequios
este sacramento que incesantemente nos sacia, y de recibirle con gran espíritu
de fe. Por nuestro Señor Jesucristo.
TEXTOS DE LA MISA EN LATÍN
Dominica Quarta in Quadragesima
I Classis
Introitus: Isai. lxvi 10 et11
Lætáre, Jerúsalem: et convéntum fácite, omnes qui
dilígitis eam: gaudéte cum lætítia, qui in tristítia fuístis: ut exsultétis, et
satiémini ab ubéribus consolatiónis vestræ. [Ps.
121. 1] Lætátus sum in his, quæ dicta sunt mihi: in domum Dómini
íbimus. Glória Patri. Lætáre, Jerúsalem
Oratio:
Concéde, quǽsumus, omnípotens Deus: ut qui ex mérito
nostræ actiónis afflígimur, tuæ grátiæ consolatióne respirémus. Per Dóminum.
ad Gálatas. iv: 22-31
Léctio Epístolæ beáti Pauli
Apóstoli ad Gálatas.
Fratres: Scriptum est:
Quóniam Abraham duos fílios hábuit: unum de ancílla, et unum de líbera. Sed qui
de ancílla, secúndum carnem natus est: qui autem de líbera, per repromissiónem:
quæ sunt per allegoríam dicta. Hæc enim sunt duo testaménta. Unum quidem in
monte Sina, in servitútem génerans: quæ est Agar: Sina enim mons est in Arábia,
qui conjúnctus est ei, quæ nunc est Jerúsalem, et servit cum fíliis suis. Illa
autem, quæ sursum est Jerúsalem, líbera est, quæ est mater nostra. Scriptum est
enim: Lætáre, stérilis, quæ non paris: erúmpe, et clama, quæ non párturis: quia
multi fílii desértæ, magis quam ejus, quæ habet virum. Nos autem, fratres,
secúndum Isaac promissiónis fílii sumus. Sed quómodo tunc is, qui secúndum
carnem natus fúerat, persequebátur eum, qui secúndum spíritum: ita et nunc. Sed
quid dicit Scriptúra? Ejice ancíllam et fílium ejus: non enim hæres erit fílius
ancíllæ cum fílio líberæ. Itaque, fratres, non sumus ancíllæ fílii, sed líberæ:
qua libertáte Christus nos liberávit.
Graduale: Ps. cxxi: 1 et 7
Lætátus sum in his, quæ dicta sunt mihi: in domum Dómini
íbimus. Fiat pax in virtúte tua: et abundántia in túrribus tuis.
Tractus: Ps. cxxiv 1-2
Qui confídunt in Dómino, sicut mons Sion: non
commovébitur in ætérnum, qui hábitat in Jerúsalem. v. Montes in circúitu ejus: et Dóminus in
circúitu pópuli sui, ex hoc nunc et usque in sæculum.
Joann. vi: 1-15
+ Sequéntia
sancti Evangélii secúndum Joánnem.
In illo témpore: Abiit Jesus trans mare Galilææ, quod est
Tiberíadis: et sequebátur eum multitúdo magna, quia vidébant signa, quæ
faciébat super his, qui infirmabántur. Súbiit ergo in montem Jesus: et ibi
sedébat cum discípulis suis. Erat autem próximum Pascha dies festus Judæórum.
Cum sublevásset ergo óculos Jesus, et vidísset quia multitúdo máxima venit ad
eum, dixit ad Philíppum: «Unde emémus panes, ut mandúcent
hi?» Hoc autem dicébat tentans eum: ipse enim sciébat quid esset
factúrus. Respóndit ei Philíppus: «Ducentórum denariórum panes non
suffíciunt eis, ut unusquísque módicum quid accípiat.» Dicit ei
unus ex discípulis ejus, Andréas frater Simónis Petri: «Est puer unus
hic, qui habet quinque panes hordeáceos, et duos pisces: sed hæc quid sunt
inter tantos?» Dixit ergo Jesus: «Fácite hómines
discúmbere.» Erat autem fœnum multum in loco. Discubuérunt ergo
viri, número quasi quinque míllia. Accépit ergo Jesus panes: et cum
grátias egísset, distríbuit discumbéntibus: simíliter et ex píscibus quantum
volébant. Ut autem impléti sunt, dixit discípulis suis: «Collígite quæ
superavérunt fragménta, ne péreant.» Collegérunt ergo, et implevérunt
duódecim cóphinos fragmentórum ex quinque pánibus hordeáceis, quæ superfuérunt
his, qui manducáverant. Illi ergo hómines cum vidíssent quod Jesus fécerat
signum, dicébant: «Quia hic est vere Prophéta, qui ventúrus est in
mundum.» Jesus ergo cum cognovísset, quia ventúri essent ut
ráperent eum, et fácerent eum regem, fugit íterum in montem ipse solus.
Offertorium: Ps. cxxxiv: 3 et 6
Laudáte Dóminum, quia benígnus est: psállite nómini ejus,
quóniam suávis est: ómnia quæcúmque vóluit, fecit in cælo et in terra.
Secreta:
Sacrifíciis præséntibus, Dómine, quǽsumus, inténde
placátus: ut et devotióni nostræ profíciant et salúti. Per Dóminum.
Præfátio
de Quadragesima
Vere dignum et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi
semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui corporáli jejúnio vítia cómprimis, mentem
élevas, virtútem largíris, et præmia: per Christum Dóminum nostrum. Per quem
majestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cæli
cælorúmque Virtútes, ac beáta Séraphim, sócia exsultatióne concélebrant. Cum
quibus et nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur, súpplici confessióne
dicéntes: Sanctus,…
Communio: Ps. cxxi: 3-4
Jerúsalem, quæ ædificátur ut cívitas, cujus participátio
ejus in idípsum; illuc enim ascendérunt tribus, tribus Dómini, ad confiténdum
nómini tuo, Dómine.
Postcommunio:
Da nobis, quæsumus, miséricors Deus: ut sancta tua, quibus incessánter explémur, sincéris tractémus obséquiis, et fidéli semper mente sumámus. Per Dóminum.
Hemos
dicho que la Iglesia se divide en su interior en tres partes, de las cuales
la más digna es el presbiterio, en el cual estaba el clero, y se
elevaba el altar. En él se ofrecía el sacrificio y se hacían las funciones por
el Obispo, el sacerdote y el clero. Para ello la parte esencial, y también
la parte principalísima de la Iglesia, era el altar, del cual, por
ser lo más importante y el centro de la liturgia, hay que decir principalmente
lo que conviene saber a todo cristiano.
Altar.-
Altar,
como quien dice alta ara, es el sitio destinado al sacrificio ofrecido a Dios.
En el templo antiguo de Jerusalén era el sitio en que quemaban
y ofrecían a Dios las víctimas y sacrificios. Victimario, sacrificatorio
era el nombre que le daban y le da San Pablo al altar de los holocaustos. El
primer altar que se menciona en el mundo fue el de Noé, después del diluvio.
Luego figuran muchos edificados por los patriarcas. Moisés, en
su tabernáculo, puso dos: el de los holocaustos y el del timiama o
incienso; el primero en el atrio del santuario, el segundo en el
santuario mismo. Estos mismos altares más en grande perseveraron en el
templo de Salomón y en el de Herodes. Y en el Nuevo Testamento, ya desde el
principio los cristianos tuvieron altar para la Eucaristía, como ya lo dice San
Pablo.
Forma
del altar.-
El
altar puede ser de dos Clases: fijo
o portátil. Altar fijo, en
el sentido litúrgico, es aquel cuya mesa de piedra está unida con su base
o apoyo, que también debe ser de piedra o piedras. Si el altar es completo, de manera que pueda
consagrarse, debe ser de una pieza toda la mesa, y unirse al sostén por
los cuatro ángulos. La base puede ser maciza, o vacía por su interior, o
aún abierta por delante, para exponer reliquias, y aún sustentada con
cuatro columnas. Pero este sistema de altar fijo, en todo el rigor de la
palabra, no es el más ordinario, y sólo lo suelen tener las Iglesias
consagradas o los altares consagrados, con la consagración solemne. Más de
ordinario se suele usar el altar portátil,
que consiste en una piedra también, a la que solemos llamar ara, pero sencilla
y más corta de ordinario, lo suficiente por lo menos para que en ella
quepan el cáliz y la patena, y algún copón, si han de
consagrar formas. Esta ara se puede poner o encajar en una base o mesa de
madera o de piedra, poniéndola en medio, como se ve en la mayor parte de los
altares. Sería conveniente que en cada Iglesia el altar mayor fuese de piedra o
macizo de ladrillo, aunque la Iglesia sólo estuviere bendecida y no consagrada.
Reliquias
del altar.-
Estas
aras, que como decimos, son propiamente los altares, deben ser consagradas; más
para la validez de esta consagración han de tener lo que se llama el sepulcro
de reliquias. Antiguamente, en las catacumbas sobre todo, celebrábanse los
sacrificios eucarísticos sobre el cuerpo de algún mártir, sobre alguna
piedra, altar o mesa que se ponían sobre el sepulcro de algún mártir
que se llamaba confesión. Mas como no es posible tener un cuerpo santo para cada
altar, está mandado, bajo pena de nulidad en la consagración, en que todo altar
se ponga, al menos, lo que se llama el sepulcro de las reliquias o el
martirio. Este sepulcro, si el altar es fijo, ha de estar en medio del ara, por
encima, o si se quieren la base por delante o por detrás, o también en la
parte superior de la base en el medio. Si el altar es portátil en un
hueco de la piedra, que se cubre con otra piedrecita llamada sello, o con
un sello de metal, que no sea latón ni hoja de lata. Estas reliquias deben
de ser de un mártir; pero se pueden añadir otras de confesores o vírgenes,
ya canonizados; deben de ser del mismo cuerpo, no ya del vestido. Y si bien
absolutamente sólo se necesitan reliquias de un solo mártir, pero se ha de
procurar poner de muchos mártires, a los cuales pueden añadirse las de
confesores y vírgenes. De manera que todas las aras que están en los altares
han sido antes consagradas por los legítimos Prelados, y contienen
alguna reliquia, por lo menos, de mártires, y aún varias, en general de otros
Santos.
Bajo
el altar.-
Bajo
el altar no pueden ponerse otros cuerpos que los de Santos canonizados; por lo
mismo no se pueden erigir altares, ni aún portátiles, sobre sepulturas;
esto no impide el que haya debajo criptas para enterramientos, aunque el
altar caiga sobre alguna de las sepulturas de la cripta. Tampoco se permite,
por lo menos en el altar fijo, poner debajo ningún armario en que se
guarden los ornamentos y otras cosas, aunque sirvan para el
sacrificio.
Altar
mayor.-
En
todas las Iglesias hay un altar que se llama altar mayor, que suele ser más
amplio y alto y adornado que los otros. Aunque puede ser portátil, pero
conviene que imite al fijo y tenga algunas gradas, tres o cinco, y así nos
recordará el Calvario. La parte anterior se puede adornar con un frontal
de lino, lana, seda, plata, o fijamente con hermosas tallas. En este altar
debe estar la imagen del Santo Titular de la Iglesia.
Altares
menores.-
Además
del altar mayor hay, o puede haber en la Iglesia, otros altares dedicados a
diversos Santos, o sin dedicación alguna, que suelen ser más modestos y tienen
una tarima de pie. Tanto uno como otro han de tener medidas convenientes de
altura, anchura y largura para celebrar la Misa convenientemente.
El
Crucifijo.-
En
todo altar debe haber un Crucifijo en medio. Este Crucifijo no debe ser
pequeño, sino suficientemente grande para que se vea, y bien colocado para que
sobresalga sobre los candelabros y sea visible a los fieles. En
las instrucciones de la Visita apostólica de las Iglesias de Roma se
declaran suspensas las cruces que no lleguen a 40 centímetros por
22. Y es que la Iglesia quiere que el altar, después de
la Eucaristía, lo primero que se note sea la imagen de Jesús sacrificado.
Imágenes.-
Todos
los altares fijos deben dedicarse a algún santo, cuya imagen deben tener
delante esculpida o pintada. Y no puede mudarse por otra sin permiso de Roma.
También los portátiles suelen tener patrono e imagen. Las imágenes deben
ser aprobadas por la Iglesia y, por tanto, conformes a las costumbres y modos
recibidos. Y está ordenado en el canon 1.270 que no se pongan en las Iglesias,
sin aprobación del Prelado, imágenes insólitas o que faltasen al
dogma, o que no tengan la bebida decencia y honestidad, o puedan inducir a error
a los sencillos.
Retablo.-
Es
muy frecuente poner ante los altares retablos, que sirven de adorno y devoción.
En ellos se suelen colocar muchos santos, en nichos conveniente y
artísticamente dispuestos. Algunos retablos son libros tallados de historia
sagrada o de historia eclesiástica, o de teología simbólica. También los hay
muy indignos de una Iglesia; y sería muy preferible una limpia sencillez a
un abigarrado y vulgar montón de adornos. Téngase siempre presente que
sobresalga la imagen de Jesucristo crucificado, que es lo más esencial de un
altar.
El
Tabernáculo.-
Para guardar
el Santísimo Sacramento, se ponen el altar donde ha de guardarse una
capilla a propósito y exclusivamente para él, que se llama Tabernáculo.
El Santísimo suele guardarse en el altar mayor, de ordinario. Sólo en las
catedrales y en otras Iglesias parecidas, porque suelen celebrarse
las vísperas y otras funciones en que se vuelve la espalda al altar con
frecuencia, se suele poner el Santísimo en otro sitio, con toda decencia y
reverencia. Debe ponerse en el Tabernáculo todo esmero. Ha de ser una capillita
de ordinario de madera, o de mármoles o metales, chapados por dentro de madera
para evitar mejor la humedad, dorada por fuera, cubierta por dentro de seda
blanca, o de tisú de plata, o de oro, o también de láminas de oro, o
dorada, bien cerrada, bien capaz de contener los vasos sagrados y
el viríl. Las puertas sean tales que se pueda ver bien al Señor, aún en
las exposiciones privadas. Dentro tiene al Santísimo unos corporales
que deben mudarse con frecuencia. Fuera, las puertas deben ser bien ricas y
adornadas con símbolos o imágenes de Nuestro Señor. Dentro no debe ponerse nada
si no es el Santísimo con sus vasos. Su llave debe ser hermosa y cuando no es
necesario, retírese y guárdese con cuidado. Corresponde guardar la llave
al párroco o algún sacerdote.
Respeto
al Tabernáculo.-
Ante
el Tabernáculo no debe ponerse nada, ni flores, ni imágenes, ni aún el
crucifijo de ordinario. Sobre el Tabernáculo se puede poner la cruz, pero
no otras imágenes, ni flores, ni reliquias. El Tabernáculo debe
estar cubierto de un conopeo o guardapolvo, como de un pabellón que lo guarde y
cubra todo, al menos el frente y los lados del Tabernáculo; puede ser
de seda o de algodón, lana, lino, y blanco o del color del oficio,
excepto el negro. Dentro puede tener una cortinilla, pero no es obligatoria.
Lámpara.-
Debe,
en el altar en que está el Santísimo, arder una lámpara que señale a todos
la presencia de la verdadera luz del mundo, Jesucristo. Y por cierto, este
precepto es grave bajo pecado si se descuidase voluntariamente mucho tiempo.
Debe la lámpara ser de aceite de olivas, símbolo de luz, alimento y
medicina, o también de cera. Pero con justa causa los Prelados pueden permitir
el uso de otros aceites vegetales.
El
Trono.-
Sobre
el altar y arriba del Tabernáculo se pone un trono donde en la custodia se
expone al Santísimo al pueblo en los días solemnes con la debida
autorización. Suele ser un templete de variada forma, según el gusto, y
más o menos rico, según los recursos. Y siempre que se expone solemnemente
el Santísimo, se debe colocar en él la custodia, a no ser cuando se trata de
una exposición breve, en cuyo caso se puede colocar en el altar
mismo. Puede muy bien constar de un dosel sobre cuatro columnas, con
una cortinilla delante, que se puede bajar y alzar, para ocultarlo si es
necesario, y con facilidad de subir.
Ornato
del altar.-
Sobre
el altar deben ponerse tres toallas o manteles benditos, limpios, los dos
primeros que cubran el altar o cuando minosla piedra o el ara, y pueden
ser uno en dos dobles; el superior debe ser más largo y de tal que por los
dos lados caiga hasta el suelo. Deben ser de lino, o de algodón, si no se
puede de lino. El mantel superior suele tener muchas veces por la parte
anterior algunos encajes que sirven de ornato, y a veces aun tienen alguna
tela de seda de color como fondo para mayor ornato. También son
ornato propísimo y aun necesario del altar, los candelabros, que en el
mayor deben de ser seis o tres brazos; aunque éstos pueden, si se quiere,
usarse, en las exposiciones, además de los seis de la liturgia. Cuando hay
reliquias se las colocas en el altar en estuches preciosos, cubiertos en
general, y expuestos cuando ha de venerárselos, con luces encendidas.
Limpieza.-
Débese
conservar el altar limpísimo, pues es el sitio más digno y santo de la
iglesia. Nada en él sea sucio, nada roto, nada destrozado. Para mejor
conservarlo se puede cubrir durante el día con un tapete decente y adornado,
que se quite durante la misa; pero no con esos hules o badanas que se
estilan en algunos sitios y que dan al altar, con pretexto de limpieza, un
verdadero aspecto de suciedad. Los fieles deben de ayudar todo cuanto
puedan al párroco o capellán para que pueda tener este sitio como
conviene, preciándose de que el altar sea lo más digno que se pueda.
La
Iglesia significa convocación, congregación, reunión de los fieles; pero
también se aplica, de ordinario, al sitio en que se reúnen para el culto.
Basílica
se llamó desde el siglo IV a las Iglesias que se edificaban o en edificios
que habían servido de basílicas, o en templos suntuosos que
verdaderamente eran regios, que es lo que significa basílico.
Origen
de la Iglesia.-
Siempre
todas las naciones han tenido sitios destinados al culto divino y circunscrito
por algún edificio.
Los primeros
cristianos al principio se reunían en el templo de Jerusalén, luego
en casas particulares, para celebrar el sacrificio eucarístico. Luego en sitios
destinados para ello, ya en casas particulares especiales, ya en cementerios,
y en Roma especialmente en las catacumbas, donde ponían algunos sitios más
espaciosos y acomodados, como hoy puede verse, en los que celebraban sus
reuniones y los misterios divinos y administraban los Sacramentos. Cuando
Constantino dio la paz a la Iglesia, comenzaron a edificarse templos
especiales, y aún a aprovecharse para ello de edificios antiguos y públicos, si
bien prefirieron en general hacerlos nuevos, y poco a poco fueron adoptando
cierto como tipo marcado a propósito para el culto cristiano.
La
Iglesia, las De Dios y de los fieles.-
La
Iglesia se considera entre los cristianos como casa de Dios; no porque se crea
que sólo en ella Dios habita; antes sabemos que Dios habita en todas partes;
sino porque se dedica por la autoridad eclesiástica aquel sitio
expresamente al culto cristiano. Y más bien que por Dios se hace esto por los
fieles, para que tengan un sitio en que reunirse independiente y
tranquilamente, lejos de los negocios profanos, para darse a Dios y las cosas
divinas.
División
de la Iglesia.-
La
Iglesia, en general, tiene en su interior esta división: delante está
el presbisterio, en el fondo o parte oriental de la Iglesia. Se llama presbisterio,
porque en él están los presbíteros. En él se ofrece el sacrificio de la
Misa. En él está el Altar, con el crucifijo, los candeleros, etc.
Suele
tener a los lados dos púlpitos o ambones para las lecturas
de los Evangelios y Escrituras Santas, y para la predicación. El
pueblo se coloca en todo lo del templo, que se extiende desde el presbiterio
hasta el pórtico. Antiguamente solían estar separados las mujeres de los
hombres, unos a un lado y otras a otro. Algunas Iglesias tenían y tienen
tribunas o galerías altas, y una de ellas, la que está sobre la entrada,
sirve de coro muchas veces. En el vestíbulo o pórtico solían antiguamente
colocarse los fieles que estaban sujetos a alguna penitencia; algunos tenían
que estar a la puerta pidiendo perdón a los fieles a quienes había
escandalizado; se llaman flentes; otros podían entrar a la hora del
sermón, y se llamaban audientes; otros podían entrar mientras se decían
por ellos oraciones, y como permanecían de rodillas, se llamaban
prostrati; otros, en fin, asistían a los oficios de pie, pero no comulgaban.
Respeto
en la Iglesia.-
En
la Iglesia ha de guardarse mucho respeto, como en la casa De Dios. Deben
evitarse en ella todas otras acciones que las de culto y piedad. Por costumbre
ya antiquísima y digna se guarda absoluto silencio de otras cosas que las
oraciones y cánticos. Debe tenerse muy buena compostura y recogimiento. No que
sea pecado hablar moderadamente algo sobretodo necesario o de cortesía, con tal
que no perturbe a los demás. Pero debe evitarse con cuidado toda profanación.
Violación
de las Iglesias.-
Las
Iglesias se violan, de tal modo, que hasta que se reconcilie de nuevo no
se pueden en ellas celebrar los divinos oficios, por los siguientes actos:
1., por el delito de homicidio; 2., por injusto y grave derramamiento de
sangre; 3., por aplicar la Iglesia a usos impíos o indecentes; 4., por
sepultura de infiel o excomulgado con sentencia declaratoria
o condenatoria. Y para que sirva de nuevo es necesario reconciliarla
con su rito correspondiente.
Lo primero que tenemos que saber es que, en líneas
generales, la estructura de Laudes y Visperas es similar. Todos los Laudes y
Visperas de nuestro Diurnal van a ser semejantes a esta estructura salvo casos
muy especiales (Semana Santa).
Pongo la estructura en español para aquellos que no estén
familiarizados con el latín:
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era.
Aleluya
(tiempo de Navidad, Epifanía, post Epifania, Pascual, Pentecostés y después de
Pentecostés) o Te alabamos Señor Rey de
eterna gloria (Adviento, Cuaresma y tiempo de Pasión).
Antífona. (Antes
y después de cada Salmo o cántico se dice la antífona correspondiente y al
terminarlo, se repite. Se elige la correspondiente al tiempo litúrgico).
Cuatro Salmos y un cántico, (el número 4)).
Capítulo.
Demos gracias a
Dios.
Himno.
Verso
con Responsorio.
Antífona
del Benedictus.
Benedictus
con Gloria al Padre. Como era.
Se
repite la antífona del Benedictus.
Preces,
si han de decirse (fundamentalmente en
miércoles, viernes, sábado de Adviento, Cuaresma, tiempo de Pasión).
El
Señor esté con vosotros y con tu Espíritu (si
es Sacerdote quien lo reza), o Señor escucha nuestra oración y llegue a ti
nuestro clamor (si es un monje no
sacerdote o un seglar).
Oremos.
Oración.
Conmemoraciones
de los Santos, si la hubiere.
El
Señor esté con vosotros y con tu Espíritu (si
es Sacerdote quien lo reza), o Señor escucha nuestra oración y llegue a ti
nuestro clamor (si es un monje no
sacerdote o un seglar).
Bendigamos
al Señor. Demos gracias a Dios.
Las
almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén.
Tengamos presente que en el
Diurnal existen dos esquemas de Laudes para cada día de la semana: Laudes I y
Laudes II.
Laudes I: Se utiliza fundamentalmente en los tiempos
festivos, tiempo post Epifanía, tiempo pascual, tiempo después de Pentecostés.
Laudes II: Se reza en tiempo de Adviento, Cuaresma, Pasión y
en los días de las 4 Témporas de todo el año.
Tanto en el esquema de Laudes I
como en Laudes II, después de los salmos vienen varias colecciones de
capítulos, himnos y versículos. Lógicamente solo hay que rezar la que
corresponda al tiempo litúrgico en que nos encontremos. Se omiten las otras.
Estas colecciones de capítulos,
himnos y versículos son las siguientes:
Laudes I: Per annum (tiempo después de Epifanía y después de
Pentecostés), y tiempo pascual. No tiene preces.
Laudes II: Tiempo de Adviento, de Septuagésima, de Cuaresma,
de Pasión. Incluye las preces que se rezan los miércoles, viernes y sábados en
Laudes.
Con lo dicho hasta el momento, ya
sabemos lo básico para rezar pero nos queda saber distinguir la prelación entre
las fiestas.
Por un lado, hay que saber
combinar los tiempos litúrgicos (Adviento, Navidad, Epifanía, post Epifanía,
Septuagésima, Cuaresma, Pasión, Semana Santa, Pascua, Pentecostés, post Pentecostés) con las fiestas del Señor,
la Virgen y los Santos.
Pero esta explicación queda para
la siguiente entrega.
Este endemoniado, según san
Mateo, no solo era mudo sino también ciego. De el se refiere que fue curado por
el Señor, de tal suerte, que hablaba y veía. De consiguente, se realizaron tres
milagros en un mismo hombre: el ciego ve, el mudo habla, y el que estaba poseído
es librado del demonio. Lo cual en aquella ocasión se realizo de una manera
visible, mas ahora tiene lugar todos los días en la conversión de los
creyentes. Es arrojado de su alma en primer lugar el demonio, ven luego la luz
de la fe, y se abre su boca, antes muda, para cantar las divinas alabanzas.
“Algunos dijeron que echaba los demonios por virtud de Belzebú”. Esto no lo
dijeron los del pueblo, sino que salio de la boca de los fariseos y escribas,
como lo atestiguan los otros Evangelistas.
El pueblo que parecía menos instruido, siempre admiraba las obras del Señor. Por el contrario, los escribas y los fariseos trabajaban o para negar estas obras, o cuando no les era posible, procuraban echarlo a mala parte, como si fueran realizadas, no por Dios, sino por el espíritu inmundo. “Y otros, tentándole, le pedían una señal del cielo”. Querían que a semejanza de Elías hiciera descender fuego del cielo, o que, como en tiempo de Samuel, se viera de súbito, en un hermoso día de verano, retumbar el trueno, brillar los relámpagos y caer la lluvia a torrentes, como si estas cosas no pudiesen ser mal interpretadas, diciendo que acontecían en virtud de causas ocultas y de diversas perturbaciones atmosféricas. Mas tu que desnaturalizas lo que ves con los ojos, tocas con las manos, y que sucede para tu provecho, ¿qué dirías de los prodigios venidos del cielo? Sin duda responderías que también los magos en Egipto realizaron cosas prodigiosas en el aire.
Mas el, luego que vio sus pensamientos, les dijo: “Todo reino en si mismo dividido se arruinara, y una casa caerá sobre otra casa”. No contesta a sus palabras sino a sus pensamientos, a fin de que por lo menos así se vean obligados a creer en su poder, ya que veía lo mas secreto de su corazón. Mas, si todo reino en si dividido se arruinara, de consiguiente el reino del Padre, Hijo y Espíritu Santo no esta dividido, ya que sin contradicción permanece, ni puede oposición alguna arruinarle, puesto que ha de durar para siempre. Mas si Satanás en si mismo esta dividido, ¿cómo puede permanecer su reino, ya que decís que yo arrojo los demonios por virtud de Belzebú? Con esto quería que por su propia confesión dieran a entender que no creyendo en el, elegían el reino del diablo, el cual, a la verdad, no podía subsistir estando dividido contra si mismo.
Tus ojos miran siempre al Señor,
porque él librará del lazo mis pies; mírame, ¡oh Dios!, y apiádate de mí,
porque me veo solo y desgraciado. Sal. A ti
Señor levanto mi alma. Dios mío, en ti confío, no quede yo avergonzado. Gloria
al Padre.
Colecta.-
Te rogamos, ¡oh Dios
omnipotente!, mires los deseos de los humildes, y extiendas la diestra de tu
majestad para defendernos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Epístola.Ef. 5.1-9.-
Hermanos: Sed imitadores de Dios,
como hijos muy amados. Vivid en el amor, como Cristo nos amó, y se ofreció a sí
mismo a Dios por nosotros en oblación y hostia de olor suavísimo. Por tanto, la
fornicación y toda clase de impureza, o avaricia, ni se nombre entre vosotros,
cual conviene a los santos; ni palabras torpes y necias, ni truhanerías, ni
bufonadas, lo cual desdice; sino, antes bien, acciones de gracias. Porque
habéis de saber y entender que ningún fornicario, o impúdico, o avaro, lo cual
viene a ser una idolatría, será heredero del reino de Cristo y Dios. Nadie os
engañe con palabras vanas; pues por tales cosas vino la ira de Dios sobre los
incrédulos. No queráis, por tanto, tener parte con ellos. Porque en otro tiempo
erais tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor. Andad como hijos de la luz,
pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad.
Gradual.Salm. 9.20,4.-
Levántate, Señor, no prevalezca
el hombre; juzgadas sean las naciones en tu presencia, V. Mis enemigos retroceden; tropiezan y perecen en tu presencia.
Tracto. Salm.122,1-3.-
A ti levanto mis ojos, que
habitas en los cielo. Como los ojos de los siervos están fijos en las manos de
sus señores. Y como los ojos de la esclava en las manos de su señora; así lo
están nuestros ojos en el Señor y Dios nuestro, hasta que se apiade de
nosotros. Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.
Evangelio. Luc.11,14-28.-
En aquel tiempo: Estaba Jesús
lanzando un demonio, el cual era mudo. Y, así que hubo lanzado al demonio,
habló el mudo y se maravillaron las turbas. Mas algunos dijeron; Por arte de
Belcebú, príncipe de los demonio, expulsa los demonios. Y otros, para tentarle,
le pedían algún prodigio del cielo. Jesús, que veía sus pensamientos les dijo:
Todo reino dividido en bandos quedará destruido, y caerá casa sobre casa. Si
Satanás está también dividido contra sí mismo, ¿cómo subsistirá su reino? Pues
decís que lanzo los demonios en virtud de Belcebú. Y si yo lanzo los demonios
por virtud de Belcebú, vuestros hijos, ¿por virtud de quién los lanzan? Por
tanto, ellos mismos serán vuestros jueces. Mas si con el dedo de Dios lanzo los
demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado ya a vosotros. Cuando un
valiente armado guarda la puerta de su casa, está seguro todo cuanto posee.
Mas si, asaltándole otro más fuerte que él, le venciere, le quitará todas sus
armas, en que confiaba, y repartirá sus despojos. El que no está conmigo, está
contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo
ha salido de un hombre, anda por lugares áridos buscando reposo; y, no
hallándolo, se dice: Volveré a mi casa, de donde salí. Y, tornando a ella, la
encuentra barrida y adornada. Entonces va y toma consigo otros siete espíritus
peores que él, y, entrando en ella, moran allí; y así, el estado de este hombre
viene a ser peor que el primero. Así hablaba, cuando una mujer de en medio del
pueblo levantó la voz y exclamó: ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos
que te amamantaron! Y él dijo: Dichosos más bien lo que oyen la palabra de Dios
y la practican.
Ofertorio.Salm. 18,9-12.-
Los mandatos del Señor son
justos, y alegran el corazón; sus juicios, más dulces que la miel de los panales.
Y tu siervo los observa
Secreta.-
Te rogamos, Señor, que esta
hostia limpie nuestros delitos, y santifique los cuerpos y las almas de tus
súbditos, para celebrar el sacrificio. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo.
Prefacio de Cuaresma.-
En verdad es digno y justo,
equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo
Padre, omnipotente y eterno Dios, que, por el ayuno corporal, domas nuestras
pasiones, elevas la mente, nos das la virtud y el premio, por Jesucristo
nuestro Señor, por quien alaban los Ángeles a tu majestad, la adoran las
Dominaciones, la temen las Potestades y la celebran con igual júbilo los
Cielos, las Virtudes de los cielos y los bienaventurados Serafines. Te rogamos
que con sus voces admitas también las de los que te decimos, con humilde
confesión. Santo…
Comunión.Salm.83.4-5.-
El pájaro halla casa para sí, y
la tórtola nido en donde poner sus polluelos; yo, cabe tus altares, Señor de
los ejércitos, Rey mío y Dios mío. ¡Dichosos los que moran en tu casa! Ellos te
alaban eternamente.
Poscomunión.-
Te rogamos, Señor, libres propicio de todas las culpas y peligros a los que nos haces participantes de tan gran misterio. Por nuestro Señor Jesucristo.
TEXTOS DE LA MISA EN LATIN
Dominica Tertia in Quadragesima
I Classis
Introitus: Ps. xxiv 15-16
Óculi mei semper ad Dóminum, quia ipse evéllet de láqueo
pedes meos: réspice in me, et miserére mei, quóniam únicus et pauper sum
ego. [Ps. ibid. 1-2] Ad te,
Dómine, levávi ánimam meam: Deus meus, in te confído; non erubéscam. Glória Patri.
Óculi mei.
Oratio:
Quǽsumus omnípotens Deus: vota humílium réspice; atque ad
defensiónem nostram, déxteram tuæ majestátis exténde. Per Dóminum.
ad Ephésios v: 1-9
Léctio Epístolæ beáti Pauli
Apóstoli ad Ephésios.
Fratres: Estóte imitatóres
Dei, sicut fílii caríssimi: et ambuláte in dilectióne, sicut et Christus
diléxit nos, et trádidit semetípsum pro nobis oblatiónem et hóstiam Deo in
odórem suavitátis. Fornicátio autem, et omnis immundítia, aut avarítia, nec
nominétur in vobis, sicut decet sanctos; aut turpitúdo, aut stultilóquium, aut
scurrílitas, quæ ad rem non pértinet: sed magis gratiárum áctio. Hoc enim
scitóte intelligéntes, quod omnis fornicátor, aut immúndus aut avárus, quod est
idolórum sérvitus, non habet hæreditátem in regno Christi, et Dei. Nemo vos
sedúcat inánibus verbis: propter hæc enim venit ira Dei in fílios diffidéntiæ.
Nolíte ergo éffici partícipes eórum. Erátis enim aliquándo ténebræ, nunc autem
lux in Dómino. Ut fílii lucis ambuláte: fructus enim lucis est in omni
bonitáte, et justítia, et veritáte.
Graduale: Ps. ix: 20 et 4
Exsúrge, Dómine, non præváleat homo: judicéntur gentes in
conspéctu tuo. In converténdo inimícum meum retrórsum, infirmabúntur, et
períbunt a fácie tua.
Tractus: Ps. cxxii: 1-3
Ad te levávi óculos meos, qui hábitas in cælis. v. Ecce sicut óculi servórum in mánibus
dominórum suórum. v. Et
sicut óculi ancíllæ in mánibus dóminæ suæ: ita óculi nostri ad Dóminum Deum
nostrum, donec misereátur nostri. v. Miserére
nobis Dómine, miserére nobis.
Secúndum Lucam xi: 14-28
+Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam.
In illo témpore: Erat Jesus ejíciens dæmónium, et illud
erat mutum. Et cum ejecísset dæmónium, locútus est mutus, et admirátæ sunt
turbæ. Quidam autem ex eis dixérunt: «In Beélzebub príncipe dæmoniórum éjicit
dæmónia.» Et álii tentántes, signum de cælo quærébant ab eo. Ipse autem
ut vidit cogitatiónes eórum, dixit eis: «Omne regnum in seípsum divísum
desolábitur, et domus supra domum cadet. Si autem et sátanas in seípsum divísus
est, quómodo stabit regnum ejus? quia dícitis in Beélzebub me ejícere dæmónia.
Si autem ego in Beélzebub ejício dæmónia: fílii vestri in quo ejíciunt? Ideo
ipsi júdices vestri erunt. Porro si in dígito Dei ejício dæmónia: profécto
pervénit in vos regnum Dei. Cum fortis armátus custódit átrium suum, in pace
sunt ea, quæ póssidet. Si autem fórtior eo supervéniens vícerit eum, univérsa
arma ejus áuferet, in quibus confidébat, et spólia ejus distríbuet. Qui non est
mecum, contra me est: et qui non cólligit mecum, dispérgit. Cum immúndus
spíritus exíerit de hómine, ámbulat per loca inaquósa, quærens réquiem: et non
invéniens dicit: Revértar in domum meam, unde exívi. Et cum vénerit, ínvenit
eam scopis mundátam, et ornátam. Tunc vadit, et assúmit septem álios spíritus
secum, nequióres se, et ingréssi hábitant ibi. Et fiunt novíssima hóminis
illíus pejóra prióribus.» Factum est autem, cum hæc díceret: extóllens
vocem quædam múlier de turba, dixit illi: «Beátus venter, qui te portávit, et
úbera, quæ suxísti.» At ille dixit: «Quinímmo beáti, qui áudiunt verbum Dei, et
custódiunt illud.»
Offertorium: Ps. xviii: 9, 10, 11 et
12
Justítiæ Dómini rectæ, lætificántes corda, et judícia
ejus dulcióra super mel et favum: nam et servus tuus custódit ea.
Secreta:
Hæc hóstia, Dómine, quǽsumus, emúndet nostra delícta, et
ad sacrifícium celebrándum, subditórum tibi córpora mentésque sanctíficet. Per
Dóminum.
Præfátio
de Quadragesima
Vere
dignum et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias
ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui
corporáli jejúnio vítia cómprimis, mentem élevas, virtútem largíris, et præmia:
per Christum Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant Angeli, adórant
Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cæli cælorúmque Virtútes, ac beáta Séraphim,
sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admítti júbeas
deprecámur, súpplici confessióne dicéntes:
Sanctus,
Communio: Ps. lxxxiii 4-5
Passer invénit sibi domum, et turtur nidum, ubi repónat
pullos suos: altária tua, Dómine virtútum, Rex meus, et Deus meus: beáti qui
hábitant in domo tua, in sǽculum sǽculi laudábunt te.
Postcommunio:
A cunctis nos, quǽsumus, Dómine, reátibus et
perículis propitiátus absólve: quos tanti mystérii tríbuis esse partícipes. Per
Dóminum.
Con estas sencillas clases voy a
intentar explicar de una forma práctica cómo rezar el Breviario Tradicional. No
se trata aquí de exponer su desarrollo histórico y su evolución a lo largo de
los siglos. Se trata de aprender a rezarlo con unas indicaciones prácticas, explicando
las principales reglas para rezarlo.
Con el Breviario Tradicional podemos rezar todas las
horas litúrgicas. El objetivo del rezo del Breviario es alabar a Dios a lo
largo del día y por la noche.
Hay Breviarios que en dos tomos
incluyen todas las horas litúrgicas hasta la mitad de año y en el segundo tomo
encontraríamos desde el mes de julio en adelante. Hay otros Breviarios en el
que se separan las horas de la siguiente forma:
Horas diurnas: Este tomo se llamaría Diurnal. Incluye las
siguientes horas: Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas.
Hora nocturna: Este tomo incluye solamente los Maitines. Que
se dedique un solo tomo a los Maitines tiene su razón de ser en su gran
extensión. Es la hora que más se tarda en rezar y tiene una riqueza de textos
maravillosa.
Vamos a intentar explicar a qué
hora se reza cada hora del Diurnal. Dejaremos a parte la hora nocturna de
Maitines que se explicará en exclusiva por su complejidad:
1.- Laudes: Esta hora se reza a la seis de la mañana
aproximadamente. Es el oficio de la aurora, cuando está iniciándose el día.
Empezamos la jornada alabando al Señor.
2.- Prima: Sobre las siete de la mañana se reza está hora. El Diurnal
Novus Ordo suprimió esta hora, lo cual es un lamentable error. En Prima se lee
(cuando se reza en el Coro) el Martirologio Romano. Nos encomendamos a los
Santos desde el inicio de nuestra jornada.
3.- Tercia: Esta hora se reza sobre las diez de la mañana. Es la
hora en que el Espíritu Santo el día de Pentecostés se derramó sobre los
Apóstoles.
4.- Sexta: A las doce del medio día se reza esta hora. En esta
hora, Nuestro Señor Jesucristo, fue levantado en la Cruz para la Salvación de
las almas. Se inicia los momentos más duros de la Pasión del Señor.
5.- Nona: Se recita sobre las tres de la tarde. Jesús muere en
la Cruz por nuestro amor y para abrirnos las puertas del Paraíso.
6.- Vísperas: Puede ser recitada a partir de las cinco horas de
la tarde. En los monasterios se recitaba habitualmente con el declinar del sol
y la finalización de la jornada de trabajo.
7.- Completas: Esta hora se reza justo antes de acostarnos.
Hacemos nuestro examen de conciencia y ponemos bajo el patrocinio de Nuestro
Señor Jesucristo y la Santísima Virgen María nuestro sueño nocturno.
Como hemos podido comprobar todo nuestro día se dedica al Señor: El trabajo, el descanso y el sueño.
Vamos a ver como suele estar
estructurado un Diurnal.
Si ojeamos un Diurnal veremos,
que salvo excepciones, suelen contener las siguientes partes:
1.- Una introducción en la que se explica el significado de cada
hora, un calendario litúrgico, las concurrencias y ocurrencias, que
estudiaremos más adelante.
2.- El Propio del Tiempo: En esta sección se contiene todas los
oficios propios de los tiempos litúrgicos: Adviento, Navidad, Epifania, tiempo
posterior a Epifanía, Tiempo de Septuagésima, Cuaresma, Pascua, Pentecostés,
Tiempo después de Pentecostés.
3.- El Ordinario: En esta parte se explica el esquema general de
cada hora.
4.- Salterio: En el Salterio tradicional se rezan los 150 salmos
en una semana. Pensemos que en la versión Novus Ordo se rezan los 150 salmos en
cuatro semanas. Además hay que tener en cuenta que en la versión Novus Ordo,
muchos salmos están mutilados y se han omitido varios.
El Salterio tiene la siguiente
estructura:
Dominica – Domingo
Laudes I del Domingo (Esquema
ordinario)
Laudes II del Domingo (Esquema
para Adviento y Cuaresma)
Prima del Domingo
Tercia del Domingo
Sexta del Domingo
Nona del Domingo
Vísperas del Domingo
Completas del Domingo
Feria II – Lunes
Laudes I del Lunes (Esquema
ordinario)
Laudes II del Lunes (Esquema para
Adviento y Cuaresma)
Prima del Lunes
Tercia del Lunes
Sexta del Lunes
Nona del Lunes
Vísperas del Lunes
Completas del Lunes
Feria III – Martes
Laudes I del Martes (Esquema
ordinario)
Laudes II del Martes (Esquema
para Adviento y Cuaresma)
Prima del Martes
Tercia del Martes
Sexta del Martes
Nona del Martes
Vísperas del Martes
Completas del Martes
Feria IV – Miércoles
Laudes I del Miércoles (Esquema
ordinario)
Laudes II del Miércoles (Esquema
para Adviento y Cuaresma)
Prima del Miércoles
Tercia del Miércoles
Sexta del Miércoles
Nona del Miércoles
Vísperas del Miércoles
Completas del Miércoles
Feria V – Jueves
Laudes I del Jueves (Esquema
ordinario)
Laudes II del Jueves (Esquema
para Adviento y Cuaresma)
Prima del Jueves
Tercia del Jueves
Sexta del Jueves
Nona del Jueves
Vísperas del Jueves
Completas del Jueves
Feria VI – Viernes
Laudes I del Viernes (Esquema
ordinario)
Laudes II del Viernes (Esquema
para Adviento y Cuaresma)
Prima del Viernes
Tercia del Viernes
Sexta del Viernes
Nona del Viernes
Vísperas del Viernes
Completas del Viernes
Sabbato – Sabado
Laudes I del Sábado (Esquema
ordinario)
Laudes II del Sábado (Esquema
para Adviento y Cuaresma)
Prima del Sábado
Tercia del Sábado
Sexta del Sábado
Nona del Sábado
Vísperas del Sábado
Completas del Sábado
5.- Propio
de los Santos: Aquí se recogen todos las antífonas, los capítulos,
himnos y oraciones propias de cada Santo. Van distribuidas mes a mes.
6.- Común de Santos: Encontraremos todos las antífonas, salmos,
capítulos, himnos, responsorios breves y oraciones comunes a todos los Santos.
7.- Algunos Diurnales incluyen el Oficio Parvo de la Virgen, una
bella devoción muy antigua y cuyo oficio está indulgenciado. También le
dedicaremos una explicación completa.
En la próxima entrega veremos la
estructura de Laudes y Visperas.